jueves, octubre 25, 2007

Capítulo 23

Ghost, 17: 02

Mezclar el placer y el trabajo no era bueno. Sentir algo por otro incursor era aún peor. Ghost había hecho las dos cosas y aquello solo podía acabar mal. Zephyr dormía a su lado sin importarle que Ghost se hubiera saltado todas sus reglas, a ella nunca le habían importado esas cosas. El comportamiento de Zephyr nunca había sido muy profesional y Ghost siempre se había preguntado como diablos conseguía sobrevivir a los trabajos. Pese a ello, durante los últimos meses Zephyr había demostrado ser sorprendentemente eficaz.

Ghost se volvió a preguntar cómo había llegado a esa situación. Ezequiel les había sacado del mundo espiritual y, para alivio de Ghost, regresar había sido mucho más sencillo que llegar. Volver al mundo material había sido como despertar de un sueño. Ezequiel ya no tenía cabeza de perro y sus manos ya no eran garras. Zephyr había recuperado su aspecto normal y no tenía ya ninguna herida, aunque parecía agotada. Pero, ¿de qué cojones les había servido todo aquello? Ghost aún no lo tenía muy claro, aunque Zephyr parecía satisfecha con los resultados. Ghost no entendía mucho sobre el mundo espiritual, él era un adepto físico, lo suyo era la infiltración y el combate, no ese mumbo-yumbo de los espíritus.

Ghost recordó como Ezequiel le había preguntado si estaban juntos, él le había mentido, era lo más fácil, pero ahora no estaba tan seguro de que fuera una mentira. Cuando había regresado con Zephyr al refugio la había acompañado a su cuarto. Él solo quería que le explicase qué había pasado con el pergamino y de qué les servía lo que habían hecho. Pero para variar la respuesta de Zephyr no le sirvió de mucho. El pergamino solo existía en el mundo espiritual como representación de un conocimiento que ella había adquirido, o algo parecido. Zephyr dijo que ya le explicaría los detalles cuando estuviera el resto y Ghost sabía que no la haría cambiar de opinión.

Ghost podría haberse marchado en aquel momento, pero no lo hizo. Zephyr solo le había dado las gracias por salvarla y entonces la había besado. Zephyr se giró en sueños y su cuerpo desnudo rozó el suyo. Ghost suspiró, lo que había sucedido ya no tenía remedio, incluso le había dicho su verdadero nombre. Su nombre… hacía años que no escuchaba a nadie llamarle Sean. El nombre tenía un valor variable para los incursores, aunque pocos usaban el verdadero. Solo la hermana de Zephyr la llamaba aún Alex, Ghost se preguntó si ahora el también debería hacerlo.

Ghost miró a la dormida Zephyr, tal vez debería dejarlo ahora que podía. Probablemente se molestase, pero a la larga sería lo mejor. Solo había un problema, en el jodido mundo espiritual la posibilidad de perderla le había aterrado. Y por si eso fuera poco, alguien comenzó a llamar a la puerta. Ahora si que no podría ocultarlo. Ghost maldijo para sus adentros, le gustase o no, estaba bien pillado.

Capítulo 22

Gunner, 17: 00

Gunner se había colocado en el tejado de uno de los edificios cercanos. Desde allí podía controlar todos los alrededores del prostíbulo, especialmente las salidas. Sus ojos cibernéticos hacían innecesarios los prismáticos y le permitían hacer zoom con solo pensarlo, Gunner pensó que eran una de las mejores inversiones que había hecho.

Los objetivos policiales se habían desplegado con bastante eficiencia, pero a juicio de Gunner habían dejado una salida posible. Sus años de experiencia en las calles le decían que Enrico tampoco pasaría por alto aquella vía de escape. El callejón trasero del prostíbulo, aquel que tanto le gustaba a Molly, tenía poco más de metro y medio de ancho. Una persona podía saltar desde la azotea hasta el edificio de al lado sin demasiados problemas. Ni siquiera necesitaba muchos implantes.

Gunner esperó pacientemente con su rifle inteligente preparado, sabía que Enrico aparecería por ahí. Antes de que la policía anunciase su presencia, Enrico ya había salido fuera. Iba acompañado por dos matones. Gunner apuntó tranquilamente a la cabeza de uno.

No hubo sonido, la bala impactó en la cabeza y el cuerpo se desplomó muerto. Enrico y el otro hombre se agacharon buscando cobertura. Gunner sonrió mientras calibraba su sistema de puntería y asignaba un nuevo blanco. La policía decidió anunciar su presencia y declaró que todas las personas en el interior del edificio estaban detenidas pero desde donde estaban no podían ver lo que estaba sucediendo.

Enrico le hizo una señal a su guardaespaldas y los dos reptaron hasta el borde de la azotea con sus armas en la mano. Gunner continuó apuntando, si querían saltar tendrían que levantarse. Pasaron unos segundos sin que Gunner disparase, ni Enrico, ni su matón le habían localizado, no había motivos para revelarse tan pronto.

