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martes, abril 22, 2008

C117- Twitch 01: 12

Silencio. Ya no escuchaba nada al otro lado del telecom y la pantalla desenfocada sólo le dejaba ver lo que parecía la pata de una mesa o una silla. Había rastreado la señal desde el momento en el que había visto el rostro de Gunner, extrañamente sereno. En todo el tiempo que le había conocido jamás le había visto tan en paz. Ni quejas de su ex mujer, ni historias sobre su antigua compañía, ni cabreos por el último trabajo y eso que este último trabajo no había salido nada bien. Por eso supo que algo iba mal y ahora iba a toda velocidad por las calles de la ciudad intentando llegar hasta la clínica de mala muerte donde le había dejado Morgan.

Se culpaba a sí mismo por no haber confirmado las referencias de aquella doctora, pero había sido el Koreano quién la había enviado y él siempre cumplía su palabra. Siempre. Se agarró a Morgan mientras ella aceleraba la moto y esquivaba los coches a una velocidad que nadie sin implantes podría igualar. Tomaba las curvas apurando el giro para ganar unas milésimas de segundo al reloj y parecía saber dónde y cuándo estaban los obstáculos. Debía tener conexión por satélite, pensó Twitch.

Parte de él sentía curiosidad por saber qué modelos exactos le habían puesto. No preguntó, ese tipo de preguntas se consideraban hacer méritos para que te metieran una bala en el cráneo. O para que estampasen tu cabeza contra un muro de ladrillos en la siguiente curva.

Durante aquella carrera frenética no podía dejar de pensar en qué había podido ir mal. Todo, se dijo. El Koreano podía haberse enterado de los planes que tenían Zeph y él, podía haber matado a Gunner como advertencia. No, imposible, se había cuidado mucho de no dejar rastros y los métodos de Zeph no dejaban pruebas. Además, el Koreano tenía su propio y retorcido sentido del honor, si lo supiera habría ido directamente a por ellos. Si lo supiera él no conservaría todos sus miembros.

Morgan adelantó a unos pandilleros neotribales, tatuajes étnicos, trenzas y ropa cutre de piel falsa. Debieron pensar que era una especie de desafío y comenzaron a seguirles. Estúpidos, pensó Twitch mientras les veía maniobrar sus motos cutres en una formación con forma de punta de flecha. No tenían tiempo para aquello. Morgan debió pensar lo mismo, porque al verlos hizo unos disparos de advertencia. Pero aquellos niñatos debían estar demasiado drogados para entender el mensaje.

Eso no le habría sucedido a Gunner. Puede que sus viejos implantes no fueran ni la mitad de efectivos que la nueva generación que llevaba Morgan, pero le daban un aspecto mucho más intimidatorio. Eso y que no podía decirse que el viejo mercenario tuviese un aspecto amistoso. Su expresión en un día bueno era la de alguien que hubiera estado masticando cristales y en los días malos parecía que fuera capaz de destrozar a mordiscos un vehículo blindado. Morgan era mucho más discreta, incluso de cerca apenas se notaban unas suaves cicatrices ahí donde la piel se unía con más piel sintética, nada que ver con el metal desnudo de Gunner.

Morgan giró bruscamente metiéndose por un callejón estrecho y lleno de basura. Por un segundo pensó que acabarían estampados contra los montones de bolsas malolientes y que le recordaron a la cosa que le había arrancado la pierna a Gunner. Casi le pareció que la basura sonreía con una boca llena de dientes, pero luego vio que no era más que sombras sobre una bolsa rota de la que se derramaban restos de comida medio podrida. Zeph habría dicho alguna paranoia sobre los espíritus, pero ahora no estaba allí, si lo estuviese Gunner no habría tenido que recurrir a una doctora callejera.

Esquivaron un cubo de basura que bloqueaba el callejón casi por completo. Twitch se apretó contra el cuerpo de Morgan, los pandilleros iban justo detrás. Escuchó como el primero se chocaba con el cubo y pensó que tal vez habían conseguido perderlos, pero aunque ganaron ventaja los que no se habían estrellado continuaron la persecución unos segundos más tarde.

Morgan se giró a dispararles perdiendo unas valiosísimas décimas de segundo. Su disparó acertó en la rueda del que iba primero haciendo que reventase en un alarde de puntería del que el propio Gunner se habría sentido orgulloso. Pero los pandilleros eran demasiado idiotas para apreciar la precisión de aquel disparo y continuaron la persecución.

Ninguno de aquellos neotribales tenían ni media oportunidad contra una mercenaria como Morgan aunque parecía que lo aprenderían por las malas. En las calles siempre parecía haber gente como ellos, pijos, raperos, rockers, heavies, grunges, spunchers, punkis, no importaba, todos eran necios que pensaban que tener una pistola te convertía en alguien y terminaban muertos en algún callejón asqueroso.

Twitch prefería mantener un perfil bajo, aparentar ser más inofensivo y más torpe de lo que realmente era para evitar llamar la atención de los peces gordos como el Koreano. Eso le había mantenido vivo, como Gunner siempre se encargaba de recordarle, pero en ocasiones echaba de menos las ventajas que la popularidad. Había montado una emisora pirata capaz de competir con las legales, los graffitis de “Fuck You” estaban por todas partes, la gente de la calle había empezado a grabar sus emisiones, hasta uno de los pandilleros que le seguían ahora llevaba una camiseta con el logo de su emisora. Y no podía decírselo a nadie. Demasiado peligroso, especialmente ahora que habían empezado a tener suficiente audiencia para cabrear a las corporaciones. No, era mejor seguir en las sombras, en eso coincidía con Gunner y con Zeph, la fama no era para ellos.

