jueves, noviembre 15, 2007

¡Por fin!

Bueno, me ha costado muchísimo tiempo actualizar la historia hasta el mismo nivel que la tengo en el foro de Ogame. De todos modos, a partir de ahora, subiré los capítulos aquí antes y esperaré uno o dos día antes de subir los capítulos para incentivar que la gente se pase por aquí y vote en las encuentas.

Saludos

V_V

C109-Pinki 00: 36

Sabía lo que vendría después y no creía que pudiera aguantarlo con la cabeza despejada. De cerca Gar parecía aún más grande y su rostro con colmillos no parecía muy amistoso. Aún estaba cubierto de sangre, tanto suya como de los otros, pero sobre todo de los otros. No quería arriesgarse a conocerle mejor. Pero eso era sólo una excusa conveniente para volver a drogarse, parte de ella sabía que ese no era el motivo.

Así que cogió la dosis de su mano callosa, tenía los nudillos despellejados. El cristal de hoy era de un color rosa traslucido, qué ironía, y era más grande de lo normal, casi del tamaño de su uña meñique. Podría haberse confundido con una pequeña cuenta de colores o, tal vez, con un caramelo, pero ella sabía muy bien lo que era.

Estaban solos en las duchas. Gar olía a alcohol y sudor, aunque pronto no sería consciente de ello, si siquiera aunque estuviera encima suyo. El orco se quito la ropa dejando al descubierto su piel gruesa surcada de cicatrices nuevas y viejas.

Pinki colocó el cristal sobre su lengua dejando que la cubierta se deshiciese en su lengua para liberar su contenido. Bajo la mirada de Gar deslizó los tirantes de su vestido por los hombros y se desnudo. No quería mancharse, las manchas sí seguirían allí cuando se pasase el efecto y entonces sería más difícil fingir que no había sucedido nada. Cerró los ojos deseando que el cristal hiciera efecto.

Sentía las manos ásperas y el aliento de Gar sobre su piel desnuda. Pronto le seguiría el resto del cuerpo, contra la pared de baldosas azules de las duchas, pero aún podía sentir el cuerpo, ligeramente entumecido, y todo lo que la rodeaba.

Entonces, cuando el orco empezó a presionarla para que se arrodillase, comenzó a notar el efecto. Era como si todo lo que la rodeaba dejase de existir. Ni gar, ni las baldosas azules, ni nada que le hiciese. Ahora sólo importaba la huída. Unos minutos, horas, días, todo lo que pudiera permitirse. Lo único que deseaba era no regresar a su mierda de vida, costara lo que costara.

Pero Brake siempre había sido cuidadoso y nunca le había dado más de lo que podía aguantar en una dosis, siempre lo mínimo para asegurarse que estaría allí al día siguiente y que podría seguir jodiéndola, a ella y a su hermana. Se odió por ello. Lo mejor sería quedarse allí y no despertar nunca.

Lejos, muy lejos, escuchó gritos de alguien. No quería regresar e intentó sin éxito mover la mano para apartar la figura borrosa de un orco. ¿Brake? No, más grande, el otro. En el fondo no importaba, no dónde ella estaba ahora. Pero fuera quién fuera nos e daba por vencido y empezó a sacudirla. La habría dicho que se marchase, que la dejase en paz, pero eso supondría despertar.

Cerró los ojos y se aferró a la sensación de vacio que empezaba a invadirla. Nada, no más dolor o pesadillas en la vigilia. Eso era lo que le esperaba si no despertaba y abrazaba aquel destino sin remordimientos.

Gritos, más gritos y más gente, demasiado lejanos para poder molestarla ahora. Ya nada de eso importaba. Se sentía culpable por Alex, pero no lo suficiente, sin ella sería libre. Sí, estaría mejor sin ella. Y pronto la habría olvidado, porque allí era a dónde se dirigía, al olvido.

Entonces sintió un torrente caer sobre ella, arrastrarla, como si tirasen de ella. Se sintió deshorientada, intentando comprender de dónde había salido el agua. Y aunque intentó ahogarse algo la obligó a regresar para encontrarse frente a su hermana.

Boqueó intentando recuperar el aliento bajo un chorro de agua que las empapaba a ambas. Era difícil no ver el dolor y la decepción en sus ojos azules. Pero lo único que sentía era resentimiento hacia ella por haberla traído de vuelta. Estaba tirada desnuda en el suelo de las duchas. Detrás de su hermana estaba el orco, Gar, también desnudo, haciendo todo lo posible por pasar desapercibido. Cerró los ojos y su hermana la abofeteó.

- ¿Esto es lo que quieres? ¿Morir de sobredosis?

Miro a Alex, estaba cabreada. Pero aunque tendría que haberlo hecho, no era capaz de sentirse culpable. Abrió la boca balbuceando, ya no le quedaban excusas, ni promesas. Nada.

- Lo hice por ti… – murmuró su hermana – pero no te importa… No te importa nada que no sea tu dosis.

Pinki intentó pensar en algo que decir o que hacer, algo que convenciese a su hermana de que todo iba a cambiar. Lo único que consiguió fue echarse a llorar, encogida bajo el chorro de agua fría de la ducha.

Alex se levantó. Sus ojos se había vuelto fríos, como los de un reptil o tal vez una de esas serpientes que había pintadas por todo su edificio. Era como si ya no fuera su hermana y estuviera ante una desconocida.

