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sábado, diciembre 29, 2007

C114-Enma Christler 00: 53

El agua caliente sobre sus músculos cansados ayudó a que liberase algo de la tensión acumulada. Incluso aunque aquella ducha no tuviera hidromasaje como la de su apartamento, ver como la suciedad y la sangre resaca se iban por el desagüe la hacía sentirse mejor. Mientras estaba bajo el chorro de agua podía pensar que todo había sido una pesadilla, que Steve seguía vivo, que mañana rodaba un anuncio de cosmética y que los índices de audiencia de este mes habían aumentado un punto. Twitch volvió a aporrear la puerta del baño.

- Vas a acabar con el agua caliente

No respondió, permaneció con los ojos fijos en las baldosas blancas del baño mientras el agua caía sobre ella, sin ser realmente consciente del tiempo que llevaba allí. Hasta que las llamadas se hicieron demasiado insistentes para seguir ignorándolas. No podía permanecer allí para siempre, tarde o temprano tendría que salir y afrontar todo lo que había sucedido. Terminó de aclararse el pelo y salió de la ducha.

Los de la emisora pirata le habían dejado algo de ropa, unos vaqueros que le quedaban largos y un jersey gris ancho que no le estaba del todo mal que supuso serían de la tal Zephyr. Supuso que debía sentirse afortunada de tener ropa limpia. Viendo el cuchitril en el que se escondían ya era mucho. No es que hubiera esperado unas instalaciones de lujo, pero de algún modo resultaba contradictorio que tuvieran un equipo de emisión de última generación escondido en un sótano cutre de unos grandes almacenes abandonados.

Le había echado un vistazo antes de que la sacaran de la sala. Había pocos equipos con una señal tan potente, principalmente porque no resultaba rentable y las emisoras legales tenían anchos de banda asignados. Pero ella tenía su propia experiencia retransmitiendo en lugares donde se interceptaba la señal y estaba segura de que ese equipo incluso podría interceptar la señal de una de las grandes emisoras. Eso le hacía pensar que aquella emisora pirata era más de lo que parecía, alguien tenía que estar financiándola. Pero ¿con qué objetivo?

Twitch volvió a aporrear la puerta del baño. Terminó de arreglarse, se secó el pelo y finalmente abrió la puerta del baño sin previo aviso.

- Ya era hora

Sonrió como si no le hubiera escuchado, era perfectamente consciente del tiempo que había tardado pero después del día que llevaba eso era lo último que le importaba. Además, el primer paso para sentirse bien era que lo pareciese. Eso era lo que su psicólogo siempre le decía, aunque Steve siempre le había dicho que no era más que un charlatán. Ahora nada de eso importaba.

- Todo tuyo

Salió procurando no acercarse demasiado a Twitch, todavía apestaba. Antes de la ducha ella debía de haber tenido un aspecto parecido, o puede que peor, pero una hora de trabajo había conseguido que volviese a tener buen aspecto, incluso con la ropa prestada.

Fue hasta el cruce dónde los pasillos se ensanchaban y alguien había puesto un par de sillones a modo de saloncito. La luz de unas lámparas caseras pinchadas a la red pública iluminaba malamente el lugar. Se sentó en uno de los sillones de un color gris decolorado. Seguía dándole vueltas a los de la emisora, interceptar la señal no bastaba, para que se mantuviese el tiempo suficiente para dar una noticia hacía falta alguien capaz de desactivar los sistemas informáticos que recuperaban la señal interceptada, no era algo que se pudiera improvisar en un momento.

- Parece que el viejo acertó con lo de llamarte princesa… - escuchó a su espalda

Christler dio un respingo sobresaltada por la súbita aparición de Morgan. Su cuerpo musculoso y su porte militar unido a que aún no se había cambiado, le daba un aspecto intimidante. Aunque podía escuchar el sonido de las tuberías y en la sala de montajes se escuchaba el sonido de unas risas, las dos estaban solas en aquella especie de saloncito. Cruzó los brazos sobre el pecho, empezaba a estar cansada de que se metiesen con ella por su aspecto. La miró desafiante.