Morgan derrapó para frenar y Twitch comprendió que habían llegado. La única puerta de aquel callejón miserable no parecía un lugar donde pudiera haber una clínica, aunque probablemente esa era la idea. Corrió hacia ella y reparó con vaguedad que la marca con forma de dragón estaba sobre la puerta, aquel lugar le pertenecía. La puerta estaba cerrada. Morgan voló la cerradura de un tiro y entró. Twitch fue detrás de ella, a su espalda escuchó las motos de los pandilleros.

- Putos niñatos – murmuró Morgan

Aquel comentario tan poco propio de ella le recordó a Gunner cuando gruñía sobre los múltiples vicios que según él tenía la juventud. La puerta daba a unas escaleras mal iluminadas que terminaban en una puerta metálica reforzada de una calidad muy superior a lo que cabría esperar.

Twitch se adelantó esta vez para hacerse cargo de los sistemas de seguridad, eso le llevaría unos treinta segundos, pero en esta ocasión parecía una eternidad. Arriba se escuchaba a los pandilleros discutir a voces. Uno de ellos decía que no pensaba entrar en uno de los locales del Koreano y otro decía que les daría una recompensa si les cogían. Morgan sacó un subfusil, estaba claro que se le acababa la paciencia.

Quitó la cubierta de plástico que cubría el cableado de la cerradura electrónica y enchufó su conector a la red. El sistema de seguridad no era malo, pero había visto los suficientes como ese para que le resultase algo rutinario. Ni siquiera los programas de hielo negro con forma de serpiente le supusieron un esfuerzo y, por una milésima de segundo, casi le pareció ver que las serpientes se apartaban de él para no interferir.

- Paso demasiado tiempo con Zephyr - se dijo - y ni siquiera nos acostamos.

Gunner le había dicho que perdía el tiempo intentándolo. Por eso la apuesta sobre que Ghost se la tiraría, para desviar su atención de la verdad, ocultar que eran cómplices. Zeph sabía lo de su implante experimental robado, lo de la emisora y que estaba robando a Brake. Al principio no le había hecho gracia que lo supiese, pero nunca habría podido llegar tan lejos sin ella. Ahora le resultaba liberador tener alguien a quien contárselo. Y tal vez si salían de esta se lo contase también a Gunner.

Rompió el código de seguridad y abrió la puerta reforzada. La clínica, si es que podía llamarse así, no era gran cosa. Habían instalado lo mínimo, una camilla bajo un foco de luz brillante y varios cacharros que recordaban a un brazo mecánico de dedos alargados que supuso se usaba para la cirugía. Gunner estaba tirado en el suelo, junto a una silla de la que se habían caído su chaleco, un par de pistolas y el telecom. Se arrodilló junto a él sin prestar atención a nada de lo que lo rodeaba. Estaba frío, llegaba demasiado tarde.

La doctora estaba junto a él, con un tiro en la cabeza tan perfecto que no había duda de su autor. Twitch maldijo al reconocer la cara de la mujer, era la misma que había visto en el sistema de Brake. Jodido orko, su puta cazarrecompensas debía haber sustituido al médico del Koreano. Eso o el propio Koreano había ordenado la muerte de Gunner, pero no tenía motivos que él supiera.

Twitch se quedó inmóvil mirando el cadáver de Gunner sin saber qué decir o qué hacer. No había imaginado que acabaría así, estaba a punto de retirarse, o eso decía siempre. Al menos tendría que haberse ido a lo grande, en una incursión de la que se hablase durante años, no en una clínica de mala muerte.

- Al menos se vengó de ella – escuchó a Morgan a su espalda.

- ¿Y eso de qué le sirve ahora?

Morgan puso su mano sobre el hombro de Twitch y apretó ligeramente, en un gesto torpe para intentar reconfortarle.

- Vamos, será mejor que nos lo llevemos antes de que los pandilleros vuelvan.

Twitch asintió de forma mecánica, Gunner habría querido que no dejaran su cuerpo allí. Había vivido y muerto en las sombras, pero él se encargaría de que fuese recordado, sería la estrella de su especial sobre Infotech.

jueves, noviembre 15, 2007

C102-Twitch, 23: 15

En su defensa había que decir que nadie en su sano juicio le negaba algo al Koreano, no si quería seguir entero. Hay quién podría argumentar que siendo un tecnomante no lo notaría tanto pero, que diablos, le tenía aprecio a su cuerpo. Además, el Koreano pagaba bien, realmente bien. Eso siempre ayudaba. Por eso, nada más subir a la furgoneta blanca de la cadena pública local, se había buscado un lugar discreto y se había conectado a la red.

Christler no trabajaba para una cadena pública, sino para OcIeX una cadena especializada en programas de entretenimiento. Se jactaban de tener una programación extrema, fuera lo que fuera eso. No había que ser muy listo para darse cuenta de que la furgoneta era una tapadera. Y era buena, porque nadie se tomaba nunca en serio a las emisoras públicas. Que además trabajasen para una emisora pirata hacía que se plantease preguntas sobre el verdadero carácter de Christler.