- Muy bien, si eso es lo que quieres vuelve con Brake. A mi ya no me importa.

Le dio la espalda y fue hacia la salida de las duchas. Tendría que llamarla, intentar detenerla, pedirla que se quedase con ella. Pero no lo hizo, en lo único que podía pensar era que si hubiera tenido otro chute no habría dudado en metérselo. Se sintió vacía.

C108-Mantis 00: 36

Fiebre. El espíritu vagabundo tenía razón. No importaba que el cuerpo que animaba estuviese hecho de harapos y periódicos viejos, eso sólo era una máscara. Y estaba en lo cierto. La piel de Perro ardía y estaba cubierta por una capa de sudor agrio. Su respiración raspaba su garganta como si el propio aliento se arrastrase cansado. Su piel morena se había vuelto de color cetrino pero no era ni la mitad de preocupante que sus ojos inyectados de sangre cuando levantabas sus párpados.

Miró al Gato, encaramado sobre una silla y envuelto en ropas demasiado grandes para él. Abrazaba sus rodillas mientras miraba fijamente el cuerpo dormido de Ezequiel. Había insistido en arrastrarlo hasta la cama y prácticamente le había bufado cuando había sugerido esposarle. Se resistía a aceptar que le habían perdido. Una hora era demasiado tiempo, los dos lo sabían.

El espíritu abandonó su cáscara dejando un montón de ropas sucias y húmedas sobre el suelo de la habitación. Una mancha más en la moqueta no se notará, la sangre nunca desaparece del todo. Y ni siquiera otras manchas más recientes podían ocultar la primera de ellas, la que había empezado todo. No mientras quedase el recuerdo.

El Gato y ella también tendrían que irse antes de que despertase. Dejar atrás el motel Sunsine y su cartel de neón que empezaba fallarle. Dejar atrás las grabaciones viejas y la cama doble de muelles viejos. Dejar el nido.

Acarició el filo irregular de su puñal. La hoja de quitina había saboreado la sangre de muchos hombres y sólo el recuerdo hacía que se estremeciese. Era una sensación a la vez terrible y excitante. Perro no despertaba ese deseo. Matarle solo sería el precio para no abandonar el nido. Su cuerpo no serviría de larva ni su carne de alimento. Y rompería el pacto con Serpiente.

Mantis se revolvió incómoda junto a la puerta del motel y miró la carretera apenas transitada por la que se llegaba al motel, pasaba demasiado cerca del vertedero. Antes eso no había sido un problema, no es como si quisiera visitas en el nido y sólo advertía el olor cuando el viento soplaba desde allí. Ahora lo impregnaba todo. Era como si la basura del vertedero se arrastrase hacia ellos.

Tenía que convencer al Gato para dejar a Ezequiel. Pero si se acercaba a él, no sabía si sacaría las uñas o si se apartaría de un salto. No le importaban los arañazos, fueran el resultado de una noche de pasión o de pelea no eran sino trofeos. Si corría sería presa fácil, no suya, de los tóxicos. No, Gato no alcanzaría el otro lado del vertedero con vida sin ayuda.

Ezequiel se agitó sobre el colchón y los muelles protestaron. Murmuraba algo incomprensible que recordaba más a un gruñido que a palabras. El Gato se inclinó sobre él para intentar entender lo que decía, sentándose tan al borde de la silla que pensó que iba a caer. Y entonces Perro se levantó y le golpeó con todas sus fuerzas. Sus ojos se habían vuelto rojo sangre y las pupilas dilatas hacían que el iris apenas fuese visible.

Mantis maldijo para sus adentros, tenía que haber dejado el nido como le había recomendado el espíritu vagabundo. Se puso en guardia sosteniendo el puñal de quitina de forma que apuntase al cuello de Perro. Gato estaba en el suelo y antes de que pudiera levantarse Ezequiel se le había echado encima. Maldijo de nuevo, esta vez de forma audible y eso pareció atraer la atención del perro rabioso en que se había convertido.

Saltó sobre ella y apenas tuvo tiempo de apartarse. Hacía un instante su cuerpo había estado débil y exhausto sobre el colchón. ¿Qué le daba la fuerza ahora? ¿Qué le impulsaba? Retrocedió hacia el aparcamiento sin perderle de vista.

Ezequiel aulló y se echó encima de ella. Sus dedos arañaban el aire, cada vez más cerca suyo mientras ella intentaba esquivar. Hasta que rasgaron su mono de cuero y probaron su carne, tan afilados como su propio puñal. Su estómago ardía ahí donde la había herido.

En un acto reflejo extendió el brazo y sintió como su puñal se clavaba. Instinto. No estaba acostumbrada a luchar a la defensiva y su cuerpo había retomado el ataque como por voluntad propia. Sintió la excitación en la boca del estómago mientras asestaba tajos precisos en el pecho de Ezequiel.

- ¿Pero qué hacéis? ¡Dejad de pelear! – El Gato intentó meterse entre ellos para detener su duelo.

Mantis frenó su puñal, Perro no detuvo su ataque y sus dedos convertidos en garras destrozaron la espalda de Gato haciendo que cayese al suelo. Pero aquel breve instante le permitió mirar al rostro enajenado de Perro. No era su presa, no se sentía atraída por él, no debería estar excitada. Pero lo estaba. Algo no iba bien.