- Tampoco está tan mal arreglarse un poco, a ti no te vendría mal…

Morgan ignoró la puya y se dejó caer sobre un sillón marrón frente a ella, sin importarle ensuciarlo. Christler se encaró con ella, no iba a permitir que la ignorasen de ese modo.

- Que seas una mercenaria no implica que…

- Déjalo Christler, puede que en tu trabajo el maquillaje sea una de tus armas, pero en el mío sólo sirve para que no te tomen en serio.

Así que era eso de lo que iba todo, aunque al menos ella tenía el valor de decírselo a la cara. Desde que la habían encontrado habían estado tratándola como si sólo fuera una carga, incapaz de hacer nada. Y puede que en el complejo de Infotech hubiera sido cierto, pero aquí, en la emisora pirata, estaba claro quién tenía más experiencia. Es más podía apostar que si alguien podía averiguar qué cojones estaba pasando era ella.

- No soy una inútil ¿sabes? – espetó señalándola con el dedo.

- Nadie ha dicho que lo seas, pero estás fuera de tu ambiente.

- Tú también, ¿crees que no lo he notado?

Por un momento las dos mujeres permanecieron mirándose en silencio. Esta vez parecía qué sí había dado en el blanco. No hacía falta ser muy observador para ver que Morgan no era como los otros incursores, era más disciplinada, mucho más formal y todos sus intentos de encajar con los otros resultaban forzados. En realidad no era capaz de imaginar a Morgan con ropa que no fuera militar o, por lo menos, con algo que no fuera práctico, ni tatuajes, ni joyas, ni maquillaje, nada que la hiciera destacar. Como los corporativos. Morgan rompió el silencio.

- ¿Qué harás ahora? Tú tampoco puedes volver.

- No es cierto, es cuestión de tiempo que se olviden de esto y pasen a la siguiente noticia…

Pero incluso mientras lo decía sabía que eso no era del todo cierto. La gente se olvidaría pronto de Infotech, pero para entonces también la habrían olvidado a ella. Para una periodista estar sin aparecer en las ondas por tanto tiempo era un suicidio profesional. Así que tenía dos opciones, venderse a la competencia de Infotech o pasarse a la emisora pirata. Morgan comenzó a desmontar su fúsil y limpiar las piezas con un cuidado que estaba segura no dedicaba a sí misma.

- No creo que Infotech vaya a olvidarse de ti – dijo sin levantar la vista de lo que estaba haciendo.

- ¿A dónde quieres llegar?

- Sé cómo funcionan, tenemos un día, puede que dos, antes de que vengan a por nosotros, querrán eliminar las pruebas.

Morgan hablaba con un tono de voz neutro, como si aquello no la afectase. De algún modo eso era lo que le resultaba más incómodo. Aún así había tomado una decisión y pensaba emitir un reportaje completo sobre lo que había pasado allí.

- Pero lo tenemos grabado…

- Deberíamos considerar no emitirlo, proponerles un cambio. – Morgan siguió sin mirarla pese a que su arma ya debía estar del todo limpia, al menos que ella pudiera ver.

- ¡Ni hablar! Hay mucha gente que ha muerto ya por esta grabación.

- Me imaginaba que dirías eso.

Morgan suspiró, parecía más cansada que molesta y, desde luego, estaba mucho más calmada de lo que lo habría estado el otro mercenario, el tal Gunner. Se alegraba de que se lo hubieran llevado a un médico o lo que fuera, así se ahorraba sus insultos.

- Así que vas a intentar hacer que cambie de opinión.

- No, sería perder el tiempo, pero tenemos que darles algo para que se olviden de nosotros.

Christer entrecerró los ojos y observó la mercenaria. Parecía que después de todo había malinterpretado a Morgan, estaba negociando con ella. Estaba claro que sabía tan bien como ella que ninguna de las dos podrían continuar con su vida hasta que no hubieran zanjado el asunto de Infotech… y ninguna quería esperar a que todo pasase porque podía no suceder nunca. Morgan había vuelto a montar el fusil y revisaba sus otras armas, como si esperase tener que salir en cualquier momento.

- ¿Cómo qué?

- Dexter Smithers.

