sábado, diciembre 29, 2007

C114-Enma Christler 00: 53

El agua caliente sobre sus músculos cansados ayudó a que liberase algo de la tensión acumulada. Incluso aunque aquella ducha no tuviera hidromasaje como la de su apartamento, ver como la suciedad y la sangre resaca se iban por el desagüe la hacía sentirse mejor. Mientras estaba bajo el chorro de agua podía pensar que todo había sido una pesadilla, que Steve seguía vivo, que mañana rodaba un anuncio de cosmética y que los índices de audiencia de este mes habían aumentado un punto. Twitch volvió a aporrear la puerta del baño.

- Vas a acabar con el agua caliente

No respondió, permaneció con los ojos fijos en las baldosas blancas del baño mientras el agua caía sobre ella, sin ser realmente consciente del tiempo que llevaba allí. Hasta que las llamadas se hicieron demasiado insistentes para seguir ignorándolas. No podía permanecer allí para siempre, tarde o temprano tendría que salir y afrontar todo lo que había sucedido. Terminó de aclararse el pelo y salió de la ducha.

Los de la emisora pirata le habían dejado algo de ropa, unos vaqueros que le quedaban largos y un jersey gris ancho que no le estaba del todo mal que supuso serían de la tal Zephyr. Supuso que debía sentirse afortunada de tener ropa limpia. Viendo el cuchitril en el que se escondían ya era mucho. No es que hubiera esperado unas instalaciones de lujo, pero de algún modo resultaba contradictorio que tuvieran un equipo de emisión de última generación escondido en un sótano cutre de unos grandes almacenes abandonados.

Le había echado un vistazo antes de que la sacaran de la sala. Había pocos equipos con una señal tan potente, principalmente porque no resultaba rentable y las emisoras legales tenían anchos de banda asignados. Pero ella tenía su propia experiencia retransmitiendo en lugares donde se interceptaba la señal y estaba segura de que ese equipo incluso podría interceptar la señal de una de las grandes emisoras. Eso le hacía pensar que aquella emisora pirata era más de lo que parecía, alguien tenía que estar financiándola. Pero ¿con qué objetivo?

Twitch volvió a aporrear la puerta del baño. Terminó de arreglarse, se secó el pelo y finalmente abrió la puerta del baño sin previo aviso.

- Ya era hora

Sonrió como si no le hubiera escuchado, era perfectamente consciente del tiempo que había tardado pero después del día que llevaba eso era lo último que le importaba. Además, el primer paso para sentirse bien era que lo pareciese. Eso era lo que su psicólogo siempre le decía, aunque Steve siempre le había dicho que no era más que un charlatán. Ahora nada de eso importaba.

- Todo tuyo

Salió procurando no acercarse demasiado a Twitch, todavía apestaba. Antes de la ducha ella debía de haber tenido un aspecto parecido, o puede que peor, pero una hora de trabajo había conseguido que volviese a tener buen aspecto, incluso con la ropa prestada.

Fue hasta el cruce dónde los pasillos se ensanchaban y alguien había puesto un par de sillones a modo de saloncito. La luz de unas lámparas caseras pinchadas a la red pública iluminaba malamente el lugar. Se sentó en uno de los sillones de un color gris decolorado. Seguía dándole vueltas a los de la emisora, interceptar la señal no bastaba, para que se mantuviese el tiempo suficiente para dar una noticia hacía falta alguien capaz de desactivar los sistemas informáticos que recuperaban la señal interceptada, no era algo que se pudiera improvisar en un momento.

- Parece que el viejo acertó con lo de llamarte princesa… - escuchó a su espalda

Christler dio un respingo sobresaltada por la súbita aparición de Morgan. Su cuerpo musculoso y su porte militar unido a que aún no se había cambiado, le daba un aspecto intimidante. Aunque podía escuchar el sonido de las tuberías y en la sala de montajes se escuchaba el sonido de unas risas, las dos estaban solas en aquella especie de saloncito. Cruzó los brazos sobre el pecho, empezaba a estar cansada de que se metiesen con ella por su aspecto. La miró desafiante.

- Tampoco está tan mal arreglarse un poco, a ti no te vendría mal…

Morgan ignoró la puya y se dejó caer sobre un sillón marrón frente a ella, sin importarle ensuciarlo. Christler se encaró con ella, no iba a permitir que la ignorasen de ese modo.

- Que seas una mercenaria no implica que…

- Déjalo Christler, puede que en tu trabajo el maquillaje sea una de tus armas, pero en el mío sólo sirve para que no te tomen en serio.

