Twitch, 11: 21
Las calles estaban aparentemente vacías, pero Twitch sabía que probablemente les estaban vigilando. Hacía más de cincuenta años aquella zona había sido un barrio residencial en la periferia, pero ahora no quedaban más que unos cuantos edificios ruinosos. Los viejos edificios de ladrillo eran el hogar de varios grupos de okupas que pagaban protección a una banda punk que reclamaba el barrio como suyo.
Twitch sonrió al recordar la primera vez que se habían encontrado con ellos. Habían estado huyendo de los de la Renraku en un todoterreno robado y la persecución les llevo hasta allí para esconderse. Igual que ahora las calles estaban bloqueadas por unas barricadas de escombros y basura lo que les obligó a derrapar para no estrellarse. Nada más parar un puñado de punkis armados con cadenas y palos salió de sus escondites. Los pobres desgraciados solo querían algo de pasta pero Gunner estaba de mala hostia. Así que cuando su jefe se acercó para soltar su discursito le pegó un tiro en la cabeza, sin mediar palabra. Después abrió la puerta del coche y bajó con una recortada y un subfusil. Por un instante Twitch llegó a pensar que aquello acabaría en una carnicería. No fue así.
Por aquel entonces Twitch era un novato y esa noche aprendió algo. Pocos tienen cojones para jugarse la vida, si te cargas al jefe el resto suelen huir. Las calles son un sitio duro donde cada uno mira por si mismo y nadie quiere ser el primero en enfrentarse a un tío lleno de implantes. Desde entonces no habían vuelto a molestarles y con el tiempo habían llegado a acuerdos con el nuevo líder de la banda.
Ghost detuvo su viejo coche junto un viejo bar que llevaba años clausurado. El día no había mejorado y a la monótona lluvia se había unido un fuerte viento. Twitch maldijo entre dientes mientras descartaba su paraguas y corría hacia la antigua estación de metro. Su chaqueta ofrecía poca protección para su terminal portátil, por lo que no esperó a sus compañeros. A su espalda escuchó como Ghost cerraba de un portazo el maletero y a Zephyr que seguía insultando a Brake.
Hacía tiempo que el metro no funcionaba en esta parte de la ciudad y los túneles habían sido abandonados. En algunos puntos del viejo trazado grupos de vagabundos habían formado comunidades, en otros las bestias paranormales y engendros de la bioingeniería acechaban en la oscuridad. Bajo la ciudad había todo un entramado de túneles y pasajes que se extendía durante kilómetros y llegaba a casi todas las zonas de la ciudad.
Las escaleras mecánicas llevaban años paradas y sus escalones mecánicos comenzaban a mostrar signos de herrumbre. Twitch bajó corriendo por las escaleras de piedra hasta que la oscuridad le impidió ver donde pisaba. Twitch estaba completamente empapado, pero al menos su terminal estaba seco. Mientras revisaba su equipo escuchó un ruido a su espalda que le sobresaltó. “¡Se suponía que estos túneles eran seguros!” Pensó Twitch. Con mucho cuidado para no hacer ruido activó su visor infrarrojo y se giró lentamente para ver un perro de aspecto poco sano.
- ¡Maldito chucho! ¡Largo de aquí! – Dijo al animal
- Deja al pobre bicho, - escuchó que decía Zephyr. – Hace un tiempo de perros, no me extraña que busque refugio.
- Además ahuyentará a las ratas. – Terció Ghost.
Con la ayuda de su visor Twitch pudo ver que Ghost estaba cargando con una bolsa de deportes de aspecto pesado. Mientras que Zephyr se arrebujaba en su abrigo y le seguía de cerca. Los dos tenían sus visores puestos.
Los tres siguieron bajando. Pasaron por delante de la antigua taquilla que hacía tiempo que había sido despojada de todo lo de valor. Enfrente de ella aún podía verse un mapa que mostraba el antiguo trazado del metro. Los tornos aún seguían en su lugar, pero hacía tiempo que a nadie le importaba que se los saltasen. Un poco más adelante había una estación cuyo túnel se perdía en la negrura en ambas direcciones. Pasaron de largo hasta llegar a la otra estación.
Era o había sido un final de línea. Bajando las escales hasta las vías se podía seguir el túnel hasta su final donde aún se encontraba una antigua locomotora y un par de vagones. Twitch sabía que Gunner había estado trasteando con ellos. Al viejo incursor le gustaban los vehículos antiguos, decía que eran más fiables. Tal vez fuera cierto, pero a Twitch le ofrecían más seguridad las nuevas tecnologías. Oculto tras uno de los vagones llegaron hasta su objetivo, un viejo túnel de servicio que los cuatro habían adaptado a sus necesidades.