El nombre le sonaba de algo, pero no era capaz de recordar de qué. Estaba segura que si podía mirar en los datos de su agenda encontraría alguna referencia para ese nombre, sólo necesitaba un sitio para empezar.

- ¿A qué se dedica?

- Investigación paranormal.

Christler recordó entonces de qué le sonaba, hacía un par de años había tenido un accidente con invocaciones en su laboratorio, una noticia de relleno que cortaron en el último minuto. Pero eso le daba un punto de partida antes de ir a preguntar a sus contactos. Se levantó del sillón y se sacudió los pantalones.

- Estaré aquí en un par de horas.

- Mantén un perfil bajo, no dejes que te reconozcan. – Christler levantó una ceja, no necesitaba que le dijeran cómo tenía que hacer su trabajo.

- Me preocupa más si podemos confiar en esta emisora.

- ¿Qué quieres decir?

- No sabemos para quién trabajan y, créeme, todas trabajan para alguien.

- ¿Te preocupa la competencia? – preguntó Twitch con su habitual tono burlón.

Se había puesto unos vaqueros viejos y otra gabardina, idéntica a la otra que tenía, pero limpia. Se preguntó cuánto tiempo llevaría escuchando. Christler puso la manos sobre su cadera y levantó una ceja, estaba claro quién se encargaba de inutilizar el sistema para la emisora pirata. Ahora sólo tenía que encontrar el modo de sonsacárselo…

- Ni de lejos, pero me gusta saber para quién trabajo.

- Bueno, eso es fácil, en este momento estas intentando salvar tu culo. Bienvenida al club.

- Fenomenal, lo celebraremos a mi vuelta - sonrió burlona

La forma en la que había evitado responder a su pregunta confirmaba sus sospechas. Puede que no fuera el momento para investigar la emisora, pero no pensaba olvidarse. Twitch sabía algo y ella iba a averiguar qué.

jueves, noviembre 15, 2007

C100-Enma Christler, 23: 12

El Telecom vibró de forma insistente dentro de su bolso apenas segundo después de que abandonase el complejo. Ni siquiera habían terminado de descolgar a Gunner del muro que rodeaba el complejo y Morgan y Ghost seguía en la parte de arriba. Después de todo lo que había pasado en las últimas horas algo tan simple como una llamada parecía irreal, de otra vida.

Sintió la mirada de Twitch por encima del hombro mientras abría el bolso y sacaba el aparato del tamaño de una libreta pequeña. El tecnomante no se había separado de ella durante toda la huida, sus ojos negros no dejaban de vigilarla. Miró la pantalla del telecom, número desconocido.

Twitch no era él único que no la perdía de vista. La elfa llamada Zephyr la miraba desde su posición junto al muro sin molestarse siquiera en disimularlo. Rozó la tecla de colgar pero en el último segundo cambió de idea y quitó la imagen. Si alguien la veía así la prensa lo convertiría en un escándalo. Consciente de las miradas se llevó el aparato al oído.

- ¿Señorita Christler? Su agente nos ha dado su número

Era una voz masculina que no reconoció y ella era buena con esas cosas. Nunca olvidaba un nombre, una cara o la voz de alguien y menos si pertenecía a un productor. Aquel hombre no lo era. Dudó, podía sentir los ojos azules de Zephyr clavados en ella, esperando su reacción y Twitch estaba justo detrás de ella. En el muro ya casi habían terminado de descolgar a Gunner.

- Soy yo – respondió al fin.

- Hemos… visto su última aparición en la red. ¿Sabe a qué me refiero?

Había algo que no terminaba de gustarle en el modo en que hablaba el hombre. Enma estaba casi segura de que usaba algún tipo de aparato para enmascarar la voz. Gunner llegó al suelo con un golpe seco y un gruñido, pero para su sorpresa no dijo nada. Imaginó que había sido un golpe para su ego que Morgan tuviera que cargar con él todo el camino hasta el muro y luego subirle. Christler miró a Twitch de reojo, no se estaba perdiendo una palabra de la conversación.

- Me temo que no – respondió en un tono de voz neutro, como cuando su productor le insinuaba que se pasara por el despacho al terminar la grabación.

- El video de infotech.