Abajo, la policía había comenzado a posicionarse para entrar, eso pondría nervioso a Enrico. Precipitarse era el mejor modo de cagarla en aquel mundo, Gunner podía permitirse esperar, si Enrico era tan tonto de saltar sería historia, si no, sería carne de presidio. Los minutos fueron pasando y Gunner vio como se realizaban las primeras detenciones.

Enrico debía estar poniéndose ya nervioso, después de que la Signiora Fiorella fuera detenida, hizo una señal a su matón. Gunner apuntó cuidadosamente al hombretón italiano por si intentaba algo. De pronto los dos se levantaron y corrieron por la azotea para saltar al edifico de al lado. Gunner realizó dos disparos. El primero fue a la cabeza, era un disparo limpio que debería haberle mandado al otro barrio, pero el cabrón debía haber forrado su esqueleto de metal y el cráneo paro la bala. Gunner no se inmutó y le disparó de nuevo justo cuando iba a saltar. Su bala atravesó la pierna y el desgraciado tropezó, agarrándose por los pelos al borde de la azotea. Bien por él, los polis se encargarían.

Enrico por su parte había conseguido hacer el salto y había vuelto a agacharse, pero ahora estaban solos. Esta vez Enrico le había visto y sabía que se interponía entre él y la salvación. Enrico le apuntó con su arma y disparó para forzar a Gunner a cubrirse mientras el corría. Enrico tenía varios implantes neuronales que mejoraban sus reflejos y sus instintos de combate, si llegaba hasta donde estaba Gunner tendría problemas. Pero Gunner estaba preparado para esto y cambió de arma a dos semiautomáticas. El supresor de sonido no era tan eficaz como el silenciador en las pistolas, pero evitaría que los polis vinieran a molestar.

Enrico disparaba sin apuntar mientras corría hacia donde él estaba. Gunner activó mentalmente el sistema de ráfaga corta y apuntó al cuerpo en movimiento. Su sistema de puntería marcó el blanco y Gunner apretó el gatillo. Las balas frenaron algo la carrera de Enrico, aunque no hicieron todo el daño esperado. Gunner comprendió que Enrico llevaba ropa blindada y probablemente algún tipo de implante.

Enrico llegó frente a Gunner y disparó con su Ares Predator. El impacto en el pecho le echó un poco hacia atrás y probablemente le había roto una costilla, pero gracias a su blindaje había evitado un daño peor. Gunner vació los cargadores de las dos armas sobre Enrico, su rabia le había hecho ponerse a tiro y pagó claro el error. Gunner observó el cuerpo acribillado de Enrico, aún respiraba, aunque no estaba en condiciones para combatir.

Gunner sonrió, aquel cabrón no volvería a exigirle pasta o trabajos gratis por operar en su zona, Gunner era independiente. Enrico le maldijo en italiano y echó algo de sangre.

- ¿Crees que voy a matarte? – dijo Gunner – No te lo pondré tan fácil, cabrón.

Con estas palabras Gunner encendió su teléfono de muñeca y marcó el número de Max. Gunner estaba seguro de lo que le hubiese preparado el alcalde a Enrico sería peor que cualquier cosa que pudiera hacerle...

Capítulo 21

Twitch, Sistema operativo de Infotech

Las cosas estaban feas, pero aún le quedaba un as en la manga, o al menos eso creía Twitch. Los programas de hielo negro estaban encima suyo y habían vuelto a cambiar para adaptarse a la zona de la matriz en la que estaban. Ahora parecían asquerosos jakuza. Twitch no prestó la más mínima atención a aquello, solo los novatos resultaban confundidos por eso, la esencia del programa era siempre la misma. Twitch rebuscó en los bolsillos de su gabardina mientras esquivaba la hoja negra de una katana y vigilaba los movimientos del resto.

Por fin Twitch encontró lo que estaba buscando, aquella pequeña maravilla les iba a dar problemas, vaya que si. Twitch aguardó unos segundos a que los programas atacasen de nuevo. Había poco espacio en aquel nodo, aún más a favor de su plan. Entonces cuando los dos programas intentaron cortarle por la mitad, Twitch saltó hacia atrás y activó el programa. Era un doble perfecto de su avatar. Tenía incluso algunos de sus programas de combate y esquiva. El único problema era que dependía de los recursos del sistema y, en cuanto alguno de los operadores del sistema lo localizasen lo desconectarían.

La estratagema pareció engañar a los programas de hielo negro que dudaron entre uno y otro. Su doble había sacado una recortada de la gabardina y le había volado un brazo a uno. Twitch abrió la puerta que tenía justo delante para salir del nodo, si todo iba bien ninguno de los programas decidiría seguirlo.

La puerta daba a un andén de estación de ferrocarril antigua, allí había un tren recién llegado del que se descargaban paquetes, probablemente era el porno que se estaba bajando el ejecutivo o tal vez algún programa de otro tipo, pero abultaba bastante. Twitch tuvo tiempo de echar un vistazo antes de que uno de los programas de hielo negro entrase. Nada más hacerlo su aspecto cambio al de un policía de los años veinte. Twitch se sentía nostálgico, le encantaba esta ambientación.

