domingo, septiembre 25, 2005

Capítulo 15

Twitch, Algún punto de la red

Twitch había consultado a sus colegas y se había dado prisa en seguir el rastro. Gunner le había dejado claro que sus contactos pensaban que en Infotech habían tenído algún tipo de accidente hacía poco, algo gordo. Gunner pensaba que aquello podía beneficiarles a la hora de dar un golpe allí, Twitch no estaba tan seguro. ¿A qué tipo de accidente se refería? Pronto lo sabrían.

El rastro de datos aún estaba caliente, aunque los de Infotech se habían dado bastante prisa en borrar todo registro de lo ocurrido. Twitch activó su programa de ocultación mientras se acercaba camuflado entre un flujo de datos proveniente de un correo electrónico, tenía la clave de un empleado de marketing de nivel medio. Twitch se maravilló sobre como un empleado descuidado podía cargarse en un momento la seguridad de toda la compañía.

Una vez dentro del sistema Twitch meditó durante unos momentos. ¿Sería mejor intentar acceder directamente a los archivos de seguridad o intentar averiguar qué pasó mediante ficheros secundarios? El avatar de Twitch parpadeó indeciso. Infotech tenía un interfaz bastante sobrio en el que era más difícil confundirse como parte del diseño de red. Desde donde se encontraba, Twitch podía ver a varios programas de bajo nivel que llevaban datos de un lado a otro. Supervisando toda la operación había dos operadores. Los operadores no parecían provistos de buena programación, pero Twitch decidió no arriesgarse, si daban la alarma podía olvidarse de encontrar nada interesante. Además Infotech era famosa por utilizar programas de hielo negro pese a estar prohibidos.

Twitch decidió cambiar su aspecto para emular el de los programas y acercó discretamente a los operadores. Al acercarse vio que los operadores estaban distraídos intercambiando imágenes-tri porno. Twitch aprovechó aquello para unirse a una fila de programas que llevaban datos a la papelera. Cuando le llegó su turno, Twitch cogió un archivo de datos de aspecto poco interesante.

Twitch siguió a los operadores a través de varios pasillos de color naranja. Aunque estaban escondidas se dio cuenta de que había bastantes medidas de seguridad. Varias cámaras vigilaban el pasillo y en cada nodo había al menos tres polizontes. Twitch estaba bastante extrañado, era muy raro que se protegiese tanto las rutas hacia la basura. ¿Qué diablos estaba pasando?

A medida que se acercaba a su destino la seguridad iba aumentando. Twitch activó un programa espía para averiguar todo lo que pudiese. Los primeros resultados confirmaron sus sospechas, habían cambiado los niveles de seguridad hacía poco. Fuese lo que fuese debía ser algo gordo. Probablemente querían deshacerse de aquellos datos, pero ¿por qué? El fichero que llevaba contenía solo unas mediciones de gases…

Twitch observó inquieto que se adentraba en una zona de seguridad roja. Los guardias habían sido sustituidos por hielo negro, un escalofrío recorrió la espalda de su avatar. La cámara de su programa espía le reveló que estaba apunto de llegar al vertedero de datos. Twitch de removió inquieto. Bajo toda aquella vigilancia no podía copiar datos sin ser visto, pero si se marchaba de allí con las manos vacías todos aquellos datos serían destruidos y no habría segundas oportunidades. Twitch comenzó a trazar un plan, tenía que coger todos los datos que pusiese y luego salir pitando. Pan comido ¿no?

Capítulo 14

Ghost, mundo espiritual

Ghost esquivó a duras penas la mano huesuda del espíritu. Era mucho más rápido de lo que su aspecto parecía indicar. Ghost saltó esquivando uno de los pequeños engendros que lo acosaban y pegó una patada en la boca al espíritu. Empezaba a entender cómo funcionaban las cosas aquí, lo importante no era lo que parecía, sino su esencia. La mujer putrefacta y las criaturas más pequeñas eran en realidad un mismo ser, por eso parecían dirigidos por una misma mente. Ellos por su parte no gozaban de la misma ventaja.

Ezequiel desgarró con los dientes la carne del muslo, lo que le provocó vómitos. El espíritu no parecía muy afectado por las heridas inflingidas y ahí donde le golpeaban brotaba más de aquella sustancia mohosa. El espíritu se giró y se abalanzó sobre él. Su boca se desencajó desmesuradamente y mordió su hombro. Ghost apartó de un par de golpes las criaturas que protegían la espalda del espíritu y clavó sus garras en el cuello del ser. Después dio un tirón para arrancarlo de Ezequiel. La criatura arrancó un buen pedazo de carne mientras arañaba a Ghost intentando soltarse. Ghost ignoró el dolor de los rasguños y apretó.

Zephyr parecía cansada, pero no dejaba de moverse, golpeando ocasionalmente alguna de las criaturas pequeñas. A Ghost le pareció que ella realizaba una especie de danza con el espíritu, como si trazase una espiral a su alrededor. Ghost sintió como varios pares de bocas se hundían en su carne y se recriminó por perder la concentración. El espíritu se revolvió y escapó de su presa lanzándolo contra la pared.

Ghost se levantó algo aturdido por el golpe. Ezequiel estaba rodeado por decenas de criaturas que rasgaban, mordían y clavaban. Sangraba por varias heridas y parecía tener problemas. Zephyr estaba sola ante el núcleo del espíritu, que sonreía viciosamente con sus grandes dientes amarillos manchados por la sangre de Ezequiel. El espíritu escupió a Zephyr el cacho de carne de Ezequiel que aún tenía en la boca. Zephyr no se inmutó y siguió con su extraña danza. Al ver que Zephyr lo ignoraba el espíritu se lanzó como un poseso contra ella. Y no solo su cuerpo principal, también todas las pequeñas criaturas que surgían de ella. Ghost se lanzó también hacia Zephyr para apartarla de ahí.

Ghost alcanzó a Zephyr un instante antes que el espíritu y apenas tuvo tiempo para escudarla con su propio cuerpo. Aunque se llevó la mayor parte del castigo Zephyr también recibió múltiples heridas. Ghost se revolvió salvajemente intentando quitarse de encima a las insidiosas criaturas y el espíritu que hundía cruelmente sus garras en él. Ghost se sentía cada vez más débil y creía que tenía alguna costilla rota. Entonces miró a Zephyr, que pese a estar cubierta de sangre y moho gris sonreía. Zephyr se cubrió de llamas azules y pegó una patada en el estómago del espíritu.

- Comete esto, zorra. – Dijo Zephyr mientras las llamas se extendían ha su alrededor.
- Ya era hora, Zephyr. – Dijo Ghost.

El ataque de Zephyr había sorprendido al espíritu y Ghost aprovechó para tomarse la revancha y se unió a Zephyr en el ataque. Sus garras arrancaron carne y astillaron huesos. Las llamas de Zephyr parecían consumirlo todo a su alrededor menos a ellos tres. Ghost miró a Ezequiel, tenía mala pinta. Zephyr y él tendrían que apañárselas solos.

- Vamos a purgar esta mierda, Ghost. Tú los machacas y yo me aseguro que no se levanten… - Dijo Zephyr.
- Eso esta hecho. – Respondió mostrando una sonrisa llena de dientes afilados – Estos no valen ni como estiercol.

Capítulo 13

Ezequiel, Mundo espiritual

La oscuridad se cerró sobre ellos como una masa sólida. Solo la barrera de Zephyr evitó que las criaturas que habitaban en ella saltasen sobre ellos haciéndolos pedazos. En el interior no había ninguna fuente de luz, pero Ezequiel podía percibir la presencia de un poderoso espíritu dirigiendo al resto. Era un espíritu corrupto y hambriento, que aguardaba a que cometiesen el más mínimo error para desgarrar sus espíritus y transformarlos en una parodia de lo que habían sido.