Invocó a los espíritus mantis para ganar tiempo. Tenía que empujarle hacia la habitación del motel, alejarle del Gato. Aunque no sabía qué haría después. ¿Y si se veía forzada a matarle? ¿Lo entendería Serpiente?

Pero Ezequiel se movía como si no le importase morir, como si los cortes apenas le afectasen. Mantis decidió cambiar de táctica y reculó para intentar atraerle hacia la habitación. Sus espíritus danzaban recibiendo los golpes que tendría que haber recibido ella. No aguantarían mucho, peor aún, podía sentir como se corrompían. Pronto cambiarían de bando.

Detrás de Ezequiel Gato se levantó tambaleándose. Mantis tomó una decisión rápida y le lanzó las llaves de su coche. Decían que los gatos tienen varias vidas, no importa tanto si pierde una atravesando el vertedero.

- Sal de aquí, busca a Serpiente.

Ezequiel se giró, pero no estaba dispuesta a dejarle ir y aprovechó para empujarle hacia la habitación. Ezequiel cayó sobre la cama y el colchón terminó de ceder.

- Ahora estamos los dos solos.

Sonó lasciva, pero no se reconocía en su propia voz. No era su presa, no tendría que sentirse excitada. Es el espíritu tóxico, comprendió de pronto. Era como las manchas de sangre en la moqueta y ella nunca había conseguido quitarlas del todo.

Ezequiel se levantó. Había perdido sangre, se debilitaba. Mantis danzó a su alrededor, tenía que cansarle. Pero le costaba concentrarse. Sentía calor emanando de su vientre.

Perro aprovechó para atacar y sus garras destrozaron uno de sus espíritus mantis. Podía estar débil pero aún era una amenaza. Saltó sobre la cama para evitar un nuevo ataque y luego siguió esquivando mientras se preguntaba por cuanto tiempo podría mantener esa situación. Cada vez sentía más calor y sudores, tenía la fiebre. El espíritu vagabundo tenía razón, se extiende, se alimenta. Entonces, como si pensar en él le hubiese invocado, las ropas viejas se enrollaron en los pies de Ezequiel haciendo que cayese. Perro se revolvió, pero sólo consiguió enredarse aún más en las ropas, hasta que estas le envolvieron por completo, como una mortaja.

Bendito espíritu. Aprovechó para recuperar el aliento e intentar calmarse.

- No es mi presa. Ni siquiera le gustan las mujeres. - Decirlo en voz alta la ayudó, era como si desafiase a la fiebre a contradecirla.

Miro a Ezequiel envuelto en ropas sucias y papeles de periódico viejo. En un impulso le agarró y le arrastró de nuevo a la cama. Luego, se puso encima de él, sujetó sus muñecas y le esposó. Tenía a Perro indefenso y esposado a una cama. Mantis esbozó una sonrisa burlona y se inclinó para besar su mejilla. Había recuperado el control y ya no sentía ni excitación ni deseo.

- Da gracias de no ser mi tipo. – susurró a su oído

C107-Brake 00: 35

El cuerpo del elfo rebotó contra las cuerdas para recibir otro golpe brutal del Gar y caer deslomado sobre el suelo de madera del ring. Tenía suerte, aún respiraba. La doctora abrió su bolso dorado y comenzó a preparar otra jeringuilla pero el Koreano hizo un gesto de negación con la cabeza. Estaba claro que su popularidad entre las mujeres y el odio de los orcos le habían salvado el pellejo. Era un clásico de las luchas amañadas. Aunque las heridas de Gar eran reales y si el último combate no hubiese estado preparado puede que hubiesen tenido un nuevo campeón.

La doctora guardó sus drogas en el bolso mientras el Koreano se levantaba de la mesa y salía por la puerta trasera. Por un momento le pareció ver la silueta de Kurage mirar desde la puerta pero la puerta se cerró un instante después y de todos modos la shaman era ciega aunque hubiera mirado no le habría visto.

Gar levantó el grueso cinturón dorado del campeón y lo mostró al público con un grito de triunfo. Tenía la nariz rota, cortes en los brazos y en el pecho y uno de los ojos completamente cerrado por los golpes, pero eso sólo contribuía a darle un aspecto más amenazador, salvaje. La hebilla con forma de dragón pareció serpentear. Brake parpadeó, la bebida debía estarle afectando.

El público parecía encantado con la victoria de Gar, que le dieran una paliza al típico tío que te quitaba las tías siempre funcionaba y estaba seguro de que se dejarían una pasta en bebida mientras cambiaban las cuerdas del ring por cadenas para cuando subieran los trolls.

Un par de hombres del Koreano bajaron al elfo del ring y lo sacaron por la parte de atrás seguidos de la Doctora. Había que reconocérselo, pese a sus ropas pijas y aspecto de maniquí había conseguido entrar sin levantar sospechas.

Gar bajó por su propio pie, esforzándose hasta el último momento por no demostrar debilidad. Pero no engañaba a Brake, él había estado en suficientes peleas de verdad para saber que en cuanto se le pasase el subidón de adrenalina se vendría abajo.

