viernes, septiembre 16, 2005

Capítulo 10

Ezequiel, 3: 59

Faltaban solo un par de horas para que amaneciera, un par de horas para preparar el ritual. El amanecer y el crepúsculo son umbrales al mundo de los espíritus. En el amanecer la oscuridad cede su reinado a la luz y se repliega a las sombras del mismo modo en que el invierno cede paso a la primavera en el interminable ciclo de las estaciones. Cada instante, cada momento tiene su propio poder, es una puerta hacia el futuro que no volverá a ser cruzada. Todo eso y más era el amanecer para un mago.

Su apartamento estaba en la zona antigua de la ciudad, sobre una colina. La casa en la que se encontraba tenía una larga historia y antes de que construyesen el edificio de apartamentos, allí se alzaba una mansión, hogar de una familia adinerada. E incluso antes, en el mismo lugar, se situaba una posada en una encrucijada. Allí donde se encuentran el cielo y la tierra, donde reside la familia y donde se decide el camino. Todos ellos eran importantes en el mundo espiritual. ¿Qué mejor lugar para iniciar una búsqueda?

Su apartamento estaba en el ático. El edificio viejo de ladrillo rojo y aspecto gastado no tenía ascensor. Las escaleras de madera desgastada trepaban en espiral dibujando un cuadrado perfecto. El edificio tenía solo cinco pisos y solo dos puertas por piso. Diez puertas en total, que en el leguaje de la numerología equivalía a la unidad, el todo. Zephyr observaba todo aquello con atención mientras que Ghost emprendía la subida con la familiaridad del que lo ha hecho muchas veces. Y sin embargo nunca el camino es el mismo, pensó Ezequiel.

Los tres llegaron hasta la puerta de madera con cerradura antigua, de las que necesitan una llave para ser abiertas. Con la nueva tecnología la mayoría de las personas utilizaban cerraduras electrónicas que reconocen las huellas digitales. Los más ricos tenían detectores de voz o, incluso, escáneres de retina. Ezequiel podría haber instalado una de esas hace tiempo, pero prefería aquella vieja cerradura de metal y su llave dorada. Aquello le iba bien pues él era guardián de la puerta. Abrió la puerta y les invitó a pasar, como dicta la costumbre.

Ghost entró inmediatamente, pero Zephyr pareció pensarlo antes de traspasar el umbral. Ezequiel apreció aquel gesto de sabiduría, uno nunca debe cruzar una puerta a la ligera. Tal vez había más en la joven shaman de lo que revelaba la vista, aunque Ghost jamás le creería que si le decía que su interés iba más allá de lo físico. Aquel pensamiento llevó una sonrisa torcida a sus labios sensuales.

El interior del apartamento emanaba una agradable e invitadora calidez. No era muy grande pero tampoco pequeño. La vivienda estaba organizada entorno a un acogedor salón con una chimenea de ladrillo en su centro. No estaba de más añadir que la chimenea estaba en la pared norte y en invierno siempre había fuego en ella. Aquel era un truco del que Ezequiel se sentía especialmente orgulloso.

Los muebles de su hogar eran de lo más variado y provenían de aquí y allí. Cada uno de ellos tenía una historia o un significado. Pese a su diferencia de estilos y colores encajaban de un modo inesperado creando una atmósfera acogedora. Zephyr miraba interesada cada uno de ellos, como si los muebles pudiesen contarle secretos. Tal vez era así. Los shamanes serpiente siempre buscan secretos y ven cosas donde otros no ven nada. Ese era el camino de la serpiente, del mismo modo que el del perro era proteger a los suyos.

Ezequiel entró a la cocina para reunir alguna de las cosas que necesitarían. Velas para revelar el camino. Aceites aromáticos y pinturas para preparar el cuerpo. Incienso para relajar la mente. También recogió las hierbas, el cuchillo y el caldero. Por último seleccionó una gallina gorda como ofrenda para Perro por su guía. Se preguntó si Zephyr y Ghost habrían traído ofrendas apropiadas. Esperaba que sí. Una vez tuvo todo reunido en el salón comenzó los preparativos tomándose su tiempo.

