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jueves, noviembre 15, 2007

C105-Ghost, 23: 21

No estaba celoso, pero entre Zeph y Twitch había algo. Bastaba con ver la delicadeza con la que había acariciado su nuca, el cruce de miradas y cómo le había protegido. No podía sacárselo de la cabeza y eso había hecho que estuviese a punto de perderla.

Porque no era fácil seguir a Zephyr. Las sombras se alargaban cuando ela pasaba, casi como si la abrazasen. Parecía que era parte de la calle, igual que la farola rota de la esquina, el cubo de basura tirado sobre la acera y su contenido desparramado o las pintadas de las paredes. De no haberla estado buscando habría sido fácil no verla. O mejor dicho, pasarla por alto como hacía con el resto del mobiliario urbano.

No era la primera vez que la seguía. Hacía tiempo que Gunner y él habían acordado tenerla controlada. No es que no confiara en Zeph, bueno, eso también pero sobre todo era por Pinki. Brake la usaba para extorsionarla, eso lo sabía todo el mundo. Lo que no sabía tanta gente era que se escondía tras el Koreano. La había seguido un par de veces hasta el Dragón dormido pero aún no sabía qué se traía con él. Y eso sí era preocupante.

Salvo él, nadie parecía haber notado a la elfa vestida de cuero cuando lo normal habría sido que atrajese todas las miradas, como en el club. Pero ninguno de los raperos apoyados sobre las escaleras del portal había dicho nada cuando pasó por la acera de enfrente. Los punkis del parque ni siquiera habían levantado la cebeza mientras cruzaba la zona de columpios rotos que estaba junto a su banco. Tampoco nadie la molestó mientras atravesaba la calle larga y poco iluminada donde solían ponerse las prostitutas. Aunque al llegar, se detuvo por un momento, como si buscara a nadie.

Claro que en esta ocasión no buscaba a su hermana como las otras veces. Esta vez Pinki estaba con Ezequiel y él le conocía lo suficientemente bien como para saber que estaba segura. Después de todo el shamán perro era tan protector que podía resultar agobiante. En parte por eso lo había dejado. Incluso aunque el sexo era bueno, en ocasiones parecía su padre. Todo lo contrario que Zeph, que nunca se molestaba en decirle qué diablos quería de él.

Zephyr salió de las sombras y se acorcó a dos prostitutas. La primera, una troll con unos cuernos impresionantes que sobresalían de una larga melena trenzada y un rostro casi humano salvo por los colmillos, la recordaba de otras veces. Solía estar desocupada porque no debía tener muchos clientes, solo otros trolls y fetichistas, supuso. La troll abrazó a Zephyr como si fuera una vieja amiga.

La otra no le sonaba de nada. Era una humana con el pelo teñido de pelirrojo a la que empezaban a verse unas raíces negras. Se cubría con un abrigo largo que solo dejaba ver unas botas de tacón. Pero lo que llamaba la atención de ella era los moratones y el labio partido que ni siquiera el maquillaje conseguía ocultar.

Desde el portal donde estaba no podía escuchar lo que decían y la multitud de conversaciones en la calle generaba un murmullo constante que hacía inútiles los sistemas de escucha.

La troll dejó a Zephyr en el suelo y se puso en cuclillas para poder hablar a la misma altura que ella y la otra prostituta. La elfa necesito ponerse de puntillas para poder hablarle al oído y eso que apenas era un palmo más baja que Ghost. La troll negó con la cabeza agitando las trenzas a su espalda. Luego, Zephyr abrió su gabardina de cuero negra y sacó una bolsita de plástico del interior. Hierba, como las otras veces. La troll se guardó la bolsita de hierba en el escote de su corsé.

La pelirroja teñida también hizo un gesto de negación. Zephyr asintió y la cogió por la barbilla, girándole la cara para ver mejor las contusiones a la luz tenue de una farola. Tras ella, la troll se encargaba de alejar a los potenciales clientes. A continuación la pelirroja abrió su abrigo dejando que Zephyr la examinase.

Un coche deportivo rojo paró delante de ellos y Ghost tuvo que cambiar de posición para no perder a Zephyr de vista. Cruzó la calle agachado y se escondió tras una camioneta con los amortiguadores estropeados y las ventanas cubiertas de vaho. En el interior podían escucharse gemidos y gruñidos que no dejaban dudas a lo que estaba pasando dentro.