Los orcos le recibieron con alcohol, palmadas en la espalda y bromas soeces sobre el elfo. Brake rió de buena gana incluso aunque la sensación de ardor de su pierna se estaba extendiendo y su cojera se había vuelto más pronunciada. Maldita Zephyr, tanta protección por unas malditas bragas porque no había encontrado nada más. Salvo que el Koreano quería hablar con ella y con Pinki sentaba en su mesa estaba muy claro con que iba a negociar el oriental.

Su “colega”, el orco al que había estado pasando la pasta trajo un barril de cerveza y le palmeó en el hombro. Había estado pagando la bebida de todos, para él era solo calderilla y le había comprado su lugar en el grupo. Y era un lugar muy bueno, tanto que sin darse cuenta había acabado delante de Gar y se lo estaban presentando.

Estrechó su mano devolviendo el apretón más fuerte de lo necesario. Más por costumbre que por verdadero interés examinó la marca de su antebrazo que identificaba al fabricante de sus refuerzos musculares. Probablemente también tenía algo de blindaje dermal pero era más difícil de ver bajo la piel. Sonrió de forma amistosa e invitó a todos a otra ronda de bebida para quitárselo de encima. Su interés seguía centrado en la puerta trasera por la que habían desaparecido el Koreano y la doctora y por la que él mismo había entrado.

- ¿De dónde sacas la pasta?

La pregunta la había hecho su “colega” entre trago y trago de cerveza, pero todos los demás le estaban mirando. La mayoría vestían como él ahora, cazadoras de cuero, pinchos y cadenas. Seguro que la mayoría estaban pelados de pasta, tendría que haber esperado la pregunta, pero había estado demasiado preocupado por el Koreano para darse cuenta. Por un momento vio a Pinki sentada sola.

- Putas – dio un trago de cerveza esperando que eso acallase todas las preguntas.

Aún tenía la tarjeta de la puta que le había dado el gilipollas del traje morado antes de convertirle en pulpa y siempre podía usarla. Pero gar tenía la vista fija en la mesa del Koreano donde estaba Pinki seguía sola y, para variar, llevaba uno de sus vestidos rosas con la cantidad mínima de tela.

- ¿Esa es una de las tuyas?

Gar hizo un gesto con la cabeza hacia ella. Apuró la copa aún mirándola y luego se lamió la espuma de cerveza de lo labios. Por si fuera poco Pinki le había visto. Se palpó los bolsillos y encontró lo que buscaba. Lo único que podía salvarle era dejarla tan colocada que no recordase nada de lo que pasase.

- Es posible, dale esto cuando te acerques.

Brake le pasó una buena dosis a Gar y le siguió cojeando. La gente le abría paso por lo que tuvo que esforzarse para no quedarse atrás. Los otros orcos les acompañaron. Por los comentarios parecían pensar que habría fiesta en los vestuarios.

Esperó mientras Gar discutía con un par de matones del Koreano gesticulando hacia Pinki y los vestuarios. Brake gruñó, sabía perfectamente como zanjar aquella discusión, solo esperaba que ninguno de los dos matones le reconociese. Se acercó hasta Gar y le pasó un puñado de billetes.

- Diles que te la llevas al vestuario y se la devuelves ahora, nadie tiene porqué enterarse.

Gar discutió un rato más con los matones hasta que consiguió convencerlos de que no iba a salir del edificio. Los otros orcos parecían haber encontrado alguna mujer más, probablemente también putas, aunque de bastante peor aspecto que Pinki. Incluso la rubia insulsa de la noche pasada resultaba apetecible a su lado, pero imagino que tampoco tendrían tanto donde elegir.

Les siguió hacia los vestuarios. Gar arrastraba a Pinki del brazo y Brake casi sintió pena por ella, no creía que Gar supiera valorar su habilidad. Casi, porque estaba claro que era ella quién le había vendido. Después de todo, mientras el Koreano tuviera a Pinki, Zephyr haría lo que quisiese y con Kurage de por medio necesitaba una shaman. Si tenía alguna oportunidad de hacer entrar en razón a Zephyr para ayudarle era esa…

C106-Ezequiel 24: 12

El toque marchito y corrupto del elemental tóxico se extendía por sus venas con cada latido de su corazón. La imagen del perro muerto animado por uno de los espíritus tóxicos volvía una y otra vez a su mente, la piel sarnosa colgando de sus costillas que se hacían visibles ahí dónde las ratas habían arrancado la carne. Un mal presagio que había decidido ignorar y ahora pagaba el precio.

Pero ya era tarde para lamentarse, tarde para salvarse o, de hecho, para avisar a Neko y Mantis. Eso era lo que pretendía Oso… o lo que quedaba de él. El veneno que ahora también corría por sus venas había consumido al antaño orondo shamán hasta convertirlo en una parodia de su anterior ser, una marioneta del elemental tóxico. Su pelaje, antes abundante y fuerte, ahora estaba deslucido dejando a la vista calvas de piel blanda bajo la que se movían los gusanos que horadaban su carne. No era una vista agradable para quién recordaba la sonrisa de aquel hombretón.

Había sido imprudente por su parte adentrarse sólo en aquel domino. Demasiado tarde, se daba cuenta de que la muerte de los shamanes tóxicos no hacía sino sumarse a los otros sacrificios. Sólo ahora comprendía que ninguno de ellos, ni el que se había adentrado en el dominio de Mantis, ni el hombre de las cicatrices negras, ni siquiera las gemelas, habían sido tóxicos antes.