La puerta, engañosamente vieja, era más resistente de lo que parecía. Aunque aparentemente no era más que una pieza de metal oxidado, por el otro lado tenía una gruesa plancha de acero. Gunner la había instalado una cerradura de seguridad y un sensor. Cualquiera que no cumpliese con los parámetros almacenados en su memoria se llevaría una desagradable sorpresa. Twitch esperó a que se encendiese la luz verde de reconocimiento y pasó. Como siempre que se reunían en el refugio tuvo una sensación extraña durante unos segundos. Twitch sospechaba que tenía algo que ver con Zephyr, pero a la shaman serpiente nunca le había gustado demasiado dar explicaciones.
Una vez estuvieron dentro Twitch encendió las luces con satisfacción. El mismo había insistido en añadir varias comodidades al lugar, en previsión de necesitar ocultarse allí por un tiempo. Una vez más se alegró de disponer de ducha y un recambio de ropa allí.
- Voy a ducharme, no hagáis nada malo mientras no este. – les dijo a los elfos. Ghost dejó caer su bolsa sobre el sillón y le respondió con una risa suave.
- Um… Tengo que llamar a Tina. Volveré en un rato. – Zephyr parecía absorta y Twitch dudó de que le hubiese escuchado.
- ¿Zephyr?
- Estoy bien, traeré comida.
Twitch meneó la cabeza. Era una lástima lo de Pinki. Decidió callarse y entró en el baño. La agradable sensación del agua caliente corriendo sobre su cuerpo hizo que recuperase parte de sus fuerzas. Aunque sabía que tenía mucho trabajo por delante decidió regodearse en la sensación durante varios minutos antes de abandonar la ducha. Mientras se vestía escuchó que Zephyr había regresado.
- … estará en el Inferno. Deberíamos hablar con él. – Escuchó decir a Ghost.
- ¡Joder, Ghost! Sabes que odio tener que disfrazarme de gótica depresiva. Podrías ir tu solo. – Twitch escuchó con curiosidad. Sabía que Ghost iba al Inferno con frecuencia, pero no tenía ni idea de que Zephyr había ido. En realidad no se imaginaba a Zephyr con nada que no fuesen vaqueros o ropa de trabajo.
- Ezequiel hablará contigo. – Al comentario de Ghost le siguió un silencio antes de que Zephyr contestase.
- Estuvisteis liados, ¿por qué no contigo? – La voz de Zephyr no revelaba nada, salvo su escasa predisposición a ir.
- Por eso.
- Esta bien – concedió Zephyr. – Pero si yo tengo que vestirme de vampiresa sádica espero que al menos pueda tirar de tu correa. – Terminó la shaman con una risita.
- No deberías jugar con esas cosas. – La voz de Ghost era poco más de un susurro y Twitch decidió entrar antes de que el ambiente se caldeara demasiado.
Cuando entró en la habitación Ghost y Zephyr se callaron. Pese a lo que había escuchado unos segundos antes no estaban en una situación comprometida, lo que en parte decepcionó a Twitch. Gunner y él habían estado apostando sobre si los dos acabarían liados. Pero entre los dos elfos había metro y medio de separación. Mientras que Ghost estaba tirado en el sofá con una pierna sobre el reposabrazos, Zephyr estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y la espalda apoyada en la pared.
- Apuesto a que has agotado el agua caliente. – Dijo Zephyr mientras examinaba unos papeles amarillentos con interés.
- Creo que dormiré un rato, esta noche hay mucho que hacer. – Aunque su voz no revelaba gran cosa Twitch vio como Ghost miraba a Zephyr de reojo. – Estaré en mi habitación.
- Yo voy a conectarme. – Dijo Twitch.
Con un poco de suerte, si les dejaba tiempo a solas ganaría la apuesta a Gunner. Además, aún tenía que averiguar si Infotech tenía algún agujero de seguridad aprovechable. Decidió que empezaría a investigar por Axis, tal vez sus colegas supiesen algo nuevo. Además tal vez hubiese nuevos programas de cifrado. El rostro de Twitch se iluminó ante la idea.
En menos de un minuto Twitch ya estaba enchufado. Una vez más sintió el paso familiar del mundo real al virtual. Su avatar tardo un instante en tomar forma, aunque Twitch sabía que el tiempo era diferente en la red, todo era más rápido. Por eso la entrada y la salida de la red era el momento más vulnerable para los tecnomantes.
Su aspecto virtual recordaba a los detectives de cine negro que tanto le gustaba. Twitch observó durante unos microsegundos las autopistas de información que fluían como ríos de luz por la red. Decidió que el modo más rápido de llegar hasta Axis era acceder desde los archivos de Phillip K. Dick. Como ahora casi nadie leía era un lugar poco visitado. Dr. Who tenía razón al esconder allí un refugio en la red. Un micro segundo después, Twitch abandonó su acceso de entrada y se zambulló en la corriente de datos.