Desde su nueva posición pudo ver que del deportivo rojo había bajado un hombre trajeado que señalaba a Zephyr mientras agitaba un puñado de billetes bajo la enorme nariz de la troll. La troll no se movió de sitio, bloqueando su paso con su cuerpo grande y fornido, las trenzas de su espalda se movían cada vez que se negaba a apartarse. Tras ella, Zephyr seguía examinando a la pelirroja, ignorando el jaleo que estaba montando el hombre trajeado.

El fajo de billetes del hombre atrajo la atención de otras prostitutas que rodearon al hombre y empezaron a sobarle intentando atraer su atención. Ghost vio como una sonrisa burlona se dibujaba en el rostro de Zephyr mientras el hombre era acosado hasta verse obligado a regresar a su coche entre gritos de “Estúpida troll”.

Los amortiguadores de la camioneta tras la que estaba escondido dejaron de quejarse. Ghost maldijo mientras buscaba a toda prisa otro lugar para esconderse. Zephyr estaba mirado en su dirección entrecerrando sus ojos azules. Se tiró al suelo justo antes de que las puertas traseras de la furgoneta se abriesen y rodó entre las ruedas justo cuando unos zapatos de plataforma pisaron el asfalto. Rápidamente se arrastró bajo la furgoneta intentando salir por el otro lado sin que lo viesen.

El ruido del motor de la furgoneta hizo que maldijese. No tenía alternativa, sacó el cuchillo y rajo el neumático delantero del lado del conductor y luego rodó sobre sí mismo para salir por el otro lado de la furgoneta. Una vez ahí se levantó y fue agachado hasta el portal más próximo.

Cuando quiso darse cuenta, no se veía a Zephyr por ninguna parte. La prostituta pelirroja estaba apoyada sobre la pared fumando un cigarrillo. Ya no tenía ni moratones ni el labio partido y su abrigo, ahora entreabierto, dejaba ver un cuerpo sano apenas oculto por un vestido corto.

A cierta distancia pudo ver a la troll abriéndose camino entre la gente con sus trenzas moviéndose a su espalda. Tomó una decisión rápida y comenzó a seguir a la troll a cierta distancia. Cuando empezó a despejarse la gente, vio que había estado guiando a Zephyr hasta un coche utilitario gris. Ghost maldijo de nuevo, no había forma de poder seguirla sin que se diera cuenta.

No le quedó más remedio que esperar a que se hubiera ido antes de acercarse a la Troll. Pese a que le sacaba fácil más de un metro de altura estaba seguro de que si lo necesitaba podría vencerla en combate. Además, tenía la pistola si las cosas se ponían feas.

Salió de su escondite fingiendo que venía de la otra dirección y se aproximó a la troll. Ella le miró de forma apreciativa, aunque probablemente lo hacía con todos los que se le acercaban, era su trabajo. Sonrió ampliamente de forma amistosa.

- Estoy buscando a una persona – levantó la mano para interrumpirla y saltarse la típica charla para coger clientes – es una persona concreta.

La troll se puso en cuclillas como había hecho para hablar con Zephyr y le miró a la cara.

- Los chicos guapos como tu nunca vienen a buscarme ¿Cuánto?

- ¿Cómo?

- Cuánto por ayudarte a encontrarla

Parecía que la troll no era tan estúpida como había pensado el del deportivo rojo. Imagino que la escasez de clientes hacía que tuviera que sacar dinero de otras fuentes. Y puede que de eso fuese lo de la hierba. No tenía ni idea de cuanto decirle de modo que dijo el doble de un soborno normal.

- Doscientos - la troll silbó

- Debe de ser buena

- No lo entiendes es una amiga – la troll le miró escéptica

Tras dudarlo unos momentos Ghost decidió jugársela. Además, aún cuando esta troll no fuera completamente estúpida tampoco solían ser muy brillantes…

- Es sobre su hermana, es urgente.

- ¿Su hermana? – Había captado su atención.

- Si, su hermana es una elfa con mechas rosas. Vi como Brake se la llevaba a rastras.

La troll cerró el puño y arrugó el ceño.