Ahora su sangre se sumaba a la del resto, empapando la basura que se apilaba en montañas que en el mundo espiritual tenían vida propia. Allí estaban el oso de peluche destripado y el perro muerto, rodeados por la manifestación del fracaso humano. Ghost siempre decía que tenía tendencia a ponerse melodramático. Esta vez probablemente podía permitírselo, aún con sus venas ardiendo por el veneno consiguió esbozar una sonrisa irónica. Oso gruño mostrando unos colmillos rotos.

- No le importas, estás solo.

Rió. Sonaba hueco, forzado. Risas enlatadas, eso es todo lo que quedaba. Lo que de verdad le horrorizaba era que Oso, su amigo, seguía vivo. Y usaba lo que sabía de él para herirle. Pero tenía razón, Ghost le había dejado y no iba a volver, prefería a Zephyr y sus secretos. La muy zorra se lo había quitado de las manos justo bajo su hocico. Si salía de aquello se aseguraría de hacerla pagar… Oso sonrió dejando a la vista los colmillos partidos. Ezequiel apartó la mirada avergonzado, aquellos no eran sus pensamientos ¿O si?

- Empiezas a entenderlo. Deja que salga, la corrupción siempre ha estado en ti. Perro tiene dientes, garras, ¿con quién quieres usarlas?

La imagen de Mantis se agarró con fuerza en su cabeza. Podía verla delante suyo, arrogante y amenazadora con su mono de piel pegado al cuerpo. Estaba seguro de que mataría a Neko. Gruñó al imaginársela desnuda sobre él y cómo trazaba cortes sobre su piel pálida con el puñal de quitina.

- Si te das prisa podrías llegar al postre.

De nuevo la risa de lata que le devolvió a la realidad. No era Oso y no era él mismo. Era la corrupción, tenía que ser eso. Lo suyo con Ghost estaba acabado, no culpaba a Zephyr, no… ¿No? ¿Y Mantis? ¿De verdad no quería escuchar el chasquido de sus huesos bajo sus mandíbulas? Su corazón se aceleró, el veneno invadía su cuerpo y pronto estaría infectado por los mismos gusanos que el de Oso.

- La enfermedad se manifiesta de forma diferente en cada uno. Creeré yo sé de eso.

La sonrisa partida de Oso resurgió como una parodia de su ser anterior, el sanador. Eso le había hecho correr hasta él al verle en la distancia, esperando que él pudiera curar sus heridas. De no haber estado tan débil tal vez podría haber intentado luchar cuando vio la marca de la corrupción infectar su forma espiritual. No había tenido ninguna oportunidad, Oso le había agarrado por el cuello y hundido sus colmillos rotos en su hombro.

- Yo creo que tendrás la rabia

Entonces recordó a las gemelas. Ellas no estaban enfermas, la corrupción había adoptado otra forma, se alimentaba de su dependencia. Igual que el veneno que le recorría ganaba fuerza con su ira. Su respiración era difícil, se sentía derrotado ¿Pero acaso no había conseguido librarse una de las gemelas?

- Sigue luchando, pero pronto se la comerán las ratas.

Risas enlatadas… tan, tan débil… Más risas. ¿Por qué nadie le ayudaba? Le había traicionado, Neko y la puta psicópata de Mantis. Seguro que estaban follando en aquel motel abandonado mientras él se estaba muriendo. Se merecía que Mantis se lo comiera, por dejarlo ahí. Y él se la comería a ella, masticaría sus huesos y el resto los enterraría profundos en el vertedero. Ya no se sentía débil, la rabia le daba fuerzas.

C105-Ghost, 23: 21

No estaba celoso, pero entre Zeph y Twitch había algo. Bastaba con ver la delicadeza con la que había acariciado su nuca, el cruce de miradas y cómo le había protegido. No podía sacárselo de la cabeza y eso había hecho que estuviese a punto de perderla.

Porque no era fácil seguir a Zephyr. Las sombras se alargaban cuando ela pasaba, casi como si la abrazasen. Parecía que era parte de la calle, igual que la farola rota de la esquina, el cubo de basura tirado sobre la acera y su contenido desparramado o las pintadas de las paredes. De no haberla estado buscando habría sido fácil no verla. O mejor dicho, pasarla por alto como hacía con el resto del mobiliario urbano.

No era la primera vez que la seguía. Hacía tiempo que Gunner y él habían acordado tenerla controlada. No es que no confiara en Zeph, bueno, eso también pero sobre todo era por Pinki. Brake la usaba para extorsionarla, eso lo sabía todo el mundo. Lo que no sabía tanta gente era que se escondía tras el Koreano. La había seguido un par de veces hasta el Dragón dormido pero aún no sabía qué se traía con él. Y eso sí era preocupante.

Salvo él, nadie parecía haber notado a la elfa vestida de cuero cuando lo normal habría sido que atrajese todas las miradas, como en el club. Pero ninguno de los raperos apoyados sobre las escaleras del portal había dicho nada cuando pasó por la acera de enfrente. Los punkis del parque ni siquiera habían levantado la cebeza mientras cruzaba la zona de columpios rotos que estaba junto a su banco. Tampoco nadie la molestó mientras atravesaba la calle larga y poco iluminada donde solían ponerse las prostitutas. Aunque al llegar, se detuvo por un momento, como si buscara a nadie.

