jueves, noviembre 15, 2007

C78-Enma Christler, 21: 28

- Corre, no pares – se dijo a sí misma.

Le faltaba el aliento y le dolía el costado como jamás le había dolido en las sesiones de spinning del gimnasio. Y corría descalza, sin unas zapatillas de marca especialmente diseñadas para distribuir el peso de las pisadas y contar las calorías que quemaba al correr. Pero era mejor que los zapatos de tacón de aguja, por mucho que hiciesen que sus piernas parecieran más largas. Tampoco la falda de su traje de chaqueta blanco estaba pensada para correr y no había tenido más remedio que romper la costura trasera, aún cuando fuese a medida y de auténtico lino. Debía tener un aspecto lamentable, con el pelo rubio revuelto y manchada por la sangre de otros, pero en aquel momento no le importaba, lo único que importaba era alejarse de aquella cosa informe que se alimentaba de los cadáveres de periodistas y empleados de Infotech indiscriminadamente. Escuchó algo crujir a su espalda.

- No mires, sigue corriendo – le dijo su parte racional.

Pero años como periodista hicieron que girase la cabeza y activase la cámara de su retina. La cosa era una montaña semisólida de residuos fecales a la que le hubiesen crecido dientes. A su masa se habían añadido los miembros amputados de sus víctimas. Una advertencia en la retina le avisó de que no le quedaba memoria libre. La criatura agarró del cuello y del brazó al último guardia de seguridad que quedaba con vida y estiró. Enma maldijo sin dejar de correr.

Se escuchó otro crujido a la espalda pero esta vez no miró, ya había visto como aquella cosa le partía el cráneo a Steve, su cámara como si fuera una nuez. Solo podía correr. Sin importar si la sustancia húmeda y pegajosa que acababa de pisar era sangre o algo peor, sin importar que sus pulmones estuvieran a punto de explotar o hacia dónde correr. Lo único importante era salir de allí y alejarse de aquella cosa.

Debería haberme ido cuando comprobamos que no se podía emitir desde el edificio, pensó mientras giraba a la derecha en el primer desvío que parecía vacío. Pero no lo había hecho, había decidido quedarse e interpretar el papel de rubia tonta que sabía, haría que Thomas, el jefe de prensa de Infotech, le pasase algo de información. No era el primer reportaje que conseguía de ese modo. Menuda idiota. Casi podía imaginar a Steve con su sonrisa torcida, las rastas y su camiseta de “Fuck You” diciéndole: Te lo dije. Pero el cámara había sido uno de los primeros en morir.

Escuchó un grito ahogado y luego silencio. Ahora sólo quedaba ella, corriendo desorientada por los pasillos en busca de una salida, de cualquier tipo, que la sacase con vida de aquella pesadilla.

Giró un par de veces más a la derecha y volvió a encontrarse delante de la sala de prensa. Dudó un momento antes de entrar para esconderse bajo la mesa de conferencias con las rodillas abrazadas y aún temblando. Desde dónde estaba podía ver el cadáver de Steve o, al menos, lo que quedaba de él. Le habían destrozado la cara pero lo reconoció por las rastras que aún colgaban de la cabeza destrozada y por la camiseta, empapada en su propia sangre y manchada de la mierda que aquella cosa iba dejando tras de sí. Le habían arrancado las piernas y tenía la pelvis destrozada. Enma se llevó la mano a la boca intentando contener la nausea pero terminó por vomitar lo poco que aún le quedaba en el estómago.

Los otros cadáveres, periodistas, cámaras y guardias de seguridad, también habían sido mutilados de forma brutal, pero ahora todo estaba quieto, en silencio e incluso el aire, denso y viciado, parecía no moverse. Enma cerró los ojos y se concentró en su respiración y en reducir sus pulsaciones. Tenía que calmarse si quería salir de esta.

- Vale, piensa – se dijo.

Necesitaba una tarjeta de seguridad para usar el ascensor y las escaleras. Lo sabía por las otras veces en las que les habían retenido para que no dieran alguna noticia mientras negociaban con las cadenas. Thomas tenía una. Solía guardarla en la chaqueta de su traje de ejecutivo hecho a medida. Y si no recordaba mal, se la había quitado antes de servir las copas, en la sala VIP. Enma pensó que a Steve nunca le había gustado que fuera con él al privado, decía que era un pijo engominado, pero si no hubiese estado con él en la sala VIP ahora ella también estaría muerta.

No pudo evitar mirar el cuerpo de Steve y su camiseta de “Fuck You” se sentía culpable porque cuando la cosa había entrado su primera reacción fue orientar su bolso para que la cámara oculta enfocase hacia la sala de prensa. Y después, cuando había empezado a morir gente, se había quedado allí, paralizada del miedo y oculta tras el espejo falso del reservado. Al menos Thomas había intentado salir para dar la alarma. Y también estaba muerto, la cosa no entendía de trajes a medida, zapatos italianos o relojes caros. Enma sorbió los mocos y parpadeó para contener las lágrimas.

- Soy una chica de recursos, no puedo rendirme. - se repitió.

Respiró hondo una vez más y salió a gatas de debajo de la mesa mientras miraba con desconfianza la puerta doble que daba al pasillo. Luego cruzó la sala de prensa, intentando no pisar los cuerpos y las manchas de sangre que salpicaban la moqueta gris. Caminaba de puntillas, conteniendo la respiración y abrazándose como si sintiese frío.

Al otro lado, la sala VIP estaba vacía y limpia. Era como si la sangre y la porquería que arrastraba la cosa hubiesen pasado de largo. La música del hilo musical aún seguía sonando y un ambientador camuflado entre las flores de la mesita filtraba el aire. Entró y cerró la puerta tras ella. Junto al sofá, sobre el mueble bar, aún seguían las dos copas que Thomas había servido, un gintonic para ella y whisky con hielo para él. Su bebida era como su pelo engominado, pensó Enma. Y también estaba el bolso apoyado discretamente sobre uno del los brazos del sofá.

Necesitaba un trago, o mejor dos. Apuró de golpe lo que quedaba de su copa y después terminó también la copa de Thomas antes de coger el bolso y revisar su interior. El spray de pimienta no le iba a servir de nada, pero la cámara había seguido grabando. Pulsó el botón de stop y extrajo la grabación para esconderla en el bolsillo subcutáneo de su brazo. Estaba segura de que ninguna de las grandes cadenas iba a emitirlo. Miró de nuevo la sala de prensa a través del espejo falso. Resultaba difícil imaginar que ya no estaría detrás grabando, miró la camiseta y las rastas ensangrentadas y sintió vértigo, ahora estaba sola para contar lo que había pasado.

- Que se jodan. Que se jodan, las grandes cadenas.

Dejó el vaso de whisky vacío y rebuscó en los bolsillos de la chaqueta hasta encontrar la tarjeta de seguridad de Thomas, olía a gomina y perfume de hombre. Guardó la tarjeta en el sujetador y cogió la botella de vodka del mueble bar para beber un buen trago que le diese fuerzas. Luego, se obligó a mirar los cadáveres hasta encontrar lo que necesitaba.

Salió de la sala privada y fue hacia su objetivo. Era una mujer mulata de veintipocos y complexión fuerte, una de los guardias de seguridad. La cosa le había arrancado los brazos, pero aún conservaba las piernas y, más importante, aún tenía las botas del uniforme. A Enma le pareció que sus ojos sin vida la miraban mientras intentaba desabrochar sus cordones con dedos temblorosos. Robarle las botas a un cadáver, ahora estaba segura de que no podía caer más bajo.

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