Pero ahora no era el momento de entretenerse y Twitch corrió por el andén. Librarse de tres de los cuatro programas no había estado mal después de todo. Ahora, si se daba prisa podría dejar este acceso abierto para cuando regresasen y librarse del molesto programa antes de que los otros descubriesen el engaño. El policía le hizo una señal para que parase y sacó su porra. Twitch se ignoró y se metió entre los vagones del tren para pasar al otro lado.

El brazo le dolía bastante, pero Twitch ignoró el dolor y sacó un pequeño programa de emisión de señales que colocó en una farola. Aquella señal mantendría “entornada” la puerta trasera al sistema. Twitch esperó que ningún programa se hubiese fijado en lo que hacía. El programa de hielo negro le había vuelto a localizar, Twitch maldijo, ¿Es qué no se cansaban? Obviamente no, solo eran programas.

El policía intentó golpearle con la porra. Twitch usó uno de sus programas defensivos y desvió el golpe mientras le lanzaba un gancho en la mandíbula. El golpe apenas afectó al programa. El cabrón era bastante duro, pero Twitch siguió golpeándolo hasta que se tambaleo y cayó al suelo. Twitch estaba a punto de regodearse de su éxito cuando vio a los otros tres programas aparecer de nuevo, habían descubierto su estratagema.

A partir de aquel momento todo sucedió muy rápido. Los programas sacaron sus pistolas y Twitch vio todo en cámara lenta. Las balas salieron disparadas hacia él dejando una estela visible. Twitch esquivó dos de ellas, la tercera impactó en su ya maltrecho brazo. Entonces sonó el pitido de un tren que salía. Twitch buscó desesperado cual era y lo localizó al fondo de la estación. No tenía muchas más alternativas, de modo que salió corriendo hacia allí todo lo rápido que le permitieron sus piernas y mezclándose con los programas operativos que cargaban y descargaban datos. Eso le dio algo de cobertura contra los disparos, si querían atacarle tendrían que acercarse más.

El tren ya había salido y comenzaba a ponerse en marcha, parecía una de aquella películas antiguas que tanto le gustaban, solo que si no conseguía subir se las tendría que ver con los tres programas de seguridad. Twitch aceleró su carrera y el tren también lo hizo. Estaba ya a solo un par de metros de su último vagón, pero la mala noticia era que los policías habían vuelto a dispararle. Twitch desvió recursos a su programa de velocidad y el efecto fue como un subidón de adrenalina. Con un último esfuerzo consiguió agarrarse a la barandilla del último vagón. El dolor punzante en su espalda le indicó que había sido alcanzado de nuevo. Twitch apretó los dientes y se impulsó para subir al vagón. Le habían jodido bien y Twitch esperó que Zephyr estuviese allí cuando se desenchufase, iba a necesitar su ayuda. Mientras el tren se alejaba del sistema operativo de Infotech alejándolo de los programas de hielo negro. Al menos ahora estaba a salvo…

Capítulo 20

Ghost, el precipicio

¿Por qué tarda tanto? Ghost miró intranquilo la torre que cada vez era más inestable. Los rayos seguía cayendo implacables sobre ella y aún no había señales de Zephyr. ¿Y si no volvía? Ghost no quería pensar en aquella opción y menos ahora. Ir allí había sido una mala idea, no tenía que haberla dejado. De hecho toda la maldita búsqueda espiritual era una puta mierda. Pero a pesar de ello Ghost sabía que no había tenido alternativa, Zephyr era su compañera y se suponía que debía confiar en ella, no ser su niñera.

Ghost estaba repitiéndose que debía confiar en Zephyr una vez más cuando la torre se derrumbó. Ezquiel aulló desconsolado y Ghost miró incrédulo.

- ¡No! – gritó sin darse cuenta.

Abajo algunos elementales les vieron y comenzaron a rodear la pared de roca para subir a donde estaban. A Ghost no le importó, Zephyr estaba allí. ¿O no? La torre no era más que cascotes, pero una mancha blanca se acercaba hacia donde estaban con una trayectoria errática.

Ghost sintió una esperanza renovada mientras parte de él se daba cuenta de que la posibilidad de perder a Zephyr le había afectado mucho más de lo que debería. Pero Zephyr aún no estaba a salvo, tenía un ala ennegrecida y se mantenía en el aire con dificultad.

- ¿No puedes ayudarla con tu magia? – Ezequiel negó con la cabeza.

Ghost no esperó a oír la respuesta y corrió hacia el borde del precipicio. Zephyr estaba cayendo y a duras penas era capaz de dirigir su caída hacia donde ellos estaban. Casi sin darse cuenta, Ghost recorrió la distancia que le separaba de ella y la recibió en sus brazos amortiguando la caída. La fuerza del impacto le derribó y ambos cayeron por el borde del barranco. Ghost sujetó a Zephyr con un brazo y con el otro se aferró a una rama.