Claro que en esta ocasión no buscaba a su hermana como las otras veces. Esta vez Pinki estaba con Ezequiel y él le conocía lo suficientemente bien como para saber que estaba segura. Después de todo el shamán perro era tan protector que podía resultar agobiante. En parte por eso lo había dejado. Incluso aunque el sexo era bueno, en ocasiones parecía su padre. Todo lo contrario que Zeph, que nunca se molestaba en decirle qué diablos quería de él.

Zephyr salió de las sombras y se acorcó a dos prostitutas. La primera, una troll con unos cuernos impresionantes que sobresalían de una larga melena trenzada y un rostro casi humano salvo por los colmillos, la recordaba de otras veces. Solía estar desocupada porque no debía tener muchos clientes, solo otros trolls y fetichistas, supuso. La troll abrazó a Zephyr como si fuera una vieja amiga.

La otra no le sonaba de nada. Era una humana con el pelo teñido de pelirrojo a la que empezaban a verse unas raíces negras. Se cubría con un abrigo largo que solo dejaba ver unas botas de tacón. Pero lo que llamaba la atención de ella era los moratones y el labio partido que ni siquiera el maquillaje conseguía ocultar.

Desde el portal donde estaba no podía escuchar lo que decían y la multitud de conversaciones en la calle generaba un murmullo constante que hacía inútiles los sistemas de escucha.

La troll dejó a Zephyr en el suelo y se puso en cuclillas para poder hablar a la misma altura que ella y la otra prostituta. La elfa necesito ponerse de puntillas para poder hablarle al oído y eso que apenas era un palmo más baja que Ghost. La troll negó con la cabeza agitando las trenzas a su espalda. Luego, Zephyr abrió su gabardina de cuero negra y sacó una bolsita de plástico del interior. Hierba, como las otras veces. La troll se guardó la bolsita de hierba en el escote de su corsé.

La pelirroja teñida también hizo un gesto de negación. Zephyr asintió y la cogió por la barbilla, girándole la cara para ver mejor las contusiones a la luz tenue de una farola. Tras ella, la troll se encargaba de alejar a los potenciales clientes. A continuación la pelirroja abrió su abrigo dejando que Zephyr la examinase.

Un coche deportivo rojo paró delante de ellos y Ghost tuvo que cambiar de posición para no perder a Zephyr de vista. Cruzó la calle agachado y se escondió tras una camioneta con los amortiguadores estropeados y las ventanas cubiertas de vaho. En el interior podían escucharse gemidos y gruñidos que no dejaban dudas a lo que estaba pasando dentro.

Desde su nueva posición pudo ver que del deportivo rojo había bajado un hombre trajeado que señalaba a Zephyr mientras agitaba un puñado de billetes bajo la enorme nariz de la troll. La troll no se movió de sitio, bloqueando su paso con su cuerpo grande y fornido, las trenzas de su espalda se movían cada vez que se negaba a apartarse. Tras ella, Zephyr seguía examinando a la pelirroja, ignorando el jaleo que estaba montando el hombre trajeado.

El fajo de billetes del hombre atrajo la atención de otras prostitutas que rodearon al hombre y empezaron a sobarle intentando atraer su atención. Ghost vio como una sonrisa burlona se dibujaba en el rostro de Zephyr mientras el hombre era acosado hasta verse obligado a regresar a su coche entre gritos de “Estúpida troll”.

Los amortiguadores de la camioneta tras la que estaba escondido dejaron de quejarse. Ghost maldijo mientras buscaba a toda prisa otro lugar para esconderse. Zephyr estaba mirado en su dirección entrecerrando sus ojos azules. Se tiró al suelo justo antes de que las puertas traseras de la furgoneta se abriesen y rodó entre las ruedas justo cuando unos zapatos de plataforma pisaron el asfalto. Rápidamente se arrastró bajo la furgoneta intentando salir por el otro lado sin que lo viesen.

El ruido del motor de la furgoneta hizo que maldijese. No tenía alternativa, sacó el cuchillo y rajo el neumático delantero del lado del conductor y luego rodó sobre sí mismo para salir por el otro lado de la furgoneta. Una vez ahí se levantó y fue agachado hasta el portal más próximo.

Cuando quiso darse cuenta, no se veía a Zephyr por ninguna parte. La prostituta pelirroja estaba apoyada sobre la pared fumando un cigarrillo. Ya no tenía ni moratones ni el labio partido y su abrigo, ahora entreabierto, dejaba ver un cuerpo sano apenas oculto por un vestido corto.

A cierta distancia pudo ver a la troll abriéndose camino entre la gente con sus trenzas moviéndose a su espalda. Tomó una decisión rápida y comenzó a seguir a la troll a cierta distancia. Cuando empezó a despejarse la gente, vio que había estado guiando a Zephyr hasta un coche utilitario gris. Ghost maldijo de nuevo, no había forma de poder seguirla sin que se diera cuenta.

No le quedó más remedio que esperar a que se hubiera ido antes de acercarse a la Troll. Pese a que le sacaba fácil más de un metro de altura estaba seguro de que si lo necesitaba podría vencerla en combate. Además, tenía la pistola si las cosas se ponían feas.