Pero eso ahora no le importaba. Ni siquiera aunque supusiese que las acciones de Infotech iban a bajar en picado por el escándalo o que los datos que había sacado de los sistemas de infotech iban a valer una fortuna en el mercado negro. De eso se ocuparía más tarde. Lo importante era el asunto de los italianos e Infotech, al Koreano le gustaría saber que los italianos habían estado consiguiendo muchas cosas para infotech y que para hacerlo se habían metido en su terreno. A veces era sorprendente la cantidad de cosas que se podía saber por la contabilidad de una empresa…

Mientras buscaba una línea segura miró sin mucho interés cómo Christler se ponía una camiseta negra, demasiado grande para ella, que ponía “Fuck You” en letras rojas. Zeph volvía a tener razón, estaba claro lo que el Koreano había visto en ella. O en él. Control de la información, en eso él era uno de los mejores.

Se dejó llevar por el flujo de datos hasta el sistema de Brake, sólo por si había algo nuevo desde la última vez. El orco no tenía demasiada imaginación y su sistema era una réplica cutre de su bar, aunque más limpio y con chicas más atractivas. Incluso había una réplica de Zephyr y su hermana. Claro que como Brake era un cutre, el tacto que tenían era más parecido al plástico que a la piel y no tenían ni olor, ni sabor. No es que le importase, era estrictamente profesional… o casi. Claro que de todos modos para hacer una buena réplica virtual era necesario probar el original y dudaba que Zephyr se dejase.

Pasó por delante del matón troll de la puerta ignorando su petición del número de tarjeta. Había sido un juego de niños conseguir acceso, especialmente después de que le pidiese arreglar su conexión. Ni que decir tiene que él había sido quién la había estropeado en primer lugar. Pasó por la zona de descargas de porno, que seguía igual que hacía un mes. Los mismos iconos de chicas sobre el escenario, las mismas simulaciones de alcohol que no sabían a nada en la barra. Con razón tenía tan pocas visitas. Era cutre hasta para eso.

Pasó de largo y fue al despacho. La puerta, mucho más disimulada que la del local, se abrió con un simple gesto de su mano. Dentro, le recibió la secretaria de bolsillo, un programa estándar que ni siquiera se había molestado en personalizar. La imagen de CC una de las actrices porno del momento, con lo que Brake llamaba traje de trabajo: minifalda cinturón y una chaqueta de ejecutiva roja sin nada debajo.

- Dame un log desde mi última visita.

Ordenó mientras se sentaba sobre el sillón de piel blanca que había en el lateral. La secretaria sacó una libreta y empezó a leer inclinándose de forma exagerada hacia delante para que pudiera verle las tetas. Parecía que se había equivocado, sí que había personalizado algo.

- … petición de cazarrecompensas…

Aquello captó toda su atención, especialmente cuando comprobó que había hecho una transferencia de un adelanto a la tal doctora Milles. Con lo agarrado que era Brake sólo se le ocurrían dos motivos que le llevasen a contratar a una cazarrecompensas y en los dos estaba metido él. El primero era que hubiese averiguado que le estaban espiando. Y lo otro… bueno, tendría que preguntar a Morgan si los de Infotech habían ofrecido dinero por ellos. Buscó todo lo que pudo sobre la Doctora Millar pero de ella sólo había un archivo y poco más. No era tranquilizador.

Y luego estaba la llamada del Koreano preguntando por Zephyr. Estaba claro que la detención de Enrico había acelerado las cosas. Ya era casualidad, llevaban meses usando a Brake como caballo de Troya en los asuntos de Enrico y ahora lo detenían.

Twitch borró el rastro de su paso por el sistema y se desconectó. Christler estaba editando con los dos técnicos unas imágenes bajo la mirada ceñuda de Gunner. Morgan conducía la furgoneta alejándose del complejo del que ya sólo podía verse el rascacielos de cristal y Zephyr descansaba con la cabeza apoyada sobre Ghost. Mierda, pensó, tenía que encontrar la manera de decirle a Zephyr que el Koreano la estaba buscando sin que el resto se enterasen. No es que eso le gustase, pero estaba el asunto de los favores. Estaba en deuda con el Koreano por ayudarle a desaparecer cuando se largó de su empresa. Además, todo el mundo tenía derecho a ganarse un extra de vez en cuando. No tenía porqué contárselo. De hecho no sería nada bueno que se enterasen.

Miró de nuevo a Ghost acariciando distraído el pelo negro de Zephyr y entonces tuvo una idea. Disimuladamente se llevó la mano a la cabeza y deshizo el vendaje que Zephyr le había puesto dejando al descubierto la carne quemada.

- Zeph, necesito que le eches un vistazo a este vendaje…

C85-Twitch, 22:14

Aún tenía a Enma Christler entre los brazos y esta vez no era una simulación de la red. Desde luego olía mucho peor y la sangre reseca nunca había formado parte de sus fantasías. Por lo menos se había calmado un poco y ya no intentaba escapar. Después de su incursión en la red ya le dolía bastante la cabeza como para escuchar sus gritos y estaba seguro de que iba a tener un moratón en la espinilla. No definitivamente no era una simulación.

Zephyr habría podido encargarse de eso, del dolor de cabeza y su espinilla, pero ya tenía bastante intentando recomponer a Gunner. Había perdido la pierna derecha hasta justo por debajo de la rodilla, el brazo mecánico y tres dedos de la mano. No era una visión agradable aun cuando Zephyr había conseguido parar la hemorragia.

Y después irían Ghost y Morgan, porque eran ellos quienes se tendrían que partir la cara si había problemas. La verdad es que, mientras Zephyr vendaba cuidadosamente el muñón de la pierna con expresión de concentración, no podía decir que les envidiase. Vale sí, puede que lo hubiese hecho cuando estaban en el bar, borrachos y contando historias. Cuando él contaba historias parecía un geek. Zephyr tampoco contaba nunca nada, claro que a ella no le hacía falta. Se consolaba pensando que irse de la lengua no era una buena política de supervivencia, pero como jodía cuando al final de la noche te quedabas solo.