- No puedes con el peso de los dos, suéltame. – Ghost miró a Zephyr, estaba demasiado débil.

- Agárrate, Ezequiel esta arriba. Vamos a salir de esta. – Zephyr le rodeó con sus brazos, su cuerpo temblaba bajo la túnica mojada.

Ghost reunió todas sus fuerzas y se sujetó a la pared lo mejor que pudo mientras daba gracias de que su forma espiritual tuviese unas manos garrudas. Cuando consiguió colocar los pies comenzó a trepar el metro y medio que le separaban de Ezequiel en la parte de arriba. El shaman perro comenzó a entonar unos cánticos, Ghost no estaba seguro de lo que había hecho pero sintió que ganaba fuerzas.

Un minuto Más tarde Ghost se alzaba por el borde del precipicio. Su primer pensamiento fue para Zephyr. Ezequiel usaba su magia para curar las quemaduras, pero tenía los pies ensangrentados y no podría andar hasta que se los curasen. Ghost se acercó a ellos.

- Lo tengo - dijo Zephyr con una sonrisa mientras le mostraba un frasco con lo que parecía un pergamino dentro.

- Te dije que no hicieras tonterías. – Ghost estaba preocupado por sus heridas. – Nos volvemos ahora.

Por una vez Zephyr no discutió, ni siquiera cuando la cogió en brazos. Ghost esperó que la información del pergamino valiese la pena…

Capítulo 19

Zephyr, La Torre

La torre, símbolo del orgullo de los hombres, se alzaba en mitad de la tormenta. La furia de los elementos se descargaba implacable sobre ella, amenazando con destruir lo que tanto había costado construir. Aquella destrucción traería consigo un cambio que derribaría a los soberbios y solo quienes aprendieran del castigo ascenderían sobre sus escombros.

Zephyr observó la estructura dañada del edificio, aún con su destino a la vista el viaje distaba mucho de haber concluido. En la torre y sus alrededores se desarrollaba una encarnizada batalla: elementales contra espíritus tóxicos. La furia de los contendientes alimentaba la tormenta que destruía lo que ellos no podían. Muy pronto aquella altiva torre no sería más que ruinas. No podían llegar hasta la torre y sin embargo Zephyr estaba segura que la información que buscaban estaba en su interior. Como el avatar de la serpiente alada inca, ella ansiaba descubrir qué secretos se ocultaban allí.

Ghost y Ezequiel discutían las opciones, Zephyr se apartó de ellos unos pasos mientras se abrazaba intentando entrar en calor. La túnica se pegaba a su cuerpo y ofrecía escasa protección contra la incansable lluvia. Las serpientes se enroscaron en su cabello buscando protección mientras Zephyr recorría con la mirada cuanto la rodeaba. El camino serpenteaba bajando a un valle en el que se encontraba la torre, en su base, protegiendo la entrada, varios elementales de fuego y de tierra combatía con los espíritus tóxicos. No había modo de entrar por allí sin que les vieran.

Zephyr estudió la estructura de piedra. Los rayos habían hendido la roca en varios puntos, pero esta aún se mantenía en pie. Las paredes eran completamente lisas, sin ventanas o aberturas a excepción de un balcón en su punto más alto. Zephyr se removió inquieta, era arriesgado, pero no había más opciones…

- Iré yo – dijo interrumpiendo la conversación de los dos hombres.

- ¿Qué? ¿Estás loca? – Ghost la miró incrédulo - ¿Cómo piensas entrar? – Zephyr agitó sus alas.

- No creo que los espíritus se paren a mirar al cielo, entraré por arriba.

- ¿Y si hay enemigos dentro? ¡Maldita sea! Sé razonable Zeph – Zephyr ya lo había pensado pero la decisión estaba tomada.

- No he llegado hasta aquí para mancharme con las manos vacías.

- Sé que esta en tu naturaleza, pero es demasiado peligroso. – Ezequiel soltó un gruñido, Zephyr sabía que no le gustaba dejarla sola.

- Solo echaré un vistazo, nada más – Zephyr clavó su mirada en Ezequiel – Además, no es tu decisión, vete si quieres.

- Sabes que no haré eso. – Ezequiel agachó las orejas y su rostro canino dejó traslucir su preocupación.

- ¿Y nosotros qué hacemos mientras tanto? –Ghost tampoco parecía muy conforme con el plan.

- Esperadme en el acantilado de allí, los espíritus tendrán más complicado llegar hasta allí.

- Ten cuidado Zeph, - Ghost apoyó su mano en el hombro de Zephyr y la miró a los ojos – No hagas tonterías, si ves algún problema vuelve.

- No te preocupes – Zephyr sonrió intentando tranquilizarle. – Estaré de vuelta antes de que me eches en falta.

- Más te vale – Ezequiel mostró sus colmillos en un amago de sonrisa.