- En el mundo de los espíritus cada paso cuenta ya que el destino no es tan importante como el camino recorrido hasta llegar a él. – dijo el shaman a sus invitados.

Capítulo 9

Zephyr, 2: 27

Había merecido la pena. Incluso cuando Ezequiel les había mirado con expresión calculadora, solo ver la cara de la zorra de la camarera y la expresión de sorpresa de Ghost. Zephyr tuvo que esforzarse para contener la risa. Después de la mierda de día que llevaba aquello era lo último que esperaba. Sabía que era infantil, pero agradecía la distracción de sus problemas.

Jugueteo distraídamente con la correa de Ghost consciente de que la camarera rubia aún estaba mirando, pero su mente estaba muy lejos de allí. Al final todo se reducía a Tina. Era su hermana y no podía dejarla tirada. Sabía lo que la mayoría de los tíos pensaban de ella, el típico putón elfo sin sesos. Alex la recordaba de otra forma. Si ella no estuviese enganchada a los chips de simulación podría permitirse hacer frente a Brake. Había pensado más de una vez en cargárselo, pero no serviría de nada si Tina seguía buscando chutes rápidos, después de Brake llegaría otro chulo.

Ezequiel les indicó que entrasen en la zona vip. Allí el volumen de la música era más razonable. Zephyr echó un vistazo rápido a la sala antes de entrar. Un sillón circular en cuero negro rodeaba una mesa baja de cristal oscuro. A su derecha y cristal tintado permitía ver la pista de baile desde una perspectiva elevada. Zephyr entró y observó con la vista perdida el lugar. El mar de gente bailando se distorsionó dejando paso al mundo astral durante unos instantes, Zephyr no pudo ver a ningún mago, pero varios espíritus se alimentaban de las intensas emociones en la sala.

Parpadeó de nuevo y el mundo real regresó ante ella. Ezequiel estaba al fondo de la sala sirviendo unas copas. Ghost estaba junto a ella y Zephyr se dio cuenta de que aún sujetaba su correa. La mirada de Ghost estaba clavada en Zephyr. Ezequiel se acercó con las bebidas y Zephyr agradeció que rompiese aquel extraño silencio.

- ¿Qué os trae hasta mí esta noche? – Todo en Ezequiel transmitía confianza, su voz, su aspecto, sus gestos y el modo de mirar a las personas.
- Queremos información. – Ezequiel recorrió su cuerpo con la mirada y después miró a Ghost con intención.
- Ven. – Ezequiel palmeó el sillón con la mano. – Siéntate conmigo y hablemos. – Zephyr se sentó junto al shaman perro. Ghost tomó asiento a su otro lado.
- Claro, viejo amigo. – Dijo Ghost sonriendo mientras ponía su brazo sobre los hombros de Zephyr.
- ¿Estáis saliendo? – La pregunta tomó por sorpresa a Zephyr y casi se atragantó con la bebida.
- Eso parece ¿no? – Zephyr se preguntó si debía negarlo, pero luego se lo pensó mejor. Ezequiel había intentado volver con Ghost un par de veces, lo más seguro era que Ghost quisiese mantener distancias.
- Pero no hemos venido a hablar de eso. – Zephyr cambió rápidamente de tema. – Nos preguntábamos si alguien del cónclave sabe algo de Infotech.
- Como no. – Sonrió Ezequiel. – Aunque… - Ezequiel hizo una pausa para mirarles a los dos - …espero que cuando terminéis vuestro trabajo pueda invitaros a una copa.
- ¡Seguro! Háblanos de su sección paranormal. - Respondió Ghost alegremente.
- Infotech pone mucho interés en proteger sus secretos – Comenzó Ezequiel. – Aunque su departamento mágico aún tiene que aprender un par de trucos. Necesitaremos velas e incienso, será mejor que vayamos a mi apartamento.
- ¿Velas e incienso? – Zephyr sintió la mano de Ghost acariciando su cuello.
- Tal vez tengamos que hacer un par de rituales. Espero que no tengáis prisa, porque esto puede llevarnos toda la noche.
- Tenemos tiempo. – Respondió Ghost.