Ezequiel murmuró un conjuro, una luz fantasmal iluminó el lugar en el que estaban. Apiñándose en las esquinas y recovecos, podía distinguir las sombras y figuras amorfas de las criaturas. El moho gris crecía como un cáncer por todas partes, extendiendo su corrupción a todo cuento tocaba. Ghost gruñó imperceptiblemente, su cuerpo se tensó subconscientemente preparándose para un ataque. Zephyr tenía los ojos entrecerrados, como si estuviese buscando algo.

- ¿Puedes mostrárnoslo? – Preguntó Ezequiel con un susurro apenas audible. Zephyr asintió levemente con la cabeza.
- Pero no es agradable de ver.

Los ojos de Zephyr brillaron con una luz azul y Ezequiel creyó ver que a su alrededor aparecían las armas del mago: la espada, la vara, la copa y el disco. Aquello sin duda era una señal más en su viaje. Las criaturas comenzaron a chillar y arrojarse salvajemente contra la barrera, su sangre negra resbalaba por los bordes y, con cada nuevo empujón, Ezequiel notaba como su única protección temblaba. El muro de Zephyr se había resquebrajado y unos pocos seres de piel ulcerosa habían logrado traspasarlo. Ezequiel sumó su voluntad a la de Zephyr para alzar una nueva defensa.

Las garras de Ghost destriparon a los dos primeros enemigos mientras maniobraba para proteger a Zephyr, que seguía absorta en una lucha de voluntades. Ezequiel se concentró en la nueva barrera, Zephyr había dejado de ayudarle. Por su parte, Ghost seguía golpeando brutalmente las pequeñas e insidiosas criaturas. Cada vez que Ghost destrozaba a una de ellas, el ser se descomponía con rapidez en un puñado de moho gris. Aquello no era buena señal.

Zephyr seguía ajena a todo lo que la rodeaba. Su nariz chorreaba sangre y sus ojos estaban prácticamente cerrados, pero sus labios se curvaban en una leve sonrisa. Ghost la miraba con preocupación. De pronto abrió los ojos y se limpió la sangre con el dorso de la mano.

- No dirás que no te lo advertí. Aquí tienes al verdadero enemigo.

El espíritu había adoptado la forma de una mujer desnuda y carnes putrefactas que en algunos lugares dejaban ver los huesos. Sus pechos rezumaban un pus gris y viscoso que al caer, se convertía en el moho gris. Sus cabellos estaban apelmazados por la sangre y uno de sus ojos colgaba de la cuenca mientras que el otro tenía un aspecto lechoso. Parecía que le hubiesen cortado la nariz y los labios, por lo que su rostro recordaba al de una calavera. Sus dientes eran de un color amarillento y entre ellos chorreaba una saliva ligeramente verdosa de aspecto repugnante. Lo más horrible era su vientre hinchado, como el de una embarazada, y su sexo del que chorreaba aún más pus gris. Entre sus piernas una de las criaturas que los había atacado intentaba abrirse paso fuera del vientre. Ezequiel tragó saliva, era un espíritu tóxico.

Capítulo 12

Zephyr, Mundo espiritual

Supo que estaba en el mundo espiritual cuando las marcas del caduceo se manifestaron sobre ella. Las serpientes y las alas eran los dones de Serpiente, la sanadora, y siempre la habían servido bien en el plano astral. La transformación de Ezequiel no era nueva para ella, después de todo el era Perro, guardián del umbral.

Aunque Ghost vestía la piel de Coyote parecía sorprendido por el tránsito. Zephyr sabía que Ezequiel les había guiado más allá de los bordes donde el plano Astral toca el mundo material. Ella ya había estado allí antes y pudo ver que algo no marchaba bien. La tormenta descargaba su ira sobre la tierra y su magia no bastaba para protegerla del frío. Se cubrió con las alas buscando calor.

Zephyr miró a su alrededor y vio que los tres se hallaban en una encrucijada. Zephyr buscó con la mirada el origen de aquella tormenta, de algún modo sabía que allí estaba lo que querían. Sus ojos atravesaron las distancias rastreando la fuente de toda aquella furia. Lo que vio no la tranquilizó, allí donde el plano astral rozaba Infotech había una torre y los rayos la golpeaban con fuerza. ¿Qué mierdas estaban haciendo en Infotech?

La torre partida, de todas las señales que podían haber encontrado era una de las peores. La torre simbolizaba cambios bruscos, el dolor y la pérdida. También era su destino. Ante ellos se extendía un camino de barro, los otros caminos borrados por la lluvia. La naturaleza cambiante del mundo espiritual reflejaba su elección. Ghost comenzó a andar por el camino y Zephyr le siguió mientras buscaba posibles amenazas o señales.

El camino descendía abruptamente por la colina y se adentraba en la ciudad. Las calles de asfalto y edificios de ladrillos presentaban un aspecto extraño desnudas del constante flujo de personas que las pueblan en el mundo material. Ocasionalmente podían ver el contorno de algún transeúnte que por unos instantes rozaba el plano astral. Zephyr pudo ver algunos espíritus en las inmediaciones, pero ninguno parecía interesado en ellos.

Aunque no sabía por qué tuvo la impresión de que los espíritus estaban asustados y se escondían de algo… o de alguien. Zephyr se desvió del camino siguiendo al espíritu de una calle que había adoptado el aspecto de un montón de basura. Presentía que debían investigar aquello. Escuchó que Ghost la llamaba y se giró.

- ¿Dónde vas? – Preguntó – El camino sigue por ahí. – Dijo señalando la autopista vacía que se extendía junto a él.
- No estoy segura, creo que los espíritus tienen miedo. A lo mejor saben algo.
- Tal vez haya más de un camino. – Respondió Ezequiel mientras olfateaba el callejón en el que Zephyr se había metido.
- ¿Crees entonces que debemos desviarnos? – Preguntó Zephyr.
- Ya lo hemos hecho. – Dijo Ghost – La autopista ya no esta.
- Entonces será mejor que sigamos adelante. – Zephyr estaba decidida a descubrir que era lo que pasaba.

Atravesaron unas cuantas calles de aspecto desierto antes de llegar a un cruce. Zephyr escuchó un ruido a su derecha y se agachó justo a tiempo de evitar una espada de bordes serrados y metal negro. Aquello definitivamente no era normal. Zephyr rodó por el suelo apartándose del hombre.

Su agresor llevaba una armadura llena de espinas del mismo metal negro de la espada y que le cubría los brazos y el torso. Su rostro estaba oculto por un yelmo acabado en una corona de espinas de la que goteaba un icor negro de aspecto nauseabundo. Zephyr escuchó el gruñido de Ezequiel a sus espaldas. El shaman perro mostraba sus colmillos blancos mientras se preparaba para atacar.

Ghost reaccionó antes saltando sobre el desconocido y derribándolo con la inercia. Durante unos segundos los dos rodaron por el suelo y la espada cayó a pocos metros. Zephyr se levantó justo a tiempo para ver como Ghost golpeaba salvajemente la cabeza del hombre contra el suelo. El hombre intentaba atrapar a Ghost en una presa para clavarle sus espinas. Ghost le arrancó el casco revelando una mata de pelo rojo.

Ezequiel agarró una de las piernas del hombre y hundió sus dientes en ella. La sangre que manó de la herida también era negra. Zephyr estaba segura de que era venenosa y comenzó a preparar un hechizo para contrarrestar el veneno, ella no era una guerrera. El hombre de la armadura propinó un golpe fuerte a Ghost y las espinas de su guantelete se hundieron en su pómulo. Allí donde había golpeado la piel había adoptado un aspecto negruzco. Ghost no se inmutó y sujetó su cuello con las garras.

Zephyr termino su conjuro y dejó que la magia fluyese a través de ella. El hombre golpeó un par de veces más a Ghost, pero sus golpes cada vez tenían menos fuerza. Zephyr comprendió que Ghost le estaba estrangulando. Finalmente el cuerpo del hombre quedó inerte. Zephyr se acercó. El cuerpo se descomponía con rapidez, pero los ojos dorados del hombre sin vida captaron su atención. Grabado en su retina vio la imagen de Brake. ¿Qué tenía q ver en todo esto? Zephyr tenía un mal presentimiento.