Zephyr extendió las alas y alzó el vuelo. La lluvia y el viento dificultaban su avance, pero Zephyr no pensaba rendirse. Zephyr tomó altura y buscó el modo de sortear las corrientes de aire y los rayos. Las serpientes se deslizaron por su cuello y le susurraron al oído:

- Confía en tu sssexto ssssentido

El sexto sentido era la magia, pero Zephyr no sabía como la protegería si un rayo caía cerca. Bajo ella la batalla se recrudecía y sobre su cabeza las nubes tormentosas se volvían cada vez más negras, no tenía mucho tiempo. Zephyr inspiró profundamente y se lanzó en picado, luchando contra las corrientes de aire que amenazaban con arrojarla al suelo y anticipándose lo mejor que podía a la caída de los rayos. Su corazón latía acelerado mientras volaba lo más deprisa que podía. Finalmente Zephyr pegó las alas a su cuerpo y entró como una exhalación en la torre.

La habitación parecía el laboratorio de un alquimista, estaba llena de cachivaches: alambiques, frascos de vidrio de formas distorsionadas y líquidos burbujeantes. Zephyr extendió sus alas de nuevo para frenar su caída y derribó varios frascos de contenido desconocido.

- ¡Mierda!

El suelo se había llenado de fragmentos de cristal cerca del balcón. Zephyr esperó que nadie hubiese escuchado el ruido y caminó de puntillas hasta la única puerta que había en la habitación. Era una puerta grande de hierro, con una barra reforzada que servía para asegurarla. Zephyr la entreabrió ligeramente y echó un vistazo. El resto de la torre era un laberinto de escaleras que descendía hasta la base. Varios elementales de fuego se recortaban el la oscuridad y subían hacia donde ella estaba. Zephyr cerró la puerta y corrió la barra, tenía que darse prisa.

Zephyr recorrió la caótica sala con la mirada, ni siquiera sabía lo que debía buscar. Y pese a todo la intuición le decía que lo que fuera estaba allí mismo.

- Llamassss – dijo la serpiente blanca

La mirada de Zephyr se vio atraída por un destello dorado al fondo de la sala. Zephyr se acercó corriendo para descubrir la fuente. Ante ella había docenas de cristales de colores cálidos que refulgían con luz propia. Zephyr cogió uno y se lo guardó en la túnica, era cálido al tacto y parecía pulsar, como si latiese con vida propia.

Un golpe en la puerta le recordó que no estaba sola. En el exterior los rayos seguían cayendo y la torre temblaba con cada nuevo impacto. Zephyr miró a su alrededor desesperada. Tenía que haber algo más ¿pero qué?

- Ponzzzoña – remarcó la serpiente negra.

Si, los espíritus tóxicos parecían estar relacionados con lo que estaba sucediendo por lo que Zephyr buscó algo que le recordase a lo que ya había visto. El metal de la puerta había adoptado ya una tonalidad rojiza por el calor y habían comenzado a caer cascotes.

- ¡Maldita sea! ¿dónde esta?

Zephyr miró de reojo la puerta, un brazó ígneo la había atravesado y estaba descorriendo la barra que la mantenía cerrada. Entonces lo descubrió frente a ella, estaba rezumando de un caldero justo delante de la puerta, era el mismo moho gris que había visto en el callejón y en los espíritus tóxicos. Y justo al lado un pergamino sobre un atril. Zephyr decidió arriesgarse y corrió hacia allí. El elemental consiguió abrir la puerta justo cuando Zephyr cogía el pergamino.

Zephyr se agachó instintivamente mientras el espíritu de fuego le arrojaba un objeto inflamado. Falló por muy poco. Zephyr puso el caldero entre ellos y reculo hacia el balcón mientras buscaba algo con lo que proteger el pergamino. Fuera continuaba lloviendo y, aunque era un objeto espiritual, no quería arriesgarse a que quedase arruinado. Cogió un frasco de cristal vacío y lo metió dentro. Un elemental más había entrado y otro asomaba por la puerta.

Un nuevo ataque y las llamas del primer elemental lamieron brazo al cubrirse. Zephyr gritó de dolor pero se obligó a seguir moviéndose, estaba tan cerca de la salida… Zephyr dio la espalda a los elementales y corrió hacia el balcón. Los cristales se clavaron en sus pies desnudos y el fuego de los elementales quemó su espalda y prendió en su ala derecha. Zephyr no se detuvo y saltó al vacío abriendo las alas. La lluvia la recibió amortiguando el dolor.

Y justo cuando Zephyr abandonaba la torre, un rayó se descargó sobre su base. El aire se llenó de electricidad y Zephyr cayó durante un interminable segundo mientras aleteaba desesperadamente para frenar su caída. La torre se derrumbaba a su alrededor y Zephyr apenas era capaz de maniobrar su vuelo.

- No me rendiré – se dijo a sí misma.