Así que era eso de lo que iba todo, aunque al menos ella tenía el valor de decírselo a la cara. Desde que la habían encontrado habían estado tratándola como si sólo fuera una carga, incapaz de hacer nada. Y puede que en el complejo de Infotech hubiera sido cierto, pero aquí, en la emisora pirata, estaba claro quién tenía más experiencia. Es más podía apostar que si alguien podía averiguar qué cojones estaba pasando era ella.

- No soy una inútil ¿sabes? – espetó señalándola con el dedo.

- Nadie ha dicho que lo seas, pero estás fuera de tu ambiente.

- Tú también, ¿crees que no lo he notado?

Por un momento las dos mujeres permanecieron mirándose en silencio. Esta vez parecía qué sí había dado en el blanco. No hacía falta ser muy observador para ver que Morgan no era como los otros incursores, era más disciplinada, mucho más formal y todos sus intentos de encajar con los otros resultaban forzados. En realidad no era capaz de imaginar a Morgan con ropa que no fuera militar o, por lo menos, con algo que no fuera práctico, ni tatuajes, ni joyas, ni maquillaje, nada que la hiciera destacar. Como los corporativos. Morgan rompió el silencio.

- ¿Qué harás ahora? Tú tampoco puedes volver.

- No es cierto, es cuestión de tiempo que se olviden de esto y pasen a la siguiente noticia…

Pero incluso mientras lo decía sabía que eso no era del todo cierto. La gente se olvidaría pronto de Infotech, pero para entonces también la habrían olvidado a ella. Para una periodista estar sin aparecer en las ondas por tanto tiempo era un suicidio profesional. Así que tenía dos opciones, venderse a la competencia de Infotech o pasarse a la emisora pirata. Morgan comenzó a desmontar su fúsil y limpiar las piezas con un cuidado que estaba segura no dedicaba a sí misma.

- No creo que Infotech vaya a olvidarse de ti – dijo sin levantar la vista de lo que estaba haciendo.

- ¿A dónde quieres llegar?

- Sé cómo funcionan, tenemos un día, puede que dos, antes de que vengan a por nosotros, querrán eliminar las pruebas.

Morgan hablaba con un tono de voz neutro, como si aquello no la afectase. De algún modo eso era lo que le resultaba más incómodo. Aún así había tomado una decisión y pensaba emitir un reportaje completo sobre lo que había pasado allí.

- Pero lo tenemos grabado…

- Deberíamos considerar no emitirlo, proponerles un cambio. – Morgan siguió sin mirarla pese a que su arma ya debía estar del todo limpia, al menos que ella pudiera ver.

- ¡Ni hablar! Hay mucha gente que ha muerto ya por esta grabación.

- Me imaginaba que dirías eso.

Morgan suspiró, parecía más cansada que molesta y, desde luego, estaba mucho más calmada de lo que lo habría estado el otro mercenario, el tal Gunner. Se alegraba de que se lo hubieran llevado a un médico o lo que fuera, así se ahorraba sus insultos.

- Así que vas a intentar hacer que cambie de opinión.

- No, sería perder el tiempo, pero tenemos que darles algo para que se olviden de nosotros.

Christer entrecerró los ojos y observó la mercenaria. Parecía que después de todo había malinterpretado a Morgan, estaba negociando con ella. Estaba claro que sabía tan bien como ella que ninguna de las dos podrían continuar con su vida hasta que no hubieran zanjado el asunto de Infotech… y ninguna quería esperar a que todo pasase porque podía no suceder nunca. Morgan había vuelto a montar el fusil y revisaba sus otras armas, como si esperase tener que salir en cualquier momento.

- ¿Cómo qué?

- Dexter Smithers.

El nombre le sonaba de algo, pero no era capaz de recordar de qué. Estaba segura que si podía mirar en los datos de su agenda encontraría alguna referencia para ese nombre, sólo necesitaba un sitio para empezar.

- ¿A qué se dedica?

- Investigación paranormal.

Christler recordó entonces de qué le sonaba, hacía un par de años había tenido un accidente con invocaciones en su laboratorio, una noticia de relleno que cortaron en el último minuto. Pero eso le daba un punto de partida antes de ir a preguntar a sus contactos. Se levantó del sillón y se sacudió los pantalones.

- Estaré aquí en un par de horas.

- Mantén un perfil bajo, no dejes que te reconozcan. – Christler levantó una ceja, no necesitaba que le dijeran cómo tenía que hacer su trabajo.

- Me preocupa más si podemos confiar en esta emisora.

- ¿Qué quieres decir?

- No sabemos para quién trabajan y, créeme, todas trabajan para alguien.

- ¿Te preocupa la competencia? – preguntó Twitch con su habitual tono burlón.