- ¡Maldito orco! Tengo que avisar a Zeph.

La troll se levantó y salió de allí a toda prisa sin esperar a la reacción de Ghost. Tampoco se dio la vuelta para mirar a tras. Si lo hubiera hecho, tal vez habría visto la sonrisa del elfo que ahora tenía alguien mucho más fácil de seguir…

C98-Ghost, 23:09

Derrapó justo antes de estrellarse contra el muro de hormigón que rodeaba el complejo. Las balas perforantes de la ametralladora pesada acribillaron el lugar donde el todoterreno negro había estado hacía un instante. El helicóptero estaba justo detrás y apenas había comprado unos segundos de tiempo.

- Yo conduzco

Ghost maldijo el momento en el que lo había dicho. En su momento había parecido una buena idea, pero con dos helicópteros pegados a su culo la cosa cambiaba. Mucho. La carretera estaba cortada unos metros más adelante por escombros y los restos de otro helicóptero, el que había conseguido engañar para que se acercase a la torreta. Pero ese truco no funcionaría dos veces.

Justo detrás, el helicóptero giró, estaba muy cerca pero no lo suficiente como para lanzarles una granada. Morgan abrió la ventana del todoterreno y sacó medio cuerpo fuera.

- Sigue recto.

Disparó tres veces sin éxito. Ghost seguía viendo el helicóptero y su piloto por el retrovisor y estaban a punto de empotrarse contra los restos aún calientes del otro helicóptero.

- Sujétate.

Dijo entre dientes. Frenó el coche de golpe y giró trescientos sesenta grados. Ahora tenía al helicóptero de frente. Aceleró de golpe, intentando no dar tiempo al artillero a reajustar su puntería.

- Apunta al rotor de cola – gruño Gunner entre dientes.

- ¿Rotor de cola? – Morgan se sujetaba con un brazo al coche mientras con el otro intentaba apuntar con su fusil.

- La hélice trasera.

Más disparos mientras pasaban por debajo del helicóptero y ¿dónde estaba el segundo? Lo había perdido de vista tras pasar bajo un puente pero debía estar cerca, no creía ni por un segundo que se hubiese olvidado de ellos.

- ¿Zeph…?

No tuvo que completar la pregunta. Zephyr estaba pálida aunque ya no sangraba. Era evidente que estaba agotada, pero seguía con la mirada perdida.

- Por la derecha

- ¿Puedes…?

- No lo sé… tenemos que llegar a la ciudad.

A su lado Morgan gritó triunfante justo cuando el segundo helicóptero aparecía por su derecha. Por el retrovisor pudo ver cómo el helicóptero que los seguía había giraba sin control aunque la inercia hacía que fuese a estrellarse justo encima de ellos. No tenía hacia dónde girar ni tiempo para pensar. Reaccionó por instinto, era como si otra parte de él, la parte que tanto se esforzaba por suprimir, hubiese tomado el control. Era Coyote. Frenó bruscamente y dio marcha atrás. El helicóptero descontrolado pasó por encima de sus cabezas mientras el aullaba.

El otro helicóptero se vio obligado a apartarse para que no se lo llevase por delante. Ghost giró bruscamente y aceleró dirigiéndose hacia los callejones estrechos entre los almacenes que habían pasado hacía un rato. Morgan estuvo a punto de caer fuera y se metió en el coche incapaz de mantenerse sujeta con medio cuerpo fuera. Conducía de forma salvaje, sin un destino o propósito claro, sólo por el placer de la velocidad.

- ¿Pero qué cojones le pasa? – protestó Morgan

El mercenario estaba en el asiento trasero, ocupándose de recargar las armas de Morgan, pero las balas se habían caído por el suelo del todoterreno.

- Las puertas del complejo siguen cerradas.

Informó Twitch desde el maletero mientras se sujetaba lo mejor que podía para no golpearse contra las paredes del coche. En el asiento trasero Zephyr estaba sonriendo.

- Bienvenido hermano Coyote – murmuró.

Ghost notó un cosquilleo recorrer su espalda, podía sentir más que ver el helicóptero. Sabía que tenía problemas para seguirle por las callejuelas estrechas y que, por eso, había tenido que ganar altura. Esa era su oportunidad de perderlo. Frenó.