Zephyr batió de nuevo las alas para alejarse de la torre y ganar altura. Zephyr podía ver el acantilado donde la esperaban sus compañeros. La salvación estaba a unos metros pero a Zephyr le parecía cada vez más lejana…

Capítulo 18

Gunner, 15: 00

Max le había dicho que tenía dos horas antes de que rodease el prostíbulo y detuviese a los italianos. Aquel asunto de trata de blancas con la hija del alcalde le iba a costar caro al cabrón del italiano. Una pijita tonta que se dejó embaucar por la sonrisa de Enrico y pensó que sería una estrella, pero esta vez la incauta pertenecía a la clase rica. Menuda cagada pensó Gunner. Desde entonces el italiano había tenido a la pasma encima suyo. Si Max le pillaba eso supondría un ascenso para él… y un problema menos para Gunner.

La casa de la Signiora Fiorella era un edificio de cuatro plantas de principios de siglo y aspecto gris. La fachada del edificio no tenía ningún tipo de indicación de los servicios que se ofrecían en su interior, pero todos sabían que dentro podía satisfacerse todo tipo de deseos y perversiones. Gunner sabía de visitas anteriores que el edificio estaba insonorizado. Algunas habitaciones, aquellas para clientes especiales tenían incluso generadores de ruido blanco. Probablemente Enrico se encontraba en alguna de ellas, aunque Gunner no podía estar completamente seguro de ello.

El interior del prostíbulo estaba abierto para todo aquel con dinero suficiente para pagar una habitación y los servicios que allí ofrecían. Aunque la mayoría de los servicios corrían a cargo de mujeres, también había hombres y menores allí. Muchos de ellos habían llegado allí porque no tenían una alternativa mejor, otros habían sido comprados como mercancía a los italianos. Todos ellos tenían algo en común, ninguno de ellos tenía ID, ya fuese porque jamás lo habían tenido o porque se lo habían robado, eso los convertía en menos que nada porque sin él no tenías derechos. Aquella era la esclavitud moderna.

Gunner se lo pensó antes de entrar. Si lo hacía, Enrico lo sabría e intentaría largarse, por lo que descartó pedir los servicios de uno de los chicos jóvenes que tanto le gustaban a Enrico. La Signiora Fiorella tenía un pequeño ejército de matones que se encargaban de vigilar el negocio y tener controlados a los trabajadores, de modo que colarse tampoco era algo sencillo. Sin embargo Gunner sabía de alguien que podía entrar y salir de allí sin ser visto ni oido. Alguien que tenía acceso a todas las habitaciones y que estaría dispuesta a contarle todo cuanto quisiera saber por unos pocos nuyens.

Su nombre era Molly Hatcher, pero todos la llamaban la vieja Molly. En sus rasgos ajados por el paso de los años y sus ropas gastadas se adivinaba una vida dura en las calles. Numerosas cicatrices atestiguaban peleas olvidadas por todos salvo por quienes las habían vivido y la mayoría estaban muertos. Sus ojos habían perdido la capacidad de soñar y, vencidos al cansancio, miraban con tristeza el mundo que la rodeaba. Pero nada escapaba a su escrutinio y, de vez en cuando, su paciente espera se veía recompensada por algún fragmento de información útil o alguna chuchería olvidada por sus dueños.

Molly salió a tirar la basura y Gunner la abordó mientras revisaba los desperdicios en busca de algo de valor. La vieja lo miró sin temor pues no tenía nada que perder.

- Yo lo he visto primero. Puede que sea basura, pero es MI basura. – La vieja conocía a Gunner, pero le gustaba fingir que estaba chiflada para que no la molestasen.

- Necesito información. –Dijo Gunner sacando unos billetes. Esta era una de aquellas ocasiones en las que el dinero hablaba por si solo.

- ¡Ja! Nadie se acuerda de la vieja Molly hasta que necesitan algo. – La vieja se acercó y cogió los billetes.

- ¿Esta Enrico dentro? – Molly asintió distraídamente mientras contaba el dinero. No era mucho pero era más de lo que ella ganaba en una semana limpiando. - ¿Sabes qué se trae entre manos?

- Los italianos y los tipos importantes van allí, hacen sus cosas y hablan en esas bonitas habitaciones con moqueta roja y paredes de madera falsa. Mientras la vieja Molly va por los estrechos y oscuros pasillos de servicio. Ellos ensucian y yo limpio. Nadie me presta atención, pero yo oigo cosas. – A Gunner le habría gustado ir directo al grano, pero sabía que no conseguiría nada metiéndole prisa a Molly, la anciana mujer disfrutaba de la escasa atención que pudiese conseguir.

- ¿Entonces has oído algo? – Molly entrecerró los ojos y asintió levemente.

- Aquellos tipos trajeados no llevaban nada que pudiese identificarlos, pero no eran de por aquí. Concertaron una cita con Enrico, quería comprarle gente. No les importaba el sexo, pero querían que fuesen jóvenes y estuviesen sanos. Enrico dijo que les saldría caro porque la mayoría de su mercancía esta enganchada a algo. - Eso le recordó a la hermana de Zephyr. La habían reclutado como a las demás, una rubia con un cuerpo escultural y un talento mediocre como cantante. Las drogas las hacían más manejables. Zephyr había tenido que comprarla para sacarla de allí.