Twitch miró a Christler por un momento, cubierta de sangre reseca, sudor y maquillaje corrido, miraba fascinada como Zephyr recomponía la mano de Gunner. La verdad es que resultaba impresionante ver como devolvía los dedos a su sitio y como volvían a juntarse con el muñón, te hacía considerar aquello que siempre decía sobre que sin implantes era más sencillo curar. Al menos por los cinco segundos en los que no te acordabas de que los necesitabas para todo lo demás. Eran los implantes los que le permitían entrar en la red y eso era algo que ninguno de ellos podía hacer. Solo por eso merecía la pena.

Aflojó un poco su presa sobre Christler pero no la soltó. Había estado pensando sobre el precio que podía alcanzar en el mercado negro la grabación de “La matanza de Infotech”. El título era provisional claro, pero estaba seguro que se podía sacar una pasta. Solo tenía que conseguir la grabación de Christler, convencerla de que era de fiar para que se la pasase y editar las partes en las que salían ellos.

Twitch miró que el resto no estuvieran prestando atención. Zephyr aún ocupada con Gunner, el pelo oscuro le caía sobre la cara mientras flexionaba los dedos del mercenario para asegurarse de que volvían a funcionar. Se apartó un mechón suelto de la cara y se mordió el labio inferior como si hiciese cálculos antes de sacar el botiquín y sacar una jeringuilla y una probeta de él.

- Esto debería despertarlo – murmuró Zephyr

- Tiene demasiadas heridas – interrumpió Morgan.

La mercenaria había terminado su vendaje y se había apostado junto a la escalera, apoyada en la pared con el cuchillo de Zephyr en una mano y su pistola en la otra. Alta, musculosa y, si no se equivocaba, con los mejores implantes que el dinero podía pagar. Twitch se alegraba de que estuviese de su parte y más aún de que Zephyr hubiese captado su atención.

- Es demasiado peso muerto, habrá que arriesgarse – Zephyr preparó la jeringuilla.

- Yo puedo cargarlo

Morgan dio un par de zancadas, se agachó junto a Gunner y sujetó la mano. Twitch aprovechó la distracción para inclinarse un poco y susurrar al oído de Christler. Tenía unos ojos violetas de un color inusual, había sido una edición limitada que muy pocos se podían permitir y probablemente su modelo incluía una cámara. Pero el conector que tenía oculto bajo el pelo no era nada del otro mundo, no debía tener mucha memoria disponible, lo que significaba que probablemente la grabación ocupaba todo y eso era una oportunidad para él.

- Tengo memoria libre en mi CPU

Christler no le miró y por un momento Twitch llegó a pensar que no le había oído. Zephyr sostenía la mirada de Morgan, sin que sus ojos azules dejasen escapar nada. Ghost estaba agachado junto a ella con una mano apoyada sobre su hombro. Sus ojos negros iban del cuerpo mutilado del mercenario a las escaleras que subían.

- No podrías luchar.

Morgan apartó la mirada de Zephyr y pareció meditar sobre la situación. Christler se había girado un poco.

- ¿Cuánto? – susurró.

Twitch echó un vistazo a la periodista, seguía pendiente de Zephyr y Morgan, como si no hubiese dicho nada. Consideró la pregunta, no es que no pudiera aceptar cualquier trato que le ofreciese y luego hacer una copia, pero es que entonces iba a desconfiar. Él desde luego lo habría hecho.

- Tampoco podemos dejarle tirado.

Morgan seguía sujetando la mano Zephyr y parecía dispuesta a seguir discutiendo, tanto mejor para él.

- La mitad – susurró con sus labios casi rozando el pelo rubio de Christler.

Twitch la notó tensarse en sus brazos pero antes de que ella respondiese, Zephyr la señaló y todos se volvieron a mirarles.

- No lo haremos, le cargará ella.

- ¿Ella? – Morgan miró de arriba a abajo a la periodista.

- ¿Yo? – Christler se señaló atónita.

Incluso Ghost parecía sorprendido. Christler no sólo era mucho más baja y menos musculosa que Morgan, si no que Gunner debía pesar casi doscientos kilos gracias a sus implantes.

- No hay forma de que pueda cargar con él. – Morgan dijo lo que todos estaban pensando.

- Pero si le despierto ya no será peso muerto, solo necesitará apoyo. Es su mejor opción si vamos a seguir con esto. – Zephyr miró a Ghost de reojo.

- ¡Déjalo ya Zeph! Te he dicho que me quedo. – Los dos elfos se quedaron mirando. Ya lo hemos hablado, nos quedamos todos – corrigió

Había que estar muy ciego para no darse cuenta que estaban liados, pero ya no iba a cobrar esa apuesta. Si sobrevivía, Gunner iba a necesitar mucha pasta para pagar una pierna nueva. Morgan soltó a Zephyr y se apartó, estaba claro que ella también se había dado cuenta.

- Entonces será mejor que todos estemos conscientes. – Zephyr comprobó la jeringuilla. Morgan volvió a sujetarla por la muñeca.

- Aunque le despiertes no podrá levantarse.

- Sí que podrá, el ejército diseñó esta droga para que sus soldados siguiesen combatiendo.

- ¿De dónde has sacado una droga del ejército? – Christler la miraba con los ojos muy abiertos.

