martes, abril 22, 2008

C117- Twitch 01: 12

Silencio. Ya no escuchaba nada al otro lado del telecom y la pantalla desenfocada sólo le dejaba ver lo que parecía la pata de una mesa o una silla. Había rastreado la señal desde el momento en el que había visto el rostro de Gunner, extrañamente sereno. En todo el tiempo que le había conocido jamás le había visto tan en paz. Ni quejas de su ex mujer, ni historias sobre su antigua compañía, ni cabreos por el último trabajo y eso que este último trabajo no había salido nada bien. Por eso supo que algo iba mal y ahora iba a toda velocidad por las calles de la ciudad intentando llegar hasta la clínica de mala muerte donde le había dejado Morgan.

Se culpaba a sí mismo por no haber confirmado las referencias de aquella doctora, pero había sido el Koreano quién la había enviado y él siempre cumplía su palabra. Siempre. Se agarró a Morgan mientras ella aceleraba la moto y esquivaba los coches a una velocidad que nadie sin implantes podría igualar. Tomaba las curvas apurando el giro para ganar unas milésimas de segundo al reloj y parecía saber dónde y cuándo estaban los obstáculos. Debía tener conexión por satélite, pensó Twitch.

Parte de él sentía curiosidad por saber qué modelos exactos le habían puesto. No preguntó, ese tipo de preguntas se consideraban hacer méritos para que te metieran una bala en el cráneo. O para que estampasen tu cabeza contra un muro de ladrillos en la siguiente curva.

Durante aquella carrera frenética no podía dejar de pensar en qué había podido ir mal. Todo, se dijo. El Koreano podía haberse enterado de los planes que tenían Zeph y él, podía haber matado a Gunner como advertencia. No, imposible, se había cuidado mucho de no dejar rastros y los métodos de Zeph no dejaban pruebas. Además, el Koreano tenía su propio y retorcido sentido del honor, si lo supiera habría ido directamente a por ellos. Si lo supiera él no conservaría todos sus miembros.

Morgan adelantó a unos pandilleros neotribales, tatuajes étnicos, trenzas y ropa cutre de piel falsa. Debieron pensar que era una especie de desafío y comenzaron a seguirles. Estúpidos, pensó Twitch mientras les veía maniobrar sus motos cutres en una formación con forma de punta de flecha. No tenían tiempo para aquello. Morgan debió pensar lo mismo, porque al verlos hizo unos disparos de advertencia. Pero aquellos niñatos debían estar demasiado drogados para entender el mensaje.

Eso no le habría sucedido a Gunner. Puede que sus viejos implantes no fueran ni la mitad de efectivos que la nueva generación que llevaba Morgan, pero le daban un aspecto mucho más intimidatorio. Eso y que no podía decirse que el viejo mercenario tuviese un aspecto amistoso. Su expresión en un día bueno era la de alguien que hubiera estado masticando cristales y en los días malos parecía que fuera capaz de destrozar a mordiscos un vehículo blindado. Morgan era mucho más discreta, incluso de cerca apenas se notaban unas suaves cicatrices ahí donde la piel se unía con más piel sintética, nada que ver con el metal desnudo de Gunner.

Morgan giró bruscamente metiéndose por un callejón estrecho y lleno de basura. Por un segundo pensó que acabarían estampados contra los montones de bolsas malolientes y que le recordaron a la cosa que le había arrancado la pierna a Gunner. Casi le pareció que la basura sonreía con una boca llena de dientes, pero luego vio que no era más que sombras sobre una bolsa rota de la que se derramaban restos de comida medio podrida. Zeph habría dicho alguna paranoia sobre los espíritus, pero ahora no estaba allí, si lo estuviese Gunner no habría tenido que recurrir a una doctora callejera.

Esquivaron un cubo de basura que bloqueaba el callejón casi por completo. Twitch se apretó contra el cuerpo de Morgan, los pandilleros iban justo detrás. Escuchó como el primero se chocaba con el cubo y pensó que tal vez habían conseguido perderlos, pero aunque ganaron ventaja los que no se habían estrellado continuaron la persecución unos segundos más tarde.

Morgan se giró a dispararles perdiendo unas valiosísimas décimas de segundo. Su disparó acertó en la rueda del que iba primero haciendo que reventase en un alarde de puntería del que el propio Gunner se habría sentido orgulloso. Pero los pandilleros eran demasiado idiotas para apreciar la precisión de aquel disparo y continuaron la persecución.