- De modo que le compraron gente ¿Cuántos querían?

- En principio les pidieron ocho, pero luego volvieron y pidieron diez más. No estaban del todo contentos, decían que seis se habían muerto muy rápido. Pero el caso es que al final cerraron el trato y acordaron que Enrico les daría dos gratis, para compensar. - ¿Para que mierdas quería infotech comprar prostitutas?

- ¿Escuchaste algo más?

- Llamaron a uno de ellos por teléfono y salió al pasillo. Casi me cago del susto, pero el tipo ni se fijo en mí. Nadie lo hace, por eso estás aquí. Cogí mi fregona y me hice la tonta. El tipo se fue a un rincón y siguió a lo suyo, pero yo escuche lo que decía. El mamón era un intermediario de Infotech, no pude escuchar nada más. No han vuelto desde hará un mes. – Dijo Molly como si escupiese y confirmando lo que Gunner ya sabía.

- Gracias Molly, cómprate algo bonito. – Dijo Gunner dándole otro puñado de billetes.

Gunner se alejó por el callejón. Faltaba media hora para que Max entrase a saco e hiciese las detenciones. Gunner sonrió mientras buscaba un lugar desde el que verlo todo. No se perdería la humillación de Enrico por nada del mundo…

Capítulo 17

Twitch, Sistema operativo de Infotech

Coger los archivos y correr, ningún problema. ¡Ja! ¿En qué mierdas estaría pensando? Twitch esquivó por un escaso margen el hacha de filo negro de uno de los programas de seguridad. El hacha agrietó el lugar en el que hacía un instante había estado Twitch. Por si fuera poco su abultada mochila repleta de jugosos datos, le restaba movilidad. Solo son cuatro, se dijo a si mismo mientras activaba uno de sus programas de ataque preferidos, un viejo revolver.

Un ruido a su espalda le advirtió de un nuevo ataque, le estaban rodeando. Se agachó por instinto mientras disparaba su arma contra el programa que tenía frente a él. La inercia hizo que perdiese momentáneamente el equilibrio. La bala había impactado en el pecho de uno de los programas que ahora tenía un agujero en su coraza virtual. Sin embargo Twitch no vio señales de malfunción. Twitch recuperó el equilibrio justo a tiempo de apartarse de la punta de la lanza que pensaba ensartarlo. Como prueba de lo cerca que habían estado de lograrlo la lanza tenía un jirón de su gabardina enganchado en la punta. El trozo de gabardina arrancado se descompuso con rapidez dashaciendose en jirones de código. Aquelle era un software de seguridad diseñado para no dejar rastros tras de sí.

Los programas comenzaba a cerrar el cerco y Twitch miró a su alrededor buscando una posible salida de escape. Twitch reculó intentando evitar que le rodeasen por completo. Los cuatro programas de hielo negro habían tomado el aspecto de cuatro descomunales caballeros en armaduras negras. Pese a su aspecto retenían una rapidez endiablada que Twitch apenas era capaz de igualar tras reasignar recursos al almacenamiento de datos. Que él supiese aún no habían dado la alarma, pero eran más que capaces de destrozarle.

La embestida de dos de los caballeros negros le hizo tomar una decisión precipitada. Twitch activó su mejor programa de evasión y saltó hacia un lado para apartarse de la carga. Twitch rodó sobre si mismo al tocar el suelo y evitó con facilidad el hacha del programa hielo negro que dejaba a sus espaldas. No tuvo tanta suerte esquivando al que tenía de frente. Aunque consiguió salir de la encerrona a la que le habían sometido sintió el filo de la lanza hundirse en su hombro. En la realidad virtual el acero era tan frió que quemaba su carne con un dolor intenso, en el mundo real Twitch sabía que su cerebro acababa de sufrir una fuerte descarga. No aguantaría muchas de esas.

Twitch usó la inercia para ponerse en pie de nuevo y salió corriendo pese al dolor que sentía. Sabía que pronto su brazo estaría inutilizado y no podría disparar bien, pero esperaba no necesitarlo. Con un pensamiento desactivo el programa de ataque y derivó todos sus recursos disponibles a velocidad. La pistola desapareció en su gabardina mientras los programas de auto reparación intentaban parar la hemorragia.

Los programas de hielo negro fluctuaron y su imagen cambió a las de unas criaturas de aspecto lobuno y fuertes patas. Las criaturas iniciaron su persecución. Aunque Twitch sabía que el aspecto que adoptasen los programas no alteraba sus funciones y características básicas, las fauces de negros y relucientes colmillos prometían nuevas cotas de dolor para Twitch.

Twitch llegó hasta un nodo en el que había una “puerta trasera” al sistema de un ejecutivo. Sin duda el equipo de asistencia técnica debía recibir muchas llamadas de aquel individuo. Twitch lanzó una granada de humo. Era un programa casero destinado a confundir los sistemas de rastreo de los programas anti intruso. No era gran cosa pero era mejor que nada. Aprovechando el momento de confusión atravesó el acceso entrando en el sistema.