- ¡Bajad!

- ¿Cómo? – Gruó Gunner

- ¡Qué bajéis! – repitió, aunque Zephyr ya estaba abriendo la puerta. – Buscan un vehículo, estamos cerca del muro, haremos el resto a pie.

- Esto es una locura… - gruño Gunner. – Maldito elfo psicópata.

Ghost bajó del coche mientras Twitch abría el maletero en el que iban Amanda y él. Morgan se bajó y abrió la puerta de Gunner mientras el mercenario seguía protestando. El ruido del helicóptero se estaba acercando, Twitch y Zephyr corrieron hasta el almacén más próximo seguidos de Christler. Morgan se cargó a Gunner y corrió para alcanzarlos. Ghost se quedó agazapado a unos metros del Todoterreno y olisqueó el aire, ya casi estaba encima.

Trepó por la pared del almacén y esperó en el tejado. Justo cuando el helicóptero localizó el coche y sus ametralladoras pesadas convirtieron el Todoterreno en chatarra, lanzó la granada. El cazador se había convertido en cazado, pero la euforia de Ghost se desvaneció rápido, odiaba ser el Coyote, él no era así. No lo era, se repitió. Pero lo cierto era que últimamente no estaba tan seguro. Maldita Zephyr, nunca tendría que haberla acompañado en su viaje espiritual. Ahora ya era demasiado tarde, volvía a ser el Coyote. Ezequiel estará contento pensó con amargura.

C83-Ghost, 22: 11

“Perder el control termina matándote”. Se lo había enseñado el propio Gunner cuando todavía no tenía canas ni un brazo mecánico. Entonces Ghost sólo era un novato intentando sobrevivir en las calles y él era considerado uno de los mejores, con el mejor equipo y los mejores implantes. Era él quien le había enseñado a mantener la sangre fría. ¡joder! Ni siquiera la primera vez que Zephyr le provocaba, o Twitch, o incluso él mismo. Algo estaba muy, muy mal.

Y a juzgar por su expresión, Zephyr tampoco había esperado que Gunner cargase de ese modo contra el espíritu tóxico. Morgan fue la primera en reaccionar después de que una montaña de mierda cayese sobre Gunner, literalmente. Su cuerpo musculoso y bien formado se movía con la rapidez y precisión de una máquina, lo que no debía estar muy lejos de la realidad. Gunner habría matado por conseguir unos implantes como esos. Ghost la vio cortar la masa de porquería con el cuchillo de Zephyr, el corte parecía sangrar.

Miró para asegurarse que Zephyr estaba bien y fue tras Morgan a intentar sacar a Gunner de ahí. Desde que habían entrado Zephyr había estado ausente, con sus ojos azules perdidos en el infinito, más pendiente del mundo espiritual que de este. Esperaba que ahora estuviese con ellos, pero su mirada le eludió.

En cualquier caso no era el mejor momento para comerse la cabeza intentando comprender qué diablos pasaba por su cabeza. Ese era siempre el problema con los shamanes. Tenían un modo diferente de entender la vida, todo era más intenso, adictivo, hasta que empezaban con el rollo espiritual. Entonces no había quién les entendiese y parecía que ya no estaban allí, contigo, sino mucho más lejos.

Ghost buscó un punto donde el ki de la criatura fuese más débil y después concentró su golpe en aquel punto. La potencia del impacto creó un boquete en la masa el tiempo suficiente como para que viese la mano del brazo metálico de Gunner asomando entre ella. Reaccionó con rapidez, lo sujetó por la muñeca y tiró con fuerza. Pero sólo salió el brazo, manchado de sangre y con el extremo en el que se unía al hombro lleno de cables ensangrentados.

Ghost maldijo y golpeó de nuevo al espíritu con rabia mientras un proyectil de luz parecía derretir parte de la porquería. Junto a él, Morgan seguía haciendo cortes alrededor del centro con el cuchillo. El tamaño del espíritu se había reducido y, a su alrededor, trozos de mierda salpicaban todo. Pero tenía suficiente tamaño para contraatacar. Ghost saltó justo a tiempo de esquivar un tentáculo hecho de cables rotos y trozos de metal. Aún en el aire giró sobre sí mismo y golpeó con todas sus fuerzas. Los cables y el metal cayeron inertes al suelo.