Capítulo 8

Ghost, 00: 05

El Inferno aún estaba bastante vacío. La mayoría de la gente aún no había llegado y todavía se podía pedir en la barra sin tener que apartar gente. La música industrial sonaba con fuerza pero nadie bailaba aún, era demasiado pronto. Ghost se acercó a la barra mientras esperaba a que llegase Zephyr, nadie se sorprendió de verle allí. Celine le recibió con una amplia sonrisa y le sirvió lo de siempre.

- Tengo un tatuaje nuevo ¿quieres verlo? – Dijo Celine intentando atraer su atención hacia su escote.
- Las rosas negras están muy vistas – respondió Ghost sin mucho interés.
- No me refería a ese. – La sonrisa lasciva de Celine dejaba pocas dudas sobre su oferta.
- Ya tengo alguien esta noche.
- Otra noche tal vez. – Dijo en tono insinuante antes de marcharse. Ghost se preguntó cuando captaría la indirecta de que no estaba interesado.

Ghost dio un trago de su bebida mientras echaba un vistazo al local. La mayoría de los habituales aún no habían llegado. Las jaulas del fondo aún estaban vacías y el proyector trideo apagado. Al otro extremo del local Ghost observó a unos niños pijos intentando ocultar que estaban fuera de lugar allí. Se preguntó que harían cuando el local se animase y el Inferno hiciese honor a su reputación.

El local fue llenándose poco a poco. Zephyr seguía sin aparecer y Ghost pidió otra copa. El proyector reproducía escenas gore del remake de Hallowen. La joven estrella Sim elegida para el papel principal no hacía honor a su predecesora, pensó Ghost mientras se juntaba con algunos colegas en los sillones. Max intentó decirle algo. El sonido de la música hacía que para hablar tuviesen que gritarse al oido. “Ezequiel” consiguió entender Ghost, mientras su amigo le señalaba al atractivo hombre de rasgos orientales. Ghost meditó durante unos instantes, lo último que le apetecía era estar con él a solas. Decidió esperar a Zephyr.

La noche se fue animando. La pista se había llenado de personas que bailaban frenéticamente al son de la música. En las jaulas los bailarines acaparaban la atención con sus movimientos provocativos acentuados por su ropa... o falta de ella. La mayoría de personas en el local vestía con ropas de cuero o vinilo, ceñidas y provocativas, pero quienes bailaban en la jaula iban prácticamente desnudos.

Normalmente, el ritmo de la música, el roce de los cuerpos y el alcohol inducían a Ghost en una especie de trance que duraba horas. Después solía acabar en los reservados de atrás dándose el lote con su ligue de esa noche. Pero esta noche Ghost no podía permitirse el lujo de dejarse llevar. Mientras apuraba su quinta copa se preguntó por milésima vez donde diablos estaba Zephyr.

Ghost agarró malhumorado su gabardina de cuero para salir a buscarla. Ghost empezó a abrirse camino entre la gente para salir. En ese momento vio a Ezequiel hablando con una chica. La chica estaba de espaldas a él, hablando con Ezequiel. El terciopelo negro dibujaba su silueta y su pelo oscuro caía hasta la mitad de la espalda. Ezequiel decía algo a su oido, ella asentía con la cabeza. Ghost comenzó a dirigirse hacia la salida discretamente, esperando que Ezequiel no le viese. Ese fue el momento que Zephyr escogió para darse la vuelta. Durante un par de segundos Ghost se quedó paralizado, incapaz de reaccionar.

Zephyr le hizo señas y Ezequiel alzó su copa a modo de saludo. Ghost trató de tranquilizarse, ya hablaría con Zephyr más tarde. Cuando llegó a donde estaban Zephyr le dijo algo, Ghost no oyó nada y Zephyr se acercó para hablarle al oido. Su aliento cálido rozó su mejilla y podía oler su perfume. Al principio no entendió lo que decía.