La ambientación de la red cambió nada más entrar. El tipo en cuestión debía ser un pervertido pedófilo. Aquí el sistema operativo adoptaba la forma de una casa de baños de aspecto oriental con los programas tomando la forma de niñas en clara actitud sexual. El icono de uno de ellos le recordó a una hacker que conocía, el tipo debía haber conseguido fotos de cuando ella había sido prostituta infantil. Una pequeña elfa albina de pelo blanco y ojos rojos.

Los programas atravesaron la puerta sin darle tiempo a Twitch a dejarle un “regalito” al cabrón del ejecutivo. Twitch corrió hacia el extremo opuesto de la sala rezando para que el ejecutivo estuviese conectado a alguna página porno en aquellos instantes. Tendría que haber desactivado la mayoría de medidas de seguridad para descargarse fotografías y videos y eso le convenía mucho.

Los programas estaban dándole alcance y Twitch aún no había encontrado una salida a la red general. Twitch saltó por encima de una cama de aspecto usado y atravesó otra puerta, casi podía notar el aliento de sus perseguidores en la nuca.

Capítulo 16

C16-Gunner, 10: 23

Gunner agarró al tipo de aspecto sucio de las solapas y lo empujó contra la pared del callejón.

- Ya estás cantando, gilipollas.

- Pero yo no sé nada. – Gunner le sujetó por el cuello con una mano y se llevó la mano a una de sus pistolas.

- Cuéntale esa mierda a otro.

- Ya te he dicho todo lo qué se. ¡Te lo juro! – Gunner le puso la pistola en la sien.

- Haz memoria, capullo. – Gunner empezaba a cansarse de aquella rata de alcantarilla. Sus fuentes le habían dicho que el jodido soplón había estado tratando con los italianos sobre algo de Infotech.

- Oye tío no me hagas esto. Si se enteran de que he contado algo me matarán. – Gunner amartilló su arma. – ¡Joder! Enrico va a matarme…

- ¿Enrico? ¿No estaba fuera de la ciudad? – El hombre tragó saliva.

- Eh… cuando vuelva.

- ¡Y una mierda! ¿Donde se esconde ese capullo trajeado? – Gunner no estaba para gilipolleces. Quería saber que mierdas estaba pasando.

- Esta en el almacén, pero si se entera de que yo te lo he dicho me matará. – Gunner consideró la respuesta, demasiado fácil, olía a trampa.

- Tú vienes conmigo. – Dijo sabiendo que el mierdecilla aquel intentaría poner una excusa.

- Pe-pero entonces sabrá que yo te lo dije. – Gunner le golpeó en la cara con la culata de la pistola y le partió la nariz.

- Ya lo sabe, estas mintiendo, mamón. – Gunner le agarro del brazo poniéndole en pie de nuevo – Y ahora si no me dices lo que quiero saber no tendrás que preocuparte más por Enrico. – Gunner activó la mirilla láser del arma para aumentar el efecto intimidador.

- Maldito seas, Gunner, esto es mi ruina. – Gunner esbozó una sonrisa torcida y disparó a una de las piernas del gilipollas. – Aghh.

- Ultima oportunidad. – El tipo apretaba el agujero de bala y no dejaba de gimotear.

- Están donde la Signiora Fiorella. Se escondió ahí después de que la poli comenzase a investigar el club. – Gunner sonrió eso cuadraba más con lo que había oido.

- ¿Y qué hay de Infotech?

- No lo sé, solo sé que uno de sus hombres de gris fueron a hablar con Enrico.

- ¿Nada más? – Gunner se preguntó si debía dejarle con vida. Aquel capullo podía irse de la lengua.

- ¡Joder! ¡Yo solo soy un correo! ¡No se nada! ¡Lo juro! – Gunner fingió que iba a soltarlo y cuando el tipo se hubo tranquilizado le disparo en la cabeza.

Era mejor no dejar testigos y los italianos no eran de fiar. Además aquel imbécil se la hubiera jurado por lo de la pierna. Bastante malo era que Enrico hubiese vuelto a la actividad. Gunner meditó sus posibilidades, Signiora Fiorella regentaba una casa de citas de baja estofa. No debía ser muy complicado sobornar a una de las prostitutas para que sonsacase información. Gunner esparció un par de bolsas de basura encima del cadáver y se marchó. Había sido un día provechoso, estaba seguro que a Max le gustaría saber que Enrico había vuelto…


martes, octubre 23, 2007

¿Merece Mantis capítulos propios? ¿Y Neko?

El resultado de la encuesta (que todo sea dicho apenas ha tenido participación) es el siguiente:

Ni de coña, los dos apestan 0
Estabas tardando, ¡capítulos de los dos ya! 2
¡Neko wins! 0
¡Mantis rulez! 1

Como parece que no hay demasiado interés por los dos personajes (aunque tampoco oposición), ya veré si al final incluyo capítulos para ellos. De momento dejo la entrada para quien quiera opinar sobre el tema aunque haya retirado la encuesta.

Saludos

V_V