- ¡Ah! Ese video – Adoptó un tono de voz frívolo, como si le hubiesen preguntado por unos zapatos nuevos o el nombre de su peluquero.

Sin embargo sabía lo que vendría después, lo había sabido desde el momento en que escogió guardar las imágenes que había grabado Steve. Por eso era mejor que el hombre al otro lado del telecom pensase que sólo era otra rubia tonta, eso podía salvarla.

- Ese video. Queremos todas las grabaciones que tenga.

Notó que ahora eran tres los que estaban pendientes de su conversación. Los ojos completamente rojos del viejo mercenario Gunner brillaron de un modo amenazador. No había que ser muy brillante para saber que si aceptaba la oferta le metería una bala en el cráneo antes de que ninguno de sus compañeros pudiese pararlo. Aunque la amenaza que Gunner representaba era lo de menos, si les vendía sus grabaciones las destruirían nada más se las diera y le debía a Steve que se supiera la verdad.

- Me temo que no va a ser posible.

Esta vez adoptó un tono de voz asertivo, para que supieran que iba en serio. Morgan se descolgó justo detrás de ella. Twitch se llevó un dedo a los labios para indicarle que no hablase.

- Señorita Christler, creo que no es consciente de la situación. La conmino a que recapacite. El camino que ha iniciado puede ser muy peligroso…

La voz del hombre había adoptado un tono amenazador. A su alrededor todos estaban pendientes de su contestación, pero Enma no respondió.

- Encontrará que nuestra oferta es más que razonable. Sería una lástima que alguien con una carrera tan brillante como la suya desapareciese… del escenario.

Enma tragó saliva, ya había tomado una decisión. Iba a sacar un reportaje completo, con amenazas o sin ellas.

- No me interesa. – dijo pulsando el botón para colgar la llamada.

Se quedó mirando el telecom como si en cualquier momento pudiera explotar. Twitch le puso la mano en el hombro y ella dio un respingo.

- Deshazte de él, pueden rastrearlo.

Miró de nuevo el telecom, tenía media vida metida ahí. Los números, la agenda, cuentas corrientes…

- Pero…

- Copia la memoria y rómpelo – insistió

Twitch se puso delante con los brazos cruzados. Por un momento le pareció reconocer cierta simpatía en los ojos del tecnomante. Pero antes de que pudiera responder sintió una palmada en el trasero.

- Bienvenida al club de los fugitivos, princesa.

Se dio la vuelta indignada. Aquel mercenario tullido parecía estar disfrutar humillándola. Como si no tuviera bastante con todo lo que le había pasado. Enma explotó.

- ¡No vuelvas a tocarme! – dijo empujándole.

Gunner cayó al suelo. Su mano se fue inmediatamente a su arma, pero Morgan se interpuso entre los dos. La mujer la miró de forma dura y luego tendió la mano al otro mercenario. Tras echarle una mirada de odio Gunner cogió la mano de Morgan.

- Vete acostumbrando princesa, porque necesitas nuestra ayuda y lo único que vas a tener para pagar es tu culo.

Enma puso las manos sobre las caderas. Era consciente de que sólo llevaba un tanga, pero no pensaba dejar que la avergonzase, había pasado por cosas mucho peores cuando empezaba su carrera.

- Mi carrera no esta acabada, cretino. Tengo muchos contactos.

Gunner hizo un gesto despectivo con la mano y escupió. Por un momento temió que le fuese a golpear pero pareció cambiar de idea ante la mirada dura de Morgan.

- Deshazte del puto cacharro.

Temió que si no lo hacía ella le arrancaría el aparato de las manos y lo destruiría ella misma. Junto al muro, vio que Gunner se llevaba la mano a la pistola. Dudó un momento pero al final extrajo la memoria del telecom y se lo entregó a Twitch.

- Puede que nos interese más dejarlo en el bolsillo de alguien – comentó Ghost.

- ¿Y de quién? – preguntó Twitch – Estamos bastante alejados de la ciudad.

- Había una furgoneta al otro lado, si siguen ahí…

- ¿De qué cadena? – interrumpió Enma.