Salió de su escondite fingiendo que venía de la otra dirección y se aproximó a la troll. Ella le miró de forma apreciativa, aunque probablemente lo hacía con todos los que se le acercaban, era su trabajo. Sonrió ampliamente de forma amistosa.

- Estoy buscando a una persona – levantó la mano para interrumpirla y saltarse la típica charla para coger clientes – es una persona concreta.

La troll se puso en cuclillas como había hecho para hablar con Zephyr y le miró a la cara.

- Los chicos guapos como tu nunca vienen a buscarme ¿Cuánto?

- ¿Cómo?

- Cuánto por ayudarte a encontrarla

Parecía que la troll no era tan estúpida como había pensado el del deportivo rojo. Imagino que la escasez de clientes hacía que tuviera que sacar dinero de otras fuentes. Y puede que de eso fuese lo de la hierba. No tenía ni idea de cuanto decirle de modo que dijo el doble de un soborno normal.

- Doscientos - la troll silbó

- Debe de ser buena

- No lo entiendes es una amiga – la troll le miró escéptica

Tras dudarlo unos momentos Ghost decidió jugársela. Además, aún cuando esta troll no fuera completamente estúpida tampoco solían ser muy brillantes…

- Es sobre su hermana, es urgente.

- ¿Su hermana? – Había captado su atención.

- Si, su hermana es una elfa con mechas rosas. Vi como Brake se la llevaba a rastras.

La troll cerró el puño y arrugó el ceño.

- ¡Maldito orco! Tengo que avisar a Zeph.

La troll se levantó y salió de allí a toda prisa sin esperar a la reacción de Ghost. Tampoco se dio la vuelta para mirar a tras. Si lo hubiera hecho, tal vez habría visto la sonrisa del elfo que ahora tenía alguien mucho más fácil de seguir…

C104-Gunner, 23: 21

La puerta de la furgoneta se cerró con un golpe seco. Habían dejado a Zephyr en mitad de una calle desierta a las afueras de la ciudad. El barrio de edificios viejos y calles estrechas no era un barrio seguro. Las pintadas de bandas en las paredes, la disposición de los contenedores y mobiliario urbano y las rejas de las ventanas eran testimonio de ello. Pero Zephyr sabría arreglarselas, lo que no podía decirse de su hermana. Y ese era el problema con ella, que alguien podía tener a Pinki y chantajearla. No podían confiar en ella.

- Gira en la siguiente y para en cuanto no pueda vernos. – dijo a Morgan.

La mercenaria le miró por el espejo retrovisor pero no dijo nada. No había dicho nada desde que Zephyr había bajado de la furgoneta. No podía evitar preguntarse en quién residía su lealtad o si tendría algo que ver con todo lo que estaba pasando. Aunque el que seguro que sabía algo era Twitch. Estaba sentado junto a la puerta trasera de la furgoneta con la cabeza apoyada contra el cristal de la ventana. A lo lejos aún podía verse la figura esbelta de Zephyr iluminada por la luz débil de las casas.

Morgan giró a la derecha y detuvo la furgoneta. Después se giró apoyando el brazo sobre el respaldo del asiento. Su voz dura dejaba traslucir cierto reproche incluso aunque su rostro no.

- ¿Y ahora qué?

Gunner ignoró la pregunta de Morgan para dirigirse a Ghost. El elfo también permanecía en un silencio hostil desde que Zephyr había bajado de la furgoneta. Sus ojos negros no se habían apartado de Twitch ni por un segundo, incluso después de que le contase lo de la apuesta. Gunner le puso la mano en el hombro para llamar su atención.

- Ya sabes lo que tienes que hacer.

Ghost se levantó y fue hacia la parte de atrás de la furgoneta y apartó a Twitch con más fuerza de la necesaria. Por eso era malo tener tías en el grupo. Y ahora eran dos, aunque con su aspecto, Morgan podría haber pasado por un tío.

- Arranca – dijo en cuanto Ghost salió de la furgoneta.

Twitch cerró las puertas antes de que la furgoneta ganara velocidad y volvió a sentarse en la misma posición sin decir nada. Ni siquiera había protestado por el empujón y agachaba la cabeza para evitar el contacto visual con el resto.

Durante un par de minutos lo único que se escuchó fue el sonido del motor. Gunner estudio a los que quedaban en la furgoneta alegrándose de no tener iris ni pupilas que delatasen hacia dónde miraba.

Morgan seguía con sus ojos castaños fijos en la carretera. Tenía una expresión decidida en su rostro moreno pero era imposible saber si volvería a meterse por medio o se limitaría a conducir.

Christler y los dos jodidos técnicos que la acompañaban no contaban, ni siquiera iban armados y sus ropas hippies no les protegerían de las balas. De todos modos no pensaba que la chica de aspecto soso o el tío con barba de tres días tuvieran cojones para decir nada. La única que no parecía saber cerrar la boca era Christler y con pantalones perdía gran parte de su atractivo.

Y luego estaba Twitch encogido en su esquina, claro. Ahora que no estaba Zephyr podría interrogarle. Gunner desenfundó una de sus pistolas pesadas con silenciador.

- Acelera y sigue conduciendo, no queremos que nadie se bajo antes de tiempo.

- ¿Cómo? – intervino Christler poniéndose de pie con las manos en las caderas y mirándole desde arriba. La postura era mucho menos sexy ahora que no podía verle el tanga.