- Llegas tarde. – Consiguió entender. Ghost sintió como su cabreo recuperaba fuerza.
- ¡Eres tu quien llega tarde! – Gritó furioso.
- ¿A quién quieres engañar? ¡Llevo aquí dos horas! – Los ojos de Zephyr eran como dagas afiladas.
- ¡Y yo estoy aquí desde las 12! – Ghost vio que Ezequiel estaba observándolos y bajo algo el tono de voz. ¿De qué diablos hablaba Zephyr? - ¿No preguntaste?
- ¡Claro que he preguntado! ¡Sabes que odio este sitio! – Zephyr miro de reojo a Ezequiel y también bajo el tono de voz. – He preguntado cada jodida media hora y en todas las ocasiones la camarera me ha dicho que no estabas.
- ¿Qué camarera? – Preguntó imaginado la respuesta.
- La rubia insulsa de la rosa en el escote.- Zephyr aún parecía molesta.
- ¡Maldita zorra! Debió pensar que estábamos juntos. – Zephyr le miró esperando una explicación. – Que eras mi rollo de esta noche.

La mirada de Zephyr se dirigió durante unos instantes a la barra, Celine estaba mirándolos. Sin mediar palabra Zephyr se acercó a Ghost y le besó. Suavemente al principio, acariciando su lengua, para acabar mordisqueando sus labios. Después agarró su correa y miró de nuevo a la barra sonriendo a Celine.

- Vamos Ghost, tenemos trabajo. – Dijo de nuevo a su oido. Ghost abrió la boca para contestar y se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento. ¿Qué diablos le pasaba a Zephyr? Fuese lo que fuese, esperaba que durase.

domingo, septiembre 11, 2005

Capítulo 7

Gunner, 12: 01

Gunner aceleró con su Scorpion trucada y adelantó otro Chrysler-Nissan. En apenas un par de años las carreteras se habían llenado de aquel penoso modelo de coche cuyo éxito se basaba en la modelo pechugona del anuncio. Gunner gruñó entre dientes. Ya no hacían coches como los de antes. Las compañías no se molestaban en hacer modelos que mereciesen la pena y los consumidores eran tan estúpidos de seguir comprando. Gunner se alegró de no ser como ellos e hizo un corte de mangas a nadie en particular. “Gilipollas”, escuchó gritar a un tipo gris en uno de las tortugas metálicas. Gunner le dejó atrás sin molestarse en contestar.

Sam tenía razón, ya solo quedaban unos pocos que supiesen apreciar una buena máquina. Cuando llegase a su taller pensaba decirle eso mismo. Claro que, como de costumbre, Gunner no visitaba a la rolliza enana solo para charlar. Si había alguien en la ciudad que sabía cómo entrar y, aún más importante, cómo salir de Infotech, esa era Sam. Aunque hacía tiempo que se había retirado, la mecánica se mantenía al día sobre vehículos y demás cacharros.

Gunner redujo algo la velocidad y tomó un desvío hacia uno de los barrios bajos de la ciudad, en los barrios buenos rara vez aceptaban a los metahumanos o la gente con implantes. Sam había instalado su taller en un garaje de aspecto abarrotado y vulgar. Gunner había escuchado a los vecinos preguntarse de qué vivía Sam si nunca aceptaba clientes. Gunner sabía que no era verdad, pero Sam solo aceptaba vehículos de verdad, no aquellos coches de juguete que vendían ahora.

Gunner aparcó su moto frente al garaje y activó las medidas de seguridad. Un par de chavales que parecían pandilleros se quedó mirando la impresionante Scorpion un par de segundos más de lo que Gunner consideró apropiado. Gunner torció el gesto amenazadoramente. Sus casi dos metros de estatura y cuerpo fornido hacían que el negro de ojos rojos tuviese un aspecto realmente intimidante. Los chicos salieron corriendo.