Ninguno de aquellos neotribales tenían ni media oportunidad contra una mercenaria como Morgan aunque parecía que lo aprenderían por las malas. En las calles siempre parecía haber gente como ellos, pijos, raperos, rockers, heavies, grunges, spunchers, punkis, no importaba, todos eran necios que pensaban que tener una pistola te convertía en alguien y terminaban muertos en algún callejón asqueroso.

Twitch prefería mantener un perfil bajo, aparentar ser más inofensivo y más torpe de lo que realmente era para evitar llamar la atención de los peces gordos como el Koreano. Eso le había mantenido vivo, como Gunner siempre se encargaba de recordarle, pero en ocasiones echaba de menos las ventajas que la popularidad. Había montado una emisora pirata capaz de competir con las legales, los graffitis de “Fuck You” estaban por todas partes, la gente de la calle había empezado a grabar sus emisiones, hasta uno de los pandilleros que le seguían ahora llevaba una camiseta con el logo de su emisora. Y no podía decírselo a nadie. Demasiado peligroso, especialmente ahora que habían empezado a tener suficiente audiencia para cabrear a las corporaciones. No, era mejor seguir en las sombras, en eso coincidía con Gunner y con Zeph, la fama no era para ellos.

Morgan derrapó para frenar y Twitch comprendió que habían llegado. La única puerta de aquel callejón miserable no parecía un lugar donde pudiera haber una clínica, aunque probablemente esa era la idea. Corrió hacia ella y reparó con vaguedad que la marca con forma de dragón estaba sobre la puerta, aquel lugar le pertenecía. La puerta estaba cerrada. Morgan voló la cerradura de un tiro y entró. Twitch fue detrás de ella, a su espalda escuchó las motos de los pandilleros.

- Putos niñatos – murmuró Morgan

Aquel comentario tan poco propio de ella le recordó a Gunner cuando gruñía sobre los múltiples vicios que según él tenía la juventud. La puerta daba a unas escaleras mal iluminadas que terminaban en una puerta metálica reforzada de una calidad muy superior a lo que cabría esperar.

Twitch se adelantó esta vez para hacerse cargo de los sistemas de seguridad, eso le llevaría unos treinta segundos, pero en esta ocasión parecía una eternidad. Arriba se escuchaba a los pandilleros discutir a voces. Uno de ellos decía que no pensaba entrar en uno de los locales del Koreano y otro decía que les daría una recompensa si les cogían. Morgan sacó un subfusil, estaba claro que se le acababa la paciencia.

Quitó la cubierta de plástico que cubría el cableado de la cerradura electrónica y enchufó su conector a la red. El sistema de seguridad no era malo, pero había visto los suficientes como ese para que le resultase algo rutinario. Ni siquiera los programas de hielo negro con forma de serpiente le supusieron un esfuerzo y, por una milésima de segundo, casi le pareció ver que las serpientes se apartaban de él para no interferir.

- Paso demasiado tiempo con Zephyr - se dijo - y ni siquiera nos acostamos.

Gunner le había dicho que perdía el tiempo intentándolo. Por eso la apuesta sobre que Ghost se la tiraría, para desviar su atención de la verdad, ocultar que eran cómplices. Zeph sabía lo de su implante experimental robado, lo de la emisora y que estaba robando a Brake. Al principio no le había hecho gracia que lo supiese, pero nunca habría podido llegar tan lejos sin ella. Ahora le resultaba liberador tener alguien a quien contárselo. Y tal vez si salían de esta se lo contase también a Gunner.

Rompió el código de seguridad y abrió la puerta reforzada. La clínica, si es que podía llamarse así, no era gran cosa. Habían instalado lo mínimo, una camilla bajo un foco de luz brillante y varios cacharros que recordaban a un brazo mecánico de dedos alargados que supuso se usaba para la cirugía. Gunner estaba tirado en el suelo, junto a una silla de la que se habían caído su chaleco, un par de pistolas y el telecom. Se arrodilló junto a él sin prestar atención a nada de lo que lo rodeaba. Estaba frío, llegaba demasiado tarde.

La doctora estaba junto a él, con un tiro en la cabeza tan perfecto que no había duda de su autor. Twitch maldijo al reconocer la cara de la mujer, era la misma que había visto en el sistema de Brake. Jodido orko, su puta cazarrecompensas debía haber sustituido al médico del Koreano. Eso o el propio Koreano había ordenado la muerte de Gunner, pero no tenía motivos que él supiera.

Twitch se quedó inmóvil mirando el cadáver de Gunner sin saber qué decir o qué hacer. No había imaginado que acabaría así, estaba a punto de retirarse, o eso decía siempre. Al menos tendría que haberse ido a lo grande, en una incursión de la que se hablase durante años, no en una clínica de mala muerte.