Zephyr miró a su alrededor, estaban en un callejón oscuro que le resultaba familiar. Las paredes estaban cubiertas de un moho gris que engullía algo que parecía el montón de basura de antes. Zephyr alzó una barrera astral para protegerse de aquello. Después dirigió su atención a las heridas de sus compañeros. Tenían mal aspecto, pero las había visto peores.

Al roce de sus manos y de las serpientes las heridas de Ghost se cerraron y la piel recuperó su color normal. Después Zephyr devolvió su atención al callejón ¿dónde había visto un lugar así? Zephyr comenzó a adentrarse en el callejón. A su paso la barrera obligaba al moho a retroceder revelando lo que había debajo. Ghost y Ezequiel caminaban pegados a ella, atentos a cualquier posible ataque.

Una vez en el callejón, pudo ver que las sombras ocultaban la silueta de un contenedor de basura, parcialmente devorado por la sustancia gris. Zephyr se acercó a él para descubrir un cuerpo sangrante al que le faltaba la piel. El cuerpo abrió los ojos y se arrastró hacia Zephyr. Ghost hizo ademán de atacarlo, pero Zephyr le detuvo.

- No es peligroso, le conozco. – Ghost la miró como si estuviera loca.
- ¿Conoces a un zombi?
- Es el vagabundo, esa cosa se lo estaba comiendo. – Ghost la miró sin comprender. – Es el espíritu que habita el callejón donde esta el garito de Brake, tengo un trato habitual con él.
- Entonces estamos…
- Si, en el callejón. Y esa cosa ha salido del bar. – Dijo Zephyr señalando la puerta del local. Vista en el mundo espiritual la puerta parecía un agujero infecto que olía a cloacas.
- No jodas que tenemos que entrar ahí. – Dijo Ghost.
- Me importa una mierda si vienes o no, mi hermana esta ahí. En el mundo material, pero ahí. – Zephyr había empezado a andar hacia la puerta.
- ¡Mierda! No puedes entrar ahí sola. – Zephyr se encogió de hombros.
- Pero tú vienes. – dijo con una risita.

Pero antes de entrar en el bar tenía algo que hacer. El vagabundo le había ayudado en más de una ocasión. Durante unos segundos Zephyr concentró su voluntad en el vagabundo. Poco a poco la carne volvió a los huesos, después la piel y por último la ropa y la suciedad que siempre le acompañaban. Cuando acabó Zephyr estaba algo cansada, pero ya se recuperaría.

- Quédate dentro de la barrera, le dijo Zephyr. – El vagabundo la saludo con su sombrero roñoso y se fundió con las sombras.

Zephyr se sintió mejor tras ayudar al espíritu, pero aún tenía que hacer frente al origen del moho gris. Más allá del umbral Zephyr percibía una presencia espiritual poderosa y presentía que si traspasaba aquella puerta no habría vuelta atrás. A pesar de todo, Zephyr se adentró en la oscuridad sin dudarlo. Averiguaría lo que estaba pasando o moriría en el intento.



Capítulo 11

Ghost, 5:20

El salón estaba a oscuras y la única fuente de luz provenía de las llamas en la chimenea. Habían sacado los muebles del salón y por las paredes y el suelo Ezequiel había dibujado con harina y sangre de gallina un intrincado diseño de loas. El humo del incienso y las sombras daban un aspecto irreal a la habitación. Fuera llovía y el sonido monótono de las gotas contra el cristal resultaba extrañamente apropiado a la situación.

Ezequiel estaba sentado enfrente de Ghost con las piernas cruzadas y la espalda erguida. Su pecho desnudo estaba cubierto de tatuajes y cicatrices, algunas de ellas recientes. Ezequiel tomó el cuenco que estaba frente a él en sus manos y bebió de su contenido antes de pasárselo a Zephyr.

Zephyr se sentaba sobre sus rodillas, con los pies descalzos y los ojos cerrados. Su pecho subía y bajaba en una respiración rítmica mientras sus labios formaban palabras silenciosas. Cuando Ezequiel le tendió el cuenco abrió los ojos, el fuego bailó en sus ojos. Ella también tomó un trago antes de pasar el cuenco a Ghost.

Sus dedos rozaron los de Zephyr unos segundos al coger el cuenco. El líquido oscuro tenía un sabor fuerte y bajó por su garganta abrasándola. El efecto se extendió con rapidez por todo su cuerpo. Ghost le devolvió el cuenco a Ezequiel. Ezequiel asintió.

- Podemos comenzar. – Dijo mientras colocaba entre sus piernas algún tipo de tambor. – Dejaros llevar por la música.

Ghost pensó que no sería muy difícil porque su cabeza ya daba vueltas. ¿Por qué no tenían nada parecido en los bares?

Las manos de Ezequiel se movían despacio al principio, pero poco a poco fueron ganando velocidad. Al sonido de percusión se unió la voz de Ezequiel formando una música de ritmos primarios que se apoderaba de los sentidos. Zephyr bailaba de un modo que jamás había visto y Ghost descubrió que no podía dejar de mirarla. Su cuerpo atlético se movía de un modo incitante, invitador. Ghost tragó saliva intentando contener el deseo. Estaba completamente ebrio.

La luz del fuego parecía dotar de vida las sombras. Sin saber muy bien como Ghost se dio cuenta de que estaba de pie y su cuerpo se movía como por voluntad propia. No había nada más allá de aquella habitación y aquel instante.

No sabía cuanto tiempo había estado bailando cuando la música paró. Ezequiel se había detenido y tenía un cuchillo de filo ancho en las manos y lo usaba para dibujar signos en su piel. Como si la sangre los alimentase, los tatuajes de Ezequiel habían comenzado a moverse y agitarse bajo su piel. Ezequiel trazó un par de cortes alrededor de su propio cuello y se arrancó la piel del rostro. Ghost dio un paso inconsciente hacia atrás esperando ver los músculos y la sangre, pero en lugar de aquello vio que Ezequiel tenía ahora la cabeza de un perro de ojos extrañamente sabios.

Ghost se giró para mirar a Zephyr, estaba prácticamente desnuda cubierta solo por una túnica verde. Enroscadas en sus brazos sostenía dos serpientes, una blanca y otra negra, las dos tenían los ojos de Zephyr. De sus hombros surgían un par de alas blancas. Zephyr le sonrió y Ghost vio que sus ojos tenían algo serpentino, aunque no sabría decir qué.

- Bienvenido, hermano Coyote. – Dijo Zephyr con una voz suave.
- Ssi, Bienvenido sseasss. – Dijeron las serpientes
- ¿Cómo? – Ghost no salía de su asombro. Ezequiel le lanzó un ladrido pero Ghost entendió cada una de sus palabras.
- Bienvenido al mundo de los espíritus

Ghost miró a su alrededor, ya no estaban en la habitación. Se encontraban sobre una colina que se alzaba hacia un cielo de nubes oscuras. La lluvia y el viento castigaban sus cuerpos. Ghost podía sentir el barro bajo sus pies desnudos. Zephyr se protegía con sus alas mientras miraba el horizonte. Ghost siguió su mirada, una tormenta eléctrica se acercaba desde el oeste. “¿No esta Infotech al oeste?” Pensó Ghost. Nada más pensar aquello un camino se dibujó desde la colina hacia la tormenta.

viernes, septiembre 16, 2005

Capítulo 10

Ezequiel, 3: 59

Faltaban solo un par de horas para que amaneciera, un par de horas para preparar el ritual. El amanecer y el crepúsculo son umbrales al mundo de los espíritus. En el amanecer la oscuridad cede su reinado a la luz y se repliega a las sombras del mismo modo en que el invierno cede paso a la primavera en el interminable ciclo de las estaciones. Cada instante, cada momento tiene su propio poder, es una puerta hacia el futuro que no volverá a ser cruzada. Todo eso y más era el amanecer para un mago.