- Menuda preciosidad, ¿puedo echarle un vistazo? – Dijo la voz de Sam a su derecha. El rostro de Gunner se distendió en una sonrisa.
- Claro, Sam, siempre has sido un mecánico de fiar. – La enana se acercó mientras se lim

Capítulo 6

Twitch, 11: 21

Las calles estaban aparentemente vacías, pero Twitch sabía que probablemente les estaban vigilando. Hacía más de cincuenta años aquella zona había sido un barrio residencial en la periferia, pero ahora no quedaban más que unos cuantos edificios ruinosos. Los viejos edificios de ladrillo eran el hogar de varios grupos de okupas que pagaban protección a una banda punk que reclamaba el barrio como suyo.

Twitch sonrió al recordar la primera vez que se habían encontrado con ellos. Habían estado huyendo de los de la Renraku en un todoterreno robado y la persecución les llevo hasta allí para esconderse. Igual que ahora las calles estaban bloqueadas por unas barricadas de escombros y basura lo que les obligó a derrapar para no estrellarse. Nada más parar un puñado de punkis armados con cadenas y palos salió de sus escondites. Los pobres desgraciados solo querían algo de pasta pero Gunner estaba de mala hostia. Así que cuando su jefe se acercó para soltar su discursito le pegó un tiro en la cabeza, sin mediar palabra. Después abrió la puerta del coche y bajó con una recortada y un subfusil. Por un instante Twitch llegó a pensar que aquello acabaría en una carnicería. No fue así.

Por aquel entonces Twitch era un novato y esa noche aprendió algo. Pocos tienen cojones para jugarse la vida, si te cargas al jefe el resto suelen huir. Las calles son un sitio duro donde cada uno mira por si mismo y nadie quiere ser el primero en enfrentarse a un tío lleno de implantes. Desde entonces no habían vuelto a molestarles y con el tiempo habían llegado a acuerdos con el nuevo líder de la banda.

Ghost detuvo su viejo coche junto un viejo bar que llevaba años clausurado. El día no había mejorado y a la monótona lluvia se había unido un fuerte viento. Twitch maldijo entre dientes mientras descartaba su paraguas y corría hacia la antigua estación de metro. Su chaqueta ofrecía poca protección para su terminal portátil, por lo que no esperó a sus compañeros. A su espalda escuchó como Ghost cerraba de un portazo el maletero y a Zephyr que seguía insultando a Brake.

Hacía tiempo que el metro no funcionaba en esta parte de la ciudad y los túneles habían sido abandonados. En algunos puntos del viejo trazado grupos de vagabundos habían formado comunidades, en otros las bestias paranormales y engendros de la bioingeniería acechaban en la oscuridad. Bajo la ciudad había todo un entramado de túneles y pasajes que se extendía durante kilómetros y llegaba a casi todas las zonas de la ciudad.

Las escaleras mecánicas llevaban años paradas y sus escalones mecánicos comenzaban a mostrar signos de herrumbre. Twitch bajó corriendo por las escaleras de piedra hasta que la oscuridad le impidió ver donde pisaba. Twitch estaba completamente empapado, pero al menos su terminal estaba seco. Mientras revisaba su equipo escuchó un ruido a su espalda que le sobresaltó. “¡Se suponía que estos túneles eran seguros!” Pensó Twitch. Con mucho cuidado para no hacer ruido activó su visor infrarrojo y se giró lentamente para ver un perro de aspecto poco sano.

- ¡Maldito chucho! ¡Largo de aquí! – Dijo al animal
- Deja al pobre bicho, - escuchó que decía Zephyr. – Hace un tiempo de perros, no me extraña que busque refugio.
- Además ahuyentará a las ratas. – Terció Ghost.

Con la ayuda de su visor Twitch pudo ver que Ghost estaba cargando con una bolsa de deportes de aspecto pesado. Mientras que Zephyr se arrebujaba en su abrigo y le seguía de cerca. Los dos tenían sus visores puestos.