Al otro lado, la porquería trepaba por la pierna de Morgan, pero ella tenía una expresión de determinación y seguía cortando de forma metódica. Otro proyectil de luz golpeó la masa y se escuchó un gruñido de dolor. Medio segundo después vio como Morgan sujetaba a un Gunner ensangrentado por el pecho y tiraba de él intentando sacarlo. La masa de porquería llegaba ya hasta la mitad de su muslo y rozaba su otro pie.

Necesitaba distraer al espíritu, atraer su atención para que pudiesen sacarles. Cerró los ojos un segundo y vació su mente de distracciones antes de abalanzarse sobre la montaña de deshechos golpeando una y otra vez, sin preocuparse por esquivar o bloquear los ataques, sólo en causar el mayor daño posible. Estaba en trance, y había dejado de ser consciente de le rodeaba. Solo sentía al espíritu morder y varias heridas sangrando. Pero la adrenalina mitigaba el dolor y su voluntad le impulsaba a seguir golpeando una y otra vez.

Hasta que la manifestación del espíritu, aquella gran montaña de mierda, dejó de moverse. Entonces recuperó los sentidos. Zephyr estaba arrodillada junto a Gunner, el pelo oscuro había vuelto a escapar de la trenza y ocultaba su rostro. Gunner no sólo había perdido el brazo mecánico, ahora también le faltaban parte de la pierna derecha y tres dedos de la mano, pero al menos seguía vivo.

Morgan estaba agachada a un lado y se estaba vendando la pierna con la misma expresión determinada que tenía mientras acuchillaba una y otra vez la masa de basura. Y Twitch seguía sujetando a Christler junto a las escaleras. Ghost caminó hacia Zephyr y se dejó caer a su lado y comenzó a limpiarse.

- Dime que ese era el espíritu que tenías que destruir.

Zephyr no le miró, seguía vendando las heridas que su magia no había podido curar, los puntos en los que la maquina había sustituido a la carne.

- Es culpa mía, tenía que haberos dicho que os fuerais en el vestíbulo… – Ghost le apartó un mechón de pelo.

- Pero estamos vivos.

- Ese era el espíritu del edificio. – Zephyr le miró, estaba asustada.

- ¿Desde cuándo…?

- El elemental lo cambio – le interrumpió - ¿Lo entiendes? Lo mejor es que os marchéis.

- ¿Y tú qué? – Zephyr tragó saliva

- Yo me quedo – su voz era apenas un susurro – Terminaré lo que he empezado.

- Ni de coña, te vienes con nosotros.

Zephyr hizo una mueca de dolor y Ghost se dio cuenta que estaba apretando su brazo. Ghost aflojó un poco su presa. Zephyr sostuvo su mirada y adoptó una expresión terca.

- ¿Pero de qué coño estás hablando, Zeph? – Twitch se acercó hasta ellos y se colocó tras Ghost. – Nadie va a quedarse.

- Tenéis que iros – insistió. – Si le lleváis a una clínica sobrevivirá.

Morgan levantó la cabeza con su vendaje aún a medias y los miró desde dónde estaba.

- Sigo sin entender porqué tienes que quedarte – Zephyr la miró desafiante.

- Porque si no destruyo a lo que corrompió ese espíritu vais a tener uno de esos en cada maldita calle de la maldita ciudad – dijo señalando los restos de la montaña de mierda. - Luego volvió a Mirar a Ghost - ¡Joder! Pensé que tú lo entendías.

Ghost asintió con la cabeza a su pesar. No dejaba de preguntarse porqué tenía que ser ella la que se enfrentase al elemental, pero si había aprendido algo con Ezequiel era que no había forma de hacer cambiar de idea a un shaman cuando se trataba de espíritus. Pero si se quedaba sola no saldría de allí con vida. Cerró los ojos arrepintiéndose de lo que iba a hacer.

- Si te quedas yo también me quedo.

C76-Ghost, 21: 26

Twitch aún seguía conectado mientras Zephyr hacía lo que podía para que los chips quemados no le frieran el cerebro. Ella estaba inclinada sobre Twitch con un escalpelo en la mano y un algodón empapado en yodo en la otra. Un mechón de pelo oscuro se había escapado de su trenza pero ella parecía no darse cuenta mientras cortaba la carne quemada para intentar extraer el trozo de metal y plástico fundido en que se habían convertido la mitad de los chips.