Zephyr sonrió abiertamente dejando claro que no pensaba decirlo. Menuda cabrona, nunca contaba nada. Aunque a veces eso era un alivio, por lo menos sabía que tampoco iba a contar lo que sabía de él. Pero para su sorpresa el que respondió fue Ghost.

- Señorita Christler, – comenzó a decir – Su cadena la ha dejado abandonada, no quieren que se sepa lo que pasa aquí.

- ¿Cómo? No puede ser.

Christler parecía estar en shock y, hasta cierto punto, era comprensible, después de todo era bastante popular. Twitch aprovechó para rehacer sus cálculos, si lo que Ghost decía era cierto, entonces la grabación de Christler valía mucho más, aunque también era mucho más peligroso tenerla…

- Le propongo un trato. – Ghost se había levantado para mirar a Christler a los ojos. – Nosotros la sacamos de aquí con vida y la ayudamos a emitir.

Estaba usando la misma voz que usaba para ligar y Christler comenzó a calmarse. Menudo cabronazo, ¿a qué estaba jugando? Twitch miró a Zephyr, pero la elfa había dejado de prestar atención a la conversación y estaba susurrando algo al oído de Morgan.

- ¿Y a cambio? – preguntó Christler bajando la mirada y sonriendo de modo insinuante.

- A cambio hará todo lo que le digamos… – la sonrisa de Christler se ensanchó.

- Será todo un placer – dijo con voz sensual.

Twitch tenía muy claro como tenía pensado pagarles, lo que no entendía era qué pretendía Ghost. Y si lo que quería era darle celos a Zephyr no parecía estar funcionando porque ella ni siquiera estaba mirando, sino que había abierto el chaleco militar de Gunner y estaba cortando su camiseta con el cuchillo que le había pasado Morgan.

- Me alegra que hayamos llegado a un acuerdo. Ahora, entregue la grabación a nuestro amigo – dijo haciendo un gesto hacia Twitch – creo que tiene memoria libre en su CPU.

Christler dejó de sonreír de golpe y Twitch también, aunque sólo por un momento, no creía que se lo tuviese muy en cuenta. Aunque tendría que invitarle a unas cervezas por si acaso.

- ¡No! Este es el reportaje de mi vida – Christler se apartó de un empujón de Twitch, estaba blanca.

- Vamos cielo, sé razonable y dame la grabación – Twitch la sujetó del brazo

Ghost se colocó frente a ella por si salía corriendo. Detrás de él, Morgan se había levantado y Zephyr había terminado de cortar la camiseta de Gunner. Christler miró a los lados intentando buscar una salida. Menuda ilusa, como si pudiese correr más que Morgan o Ghost.

- Estoy seguro de que el resto no tendrán inconveniente en que tu presentes… - Twitch deseo tener la misma voz que Ghost.

- ¡Pero os quedareis la mitad! Es eso ¿no? – Christler se cruzó de brazos y echó la cabeza hacia atrás para apartarse el pelo de la cara.

Zephyr dio un par de golpes en la jeringuilla y la clavó sobre el corazón de Gunner. Mientras, Ghost se había acercado a Christler, incluso con la cara tapada, era evidente que estaba sonriendo.

- No somos tan generosos como él - Ghost hizo un gesto vago hacia Twitch con la mano.

Christler retorció el brazo y se liberó, pero antes de que pudiese alejarse Morgan la sujetó de nuevo. Justo en ese momento Gunner abrió los ojos.

- Deja de comportarte como la reina del drama, esto no es el trideo. – Zephyr ayudó a Gunner a sentarse.

- No puedo creer que sigamos discutiendo esto, deberíamos pegarla un tiro. – gruño Gunner.

Christler miró a Gunner en el suelo, abrió la boca y volvió a cerrarla.

- Si me matáis os quedáis sin nada. – consiguió decir.

- Esta discusión es ridícula – insistió Gunner – Zephyr puede sacarte todos tus implantes para destruirla.

Twitch miró a Gunner y se preguntó si Zephyr no le habría despertado demasiado pronto.

- ¡Pero habéis dicho que me ayudaríais a emitirla! – Christler estaba cada vez más alterada, como si no pudiera decidir que le preocupaba más, si morir o quedarse sin la puta grabación.

- Ni de puta coña vas a emitirla, zorra – dijo Gunner.

- ¡Basta! – Morgan tapó la boca de Christler y miró a Gunner de forma significativa. – Entregue la grabación y ya decidiremos más tarde que hacer con ella. Ya hemos perdido bastante tiempo.

Y con los de Infotech en camino para volar el edificio el tiempo corría, pensó Twitch. Claro que si el motivo era ocultar lo que estaba pasando…

- Esperad, tengo una idea. Creo que deberíamos emitir en directo…

- Ahora sí que creo que te has vuelto loco – acusó Gunner desde el suelo

- No lo sabes bien – Twitch esbozó una sonrisa de dientes blancos, esta vez si tendría algo que contar.

C75-Twitch, 21: 26

Twitch se pegó contra la pared y esperó a que los avatares de los dos corporativos desaparecieran. La red aquí ya no tenía un interfaz que simulase la realidad, sino que se había reducido a un conjunto de líneas rectas y formas geométricas todas de un color rojo intenso. En el lenguaje de la red, el rojo significaba un nivel de protección alto o, en otras palabras, problemas.