Los tres siguieron bajando. Pasaron por delante de la antigua taquilla que hacía tiempo que había sido despojada de todo lo de valor. Enfrente de ella aún podía verse un mapa que mostraba el antiguo trazado del metro. Los tornos aún seguían en su lugar, pero hacía tiempo que a nadie le importaba que se los saltasen. Un poco más adelante había una estación cuyo túnel se perdía en la negrura en ambas direcciones. Pasaron de largo hasta llegar a la otra estación.

Era o había sido un final de línea. Bajando las escales hasta las vías se podía seguir el túnel hasta su final donde aún se encontraba una antigua locomotora y un par de vagones. Twitch sabía que Gunner había estado trasteando con ellos. Al viejo incursor le gustaban los vehículos antiguos, decía que eran más fiables. Tal vez fuera cierto, pero a Twitch le ofrecían más seguridad las nuevas tecnologías. Oculto tras uno de los vagones llegaron hasta su objetivo, un viejo túnel de servicio que los cuatro habían adaptado a sus necesidades.

La puerta, engañosamente vieja, era más resistente de lo que parecía. Aunque aparentemente no era más que una pieza de metal oxidado, por el otro lado tenía una gruesa plancha de acero. Gunner la había instalado una cerradura de seguridad y un sensor. Cualquiera que no cumpliese con los parámetros almacenados en su memoria se llevaría una desagradable sorpresa. Twitch esperó a que se encendiese la luz verde de reconocimiento y pasó. Como siempre que se reunían en el refugio tuvo una sensación extraña durante unos segundos. Twitch sospechaba que tenía algo que ver con Zephyr, pero a la shaman serpiente nunca le había gustado demasiado dar explicaciones.

Una vez estuvieron dentro Twitch encendió las luces con satisfacción. El mismo había insistido en añadir varias comodidades al lugar, en previsión de necesitar ocultarse allí por un tiempo. Una vez más se alegró de disponer de ducha y un recambio de ropa allí.

- Voy a ducharme, no hagáis nada malo mientras no este. – les dijo a los elfos. Ghost dejó caer su bolsa sobre el sillón y le respondió con una risa suave.
- Um… Tengo que llamar a Tina. Volveré en un rato. – Zephyr parecía absorta y Twitch dudó de que le hubiese escuchado.
- ¿Zephyr?
- Estoy bien, traeré comida.

Twitch meneó la cabeza. Era una lástima lo de Pinki. Decidió callarse y entró en el baño. La agradable sensación del agua caliente corriendo sobre su cuerpo hizo que recuperase parte de sus fuerzas. Aunque sabía que tenía mucho trabajo por delante decidió regodearse en la sensación durante varios minutos antes de abandonar la ducha. Mientras se vestía escuchó que Zephyr había regresado.

- … estará en el Inferno. Deberíamos hablar con él. – Escuchó decir a Ghost.
- ¡Joder, Ghost! Sabes que odio tener que disfrazarme de gótica depresiva. Podrías ir tu solo. – Twitch escuchó con curiosidad. Sabía que Ghost iba al Inferno con frecuencia, pero no tenía ni idea de que Zephyr había ido. En realidad no se imaginaba a Zephyr con nada que no fuesen vaqueros o ropa de trabajo.
- Ezequiel hablará contigo. – Al comentario de Ghost le siguió un silencio antes de que Zephyr contestase.
- Estuvisteis liados, ¿por qué no contigo? – La voz de Zephyr no revelaba nada, salvo su escasa predisposición a ir.
- Por eso.
- Esta bien – concedió Zephyr. – Pero si yo tengo que vestirme de vampiresa sádica espero que al menos pueda tirar de tu correa. – Terminó la shaman con una risita.
- No deberías jugar con esas cosas. – La voz de Ghost era poco más de un susurro y Twitch decidió entrar antes de que el ambiente se caldeara demasiado.