- Relájate, princesa, esto no va contigo.

- Y una mierda no va conmigo, deberías haber bajado tú de la puta furgoneta.

Gunner encañonó a Christler. No estaba para gilipolleces, especialmente ahora. Esto no era un “reality show” amañado de los que había presentado. Si lo fuera tendría alguien que le arreglase el pelo rubio enmarañado y le retocase el maquillaje. Morgan volvió a mirarles por el espejo retrovisor y clavó sus ojos castaños en él.

- Dejad de pelear ahí atrás, tortolitos. – su tono le recordó al que usaban algunos exmilitares. – Hay que pensar un sitio al que ir.

Ponderó su pregunta. Tenía razón, había que pensar un sitio al que ir pero ya no consideraba seguro su refugio del metro y tampoco estaba dispuesto a llevarles a su casa. Antes de que pudiera responder el tío de la barba de tres días respondió por él.

- Yo conozco un buen sitio.

Dejó que Morgan se entendiese con el tipo y devolvió su atención a Twitch ignorando por completo a la histérica de Christler, estaba resultando una verdadera molestia y nunca perdonaría al resto que no le hubieran dejado meterle un tiro entre ceja y ceja. Pero no iba a permitir que le distrajese de su objetivo.

Twitch seguía con la cabeza baja. Tenía las manos metidas en los bolsillos de la gabardina y había desconfianza en su rostro oscuro. Era probable tuviese sujetando su pistola de calibre ligero. O tal vez no. Pero con pistola o sin ella no había diferencia, no tenía oportunidad contra él y ambos lo sabían.

- No hagas estupideces – Gunner hizo un gesto con la cabeza hacia sus bolsillos - ¿qué os traéis Zephyr y tu?

Twitch se encogió de hombros, pero no sonrió. Sus ojos color chocolate sostuvieron su mirada desafiándole. Sus manos seguían en los bolsillos de la gabardina.

- Ya lo has visto.

- No me jodas Twitch, si te hubieras tirado a Zephyr estaría en todos los foros.

- ¿Te has planteado que no sea sólo un polvo?

Twitch parecía ofendido, había que reconocer que era bueno, aunque era increíble que siguiera mintiéndole. Sobre todo a él, que se había emborrachado con él más veces de las que podía contar. Joder, si hubieran estado liados lo habría sabido.

- Y por eso apuestas conmigo a que se la va a tirar otro.

- Nadie graba el culo de otra con su novia delante. – dijo Christler señalando a Twitch. Su indignación era evidente

Gunner la miró irritado, no dejaba de interrumpirle. Como si estuvieran en uno de esos programas con invitados en los que el presentador intenta que terminen todos dándose de hostias. Claro que seguro que en esos programas ninguno va armado.

- ¿Alguna otra obviedad que quieras compartir, princesa?

Christler miró a Twitch por un momento y luego le miró a él sonriendo con autosuficiencia. Odiaba aquella sonrisa.

- No, me encantará ver como trabaja un profesional.

Gunner ignoró la pulla, ya tendría tiempo para poner a aquella zorra engreída en su lugar. La velocidad de la furgoneta se había reducido, debían estar llegando a dónde quiera que les estuviese llevando el hippie mal afeitado. Gunner apuntó a Twitch, odiaba tener que hacerlo, pero se le acababa el tiempo y no quería más sorpresas desagradables.

- Por tu propio bien, será mejor que me digas qué pasa con Zephyr.

Una gota de sudor se deslizó por la frente de Twitch y sus pupilas se dilataron ligeramente. Miró hacia la izquierda un momento y luego habló con voz rasposa.

- Es Brake…

- ¿El orco? – preguntó Morgan desde la parte delantera.

Twitch asintió con la cabeza. Gunner siguió apuntándole sin perderle de vista, pero aún así Morgan había despertado su curiosidad.

- ¿Por qué lo preguntas?

- Fue quién me dijo dónde encontrarte.

Hijo de la gran puta, pensó Gunner. Era él quien les había vendido y estaba seguro de que también era él quién estaba tirando de los hilos de Zephyr y se alegró de haber enviado a Ghost para que la siguiera. Sólo quedaba por saber cuál era el papel de Twitch en todo aquello.

- ¿Y tú qué diablos pintas en todo esto?

Twitch se limpió el sudor de la frente y le miró, como si no supiera a qué se refería Gunner.

- Zeph es mi amiga…

- ¿Qué cojones quiere Brake de ella? – le cortó - ¿Y por qué estás ayudándole?

Twitch tragó saliva y volvió a mirar hacia su izquierda.

- ¿Aparte de tirársela? – intentó bromear sin éxito. – No lo sé, pero ha contratado una cazarrecompensas.

Gunner entrecerró los ojos escéptico. Christler se apartó el pelo de la cara y, por primera vez, dijo algo interesante.

- Morgan, ¿cuánto crees que ofrecen por nosotros Infotech?

Gunner bajó su arma, tenía sentido. No era la primera vez que aquel hijo de la gran puta les vendía y ahora tenía muchas más razones para hacerlo, probablemente cientos de miles de razones. Maldito cabrón, tendría que haberle matado cuando tuvo la oportunidad y si había una próxima vez no cometería el mismo error…