Su apartamento estaba en la zona antigua de la ciudad, sobre una colina. La casa en la que se encontraba tenía una larga historia y antes de que construyesen el edificio de apartamentos, allí se alzaba una mansión, hogar de una familia adinerada. E incluso antes, en el mismo lugar, se situaba una posada en una encrucijada. Allí donde se encuentran el cielo y la tierra, donde reside la familia y donde se decide el camino. Todos ellos eran importantes en el mundo espiritual. ¿Qué mejor lugar para iniciar una búsqueda?

Su apartamento estaba en el ático. El edificio viejo de ladrillo rojo y aspecto gastado no tenía ascensor. Las escaleras de madera desgastada trepaban en espiral dibujando un cuadrado perfecto. El edificio tenía solo cinco pisos y solo dos puertas por piso. Diez puertas en total, que en el leguaje de la numerología equivalía a la unidad, el todo. Zephyr observaba todo aquello con atención mientras que Ghost emprendía la subida con la familiaridad del que lo ha hecho muchas veces. Y sin embargo nunca el camino es el mismo, pensó Ezequiel.

Los tres llegaron hasta la puerta de madera con cerradura antigua, de las que necesitan una llave para ser abiertas. Con la nueva tecnología la mayoría de las personas utilizaban cerraduras electrónicas que reconocen las huellas digitales. Los más ricos tenían detectores de voz o, incluso, escáneres de retina. Ezequiel podría haber instalado una de esas hace tiempo, pero prefería aquella vieja cerradura de metal y su llave dorada. Aquello le iba bien pues él era guardián de la puerta. Abrió la puerta y les invitó a pasar, como dicta la costumbre.

Ghost entró inmediatamente, pero Zephyr pareció pensarlo antes de traspasar el umbral. Ezequiel apreció aquel gesto de sabiduría, uno nunca debe cruzar una puerta a la ligera. Tal vez había más en la joven shaman de lo que revelaba la vista, aunque Ghost jamás le creería que si le decía que su interés iba más allá de lo físico. Aquel pensamiento llevó una sonrisa torcida a sus labios sensuales.

El interior del apartamento emanaba una agradable e invitadora calidez. No era muy grande pero tampoco pequeño. La vivienda estaba organizada entorno a un acogedor salón con una chimenea de ladrillo en su centro. No estaba de más añadir que la chimenea estaba en la pared norte y en invierno siempre había fuego en ella. Aquel era un truco del que Ezequiel se sentía especialmente orgulloso.

Los muebles de su hogar eran de lo más variado y provenían de aquí y allí. Cada uno de ellos tenía una historia o un significado. Pese a su diferencia de estilos y colores encajaban de un modo inesperado creando una atmósfera acogedora. Zephyr miraba interesada cada uno de ellos, como si los muebles pudiesen contarle secretos. Tal vez era así. Los shamanes serpiente siempre buscan secretos y ven cosas donde otros no ven nada. Ese era el camino de la serpiente, del mismo modo que el del perro era proteger a los suyos.

Ezequiel entró a la cocina para reunir alguna de las cosas que necesitarían. Velas para revelar el camino. Aceites aromáticos y pinturas para preparar el cuerpo. Incienso para relajar la mente. También recogió las hierbas, el cuchillo y el caldero. Por último seleccionó una gallina gorda como ofrenda para Perro por su guía. Se preguntó si Zephyr y Ghost habrían traído ofrendas apropiadas. Esperaba que sí. Una vez tuvo todo reunido en el salón comenzó los preparativos tomándose su tiempo.

- En el mundo de los espíritus cada paso cuenta ya que el destino no es tan importante como el camino recorrido hasta llegar a él. – dijo el shaman a sus invitados.

Capítulo 9

Zephyr, 2: 27

Había merecido la pena. Incluso cuando Ezequiel les había mirado con expresión calculadora, solo ver la cara de la zorra de la camarera y la expresión de sorpresa de Ghost. Zephyr tuvo que esforzarse para contener la risa. Después de la mierda de día que llevaba aquello era lo último que esperaba. Sabía que era infantil, pero agradecía la distracción de sus problemas.

Jugueteo distraídamente con la correa de Ghost consciente de que la camarera rubia aún estaba mirando, pero su mente estaba muy lejos de allí. Al final todo se reducía a Tina. Era su hermana y no podía dejarla tirada. Sabía lo que la mayoría de los tíos pensaban de ella, el típico putón elfo sin sesos. Alex la recordaba de otra forma. Si ella no estuviese enganchada a los chips de simulación podría permitirse hacer frente a Brake. Había pensado más de una vez en cargárselo, pero no serviría de nada si Tina seguía buscando chutes rápidos, después de Brake llegaría otro chulo.

Ezequiel les indicó que entrasen en la zona vip. Allí el volumen de la música era más razonable. Zephyr echó un vistazo rápido a la sala antes de entrar. Un sillón circular en cuero negro rodeaba una mesa baja de cristal oscuro. A su derecha y cristal tintado permitía ver la pista de baile desde una perspectiva elevada. Zephyr entró y observó con la vista perdida el lugar. El mar de gente bailando se distorsionó dejando paso al mundo astral durante unos instantes, Zephyr no pudo ver a ningún mago, pero varios espíritus se alimentaban de las intensas emociones en la sala.

Parpadeó de nuevo y el mundo real regresó ante ella. Ezequiel estaba al fondo de la sala sirviendo unas copas. Ghost estaba junto a ella y Zephyr se dio cuenta de que aún sujetaba su correa. La mirada de Ghost estaba clavada en Zephyr. Ezequiel se acercó con las bebidas y Zephyr agradeció que rompiese aquel extraño silencio.

- ¿Qué os trae hasta mí esta noche? – Todo en Ezequiel transmitía confianza, su voz, su aspecto, sus gestos y el modo de mirar a las personas.
- Queremos información. – Ezequiel recorrió su cuerpo con la mirada y después miró a Ghost con intención.
- Ven. – Ezequiel palmeó el sillón con la mano. – Siéntate conmigo y hablemos. – Zephyr se sentó junto al shaman perro. Ghost tomó asiento a su otro lado.
- Claro, viejo amigo. – Dijo Ghost sonriendo mientras ponía su brazo sobre los hombros de Zephyr.
- ¿Estáis saliendo? – La pregunta tomó por sorpresa a Zephyr y casi se atragantó con la bebida.
- Eso parece ¿no? – Zephyr se preguntó si debía negarlo, pero luego se lo pensó mejor. Ezequiel había intentado volver con Ghost un par de veces, lo más seguro era que Ghost quisiese mantener distancias.
- Pero no hemos venido a hablar de eso. – Zephyr cambió rápidamente de tema. – Nos preguntábamos si alguien del cónclave sabe algo de Infotech.
- Como no. – Sonrió Ezequiel. – Aunque… - Ezequiel hizo una pausa para mirarles a los dos - …espero que cuando terminéis vuestro trabajo pueda invitaros a una copa.
- ¡Seguro! Háblanos de su sección paranormal. - Respondió Ghost alegremente.
- Infotech pone mucho interés en proteger sus secretos – Comenzó Ezequiel. – Aunque su departamento mágico aún tiene que aprender un par de trucos. Necesitaremos velas e incienso, será mejor que vayamos a mi apartamento.
- ¿Velas e incienso? – Zephyr sintió la mano de Ghost acariciando su cuello.
- Tal vez tengamos que hacer un par de rituales. Espero que no tengáis prisa, porque esto puede llevarnos toda la noche.
- Tenemos tiempo. – Respondió Ghost.

Capítulo 8

Ghost, 00: 05

El Inferno aún estaba bastante vacío. La mayoría de la gente aún no había llegado y todavía se podía pedir en la barra sin tener que apartar gente. La música industrial sonaba con fuerza pero nadie bailaba aún, era demasiado pronto. Ghost se acercó a la barra mientras esperaba a que llegase Zephyr, nadie se sorprendió de verle allí. Celine le recibió con una amplia sonrisa y le sirvió lo de siempre.