Cuando entró en la habitación Ghost y Zephyr se callaron. Pese a lo que había escuchado unos segundos antes no estaban en una situación comprometida, lo que en parte decepcionó a Twitch. Gunner y él habían estado apostando sobre si los dos acabarían liados. Pero entre los dos elfos había metro y medio de separación. Mientras que Ghost estaba tirado en el sofá con una pierna sobre el reposabrazos, Zephyr estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y la espalda apoyada en la pared.

- Apuesto a que has agotado el agua caliente. – Dijo Zephyr mientras examinaba unos papeles amarillentos con interés.
- Creo que dormiré un rato, esta noche hay mucho que hacer. – Aunque su voz no revelaba gran cosa Twitch vio como Ghost miraba a Zephyr de reojo. – Estaré en mi habitación.
- Yo voy a conectarme. – Dijo Twitch.

Con un poco de suerte, si les dejaba tiempo a solas ganaría la apuesta a Gunner. Además, aún tenía que averiguar si Infotech tenía algún agujero de seguridad aprovechable. Decidió que empezaría a investigar por Axis, tal vez sus colegas supiesen algo nuevo. Además tal vez hubiese nuevos programas de cifrado. El rostro de Twitch se iluminó ante la idea.

En menos de un minuto Twitch ya estaba enchufado. Una vez más sintió el paso familiar del mundo real al virtual. Su avatar tardo un instante en tomar forma, aunque Twitch sabía que el tiempo era diferente en la red, todo era más rápido. Por eso la entrada y la salida de la red era el momento más vulnerable para los tecnomantes.

Su aspecto virtual recordaba a los detectives de cine negro que tanto le gustaba. Twitch observó durante unos microsegundos las autopistas de información que fluían como ríos de luz por la red. Decidió que el modo más rápido de llegar hasta Axis era acceder desde los archivos de Phillip K. Dick. Como ahora casi nadie leía era un lugar poco visitado. Dr. Who tenía razón al esconder allí un refugio en la red. Un micro segundo después, Twitch abandonó su acceso de entrada y se zambulló en la corriente de datos.

Capítulo 5

Despacho de Brake, 10: 54

Zephyr entró en el despacho con el abrigo goteando sobre la costosa alfombra. Ghost reprimió una sonrisa para no cabrear aún más a Brake. La joven elfa no se molestó en disculparse por el retraso y arrojó su abrigo sobre uno de los sofás de piel.

- Vas a joderme el sillón. – Gruñó el orco.
- Si no te preocupan las manchas de semen, no veo porque te molesta un poco de agua. – Zephyr clavó sus fríos ojos azules en Brake.
- Al menos tu hermana no es una frígida como tú, Ahora mueve tu bonito culo hasta aquí para que os explique el trabajo. – Zephyr mantuvo su rostro impasible aunque Ghost sabía que se hermana era un tema sensible.
- Quieren una extracción en Infotech. – Dijo Twitch mientras ponía la mano en el hombro de Zephyr para evitar que hiciera alguna tontería.
- Y la pagan bien – Interrumpió Brake. – Su nombre es Amanda Vince. La tienen retenida en la sección de investigación paranormal. No hay muchos más datos.
- ¿Y la pasta? – Preguntó Ghost.
- 20 ahora y 100 más después.
- Estas de coña. – Soltó Gunner. El runner veterano se levantó de su sillón. – Por menos de 40.000 estoy fuera.
- Entonces es una suerte que Brake nos haya conseguido 200. – Dijo Zephyr con voz cortante.
- ¡Maldita zorra! – Zephyr lo miró desafiante. - ¡200! ¡Os llevais mi margen de beneficios!
- 200 suena bien – Ghost dejó escapar una sonrisa torcida.
- 50.000 es un buen margen. – la voz de Zephyr era engañosamente suave. Brake la miró sorprendido. – No pongas esa cara, las paredes no solo escuchan. También hablan a quién sabe escuchar.
- Esto es por lo de tu hermana ¿no? – Brake estaba furioso.
- Creo que eso es todo, nos largamos. – Dijo Gunner mientras empujaba a Zephyr fuera de local.
- Un placer hacer negocios contigo. – Twitch levantó su sobrero a modo de saludo antes de marcharse.