Los dos operadores corporativos no se habían percatado de su presencia. Uno de ellos parecía una mujer semidesnuda de piel color canela y una larga melena rizada y negra que le caía hasta la cintura. Llevaba una fina túnica blanca que se transparentaba y pulseras tintineantes en los pies. La mujer morena estaba clasificando una caja con prismas. Los sacaba, los revisaba y, la mayoría de las veces, los destruía. Solo en contadas ocasiones tomaba el prisma entre sus manos y este se iluminaba para desaparecer con un brillo dorado.


El otro operador parecía una esfera llameante de un color verde que solo se ve en las llamas químicas. La esfera parecía estar girando suspendida sobre una pared en la que había insertadas cientos de pequeñas pirámides de diferentes bases. Cada una de ellas era un archivo de datos diferente. Al igual que la mujer morena, la esfera de fuego destruía casi todas las pirámides que encontraba.


Twitch los observó destruir masivamente los prismas que representaban los programas y los ficheros de datos con forma de pirámide. Con cada objeto eliminado parecía que la red perdía consistencia, no era buena idea quedarse ahí mucho tiempo. Miró de otra vez, los operadores parecían absortos en su tarea de destruirlo todo. La esfera quemaba sin humo y la mujer morena los aplastaba entre sus manos, una y otra vez.


Twitch calculó sus rutinas y contó mentalmente: uno, dos, tres… entonces mientras la esfera llameante extraía un nuevo archivo y la mujer morena se inclinaba sobre la caja de prismas salió disparado hacia la conexión con el núcleo del sistema. Su imagen virtual apenas fue un borrón, pero a Twitch le pareció que la mujer morena había levantado la cabeza mientras pasaba.


No importaba, ya casi estaba. Pero de pronto la red a su alrededor pareció cambiar hasta convertirse en una habitación de techo alto y ventanas con arcos ojivales. El suelo parecía un entramado de azulejos que formaban estrellas entrelazadas y las paredes de yeso estaban decoradas con estilizada escritura árabe. Una ligera brisa entraba entre las celosías de madera caoba que cubrían las ventanas y le llevaban un ligero aroma a incienso y jazmín. Twitch maldijo, le habían desviado hacia un dominio desconocido.


Un poco más adelante, podía ver una puerta de la que provenía el olor a incienso y jazmín. Una luz cálida parecía atraerlo hacia allí. No tenía mucha alternativa, tenía que salir de allí si quería llegar al núcleo. Twitch se acercó hasta la puerta intentando no hacer ruido y pegado a la pared. Cuando estuvo junto a ella asomó un poco la cabeza y echó un vistazo rápido en la habitación.


La mujer morena estaba sentada de espaldas a la puerta sobre una gran cama de sabanas de seda rodeada por varia cortinas blanco traslucido. Tenía el pelo recogido pero salvo por un algunos rizos que caían sobre su espalda completamente desnuda. La túnica que había llevado antes estaba caída en el suelo, Twitch podría haberla cogido con solo estirar el brazo. Twitch se quedó completamente inmóvil observando aquella escena sacada de las mil y una noches.

Sin que Twitch hubiera hecho nada para llamar su atención, la mujer morena se dio la vuelta, sus pulseras de oro tintinearon al hacerlo. Entonces la mujer le miró. Tenía los ojos negros y delineados con Kohol, sus labios entreabiertos eran rojos. La mujer sonrió y apartó las cortinas de la cama.


- Bienvenido – su voz era un susurro acariciante.


Twitch se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración y se recordó que aquella mujer no era real, solo una proyección virtual del un operador que bien podía ser un gordo asocial con carencias sexuales. Al ver que no respondía la mujer se levantó despacio, exhibiendo su desnudez ante él al hacerlo. Con la misma lentitud caminó hasta una mesa baja de madera en un lateral y se inclinó sobre ella para coger una jarra y una copa. La mujer le miró de nuevo.


- ¿Un poco de vino?


Sin esperar respuesta sirvió algo de vino, una gota le salpicó la mano. La mujer morena dejó la jarra y la copa, le miró y lamió la gota sin dejar de mirarlo todo el rato.

Twitch observaba atónito. ¿Qué pretendía con todo esto? Entonces recordó que se había disfrazado con el usuario del otro programador y se preguntó si aquello era una especie de juego entre ellos, no hacía falta ser muy imaginativo para saber en qué consistía. Pero aunque Twitch no era ajeno al cibersexo, no tenía tiempo para eso ahora.


Twitch comenzó a rebuscar por la habitación ignorando a la mujer morena. En algún lugar debía encontrarse algo que le permitiera regresar al sistema. Entonces sintió las manos suaves sobre sus hombros y después el resto de su cuerpo contra su espalda.


- Relájate, tenemos tiempo… - bajo los ojos negros hacia su cuerpo y después volvió a mirarle.


Twitch dudó, no quería llamar la atención y el usuario al que había sustituido no habría rechazado la proposición. No podía negar que le apetecía, pero se le agotaba el tiempo.


- Aparta – respondió de mala gana y quitándosela de encima.
- ¿Pero qué diablos te pasa? - La mujer fue hacia la cama y se tendió boca arriba sobre ella. – Venga, uno rápido – ronroneó.

- Tenemos prisa – dijo al fin Twitch esperando que no se diera cuenta de que no era quien ella pensaba.


La mujer morena hizo un mohín y se levantó bruscamente haciendo que sus pulseras tintinearan.


- No me prestas atención – Twitch no se giró y siguió revolviendo los cajones - ¿qué diablos buscas?


Twitch comprendió que había cometido un error, la mujer sospechaba. Twitch se giró con una sonrisa forzada. La mujer morena estaba plantada frente a él con las manos sobre las caderas.