- Al menos se vengó de ella – escuchó a Morgan a su espalda.

- ¿Y eso de qué le sirve ahora?

Morgan puso su mano sobre el hombro de Twitch y apretó ligeramente, en un gesto torpe para intentar reconfortarle.

- Vamos, será mejor que nos lo llevemos antes de que los pandilleros vuelvan.

Twitch asintió de forma mecánica, Gunner habría querido que no dejaran su cuerpo allí. Había vivido y muerto en las sombras, pero él se encargaría de que fuese recordado, sería la estrella de su especial sobre Infotech.

lunes, febrero 18, 2008

C116- Gunner 00: 58

Jodidos carniceros. Otra parte de sí mismo que le arrancaban. Pero ya era tarde para arrepentirse. Había empezado con aquel primer implante para mejorar la puntería que le habían metido en el cerebro. Un precio pequeño por ser el mejor, no había tantos trabajos para mercenarios entrados en la cuarentena. Eso era lo que se había dicho para tragarse su aprehensión mientras le tumbaban sobre una mesa de operaciones de metal, no muy diferente a la que estaba ahora, para abrirle la cabeza. Después de eso ya no hubo vuelta atrás.

Cambiaban los detalles, la mesita con escalpelos y demás trastos de matasanos del lateral parecía algo más organizada que aquella. Los títulos de las paredes que probablemente eran falsos o el propio médico que le abría en canal. Esta vez era una mujer, no muy alta, pero con unos tacones que repiqueteaban por toda la habitación mientras preparaba su instrumental. También tenía un buen escote que el permitía ver sus tetas cada vez que se inclinaba sobre él para comprobar su pulso u otras cosas. Iba demasiado maquillada para su gusto, como aquellas mujeres de las revistas que solía comprar su mujer, pero no estaba en condiciones de quejarse. Eso nunca cambiaba.

Como tantas otras veces seguía sintiéndose igual de expuesto y vulnerable que la primera vez. Se preguntó si realmente merecía la pena. Con el dinero que había gastado en implantes y mejoras podía haberse retirado varias veces ya. Pero de un modo u otro siempre volvía a la mesa del cirujano y seguía atrapado en trabajos donde se jugaba el pellejo. Y ahora iba a gastarse la mitad de lo que tenía en una nueva pierna.

Cada vez que entraba en una sala de operaciones como aquella, con la luz blanca de un foco deslumbrándole, se planteaba dejarlo. Pero esta vez ni siquiera iba a poder cobrar el trabajo y tendría que gastar aún más pasta en quitarse de en medio. Maldita Zephyr, era todo culpa suya. Si no hubiera insistido en seguir con el trabajo no estaría allí. Claro que dejar un trabajo a medias también era meterse en problemas. Gunner maldijo entre dientes, se estaba haciendo viejo para este trabajo.

La doctora se colocó los guantes y la mascarilla. Sus ojos le examinaron del mismo modo que él hacía con su moto, tal vez para ella no había diferencia entre la carne y el metal. Pero seguía siendo una persona, no una cosa, joder, merecía algo mejor. Mientras la mujer le examinaba con mirada fría no podía evitar pensar que había algo cruel en el modo indiferente en que se comportaba. En parte le recordaba a su ex, desde el divorcio nunca había terminado de fiarse de las mujeres.

La observó preparar dos jeringuillas para la anestesia, midiendo cuidadosamente la dosis. Recordó que Zephyr le había explicado que usaban veneno de serpiente para dejar paralizado el cuerpo durante la intervención. Había sido una de las pocas veces en que les había acompañado, la noche que había hecho la apuesta con Twitch. Parecía que hubiera pasado una eternidad desde entonces, habían preguntado a Zephyr sobre sus conocimientos de medicina y, de algún modo, habían terminado hablando sobre el peligro de una dosis demasiado alta en la anestesia. Entonces fue cuando se fijó, la doctora estaba llenando la jeringuilla con un segundo frasco de anestesia…

Gunner maldijo, puede que fuera paranoia, pero hasta ahora eso era lo que le había mantenido vivo. ¿Qué era lo que Twitch había dicho en la furgoneta? Algo sobre cazarrecompensas que había pensado que era sólo una excusa para evitar las preguntar. Maldijo de nuevo, no tenía que haber mandado a Zephyr a la mierda. Tres frascos de anestesia, nunca había necesitado tanto. Mierda.

Se levantó de golpe, sus cosas seguían en la silla junto a la puerta. Eran sólo cuatro pasos de distancia, pero ponerse de pie sobre una sola pierna resultó demasiado para su cuerpo maltratado y cayó al suelo.