Se había puesto unos vaqueros viejos y otra gabardina, idéntica a la otra que tenía, pero limpia. Se preguntó cuánto tiempo llevaría escuchando. Christler puso la manos sobre su cadera y levantó una ceja, estaba claro quién se encargaba de inutilizar el sistema para la emisora pirata. Ahora sólo tenía que encontrar el modo de sonsacárselo…

- Ni de lejos, pero me gusta saber para quién trabajo.

- Bueno, eso es fácil, en este momento estas intentando salvar tu culo. Bienvenida al club.

- Fenomenal, lo celebraremos a mi vuelta - sonrió burlona

La forma en la que había evitado responder a su pregunta confirmaba sus sospechas. Puede que no fuera el momento para investigar la emisora, pero no pensaba olvidarse. Twitch sabía algo y ella iba a averiguar qué.

miércoles, diciembre 26, 2007

C113-Mantis 00: 52

El cartel de neón del motel era la unica fuente de luz, Mantis lo prefería así. El papel arrancado de las paredes, la madera arañada y las manchas de sangre sobre el colchón y la moqueta quedaban al descubierto bajo la luz blanca y fría del fluorescente. La luz cálida de la lampara de la mesilla era algo mas tolerable, pero no ofrecía la ilusión acogedora de las sombras.

Encendió un cigarrillo y dio una calada honda, saboreando el humo. El tabaco acabaría matándola, por eso le gustaba. Exhaló mientras miraba en el espejo el reflejo de Perro. Aún seguía esposado a la cama. Había intentado liberarse sin éxito pero los barrotes de la cama habían aguantado, después de todo ella se había asegurado de que resistiesen los embites de hombres mucho más grandes, algunos con implantes. Finalmente se había desmayado exhausto y había caído en un sueño febril.

Le observó sentada desde la silla dada la vuelta, con los brazos apollados sobre el respaldo. Su pecho subía y bajaba difícultad, pero respiraba. Hacía mucho tiempo desde la última vez que había estado así con un hombre, lo normal sería que a estas horas hubiese rajado su garganta y que su cuerpo inerte se estuviese enfriando sobre la cama, aunque la oscuridad siempre le había ofrecido la ilusión de que sólo dormían.

Dio una nueva calada honda y dejó que el humo se escapase de sus labios. Después de tanto tiempo pretendiendo una apariencia de normalidad se había dado cuenta de que no lo echaba de menos. Tal vez por eso volvía una y otra vez a aquella habitación de motel destartalada, aunque hubiesen arrancado el papel amarillento de las paredes, la moqueta verde estuviera manchada de sangre y hubiese tenido que cambiar los barrotes de la cama doble. Aquella habitación había visto nacer a Mantis o, mejor dicho, había sido donde por primera vez había aceptado su naturaleza. De eso va todo ¿no?

Perro lo había olvidado mientras rastreaba a los tóxicos por el vertedero. Se había vuelto rabioso. Incluso había llegado a atacar al Gato. Inspiró el humo lentamente, puede que hubiese sido un error dejarle ir solo estando herido, era poco más que un cachorro y lo que fuese que había atacado a Ezequiel seguía fuera. Claro que Gato era más sutil y sigiloso que Perro, con suerte no le verían.

En cierto modo, estar alli vigilando el sueño intranquilo de Perro le hacía sentirse meláncolica. Se preguntó qué diría Serpiente si la viese. Ella había sido la primera en conocerla, cuando aún no sabía, no entendía, lo que era. La había visto cubierta con la sangre del juez, sobre su cuerpo mutilado y desnudo en aquella misma habitación. En lugar de gritar o correr solo había dicho una palabra. Mantis.

Nunca habían podido limpiar las manchas de sangre del cadáver del juez. Tampoco las de su víctima, se habían limitado a cambiar la moqueta. Pero eso a los espíritus no les importa, la sangre de Eltsbeth y de él seguía fresca en el mundo espíritual. A veces incluso podía escuchar el requiem de Mozart sonando mientras Eltsbeth moría, mientras cortaba la garganta del juez.

Todo estaba ahí, como un lienzo pintado con sangre. No hacía falta decir que ella jamás se había molestado en cambiar la moqueta, no se avergonzaba de nada. No podía decirse que a Serpiente le hubiese resultado agradable ver el cadáver descuartizado del juez. Con todo había tenido suerte de que fuera ella quien la encontrara, los otros no la habrían aceptado, no lo habrían entendido. Serpiente había esperado fuera a que terminase y luego había escuchado.

Perro despertó. En la penumbra no podía ver si sus ojos seguían inyectados de sangre pero sí como se revolvía en la cama intentando soltarse. Los muelles crujieron y Mantis pensó en que tal vez tendría que cambiarla, pero los barrotes de acero reforzado no cedieron. Sonrió en la oscuridad y dio la ultima calada a su cigarrillo.