- Tengo un tatuaje nuevo ¿quieres verlo? – Dijo Celine intentando atraer su atención hacia su escote.
- Las rosas negras están muy vistas – respondió Ghost sin mucho interés.
- No me refería a ese. – La sonrisa lasciva de Celine dejaba pocas dudas sobre su oferta.
- Ya tengo alguien esta noche.
- Otra noche tal vez. – Dijo en tono insinuante antes de marcharse. Ghost se preguntó cuando captaría la indirecta de que no estaba interesado.

Ghost dio un trago de su bebida mientras echaba un vistazo al local. La mayoría de los habituales aún no habían llegado. Las jaulas del fondo aún estaban vacías y el proyector trideo apagado. Al otro extremo del local Ghost observó a unos niños pijos intentando ocultar que estaban fuera de lugar allí. Se preguntó que harían cuando el local se animase y el Inferno hiciese honor a su reputación.

El local fue llenándose poco a poco. Zephyr seguía sin aparecer y Ghost pidió otra copa. El proyector reproducía escenas gore del remake de Hallowen. La joven estrella Sim elegida para el papel principal no hacía honor a su predecesora, pensó Ghost mientras se juntaba con algunos colegas en los sillones. Max intentó decirle algo. El sonido de la música hacía que para hablar tuviesen que gritarse al oido. “Ezequiel” consiguió entender Ghost, mientras su amigo le señalaba al atractivo hombre de rasgos orientales. Ghost meditó durante unos instantes, lo último que le apetecía era estar con él a solas. Decidió esperar a Zephyr.

La noche se fue animando. La pista se había llenado de personas que bailaban frenéticamente al son de la música. En las jaulas los bailarines acaparaban la atención con sus movimientos provocativos acentuados por su ropa... o falta de ella. La mayoría de personas en el local vestía con ropas de cuero o vinilo, ceñidas y provocativas, pero quienes bailaban en la jaula iban prácticamente desnudos.

Normalmente, el ritmo de la música, el roce de los cuerpos y el alcohol inducían a Ghost en una especie de trance que duraba horas. Después solía acabar en los reservados de atrás dándose el lote con su ligue de esa noche. Pero esta noche Ghost no podía permitirse el lujo de dejarse llevar. Mientras apuraba su quinta copa se preguntó por milésima vez donde diablos estaba Zephyr.

Ghost agarró malhumorado su gabardina de cuero para salir a buscarla. Ghost empezó a abrirse camino entre la gente para salir. En ese momento vio a Ezequiel hablando con una chica. La chica estaba de espaldas a él, hablando con Ezequiel. El terciopelo negro dibujaba su silueta y su pelo oscuro caía hasta la mitad de la espalda. Ezequiel decía algo a su oido, ella asentía con la cabeza. Ghost comenzó a dirigirse hacia la salida discretamente, esperando que Ezequiel no le viese. Ese fue el momento que Zephyr escogió para darse la vuelta. Durante un par de segundos Ghost se quedó paralizado, incapaz de reaccionar.

Zephyr le hizo señas y Ezequiel alzó su copa a modo de saludo. Ghost trató de tranquilizarse, ya hablaría con Zephyr más tarde. Cuando llegó a donde estaban Zephyr le dijo algo, Ghost no oyó nada y Zephyr se acercó para hablarle al oido. Su aliento cálido rozó su mejilla y podía oler su perfume. Al principio no entendió lo que decía.

- Llegas tarde. – Consiguió entender. Ghost sintió como su cabreo recuperaba fuerza.
- ¡Eres tu quien llega tarde! – Gritó furioso.
- ¿A quién quieres engañar? ¡Llevo aquí dos horas! – Los ojos de Zephyr eran como dagas afiladas.
- ¡Y yo estoy aquí desde las 12! – Ghost vio que Ezequiel estaba observándolos y bajo algo el tono de voz. ¿De qué diablos hablaba Zephyr? - ¿No preguntaste?
- ¡Claro que he preguntado! ¡Sabes que odio este sitio! – Zephyr miro de reojo a Ezequiel y también bajo el tono de voz. – He preguntado cada jodida media hora y en todas las ocasiones la camarera me ha dicho que no estabas.
- ¿Qué camarera? – Preguntó imaginado la respuesta.
- La rubia insulsa de la rosa en el escote.- Zephyr aún parecía molesta.
- ¡Maldita zorra! Debió pensar que estábamos juntos. – Zephyr le miró esperando una explicación. – Que eras mi rollo de esta noche.

La mirada de Zephyr se dirigió durante unos instantes a la barra, Celine estaba mirándolos. Sin mediar palabra Zephyr se acercó a Ghost y le besó. Suavemente al principio, acariciando su lengua, para acabar mordisqueando sus labios. Después agarró su correa y miró de nuevo a la barra sonriendo a Celine.

- Vamos Ghost, tenemos trabajo. – Dijo de nuevo a su oido. Ghost abrió la boca para contestar y se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento. ¿Qué diablos le pasaba a Zephyr? Fuese lo que fuese, esperaba que durase.

domingo, septiembre 11, 2005

Capítulo 7

Gunner, 12: 01

Gunner aceleró con su Scorpion trucada y adelantó otro Chrysler-Nissan. En apenas un par de años las carreteras se habían llenado de aquel penoso modelo de coche cuyo éxito se basaba en la modelo pechugona del anuncio. Gunner gruñó entre dientes. Ya no hacían coches como los de antes. Las compañías no se molestaban en hacer modelos que mereciesen la pena y los consumidores eran tan estúpidos de seguir comprando. Gunner se alegró de no ser como ellos e hizo un corte de mangas a nadie en particular. “Gilipollas”, escuchó gritar a un tipo gris en uno de las tortugas metálicas. Gunner le dejó atrás sin molestarse en contestar.

Sam tenía razón, ya solo quedaban unos pocos que supiesen apreciar una buena máquina. Cuando llegase a su taller pensaba decirle eso mismo. Claro que, como de costumbre, Gunner no visitaba a la rolliza enana solo para charlar. Si había alguien en la ciudad que sabía cómo entrar y, aún más importante, cómo salir de Infotech, esa era Sam. Aunque hacía tiempo que se había retirado, la mecánica se mantenía al día sobre vehículos y demás cacharros.

Gunner redujo algo la velocidad y tomó un desvío hacia uno de los barrios bajos de la ciudad, en los barrios buenos rara vez aceptaban a los metahumanos o la gente con implantes. Sam había instalado su taller en un garaje de aspecto abarrotado y vulgar. Gunner había escuchado a los vecinos preguntarse de qué vivía Sam si nunca aceptaba clientes. Gunner sabía que no era verdad, pero Sam solo aceptaba vehículos de verdad, no aquellos coches de juguete que vendían ahora.

Gunner aparcó su moto frente al garaje y activó las medidas de seguridad. Un par de chavales que parecían pandilleros se quedó mirando la impresionante Scorpion un par de segundos más de lo que Gunner consideró apropiado. Gunner torció el gesto amenazadoramente. Sus casi dos metros de estatura y cuerpo fornido hacían que el negro de ojos rojos tuviese un aspecto realmente intimidante. Los chicos salieron corriendo.

- Menuda preciosidad, ¿puedo echarle un vistazo? – Dijo la voz de Sam a su derecha. El rostro de Gunner se distendió en una sonrisa.
- Claro, Sam, siempre has sido un mecánico de fiar. – La enana se acercó mientras se lim

Capítulo 6

Twitch, 11: 21

Las calles estaban aparentemente vacías, pero Twitch sabía que probablemente les estaban vigilando. Hacía más de cincuenta años aquella zona había sido un barrio residencial en la periferia, pero ahora no quedaban más que unos cuantos edificios ruinosos. Los viejos edificios de ladrillo eran el hogar de varios grupos de okupas que pagaban protección a una banda punk que reclamaba el barrio como suyo.

