jueves, noviembre 15, 2007

C75-Twitch, 21: 26

Twitch se pegó contra la pared y esperó a que los avatares de los dos corporativos desaparecieran. La red aquí ya no tenía un interfaz que simulase la realidad, sino que se había reducido a un conjunto de líneas rectas y formas geométricas todas de un color rojo intenso. En el lenguaje de la red, el rojo significaba un nivel de protección alto o, en otras palabras, problemas.


Los dos operadores corporativos no se habían percatado de su presencia. Uno de ellos parecía una mujer semidesnuda de piel color canela y una larga melena rizada y negra que le caía hasta la cintura. Llevaba una fina túnica blanca que se transparentaba y pulseras tintineantes en los pies. La mujer morena estaba clasificando una caja con prismas. Los sacaba, los revisaba y, la mayoría de las veces, los destruía. Solo en contadas ocasiones tomaba el prisma entre sus manos y este se iluminaba para desaparecer con un brillo dorado.


El otro operador parecía una esfera llameante de un color verde que solo se ve en las llamas químicas. La esfera parecía estar girando suspendida sobre una pared en la que había insertadas cientos de pequeñas pirámides de diferentes bases. Cada una de ellas era un archivo de datos diferente. Al igual que la mujer morena, la esfera de fuego destruía casi todas las pirámides que encontraba.


Twitch los observó destruir masivamente los prismas que representaban los programas y los ficheros de datos con forma de pirámide. Con cada objeto eliminado parecía que la red perdía consistencia, no era buena idea quedarse ahí mucho tiempo. Miró de otra vez, los operadores parecían absortos en su tarea de destruirlo todo. La esfera quemaba sin humo y la mujer morena los aplastaba entre sus manos, una y otra vez.


Twitch calculó sus rutinas y contó mentalmente: uno, dos, tres… entonces mientras la esfera llameante extraía un nuevo archivo y la mujer morena se inclinaba sobre la caja de prismas salió disparado hacia la conexión con el núcleo del sistema. Su imagen virtual apenas fue un borrón, pero a Twitch le pareció que la mujer morena había levantado la cabeza mientras pasaba.


No importaba, ya casi estaba. Pero de pronto la red a su alrededor pareció cambiar hasta convertirse en una habitación de techo alto y ventanas con arcos ojivales. El suelo parecía un entramado de azulejos que formaban estrellas entrelazadas y las paredes de yeso estaban decoradas con estilizada escritura árabe. Una ligera brisa entraba entre las celosías de madera caoba que cubrían las ventanas y le llevaban un ligero aroma a incienso y jazmín. Twitch maldijo, le habían desviado hacia un dominio desconocido.


Un poco más adelante, podía ver una puerta de la que provenía el olor a incienso y jazmín. Una luz cálida parecía atraerlo hacia allí. No tenía mucha alternativa, tenía que salir de allí si quería llegar al núcleo. Twitch se acercó hasta la puerta intentando no hacer ruido y pegado a la pared. Cuando estuvo junto a ella asomó un poco la cabeza y echó un vistazo rápido en la habitación.


La mujer morena estaba sentada de espaldas a la puerta sobre una gran cama de sabanas de seda rodeada por varia cortinas blanco traslucido. Tenía el pelo recogido pero salvo por un algunos rizos que caían sobre su espalda completamente desnuda. La túnica que había llevado antes estaba caída en el suelo, Twitch podría haberla cogido con solo estirar el brazo. Twitch se quedó completamente inmóvil observando aquella escena sacada de las mil y una noches.

Sin que Twitch hubiera hecho nada para llamar su atención, la mujer morena se dio la vuelta, sus pulseras de oro tintinearon al hacerlo. Entonces la mujer le miró. Tenía los ojos negros y delineados con Kohol, sus labios entreabiertos eran rojos. La mujer sonrió y apartó las cortinas de la cama.


- Bienvenido – su voz era un susurro acariciante.


Twitch se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración y se recordó que aquella mujer no era real, solo una proyección virtual del un operador que bien podía ser un gordo asocial con carencias sexuales. Al ver que no respondía la mujer se levantó despacio, exhibiendo su desnudez ante él al hacerlo. Con la misma lentitud caminó hasta una mesa baja de madera en un lateral y se inclinó sobre ella para coger una jarra y una copa. La mujer le miró de nuevo.


- ¿Un poco de vino?


Sin esperar respuesta sirvió algo de vino, una gota le salpicó la mano. La mujer morena dejó la jarra y la copa, le miró y lamió la gota sin dejar de mirarlo todo el rato.

Twitch observaba atónito. ¿Qué pretendía con todo esto? Entonces recordó que se había disfrazado con el usuario del otro programador y se preguntó si aquello era una especie de juego entre ellos, no hacía falta ser muy imaginativo para saber en qué consistía. Pero aunque Twitch no era ajeno al cibersexo, no tenía tiempo para eso ahora.


Twitch comenzó a rebuscar por la habitación ignorando a la mujer morena. En algún lugar debía encontrarse algo que le permitiera regresar al sistema. Entonces sintió las manos suaves sobre sus hombros y después el resto de su cuerpo contra su espalda.


- Relájate, tenemos tiempo… - bajo los ojos negros hacia su cuerpo y después volvió a mirarle.


Twitch dudó, no quería llamar la atención y el usuario al que había sustituido no habría rechazado la proposición. No podía negar que le apetecía, pero se le agotaba el tiempo.