Ghost cogió el abrigo de Zephyr y siguió a sus compañeros. A su espalda escuchó a Brake maldecir a Zephyr en varios idiomas. “Si no fuese porque…” escuchó antes de cerrar la puerta. Ghost meneo la cabeza. Zephyr era una shaman y Brake sabía que la necesitaba. No hay incursión sin apoyo mágico y Zephyr era muy eficaz. Por eso la había chantajeado. Ghost apenas había alcanzado a sus compañeros cuando la luz se fue. El comentario de Twitch le arrancó una risa queda.

- ¡Otro cortocircuito! Brake debe tener la instalación bien jodida. – Ghost sabía que no era cierto.

Capítulo 4

Brake’s Hotties, 10: 42

El callejón tenía un aspecto muy diferente durante el día. La luz de la mañana revelaba la mugre y sordidez del local. Llovía con fuerza y una corriente de agua negra arrastraba parte de la porquería del suelo. Zephyr se caló la capucha mientras esquivaba a un par de borrachos que se resistían a irse. Bajo la exigua protección de un rellano Kraig guardaba la puerta con aspecto desdichado. El descomunal troll hacía lo que podía para no mojarse y taparse con una ropa demasiado pequeña para su tamaño. Zephyr compadeció al matón. Tras rodear un par de montones de basura llegó hasta la puerta.

- Llegaz tarde. – Dijo el troll.
- Que se joda. – Respondió la chica de cabello oscuro.

El troll respondió con un risa grave y abrió la puerta. Dentro el local estaba silencioso. Zephyr se quitó la capucha y se dirigió hacia la parte trasera. Cuando estaba apunto de alcanzar la puerta Pinky salió del despacho. Sus ropas estaban arrugadas y su pelo completamente revuelto. Cuando vio a Zephyr la abrazó efusivamente.

- ¡Alex! – Pese a la calida bienvenida de su hermana, Zephyr mantuvo las distancias.
- Estas colocada – Dijo acusadoramente. – Me prometiste que no volverías a drogarte.
- Yo… Brake dijo… - La elfa la miró con ojos acuosos y aspecto compungido.
- ¡Mierda Tina! Te he dicho que no puedes confiar en él. – Zephyr miró a su hermana con tristeza y se preguntó si debería encerrarla hasta que superase el mono. Tina empezó a llorar.
- Oye, no llores, ya lo arreglaré – Zephyr odiaba ver a su hermana mayor así y odiaba aún más a Brake. – Escucha, Brake me esta esperando, vete a casa.
- Vale. – Pinky esbozó una leve sonrisa. – Cuando vengas te haré tu plato favorito.

Zephyr forzó una sonrisa y se quedó mirando a su hermana hasta que salió del local. Después con gesto cansado se apartó el cabello húmedo de la cara y adoptó una expresión fría antes de entrar en el despacho.

Capítulo 3

Apartamento de Ghost, 9: 30

La habitación era un caos, el suelo estaba cubierto de pilas de ropa sucia, botellas vacías y posesiones variadas que apenas permitían llegar a la cama. Ghost estaba tirado sobre ella maldiciendo la luz que se colaba entre las rendijas de la persiana. La noche en el Inferno había sido salvaje y apenas recordaba lo que había hecho. El irritante sonido de su telecom le sacó de la semiinconsciencia arrancándole una maldición.

- Yo también me alegro de verte. – La inconfundible voz rasposa de Brake captó el interés de Ghost que respondió con un gruñido.
- Tengo un nuevo trabajo para ti, así que mueve tu culo hasta mi oficina para que te cuente el resto. – El feo rostro del orco ocupaba la pantalla.
- Espero que valga la pena. – Ghost se pasó la mano por el pelo revuelto.
- 1 hora, no me falles. – Brake no esperó la respuesta. La pantalla del telecom se apagó y la habitación volvió a quedarse en silencio.

Ghost se incorporó trabajosamente, iba a ser un día muy largo.