Twitch sonrió al recordar la primera vez que se habían encontrado con ellos. Habían estado huyendo de los de la Renraku en un todoterreno robado y la persecución les llevo hasta allí para esconderse. Igual que ahora las calles estaban bloqueadas por unas barricadas de escombros y basura lo que les obligó a derrapar para no estrellarse. Nada más parar un puñado de punkis armados con cadenas y palos salió de sus escondites. Los pobres desgraciados solo querían algo de pasta pero Gunner estaba de mala hostia. Así que cuando su jefe se acercó para soltar su discursito le pegó un tiro en la cabeza, sin mediar palabra. Después abrió la puerta del coche y bajó con una recortada y un subfusil. Por un instante Twitch llegó a pensar que aquello acabaría en una carnicería. No fue así.

Por aquel entonces Twitch era un novato y esa noche aprendió algo. Pocos tienen cojones para jugarse la vida, si te cargas al jefe el resto suelen huir. Las calles son un sitio duro donde cada uno mira por si mismo y nadie quiere ser el primero en enfrentarse a un tío lleno de implantes. Desde entonces no habían vuelto a molestarles y con el tiempo habían llegado a acuerdos con el nuevo líder de la banda.

Ghost detuvo su viejo coche junto un viejo bar que llevaba años clausurado. El día no había mejorado y a la monótona lluvia se había unido un fuerte viento. Twitch maldijo entre dientes mientras descartaba su paraguas y corría hacia la antigua estación de metro. Su chaqueta ofrecía poca protección para su terminal portátil, por lo que no esperó a sus compañeros. A su espalda escuchó como Ghost cerraba de un portazo el maletero y a Zephyr que seguía insultando a Brake.

Hacía tiempo que el metro no funcionaba en esta parte de la ciudad y los túneles habían sido abandonados. En algunos puntos del viejo trazado grupos de vagabundos habían formado comunidades, en otros las bestias paranormales y engendros de la bioingeniería acechaban en la oscuridad. Bajo la ciudad había todo un entramado de túneles y pasajes que se extendía durante kilómetros y llegaba a casi todas las zonas de la ciudad.

Las escaleras mecánicas llevaban años paradas y sus escalones mecánicos comenzaban a mostrar signos de herrumbre. Twitch bajó corriendo por las escaleras de piedra hasta que la oscuridad le impidió ver donde pisaba. Twitch estaba completamente empapado, pero al menos su terminal estaba seco. Mientras revisaba su equipo escuchó un ruido a su espalda que le sobresaltó. “¡Se suponía que estos túneles eran seguros!” Pensó Twitch. Con mucho cuidado para no hacer ruido activó su visor infrarrojo y se giró lentamente para ver un perro de aspecto poco sano.

- ¡Maldito chucho! ¡Largo de aquí! – Dijo al animal
- Deja al pobre bicho, - escuchó que decía Zephyr. – Hace un tiempo de perros, no me extraña que busque refugio.
- Además ahuyentará a las ratas. – Terció Ghost.

Con la ayuda de su visor Twitch pudo ver que Ghost estaba cargando con una bolsa de deportes de aspecto pesado. Mientras que Zephyr se arrebujaba en su abrigo y le seguía de cerca. Los dos tenían sus visores puestos.

Los tres siguieron bajando. Pasaron por delante de la antigua taquilla que hacía tiempo que había sido despojada de todo lo de valor. Enfrente de ella aún podía verse un mapa que mostraba el antiguo trazado del metro. Los tornos aún seguían en su lugar, pero hacía tiempo que a nadie le importaba que se los saltasen. Un poco más adelante había una estación cuyo túnel se perdía en la negrura en ambas direcciones. Pasaron de largo hasta llegar a la otra estación.

Era o había sido un final de línea. Bajando las escales hasta las vías se podía seguir el túnel hasta su final donde aún se encontraba una antigua locomotora y un par de vagones. Twitch sabía que Gunner había estado trasteando con ellos. Al viejo incursor le gustaban los vehículos antiguos, decía que eran más fiables. Tal vez fuera cierto, pero a Twitch le ofrecían más seguridad las nuevas tecnologías. Oculto tras uno de los vagones llegaron hasta su objetivo, un viejo túnel de servicio que los cuatro habían adaptado a sus necesidades.

La puerta, engañosamente vieja, era más resistente de lo que parecía. Aunque aparentemente no era más que una pieza de metal oxidado, por el otro lado tenía una gruesa plancha de acero. Gunner la había instalado una cerradura de seguridad y un sensor. Cualquiera que no cumpliese con los parámetros almacenados en su memoria se llevaría una desagradable sorpresa. Twitch esperó a que se encendiese la luz verde de reconocimiento y pasó. Como siempre que se reunían en el refugio tuvo una sensación extraña durante unos segundos. Twitch sospechaba que tenía algo que ver con Zephyr, pero a la shaman serpiente nunca le había gustado demasiado dar explicaciones.

Una vez estuvieron dentro Twitch encendió las luces con satisfacción. El mismo había insistido en añadir varias comodidades al lugar, en previsión de necesitar ocultarse allí por un tiempo. Una vez más se alegró de disponer de ducha y un recambio de ropa allí.

- Voy a ducharme, no hagáis nada malo mientras no este. – les dijo a los elfos. Ghost dejó caer su bolsa sobre el sillón y le respondió con una risa suave.
- Um… Tengo que llamar a Tina. Volveré en un rato. – Zephyr parecía absorta y Twitch dudó de que le hubiese escuchado.
- ¿Zephyr?
- Estoy bien, traeré comida.

Twitch meneó la cabeza. Era una lástima lo de Pinki. Decidió callarse y entró en el baño. La agradable sensación del agua caliente corriendo sobre su cuerpo hizo que recuperase parte de sus fuerzas. Aunque sabía que tenía mucho trabajo por delante decidió regodearse en la sensación durante varios minutos antes de abandonar la ducha. Mientras se vestía escuchó que Zephyr había regresado.

- … estará en el Inferno. Deberíamos hablar con él. – Escuchó decir a Ghost.
- ¡Joder, Ghost! Sabes que odio tener que disfrazarme de gótica depresiva. Podrías ir tu solo. – Twitch escuchó con curiosidad. Sabía que Ghost iba al Inferno con frecuencia, pero no tenía ni idea de que Zephyr había ido. En realidad no se imaginaba a Zephyr con nada que no fuesen vaqueros o ropa de trabajo.
- Ezequiel hablará contigo. – Al comentario de Ghost le siguió un silencio antes de que Zephyr contestase.
- Estuvisteis liados, ¿por qué no contigo? – La voz de Zephyr no revelaba nada, salvo su escasa predisposición a ir.
- Por eso.
- Esta bien – concedió Zephyr. – Pero si yo tengo que vestirme de vampiresa sádica espero que al menos pueda tirar de tu correa. – Terminó la shaman con una risita.
- No deberías jugar con esas cosas. – La voz de Ghost era poco más de un susurro y Twitch decidió entrar antes de que el ambiente se caldeara demasiado.

Cuando entró en la habitación Ghost y Zephyr se callaron. Pese a lo que había escuchado unos segundos antes no estaban en una situación comprometida, lo que en parte decepcionó a Twitch. Gunner y él habían estado apostando sobre si los dos acabarían liados. Pero entre los dos elfos había metro y medio de separación. Mientras que Ghost estaba tirado en el sofá con una pierna sobre el reposabrazos, Zephyr estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y la espalda apoyada en la pared.

- Apuesto a que has agotado el agua caliente. – Dijo Zephyr mientras examinaba unos papeles amarillentos con interés.
- Creo que dormiré un rato, esta noche hay mucho que hacer. – Aunque su voz no revelaba gran cosa Twitch vio como Ghost miraba a Zephyr de reojo. – Estaré en mi habitación.
- Yo voy a conectarme. – Dijo Twitch.