Ghost y Twitch la miraron como si acabasen de acordarse de que estaba ahí. Estaba claro que consideraban que había interrumpido su conversación, pero eso nunca la había echado atrás antes. Por un segundo captó la mirada descarada de Zephyr, no había dicho nada en toda la discusión. Tuvo la impresión de que la estaba poniendo a prueba, pero ¿para qué?

- ¿Y eso que importa? – preguntó el elfo.

- Si es la de mi gente pueden ayudarnos. - El elfo levantó una ceja escéptico. – Mi cámara formaba parte de una emisora pirata puede que el equipo técnico también y entonces podríamos emitir.

- ¿Emitir qué? – preguntó Twitch

- Un reportaje completo. – respondió Enma sonriendo.

Zephyr dejó de apoyarse junto al muro y puso la mano sobre el hombro de Ghost.

- Conozco esa emisora pirata, se llama “Fuck You”.

- ¿La conoces? – preguntó incrédula Enma

- Parece que después de todo harás ese reportaje.

Zephyr sonrió. Pero a pesar de que acababa de apoyarla su sonrisa no resultaba nada tranquilizadora, era una sonrisa compasiva.

C89-Enma Christler, 22: 32

Iba a ser la noticia de su vida y parecía una indigente. Se miró una vez más en el espejo de su polvera. El maquillaje tenía un aspecto pasable pero tenía el pelo apelmazado y sucio. Sacó un bolígrafo del bolso y se recogió el pelo con él, como hacía cuando estudiaba de madrugada. Un gesto tan simple pero que parecía de otra vida, la de otra persona más idealista. Y menos superficial, como siempre le recordaba Steve. ¿Quién se lo recordaría ahora? Su agente no, de eso estaba segura.

Lo que no tenía arreglo era su ropa, rota, cubierta de sangre reseca y porquería. Pero a ninguno de los incursores parecía importarle una mierda el aspecto que tuviese mientras diese la noticia.

Enma les estudió. El tech era un humano de piel oscura, casi negra y aspecto desgarbado. Incluso sin fijarse en el implante y el código de barras tatuado en su cráneo vendado era evidente que era el técnico. Puede que fuese la forma en la que mezclaba vaqueros y gabardina, o la camiseta con un código en binario. O puede que fuese la manera en que miraba lo que le rodeaba sin ver realmente.

Con todo era el más normal. No hacía falta hablar del mercenario que había querido pegarle un tiro, era casi más máquina que hombre. ¿Nadie le había explicado que hay implantes casi indistinguibles del miembro real? Un brazo de metal era como si quisiera decir, “¡Eh! Miradme, soy un tipo duro”. Supuso que ahora se pondría una pierna de metal a juego con el brazo. Tal vez entonces dejaría de quejarse.

La otra mercenaria por lo menos tenía un aspecto humano. Pero era demasiado musculosa y apenas tenía pecho. No debía haber muchos hombres que se fijasen en ella, lo más seguro es que les intimidase. Aunque, pese a las acusaciones del otro mercenario, no parecía de las que le gustan otras mujeres. Si fuese lesbiana estaba segura de que lo habría notado, pero aunque mantenía a raya al otro no había intentado nada con ella.

Luego estaban los dos elfos. Si alguna vez se cansaba de tener el iris violeta se operaría para conseguir el mismo tono azul intenso que tenía la chica. Era una lástima que no supiera o no quisiese sacarse partido. Nada de maquillaje y ropas oscuras, casi masculinas que no conseguían ocultar del todo su cuerpo atlético. Mirar cómo acariciaba de forma distraída la espalda del otro elfo le hacía recordar su leve flirteo con la bisexualidad. Y, que diablos, tampoco le habría importado echar un vistazo debajo de la máscara del chico… o de su ropa. Moreno y misterioso, definitivamente tenía un polvo.

En cierta forma le recordaban a cuando estaba en la facultad con toda esa gente antisistema. Pero ya no quedaba nada de esa gente, ahora ni siquiera iban a cagar sin concertar cita previa, igual que ella. ¿Quedaba algo de aquella rebelde? Ahora que Steve estaba muerto, probablemente aquel reportaje sería su último corte de mangas al sistema. Nada que ver con las noticias controladas y programas sositos que gustaban a su agente, iba a cabrear a mucha gente. Se quitó la chaqueta y la arrojó a un lado.