- Solo buscaba algo con qué animarnos – probó Twitch


La mujer entrecerró los ojos

- Tu no eres Mega – dijo señalándolo


Antes de que Twitch pudiera pensar una respuesta, la mujer morena hizo aparecer unas cimitarras de hoja negra en la que había escrito algo en árabe en un color rojo sangre. Le habían pillado


- Me temo que no – dijo Twitch mientras esquivaba el primer golpe.


La mujer atacaba con rapidez haciendo que las cadenas de sus tobillos resonasen con cada movimiento. Twitch sacó la pistola pero a mujer se mantenía pegada a él, sin darle espacio para apuntar. Blandía las cimitarras con destreza y sabía lo que hacía. Fintó a la derecha mientras desviaba la pistola con la cimitarra de la izquierda. Twitch se giro justo a tiempo para encararla, pero no pudo evitar el golpe por completo. La hoja de la cimitarra cortó el muslo de su avatar, Twitch cayó al suelo. Fuera de la matriz su cerebro había recibido una descarga eléctrica. El dolor fue tan real dentro como fuera de la matriz. Twitch gritó y la mujer morena sonrió burlona.

- Debiste haber aceptado mi invitación – dijo colocándose sobre él y apoyando el pie en su pecho.


Entonces la vio, una llave dorada colgando de la pulsera en su tobillo izquierdo. Su pistola había caído a un metro de él y le costaba concentrarse, le dolía la cabeza y pensó que debía tener el parte cerebro y los chips quemados. La mujer levantó una de las cimitarras sobre su cabeza. El dolor desapareció y fue vagamente consciente de que fuera de la red debían haberle curado o puesto un parche con estimulantes. No importaba, Twitch sujetó la pierna que la mujer tenía sobre él y después tiró. La mujer perdió el equilibrio y ambos rodaron por el suelo en un forcejeo.

La mujer morena era mucho más fuerte de lo que su aspecto parecía indicar, pero mientras estuviesen tan pegados no podía utilizar las cimitarras. Twitch la pegó un puñetazo en la nariz y comenzó a sangrar. La mujer soltó las cimitarras, le agarro el cuello y comenzó a estrangularlo. Twitch intentó soltar su presa, pero era imposible, luego la golpeó en la cara. Pero la mujer morena se negaba a soltarlo y se estaba quedando sin aire. Entonces se fijó que su pistola estaba a solo medio metro de ellos. Tenía que jugársela…


Twitch giró sobre sí mismo empujando a la mujer. Seguía agarrándole el cuello, pero ahora Twitch tenía la pistola a su alcance. Twitch alargó la mano para coger la pistola, sus dedos rozaron la culata. La mujer miró lo que estaba haciendo y le soltó intentado coger también la pistola, pero era demasiado tarde, Twitch aprovechó aquello para estirarse y coger la pistola. En un solo movimiento apuntó a la cabeza y apretó el gatillo volándole la cara a la mujer morena.


En algún sitio debía haber un operador con el cerebro frito, aquello no iba a pasar desapercibido. Twitch se quitó el cuerpo de la mujer de encima y se frotó el cuello.

- Va, seguro que era un gordo. – se dijo - Ahora vamos a ver para qué sirve esa llave…

Twitch arrancó la cadena del tobillo y miró a su alrededor. Tenía que haber una cerradura para aquella llave. Pero ¿dónde? Twitch miró a su alrededor, la cómoda que él había revuelto tenía todos los cajones abiertos. La jarra y la copa de vino habían caído durante el forcejeo y el vino se había derramado sobre la alfombra. Twitch levantó la alfombra, pero debajo solo estaba el mismo suelo de azulejos que había en el pasillo. Soltó la alfombra y llegó hasta la cama en cuatro pasos. Apartó de golpe las cortinas y comenzó a apartar cojines de plumas. Por fin encontró lo que buscaba. Escondida entre los cojines había una cajita de madera con incrustaciones de marfil, su cerradura era dorada como la llave.


Introdujo la llave en la cerradura y todo, salvo la caja, se desvaneció. Volvía a estar junto a la habitación roja, aunque la esfera llameante ya no se encontraba allí y en los huecos de la pared donde habían estado las pirámides ya solo quedaban huecos vacíos. Twitch echó un vistazo a la caja en la que había estado trabajando la mujer morena, aún quedaban dos prismas sin destruir. Tras pensarlo un momento cogió los prismas y se los guardo en la gabardina.


Después abrió la caja y miró en su interior. Había unos pocos primas de color rojo en su interior y, lo más importante, los códigos de acceso al núcleo. Pero justo cuando Twitch iba a regodearse en su victoria, los muros de la pared comenzaron a caerse y desaparecer en la nada…

C73-Twitch, Sistema de Infotech

Había usuarios de administración conectados, como descubrió cuando se topó de bruces con uno de ellos. Por suerte él se sorprendió tanto de verle como él mismo. Inconscientemente activó todos sus programas de combate y su avatar recuperó la apariencia del detective con gabardina. Disparó dos veces antes de que el tecnomante de la corporación pudiera hacer nada.

Solo una de las dos balas alcanzó su blanco, pero el que hubiera podido esquivar la primera bala le indicaba que su adversario tenía una buena conexión, tal vez demasiado buena para ser un simple técnico. Su avatar recordaba a uno de esos chinos de las películas malas de artes marciales y se giró a una velocidad sorprendente mientras adoptaba una posición de combate y una espada se materializaba en sus manos. Por suerte no había ido a dar la alarma.