- No te esfuerces, solo conseguirás hacerte daño.

Apagó el cigarrillo en el cenicero del tocador y luego observó cómo seguía retorciéndose en un vano esfuerzo por soltarse, como si no hubiera tenido tiempo y experiencia para perfeccionar el modo de apresar a sus víctimas. Aunque no siempre había sido así, al principio se había resistido, se había negado a aceptar que era una devora hombres… en el sentido literal. Ser una abogada ambiciosa sin pareja estable estaba bien, acostarse con un hombre diferente cada noche hacía que la mirasen mal pero no la convertía en un monstruo. Hasta que llegó el juez. Sacar a la luz sus asesinatos habría valido para avanzar su carrera. Las cosas no salieron como ninguno de los dos esperaba y ella terminó matándolo con el mismo cuchillo con el que él pensaba descuartizarla. Que irónico.

Perro se dejó caer exhausto sobre el colchón, imaginó que incluso en su estado alterado se había visto obligado a reconocer que no podía soltarse. Desde dónde estaba podía oler su sangre aunque no pudiese verla, era uno de los dones de Mantis.

- Te lo dije

Perro no respondió, el único sonido era el de su respiración irregular, pesada. Se preguntó si tendría que acabar sacrificándolo: Muerto el perro se acabó la rabia. No, esa era muy mala idea. Perro no era como Eltsbeth o como sus víctimas, a el vendrían a buscarle, querrían vengarle. No podía permitirse algo así, por eso siempre había sido muy cuidadosa escogiendo sus víctimas. No sabía si Serpiente tenía razón en lo de que Eltsbeth la había escogido para vengarla, pero sí que sus sistema funcionaba: escoge siempre a los clientes más cabrones, nadie los va a echar de menos. A veces incluso había tenido la impresión de que las otras se lo agradecían. Casi un servicio público. Por supuesto eso a Serpiente le convenía, no era estúpida y se daba cuenta de que ella tenía sus propios intereses, pero su relación había terminado por ser simbiótica. Y por eso aún seguía allí, vigilando a Perro en lugar de arrojarlo de vuelta al vertedero con un corte en la garganta.

- … mis venas arden… - la voz rasposa de Perro rompió el silencio.

Mantis sacó otro cigarrillo, la llama del mechero osciló bajo una corriente de aire imperceptible. Fuera nada se movía aunque el vertedero no estaba muy lejos.

- Tienes fiebre

Era sólo un síntoma, probablemente lo que recorría sus venas era algo peor, un regalito de los tóxicos. Oso o Serpiente podrían tratarlo, ella no, los dones de Mantis estaban más orientados al asesinato. Tal vez por eso se había sentido tan molesta cuando el espíritu libre la había pedido que se quedase a cuidarlo, proteger a otros era la naturaleza de Perro u Oso, no la suya. Pero ahí seguían los dos, observandose entre las sombras.

- …Envenenado… Oso… - Aquello hizo que Mantis se levantase y casi se le cayese el cigarrillo sobre la moqueta.

- ¿Qué pasa con Oso? – Mantis se acercó hasta la cama y le obligó a mirarla

- Ataque a Neko… - Perro parecia delirar

- Olvidate de Gato, ¿qué hay de Oso?

Osos también podía curarle y entonces se libraría de él. Claro que cuando se fue el espíritu libre había enviado a un par de espíritus mantis a explorar y ninguno había vuelto… Por un instante Perro pareció recuperar la cordura.

- Infectado… – consiguió decir - … no dejes… no dejes que se acerque.

Perro respiraba con difícultad, como si sólo decir aquellas palabras le costase emplear toda su voluntad. Mantis sostuvo su cabeza.

- ¿Dónde está?

Perro la miró con los ojos desencajados, como si acabara de recordar algo horrible. Estaba empapado en sudor aunque su piel estaba fría al tacto. Olía a miedo.

- … la gemela… va a matarla… ratas…

Perro perdió el conocimiento. Lo último que había dicho parecían más delirios que otra cosa pero algo estaba claro: no podían contar con Oso. Fue hasta el tocador y apagó el cigarrillo apenas empezado. Ella era una depredadora, no una protectora, se había acabado el esperar allí hasta que llegasen refuerzos.

Abrió el neceser con el maquillaje y lo vació sobre el tocador. Después abrió el doble fondo y sacó suficientes calmantes para dejar a Perro inconsciente. Eso le daría un par de horas. Y cuando encontrase a Oso haría lo que su naturaleza le pidiese. Mantis, la depredadora, salía de caza.