- Estoy lista, ¿dónde esta la cámara? – preguntó al de la gabardina.

No respondió, sus ojos oscuros seguían fijos en algún punto más allá de dónde ella estaba. El elfo pasó la mano por delante de sus ojos y chasqueó los dedos sin obtener respuesta.

- Donde quieras, esto esta lleno – dijo señalando un par de puntos en el techo.

Enma miró escéptica hacia dónde le señalaba, había unas pequeñas ranuras, pero no tenía forma de saber qué estaban grabando. La mano de la chica había subido hasta su nuca y sus dedos jugaban con su pelo. Pero no les estaba prestando atención, como el tech, su mirada estaba perdida y parecía no estar ahí. Supuso que estaría haciendo algo que tuviese que ver con espíritus, aunque era algo que no terminaba de entender. Lo único que sabía era que Infotech había creado una cosa capaz de matar cientos de personas y pensaba volar el edificio y todas las instalaciones circundantes para ocultar que habían perdido el control. Y por eso tenían que emitir ya, antes de que fuese demasiado tarde.

- ¿Puedes decirle que emita? – Enma se acercó a ellos.

- Probablemente ya lo esta haciendo.

Enma abrió mucho los ojos, no había esperado esa respuesta. El elfo se rió un poco como si aquello fuese una especie de chiste privado.

- No te preocupes, probablemente es sólo para uso privado.

- ¿Uso privado? – Enma apenas pudo esconder su desconcierto

En respuesta el elfo miró a la cámara que estaba detrás de ella.

- Twitch, deja de grabarle el culo y empieza a emitir.

Enma se giró y miró su falda, la costura que había roto para poder huir de la cosa estaba completamente deshecha y debajo llevaba solo un tanga.

- Puto pervertido – murmuró

Cualquiera diría que con el tiempo que llevaba de actriz y presentadora tendría que haberse acostumbrado a estas cosas, pero aún seguían molestándole. Especialmente cuando tenía trabajo por hacer. Pero ante todo era una profesional y no iba a dejar que unos novatos le arruinasen la noticia.

- Estamos emitiendo en directo desde el complejo de Infotech dónde su último desarrollo de Magic&Co ha terminado en una matanza. Les ofrecemos las imágenes de los hechos.

Enma se calló y se quedó quieta esperando que el técnico hubiese emitido sus palabras y pusiese ahora algunas de las imágenes que había grabado ella del elemental. Mientras esperaba a que le diesen algún tipo de señal para seguir hablando no se permitió pensar en Steve, porque sabía que una vez empezase no podría parar de llorar. Y no se podía permitir llorar aún, tenía que terminar de dar la noticia.

En cámara que tenía delante se encendió una luz roja y Enma supo que era su señal para continuar la noticia.

- Como han podido observar es una tragedia sin precedente y cientos de personas afectadas aún siguen en los barrios residenciales del complejo en espera de evacuación.

Aquello no era del todo cierto, pero Enma sabía cómo funcionaban estas cosas, si les ofrecía una salida elegante a Infotech era posible que la tomasen, si no… ni siquiera alguien tan conocido como ella estaba libre de represalias. Esperó a que la luz roja volviese a encenderse y continuó.

- Según nuestros informadores, - Enma no pudo evitar mirar de reojo a los incursores – los causantes de esta matanza son Amanda Vince y Dexter Smithers, del departamento de I+D&Magic, que intentaban desarrollar una nueva variedad de elemental que no pudieron controlar. Foto de archivo.

Enma espero que el técnico tuviese acceso a los archivos de Infotech, si no siempre podía improvisar algo. Si hubiese estado Steve, todo sería mucho más sencillo y no habría tenido que explicar nada. En este punto, se suponía que saldría la imagen del cadáver de Amanda Vince. Era una forma de insinuar al público que había sido su propia creación la que la había matado. Era parte del acuerdo con los incursores y supuso que la habrían manipulado para que no se viese el corte en el cuello. Otra vez volvió a encenderse la luz roja y Enma continuó con la expresión neutral que utilizaba para distanciarse.