- ¿pero qué diablos? – La doctora se giró con la jeringuilla en la mano - ¿qué hace? ¡Vuelva a la camilla!

Gunner no respondió, sino que se arrastró hacia la silla. Tres pasos de distancia, parecía tan lejano. La doctora rodeó la camilla con calma y se agachó junto a él, sostenía la jeringuilla en su mano. La miró con desesperación y toda pretensión de fingir abandonado. Podía sentir la inyección de adrenalina, tan familiar, mejor que cualquier droga. Le dio una patada en la tripa con su única pierna y se arrastró hacia la silla. Tan cerca ya…

- Con que esas tenemos. No sé ni porqué me molesto en calmaros el dolor.

Lo dijo en un tono irritado y claramente despreciativo. Pero esta vez fue más precavida y le rodeó para aproximarse por el otro lado. Gunner hizo un último esfuerzo y se estiró para alcanzar una de sus pistolas, en una funda colgada de la silla. Su mano se cerró sobre la familiar culata. Entonces sintió el pinchazo en su cuello. Quitar el seguro y apuntar para él era una misma cosa. Disparó sin pensar, para él aquello se había convertido en algo tan natural como respirar.

Fue un tiro limpio en la frente, un blanco perfecto cortesía de su sistema de puntería. Joder, pensó, de todos los implantes que se había puesto aquel era el único que merecía la pena. Se llevó la mano al cuello y se quitó la jeringuilla. Vacía. Tragó saliva ¿Cuánto le quedaría? ¿Unos minutos? Sintió el cuerpo cansado y se dejó caer. Sam tenía razón, tenía que haberlo dejado antes, pero para los tipos como él aquella era la única manera. Alargó el brazo hacia la silla y buscó el telecom en sus bolsillos. Marcó el número de Twitch y forzó una sonrisa amarga, al menos se había llevado a la perra por delante.

jueves, enero 24, 2008

C115-Zephyr 00: 57

Ni marcas, ni cicatrices. Enrico sonreía con insolencia pese a estar desnudo y atado a una silla en un sótano frío. El mafioso italiano con aspecto de actor de segunda o cantante de tango, probablemente se creía intocable, claro que Zephyr no necesitaba tocarlo para sacar información de él. Había recuperado la frialdad y su rostro cansado volvía a mostrarse distante.


Entró en la habitación pequeña y sin ventanas donde Kurage vigilaba al mafioso italiano. Estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y la espalda recta. El sombrero de mimbre cubría sus ojos vendados, pero eso no suponía ninguna diferencia, era consciente de todo lo que sucedía en la habitación. Nada más cruzar el umbral de la puerta la shaman Medusa levantó la cabeza y la miró.


Sostuvo su mirada en igualdad de condiciones. Para la shaman de pelo blanco, ella sólo era Serpiente alada. Imaginó cómo sería conocer el mundo sólo a través del tamiz espiritual, pasar de la oscuridad perpetua a la intensidad casi dolorosa del mundo espiritual. Allí Kurage no tenía ojos, pero eso no quería decir que no pudiese ver o sentir. Su pelo blanco y largo se había transformado en tentáculos que flotaban alrededor de su cuerpo mecidos por una corriente de agua inexistente.


- Te esperaba - dijo inclinando la cabeza en señal de reconocimiento.

- ¿Vamos a montar un trío? - Se burló Enrico desde la silla.


Kurage levantó la mano y uno de sus tentáculos se enrolló alrededor de la boca de Enrico. Sus pupilas se dilataron cuando le obligó a abrir la boca y se metió por su garganta. No podía ver los tentáculos pero podía sentirlos, metiéndose por su boca, descendiendo por su garganta, obligándole a permanecer callado y, más importante, recordándole que no tenía el control de la situación.


Zephyr se acercó a la mesa que había al fondo de la habitación. Sobre ella habían extendido un paño y colocado instrumental médico... o de tortura. Puede que pensasen que la vista de los escalpelos, agujas y tenazas intimidaría a Enrico lo suficiente para que hablase. O tal vez que lo usaría ella y después borraría las marcas. Fuera lo que fuese, nadie había utilizado aquellas herramientas con el italiano.


- Ya me encargo yo - dijo mientras giraba el escalpelo en la mano de forma pensativa.


Kurage sonrió bajo su sombrero de mimbre y recogió sus tentáculos. Enrico boqueó como un pez. La shaman se levantó y se llevó el dedo índice a los labios para indicarle silencio. Enrico la miró con un odio mal disimulado, pero permaneció en silencio.


- Estaré fuera.