Con un poco de suerte, si les dejaba tiempo a solas ganaría la apuesta a Gunner. Además, aún tenía que averiguar si Infotech tenía algún agujero de seguridad aprovechable. Decidió que empezaría a investigar por Axis, tal vez sus colegas supiesen algo nuevo. Además tal vez hubiese nuevos programas de cifrado. El rostro de Twitch se iluminó ante la idea.

En menos de un minuto Twitch ya estaba enchufado. Una vez más sintió el paso familiar del mundo real al virtual. Su avatar tardo un instante en tomar forma, aunque Twitch sabía que el tiempo era diferente en la red, todo era más rápido. Por eso la entrada y la salida de la red era el momento más vulnerable para los tecnomantes.

Su aspecto virtual recordaba a los detectives de cine negro que tanto le gustaba. Twitch observó durante unos microsegundos las autopistas de información que fluían como ríos de luz por la red. Decidió que el modo más rápido de llegar hasta Axis era acceder desde los archivos de Phillip K. Dick. Como ahora casi nadie leía era un lugar poco visitado. Dr. Who tenía razón al esconder allí un refugio en la red. Un micro segundo después, Twitch abandonó su acceso de entrada y se zambulló en la corriente de datos.

Capítulo 5

Despacho de Brake, 10: 54

Zephyr entró en el despacho con el abrigo goteando sobre la costosa alfombra. Ghost reprimió una sonrisa para no cabrear aún más a Brake. La joven elfa no se molestó en disculparse por el retraso y arrojó su abrigo sobre uno de los sofás de piel.

- Vas a joderme el sillón. – Gruñó el orco.
- Si no te preocupan las manchas de semen, no veo porque te molesta un poco de agua. – Zephyr clavó sus fríos ojos azules en Brake.
- Al menos tu hermana no es una frígida como tú, Ahora mueve tu bonito culo hasta aquí para que os explique el trabajo. – Zephyr mantuvo su rostro impasible aunque Ghost sabía que se hermana era un tema sensible.
- Quieren una extracción en Infotech. – Dijo Twitch mientras ponía la mano en el hombro de Zephyr para evitar que hiciera alguna tontería.
- Y la pagan bien – Interrumpió Brake. – Su nombre es Amanda Vince. La tienen retenida en la sección de investigación paranormal. No hay muchos más datos.
- ¿Y la pasta? – Preguntó Ghost.
- 20 ahora y 100 más después.
- Estas de coña. – Soltó Gunner. El runner veterano se levantó de su sillón. – Por menos de 40.000 estoy fuera.
- Entonces es una suerte que Brake nos haya conseguido 200. – Dijo Zephyr con voz cortante.
- ¡Maldita zorra! – Zephyr lo miró desafiante. - ¡200! ¡Os llevais mi margen de beneficios!
- 200 suena bien – Ghost dejó escapar una sonrisa torcida.
- 50.000 es un buen margen. – la voz de Zephyr era engañosamente suave. Brake la miró sorprendido. – No pongas esa cara, las paredes no solo escuchan. También hablan a quién sabe escuchar.
- Esto es por lo de tu hermana ¿no? – Brake estaba furioso.
- Creo que eso es todo, nos largamos. – Dijo Gunner mientras empujaba a Zephyr fuera de local.
- Un placer hacer negocios contigo. – Twitch levantó su sobrero a modo de saludo antes de marcharse.

Ghost cogió el abrigo de Zephyr y siguió a sus compañeros. A su espalda escuchó a Brake maldecir a Zephyr en varios idiomas. “Si no fuese porque…” escuchó antes de cerrar la puerta. Ghost meneo la cabeza. Zephyr era una shaman y Brake sabía que la necesitaba. No hay incursión sin apoyo mágico y Zephyr era muy eficaz. Por eso la había chantajeado. Ghost apenas había alcanzado a sus compañeros cuando la luz se fue. El comentario de Twitch le arrancó una risa queda.

- ¡Otro cortocircuito! Brake debe tener la instalación bien jodida. – Ghost sabía que no era cierto.

Capítulo 4

Brake’s Hotties, 10: 42

El callejón tenía un aspecto muy diferente durante el día. La luz de la mañana revelaba la mugre y sordidez del local. Llovía con fuerza y una corriente de agua negra arrastraba parte de la porquería del suelo. Zephyr se caló la capucha mientras esquivaba a un par de borrachos que se resistían a irse. Bajo la exigua protección de un rellano Kraig guardaba la puerta con aspecto desdichado. El descomunal troll hacía lo que podía para no mojarse y taparse con una ropa demasiado pequeña para su tamaño. Zephyr compadeció al matón. Tras rodear un par de montones de basura llegó hasta la puerta.

- Llegaz tarde. – Dijo el troll.
- Que se joda. – Respondió la chica de cabello oscuro.

El troll respondió con un risa grave y abrió la puerta. Dentro el local estaba silencioso. Zephyr se quitó la capucha y se dirigió hacia la parte trasera. Cuando estaba apunto de alcanzar la puerta Pinky salió del despacho. Sus ropas estaban arrugadas y su pelo completamente revuelto. Cuando vio a Zephyr la abrazó efusivamente.

- ¡Alex! – Pese a la calida bienvenida de su hermana, Zephyr mantuvo las distancias.
- Estas colocada – Dijo acusadoramente. – Me prometiste que no volverías a drogarte.
- Yo… Brake dijo… - La elfa la miró con ojos acuosos y aspecto compungido.
- ¡Mierda Tina! Te he dicho que no puedes confiar en él. – Zephyr miró a su hermana con tristeza y se preguntó si debería encerrarla hasta que superase el mono. Tina empezó a llorar.
- Oye, no llores, ya lo arreglaré – Zephyr odiaba ver a su hermana mayor así y odiaba aún más a Brake. – Escucha, Brake me esta esperando, vete a casa.
- Vale. – Pinky esbozó una leve sonrisa. – Cuando vengas te haré tu plato favorito.

Zephyr forzó una sonrisa y se quedó mirando a su hermana hasta que salió del local. Después con gesto cansado se apartó el cabello húmedo de la cara y adoptó una expresión fría antes de entrar en el despacho.

Capítulo 3

Apartamento de Ghost, 9: 30

La habitación era un caos, el suelo estaba cubierto de pilas de ropa sucia, botellas vacías y posesiones variadas que apenas permitían llegar a la cama. Ghost estaba tirado sobre ella maldiciendo la luz que se colaba entre las rendijas de la persiana. La noche en el Inferno había sido salvaje y apenas recordaba lo que había hecho. El irritante sonido de su telecom le sacó de la semiinconsciencia arrancándole una maldición.

- Yo también me alegro de verte. – La inconfundible voz rasposa de Brake captó el interés de Ghost que respondió con un gruñido.
- Tengo un nuevo trabajo para ti, así que mueve tu culo hasta mi oficina para que te cuente el resto. – El feo rostro del orco ocupaba la pantalla.
- Espero que valga la pena. – Ghost se pasó la mano por el pelo revuelto.
- 1 hora, no me falles. – Brake no esperó la respuesta. La pantalla del telecom se apagó y la habitación volvió a quedarse en silencio.

Ghost se incorporó trabajosamente, iba a ser un día muy largo.

lunes, septiembre 05, 2005

Capítulo 2

Despacho de Brake, 2: 34

Brake se arrellanó en su sillón al tiempo que estudiaba al hombre que acababa de entrar. Parecía nervioso y se mesaba inconscientemente una perilla descuidada. Pese a que su cabello rojo, a la última moda, lo ocultaba parcialmente, Brake pudo ver que llevaba un conector de datos última generación. Aquella preciosidad debía valer un montón de pasta, lo que hacía que Brake se preguntase qué traía a Dexter Smithers hasta su despacho, normalmente la gente como Dexter se valía de intermediarios para tratar con gente como él.

Brake dio una calada a su puro antes de indicar a Dexter que se sentase.