Apenas pudo ver su ataque y sólo sus rutinas defensivas le salvaron de ser atravesado. Twitch se giró sobre sí mismo y volvió a disparar su arma, aunque esta vez los proyectiles se multiplicaron en cientos. Era una táctica vieja, pero le serviría para ganar tiempo y probar a su adversario.

Mientras el otro tecnomante intentaba esquivar todas las balas, Twitch extrajo de sus bolsillos lo que parecía una granada. Sólo doce balas hicieron blanco y sólo una de ellas era real. No podría repetir el mismo truco otra vez, pero tan poco le hacía falta. En un rápido movimiento lanzó la granada hacia dónde estaba. El avatar del chino saltó intentando apartarse de la granada, pero esta estalló en el aire liberando un humo púrpura que lo envolvió y lo dejó inmóvil en el suelo.

Twitch se acercó y comprobó que el troyano se hubiera infiltrado por completo en el sistema del otro tecnomante antes de echar un vistazo a los programas que llevaba. La mayoría eran de última generación y, de haber sabido aprovechar sus funcionalidades, le habría dado una paliza. Twitch chasqueó la lengua, no tenía tiempo de copiarse todos esos programas por lo que tuvo que conformarse con un par que mejoraban su velocidad en el sistema y un par de códigos de seguridad. Su gabardina pareció engullirlo todo y Twitch se marchó para buscar la entrada al núcleo, no debía estar lejos…

C70-Twitch, Sistema Operativo de Infotech

La caña de bambú resonaba rítmicamente contra la piedra gracias al efecto de una corriente de agua. Al caminar podía escuchar sus pasos sobre el camino de grava e incluso sentir el calor del sol. Únicamente la ausencia de olores delataba que aquel perfecto jardín de estilo japonés era solo una simulación.

Aparentemente todo estaba en una perfecta calma y Twitch tardó un poco en darse cuenta de lo que fallaba. Nada se movía, era como si todos los programas se hubieran quedado congelados. Pájaros inmóviles en mitad de su vuelo, pequeños animales completamente quietos…

Entonces escuchó el sonido de fuertes pisadas dirigiéndose hacia dónde estaba y apenas tuvo tiempo de reaccionar y esconderse. Parecía que no todo se había detenido. Se agachó debajo de un puente de madera justo a tiempo de evitar la mirada de dos programas de seguridad que habían adoptado la apariencia de samuráis con armaduras pesadas y máscaras de aspecto monstruoso. Twitch aguardó mientras las pisadas se acercaban y contuvo la respiración mientras los veía pasar sobre él entre las rendijas que dejaban los tablones del puente de madera.

Esperó hasta que los pasos dejaron de oírse y echó un vistazo rápido. Todo volvía a estar en calma. Cruzó el puente agachado y apretando los dientes cuando algún tablón crujía. Después se dirigió lo más veloz que pudo hasta la casa que había en el centro del jardín. Una vez más volvió a escuchar los mismos pasos a punto de girar la esquina.

La casa tenía un solo piso y estaba construida sobre una base de madera a medio metro por encima del suelo. Twitch se escabulló por debajo de la casa sin saber si los programas de seguridad le habían llegado a ver y comenzó a gatear lo más rápido que podía. Apenas un par de segundos más tarde escuchó un golpe seco en el lugar en que había estado, le habían visto.

Más deprisa, pensó, tengo que moverme más deprisa. Pero ¿a dónde ir? Tenía que entrar en la casa y, a través de ahí, buscar la entrada al sistema. Llegó hasta el otro lado de la casa y, tras mirar que no hubiera más programas de seguridad, salió de de debajo del suelo. No tenía tiempo de andarse con sutilezas, por lo que activó un programa decodificador para crear su propia entrada. El programa adoptó la forma de un cuchillo afilado intentando cortar la pared de papel de la casa.

La hoja se hundió con facilidad, pero parecía haberse quedado atascada. La seguridad era mayor de lo que su representación virtual sugería. Twitch maldijo mientras escuchaba acercarse a los programas de seguridad y estaba seguro que si le cogían los filos negros de sus katanas y serían tan dolorosos como parecían.

Twitch giró el cuchillo una vez más y esta vez consiguió rasgar el papel lo suficiente para poder pasar por la abertura. Twitch echó un vistazo rápido antes de meterse de cabeza por el agujero que acababa de hacer. Dentro había una pequeña sala con una mesa baja en su centro. A su alrededor había sentadas dos geishas completamente inmóviles a mitad de lo que Twitch supuso sería la ceremonia del té. Twitch rodó por el suelo aprovechando la inercia para volver a incorporarse y corrió por encima de la mesa derribando las tazas de porcelana, las geishas siguieron sin reaccionar. Parecía que también allí habían apagado todos los programas…

No se quedó a considerar las implicaciones y continuó corriendo por la casa en busca de una entrada al sistema central. Justo detrás suyo estaban los programas de seguridad, mucho más rápidos de lo que su aspecto sugería. Twitch maldijo de nuevo, necesitaba quitárselos de encima si quería llegar al sistema central.

Uno de los samuráis intentó golpearle con un arma pesada similar a una espada pero de hoja mucho más gruesa. Twitch se apartó justo a tiempo y rebuscó en su gabardina comprobando los programas a su disposición. Tuvo que esquivar un par de golpes más hasta que finalmente encontró lo que quería, activó el programa y lo arrojó tras de sí formando una nube de humo que ocultase su retirada y se fue directo al lugar en donde se registraban los usuarios. Con suerte habría algún usuario al que pudiera suplantar…