- De momento se desconoce el paradero de Dexter Smithers o del elemental que estaban desarrollando. Desde el complejo de Infotech, les habló Enma Christler.

Ya estaba hecho, Steve habría estado orgulloso. Permaneció unos segundos inmóvil, con la sonrisa forzada de cuando esperas a que se apaguen las cámaras. Ahora no le quedaba más remedio que aceptar que estaba muerto y era mucho más doloroso de lo que había imaginado. Por un momento pensó en volver a dónde estaba el cadáver de Steve. Entonces la elfa la cogió del brazo y empezó a arrastrarla.

- Tenemos que irnos. - Enma se dejó arrastrar.

- Adiós Steve.

C78-Enma Christler, 21: 28

- Corre, no pares – se dijo a sí misma.

Le faltaba el aliento y le dolía el costado como jamás le había dolido en las sesiones de spinning del gimnasio. Y corría descalza, sin unas zapatillas de marca especialmente diseñadas para distribuir el peso de las pisadas y contar las calorías que quemaba al correr. Pero era mejor que los zapatos de tacón de aguja, por mucho que hiciesen que sus piernas parecieran más largas. Tampoco la falda de su traje de chaqueta blanco estaba pensada para correr y no había tenido más remedio que romper la costura trasera, aún cuando fuese a medida y de auténtico lino. Debía tener un aspecto lamentable, con el pelo rubio revuelto y manchada por la sangre de otros, pero en aquel momento no le importaba, lo único que importaba era alejarse de aquella cosa informe que se alimentaba de los cadáveres de periodistas y empleados de Infotech indiscriminadamente. Escuchó algo crujir a su espalda.

- No mires, sigue corriendo – le dijo su parte racional.

Pero años como periodista hicieron que girase la cabeza y activase la cámara de su retina. La cosa era una montaña semisólida de residuos fecales a la que le hubiesen crecido dientes. A su masa se habían añadido los miembros amputados de sus víctimas. Una advertencia en la retina le avisó de que no le quedaba memoria libre. La criatura agarró del cuello y del brazó al último guardia de seguridad que quedaba con vida y estiró. Enma maldijo sin dejar de correr.

Se escuchó otro crujido a la espalda pero esta vez no miró, ya había visto como aquella cosa le partía el cráneo a Steve, su cámara como si fuera una nuez. Solo podía correr. Sin importar si la sustancia húmeda y pegajosa que acababa de pisar era sangre o algo peor, sin importar que sus pulmones estuvieran a punto de explotar o hacia dónde correr. Lo único importante era salir de allí y alejarse de aquella cosa.

Debería haberme ido cuando comprobamos que no se podía emitir desde el edificio, pensó mientras giraba a la derecha en el primer desvío que parecía vacío. Pero no lo había hecho, había decidido quedarse e interpretar el papel de rubia tonta que sabía, haría que Thomas, el jefe de prensa de Infotech, le pasase algo de información. No era el primer reportaje que conseguía de ese modo. Menuda idiota. Casi podía imaginar a Steve con su sonrisa torcida, las rastas y su camiseta de “Fuck You” diciéndole: Te lo dije. Pero el cámara había sido uno de los primeros en morir.

Escuchó un grito ahogado y luego silencio. Ahora sólo quedaba ella, corriendo desorientada por los pasillos en busca de una salida, de cualquier tipo, que la sacase con vida de aquella pesadilla.

Giró un par de veces más a la derecha y volvió a encontrarse delante de la sala de prensa. Dudó un momento antes de entrar para esconderse bajo la mesa de conferencias con las rodillas abrazadas y aún temblando. Desde dónde estaba podía ver el cadáver de Steve o, al menos, lo que quedaba de él. Le habían destrozado la cara pero lo reconoció por las rastras que aún colgaban de la cabeza destrozada y por la camiseta, empapada en su propia sangre y manchada de la mierda que aquella cosa iba dejando tras de sí. Le habían arrancado las piernas y tenía la pelvis destrozada. Enma se llevó la mano a la boca intentando contener la nausea pero terminó por vomitar lo poco que aún le quedaba en el estómago.