- ¿Qué le trae por aquí señor Smithers? Mis chicas no, seguro. – Brake sonrió confiadamente mostrando una dentadura llena de colmillos.
- Necesito contratar una extracción. – Los ojos dorados de Dexter recorrían inquietos la habitación, como si creyese que alguien podía aparecer en cualquier momento.
- Naturalmente, señor Smithers. – Brake dio otra calada de su puro – Hablemos de los detalles.
- Amanda Vince, investigación paranormal en Infotech. - Brake meditó durante unos instantes. Era una misión difícil, pero ¿cuánto podía sacarle por ella?
- 300.000 – Brake sabía que la cifra era elevada, pero los años que llevaba en el negocio le habían enseñado a reconocer cuando alguien estaba desesperado.
- … Eso es mucho dinero… puedo ofrecer 80 – Brake sabía que mentía y no se inmutó.
- ¿Esta seguro señor Smithers? ¿Cuánto vale para usted la vida de esa persona? – Brake esbozó la sonrisa confiada.
- Tal vez podría reunir 120 si me esfuerzo. – Brake resopló, solo el implante que llevaba en la cabeza valía medio millón en el mercado negro. Que fuese un orco no significaba que fuera tonto.
- Señor Smithers, mi tiempo es muy valioso. Si no esta dispuesto a negociar en serio entonces debería buscarse otro contacto. – Dexter tragó saliva ante la mirada furiosa del orco.
- ¡Esta bien! puedo tener 80 ahora y hasta 100 más en un par de días. – Brake expulsó el humo con satisfacción, ahora estaba donde lo quería.
- Mis chicos no se molestarán por menos de 200, que con mi comisión hacen 250. – Brake se inclinó hacia delante apoyándose en su descomunal mesa. – No es negociable.

domingo, septiembre 04, 2005

Capítulo 1

Otra noche de trabajo

Brake’s Hotties, 2: 12

La noche estaba nublada y una fina lluvia caía sobre la gran urbe de cristal y asfalto. La única luz en el callejón provenía de un letrero de neón parpadeante en el que se podía leer “Brake’s Hotties”. En la entrada del tugurio un troll de tamaño descomunal guardaba la puerta. Sus más de tres metros de altura hacían que tuviese que encorvarse para poder guarecerse de la lluvia en el rellano de la entrada. Sus ojos negros sin iris y su piel de aspecto pétreo, los grandes colmillos y los cuernos retorcidos le daban un aspecto amenazador pese a no haberse movido.

Poco más de metro setenta y sin nada de músculo, en comparación Dexter parecía casi un niño. Nerviso, pasó la mano por su pelo rojo brillante para apartar un mechón y examinó el lugar con inquietud. La escasa luz del cartel dejaba ver un gran contenedor metálico del que rebosaba la basura y, al fondo, una pared de ladrillos donde alguien había pintado un graffiti que ponía "Fuck You". Comprobó la dirección mediante una conexión rápida. Un torrente de datos inundó sus neuronas proporcionándole un mapa por satélite de la ciudad, el parte del tiempo y el estado del tráfico. Este era el lugar que le había indicado el Koreano.

Un ruido tras un contenedor de basura hizo que Dexter interrumpiese la conexión sobresaltado. El tech activó su visión infrarroja haciendo que el mundo se volviese una escala de calor y frío. Sus ojos dorados reflejaron la luz del cartel. Tras el contenedor, entre las bolsas de basura y medio oculto por la penumbra, había un hombre tirado en el suelo. Otro yonki más. Dexter le miró con desagrado mientras se acercaba al local. El troll le recibió mostrando los colmillos en una mueca grotesca que pretendía ser una sonrisa. A la luz vacilante del neon, su rostro deforme por las protuberancias óseas y los cuernos hacían que pareciese una escultura salida de los sueños de un loco.

- Zinko Nuyenz – Dijo el troll en un esfuerzo evidente por vocalizar las palabras.

Dexter pagó sin decir nada y el troll se apartó para franquearle el paso. El technomante entró en el antro y fue recibido por la música atronadora. El local se encontraba completamente en penumbra a excepción de un escenario en el centro donde bailaba medio desnuda una mujer que había conocido días mejores. A su alrededor algunos hombres ebrios intentaban llamar su atención para meter sus billetes en el diminuto tanga rojo que era su única ropa. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, Dexter pudo ver una barra a su derecha y unos reservados al fondo donde un par de chicas hacían bailes privados. Dexter se acercó a la barra y llamó a la camarera, una mujer de mirada cansada que limpiaba unos vasos. Debía pasar de los cuarenta, con unos cuantos kilos de más aún más evidentes por su vestido negro ajustado.

- ¿Qué te pongo, cariño? – Dijo la mujer al tiempo que se inclinaba ligeramente dejando entrever parte de sus generosos pechos.
- 43, blue – Respondió Dexter.

La música seguía sonando igual de fuerte, esta vez una versión mala de "Born to be wild", y tuvo que repetirlo un par de veces. La mujer olía a jabón y colonia barata.

- Lo siento cielo, aquí no tenemos de eso.

Dexter hizo una mueca de decepción mientras miraba las botellas expuestas y se preguntaba si alguna de ellas tendría algo que no fuese matarratas.

- Entonces whiky - dijo resignado.

La camarera le dedicó una sonrisa hueca y le puso su copa, muy cargada y sin apenas hielo.

- 10 neoyens, nene. – Dexter sacó un billete de 50.
- Puedes quedártelo si me dices donde puedo encontrar a Brake.

La mujer miró por un momento el billete en la mano de Dexter y luego hacia la parte de atrás del local.

- Eso puede arreglarse, – Respondió la camarera mientras cogía el dinero y se lo guardaba en el escote. – espera aquí.

Dexter se sentó en un taburete y observó como la camarera salía de la barra. Apenas habían pasado unos pocos segundos cuando notó que alguien tocaba su hombro. Dexter se giró para ver a una voluptuosa elfa de mirada vidriosa y un vestido rosa muy corto. La elfa se acercó aún más hasta que sus rostros estuvieron a pocos centímetros. Su pelo rubio con mechas rosas tenía un olor suave a lavanda.

- ¿Me invitas a algo guapo? Te estaría muy… – La elfa se mordisqueó el labio inferior de una manera insinuante – agradecida.

La elfa jugueteó con uno de los tirantes de su vestido que había resbalado por su hombro. La verdad es que era un autentico bombón.

- Eh… claro, ¿por qué no? – Dexter le acercó su copa y la observó mientras bebía. - ¿Cómo te llamas?
- Por aquí me conocen como Pinki – Dexter no tuvo que imaginarse porqué: vestido rosa, mechas rosas, labios rosas... - ¿Quieres conocerme mejor?

Pinki sonrió y dejó que el tirante de su vestido resbalase por su hombro. Dexter tragó saliva y maldijo para sus adentros.

- Esta noche no puedo, preciosa. - se obligó a decir.
- ¿Entonces qué haces haciéndome perder el tiempo? – Bufó Pinki mientras se marchaba con la copa de Dexter aún en la mano.

Mierda de noche, pensó Dexter con sus ojos fijos en el culo y las largas piernas de Pinki. Necesitaba un trago y la elfa se había largado con su bebida.

Tras varios minutos vio como la camarera regresaba sola a la barra. ¿Qué más podía ir mal? Desde que se había largado de Infotech las cosas habían ido de mal en peor, se suponía que la cita de esta noche iba a arreglar sus problemas, pero el tipo ni siquiera había aparecido. La camarera se acercó a él y sonrió. Su sonrisa no era ni la mitad de interesante que la de Pinki.

- Te espera en la parte de atrás. – Dijo señalando hacia la esquina.

Dexter miró hacia allí entrecerrando sus ojos dorados, había una puerta pintada del mismo gris que las paredes y medio oculta tras la barra. Luego vio a Pinki entrando con un hombre de traje a uno de los reservados. Mierda de noche, pensó mientras se dirigía a la puerta.