Fue hacia la puerta ayudándose de un cayado que Zephyr sabía que no necesitaba, un arma más que una guía. Zephyr dejó el escalpelo en su lugar junto al resto del instrumental médico. No creía que fuera a necesitarlo, aunque la tentación de vengarse del hombre que había metido a su hermana en la prostitución y las drogas fuera muy grande. Kurage le dedicó otra de sus sonrisas enigmáticas y cerró la puerta tras ella.


- Por fin solos - Enrico sonrió de forma lasciva.


Intentaba provocarla, recuperar el control de la situación, aunque eso pudiera hacer que le rajaran todo el cuerpo. No le daría esa victoria. Arrastró una silla frente a él y se sentó, con los brazos apoyados en el respaldo, mirándole.


- Estás deseando ponerme las manos encima. En el fondo no eres más que una puta, como tu hermana.

- Yo no tentaría tu suerte.


Era una amenaza vacía porque, independientemente de lo que hiciera o dijese, la suerte de Enrico estaba echada y ella no podría vengarse. No sin echarlo todo a perder. El Koreano le había negado su posibilidad de vengarse y lo sabía, por eso sonreía.


- Tu padre tendría que haber aceptado mi oferta.- continuo el mafioso.

- Mi padre está muerto.


Enrico sonrió como si supiera algo que ella no y eso consiguió irritarla. Las serpientes de su forma espiritual serpentearon por sus brazos y sisearon de forma amenazadora, pero el italiano no podía verlas ni oírlas.


- Sólo porque no quiso pagar - Enrico sonrió de forma sádica - y al final ¿para qué? Me tiré a su hija mayor y habría hecho lo mismo contigo si no se la chuparas al Koreano.

-Basta, no me interesa.


Pero por la expresión de satisfacción de Enrico sabía que él creía que sí. Extendió la mano y dejó que la serpiente negra se deslizase desde ella hasta el cuello de Enrico. Se estremeció ligeramente ante el tacto suave y frío de la serpiente pero, al no ver nada, fingió que no lo había notado.


La serpiente blanca se deslizó detrás de su gemela negra hasta el cuerpo de Enrico. Ambas se deslizaban por la piel morena y desnuda del italiano mientras él se esforzaba en ignorarlo.


- Te han mandado para que me interrogues - afirmó - pero si quieres algo de mí vas a tener que soltarme.


Zephyr sonrió levemente mientras observaba a las serpientes enrollarse entorno a su cuello. Aquella manifestación de su máscara shamánica no era realmente necesaria, pero cuanto más cerca de la superficie más sencillo le era emplear los dones de Serpiente. Al igual que mantis podía emplear sus tentáculos para paralizar o causar temor, ella era capaz de extraer cualquier secreto de la mente de su víctima... siempre y cuando tuviera tranquilidad y tiempo.


- Me parece que no lo entiendes - comentó distraída mientras observaba a la serpiente negra subir lentamente por su nariz.


Enrico se removió incómodo. Tiraba de las ataduras intentando soltar su mano, si no hubiera estado atado se hubiera llevado la mano a la nariz para sacar a la serpiente de ahí.


- No te diré nada.

- No lo necesito. - Zephyr sonrió.


La serpiente blanca se introdujo por el oído. Zephyr hizo un gesto revelando su forma espiritual. Sacudió ligeramente las alas estirándolas y le miró con sus ojos serpentinos. La serpiente negra seguía subiendo por la fosa nasal. Enrico vio entonces las serpientes y gritó. Sacudió sin éxito la cabeza intentando sacarse las serpientes de encima, pero Zephyr sabía que no funcionaría. Las serpientes era sólo una manifestación espiritual, no estaban realmente en el mundo material, aunque Enrico sintiera el dolor como si de verdad estuvieran devorando su cerebro. Cuando el proceso terminase sabría todo lo que necesitaba y más. Sonrió de nuevo mirándole desde la silla.


- Veo que empiezas a entenderlo...



miércoles, enero 02, 2008

¿Cuál es tu personaje Favorito?

Bueno, los resultados de la encuesta para el 2007 son los siguientes:

Como puede verse en la captura de pantalla apenas hubo votos. Aún así, parece que la encuesta claramente se decanta a favor de tres personajes: Zephyr, Twitch y Ghost. Aunque la encuesta tiene 15 votos, al permitir más de un voto por persona, eso ha dado lugar a 19 votos. Los porcentajes que se muestran son la cantidad de personas que votaron una opción sobre el total de votos. La conclusión bastante clara es que, de momento, los favoritos no sorprenden.

De todos modos, iré abriendo encuestas cada mes para seguir viendo la opinión de la gente.

Proxima encuesta: ¿Qué personaje te gusta menos?