Los otros cadáveres, periodistas, cámaras y guardias de seguridad, también habían sido mutilados de forma brutal, pero ahora todo estaba quieto, en silencio e incluso el aire, denso y viciado, parecía no moverse. Enma cerró los ojos y se concentró en su respiración y en reducir sus pulsaciones. Tenía que calmarse si quería salir de esta.

- Vale, piensa – se dijo.

Necesitaba una tarjeta de seguridad para usar el ascensor y las escaleras. Lo sabía por las otras veces en las que les habían retenido para que no dieran alguna noticia mientras negociaban con las cadenas. Thomas tenía una. Solía guardarla en la chaqueta de su traje de ejecutivo hecho a medida. Y si no recordaba mal, se la había quitado antes de servir las copas, en la sala VIP. Enma pensó que a Steve nunca le había gustado que fuera con él al privado, decía que era un pijo engominado, pero si no hubiese estado con él en la sala VIP ahora ella también estaría muerta.

No pudo evitar mirar el cuerpo de Steve y su camiseta de “Fuck You” se sentía culpable porque cuando la cosa había entrado su primera reacción fue orientar su bolso para que la cámara oculta enfocase hacia la sala de prensa. Y después, cuando había empezado a morir gente, se había quedado allí, paralizada del miedo y oculta tras el espejo falso del reservado. Al menos Thomas había intentado salir para dar la alarma. Y también estaba muerto, la cosa no entendía de trajes a medida, zapatos italianos o relojes caros. Enma sorbió los mocos y parpadeó para contener las lágrimas.

- Soy una chica de recursos, no puedo rendirme. - se repitió.

Respiró hondo una vez más y salió a gatas de debajo de la mesa mientras miraba con desconfianza la puerta doble que daba al pasillo. Luego cruzó la sala de prensa, intentando no pisar los cuerpos y las manchas de sangre que salpicaban la moqueta gris. Caminaba de puntillas, conteniendo la respiración y abrazándose como si sintiese frío.

Al otro lado, la sala VIP estaba vacía y limpia. Era como si la sangre y la porquería que arrastraba la cosa hubiesen pasado de largo. La música del hilo musical aún seguía sonando y un ambientador camuflado entre las flores de la mesita filtraba el aire. Entró y cerró la puerta tras ella. Junto al sofá, sobre el mueble bar, aún seguían las dos copas que Thomas había servido, un gintonic para ella y whisky con hielo para él. Su bebida era como su pelo engominado, pensó Enma. Y también estaba el bolso apoyado discretamente sobre uno del los brazos del sofá.

Necesitaba un trago, o mejor dos. Apuró de golpe lo que quedaba de su copa y después terminó también la copa de Thomas antes de coger el bolso y revisar su interior. El spray de pimienta no le iba a servir de nada, pero la cámara había seguido grabando. Pulsó el botón de stop y extrajo la grabación para esconderla en el bolsillo subcutáneo de su brazo. Estaba segura de que ninguna de las grandes cadenas iba a emitirlo. Miró de nuevo la sala de prensa a través del espejo falso. Resultaba difícil imaginar que ya no estaría detrás grabando, miró la camiseta y las rastas ensangrentadas y sintió vértigo, ahora estaba sola para contar lo que había pasado.

- Que se jodan. Que se jodan, las grandes cadenas.

Dejó el vaso de whisky vacío y rebuscó en los bolsillos de la chaqueta hasta encontrar la tarjeta de seguridad de Thomas, olía a gomina y perfume de hombre. Guardó la tarjeta en el sujetador y cogió la botella de vodka del mueble bar para beber un buen trago que le diese fuerzas. Luego, se obligó a mirar los cadáveres hasta encontrar lo que necesitaba.

Salió de la sala privada y fue hacia su objetivo. Era una mujer mulata de veintipocos y complexión fuerte, una de los guardias de seguridad. La cosa le había arrancado los brazos, pero aún conservaba las piernas y, más importante, aún tenía las botas del uniforme. A Enma le pareció que sus ojos sin vida la miraban mientras intentaba desabrochar sus cordones con dedos temblorosos. Robarle las botas a un cadáver, ahora estaba segura de que no podía caer más bajo.