- Aparta – respondió de mala gana y quitándosela de encima.
- ¿Pero qué diablos te pasa? - La mujer fue hacia la cama y se tendió boca arriba sobre ella. – Venga, uno rápido – ronroneó.

- Tenemos prisa – dijo al fin Twitch esperando que no se diera cuenta de que no era quien ella pensaba.


La mujer morena hizo un mohín y se levantó bruscamente haciendo que sus pulseras tintinearan.


- No me prestas atención – Twitch no se giró y siguió revolviendo los cajones - ¿qué diablos buscas?


Twitch comprendió que había cometido un error, la mujer sospechaba. Twitch se giró con una sonrisa forzada. La mujer morena estaba plantada frente a él con las manos sobre las caderas.


- Solo buscaba algo con qué animarnos – probó Twitch


La mujer entrecerró los ojos

- Tu no eres Mega – dijo señalándolo


Antes de que Twitch pudiera pensar una respuesta, la mujer morena hizo aparecer unas cimitarras de hoja negra en la que había escrito algo en árabe en un color rojo sangre. Le habían pillado


- Me temo que no – dijo Twitch mientras esquivaba el primer golpe.


La mujer atacaba con rapidez haciendo que las cadenas de sus tobillos resonasen con cada movimiento. Twitch sacó la pistola pero a mujer se mantenía pegada a él, sin darle espacio para apuntar. Blandía las cimitarras con destreza y sabía lo que hacía. Fintó a la derecha mientras desviaba la pistola con la cimitarra de la izquierda. Twitch se giro justo a tiempo para encararla, pero no pudo evitar el golpe por completo. La hoja de la cimitarra cortó el muslo de su avatar, Twitch cayó al suelo. Fuera de la matriz su cerebro había recibido una descarga eléctrica. El dolor fue tan real dentro como fuera de la matriz. Twitch gritó y la mujer morena sonrió burlona.

- Debiste haber aceptado mi invitación – dijo colocándose sobre él y apoyando el pie en su pecho.


Entonces la vio, una llave dorada colgando de la pulsera en su tobillo izquierdo. Su pistola había caído a un metro de él y le costaba concentrarse, le dolía la cabeza y pensó que debía tener el parte cerebro y los chips quemados. La mujer levantó una de las cimitarras sobre su cabeza. El dolor desapareció y fue vagamente consciente de que fuera de la red debían haberle curado o puesto un parche con estimulantes. No importaba, Twitch sujetó la pierna que la mujer tenía sobre él y después tiró. La mujer perdió el equilibrio y ambos rodaron por el suelo en un forcejeo.

La mujer morena era mucho más fuerte de lo que su aspecto parecía indicar, pero mientras estuviesen tan pegados no podía utilizar las cimitarras. Twitch la pegó un puñetazo en la nariz y comenzó a sangrar. La mujer soltó las cimitarras, le agarro el cuello y comenzó a estrangularlo. Twitch intentó soltar su presa, pero era imposible, luego la golpeó en la cara. Pero la mujer morena se negaba a soltarlo y se estaba quedando sin aire. Entonces se fijó que su pistola estaba a solo medio metro de ellos. Tenía que jugársela…


Twitch giró sobre sí mismo empujando a la mujer. Seguía agarrándole el cuello, pero ahora Twitch tenía la pistola a su alcance. Twitch alargó la mano para coger la pistola, sus dedos rozaron la culata. La mujer miró lo que estaba haciendo y le soltó intentado coger también la pistola, pero era demasiado tarde, Twitch aprovechó aquello para estirarse y coger la pistola. En un solo movimiento apuntó a la cabeza y apretó el gatillo volándole la cara a la mujer morena.


En algún sitio debía haber un operador con el cerebro frito, aquello no iba a pasar desapercibido. Twitch se quitó el cuerpo de la mujer de encima y se frotó el cuello.

- Va, seguro que era un gordo. – se dijo - Ahora vamos a ver para qué sirve esa llave…

Twitch arrancó la cadena del tobillo y miró a su alrededor. Tenía que haber una cerradura para aquella llave. Pero ¿dónde? Twitch miró a su alrededor, la cómoda que él había revuelto tenía todos los cajones abiertos. La jarra y la copa de vino habían caído durante el forcejeo y el vino se había derramado sobre la alfombra. Twitch levantó la alfombra, pero debajo solo estaba el mismo suelo de azulejos que había en el pasillo. Soltó la alfombra y llegó hasta la cama en cuatro pasos. Apartó de golpe las cortinas y comenzó a apartar cojines de plumas. Por fin encontró lo que buscaba. Escondida entre los cojines había una cajita de madera con incrustaciones de marfil, su cerradura era dorada como la llave.


Introdujo la llave en la cerradura y todo, salvo la caja, se desvaneció. Volvía a estar junto a la habitación roja, aunque la esfera llameante ya no se encontraba allí y en los huecos de la pared donde habían estado las pirámides ya solo quedaban huecos vacíos. Twitch echó un vistazo a la caja en la que había estado trabajando la mujer morena, aún quedaban dos prismas sin destruir. Tras pensarlo un momento cogió los prismas y se los guardo en la gabardina.


Después abrió la caja y miró en su interior. Había unos pocos primas de color rojo en su interior y, lo más importante, los códigos de acceso al núcleo. Pero justo cuando Twitch iba a regodearse en su victoria, los muros de la pared comenzaron a caerse y desaparecer en la nada…

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