No tenía buena pinta, podía oler la carne quemada incluso desde la puerta en la que hacía guardia. Y no era lo único que olía mal. Desde el piso de arriba le llegaba el olor a sangre, pólvora y putrefacción. Ya no le llegaban sonidos desde el piso de arriba, pero no sabía si eso era una buena señal.

Ghost echó un vistazo rápido hacia las escaleras metálicas que ascendían en espiral en el centro de la pirámide. Nada. Tampoco había signos de actividad en la recepción. Desde dónde estaba podía ver el hueco de los ascensores. Habían hecho las paredes de cristal para permitir ver el edificio mientras subían. Los de Infotech se habían gastado la pasta en aquel edificio y ahora parecía desierto. Pero él sabía que habría problemas. Los shamanes siempre habían tenido esa capacidad para complicarlo todo.

Ghost miró de reojo a Zephyr, tendrían que haberse largado, pero ella no lo haría. Zephyr había cogido unas pinzas con las que tiraba de un trozo ennegrecido de metal. Junto a ella había varios chips quemados y al algodón, ahora manchado de sangre y pus. Cuando Twitch saliese de la red le iba a doler, lo sabía por experiencia, casi podía sentir la herida ardiendo…

De pronto, uno de los ascensores comenzó a bajar a toda velocidad. Ghost hizo una señal a Gunner y Morgan, después se colocó de modo que tuviese un buen ángulo de tiro y apuntó. Lo que vio con la mira hizo que maldijese. Definitivamente aquello no era humano, puede que lo hubiese sido, pero ya no. Tenía cuerpo de mujer pero su piel se había vuelto de un gris verdoso, como si estuviera cubierta por algún tipo de hongos. Parecía como si le hubiesen arrancado media cara y de la herida brotaba un líquido verde oscuro, casi negro. Sólo le quedaba un ojo del que salía el mismo líquido, como si fueran lágrimas. El ser se giró y agachó la cabeza. Fuera lo que fuera les había visto.

- ¿Qué es eso? – preguntó Morgan.

Gunner amartilló la pistola manualmente, pese a que el conector lo hacía innecesario.

- No lo sé, pero lo voy a freír a tiros.

Ghost no se movió y mantuvo el arma en alto. Hasta que el ascensor se detuvo y se abrieron las puertas. La criatura sonrió con la mitad que le quedaba de boca mientras la acribillaban. Su cuerpo se tambaleó por la ráfaga y luego comenzó a andar hacia ellos, sin prisa. De las heridas de bala rezumaba más de aquel líquido oscuro. El líquido, denso y viscoso, también se movía hacia ellos.

Gunner soltó un par de cargadores y recargó sus pistolas mientras Morgan seguía disparando, mientras el líquido se extendía. Olía a vertedero. Ghost bajó el arma y buscó una de sus granadas de fósforo. No se paró a hacer cálculos, la cosa ya estaba demasiado cerca.

La granada rodó por el suelo hasta quedarse a unos centímetros de los pies de la criatura. Tres, dos, uno, contó mentalmente. Todo se cubrió de fuego y humo negro. Aún envuelta en llamas la criatura dio un par de pasos antes de desplomarse y luego intentar arrastrarse hasta ellos. Pero no llego mucho más lejos.

Ghost permaneció en tensión viendo cómo ardía la cosa. Gunner se acercó hasta Zephyr a grandes zancadas y la agarró del hombro.

- ¿Qué cojones era eso? – preguntó Gunner.

Su mirada se cruzó durante un instante con la de Zephyr antes de que ella apartase la mirada y fingiese estar vendando el cráneo de Twitch.

- No lo sé, – respondió sin levantar la cabeza – puede que algún retrovirus nuevo.

- Vale, esto no estaba en el contrato, larguémonos. – dijo Gunner.

Zephyr siguió vendando el cráneo de Twitch, pero Ghost se fijo en cómo apretaba los labios por un segundo antes de responder.

- Entonces no cobramos.

- ¡A la mierda! Mejor pobres vivos que ricos muertos. Esto – dijo señalando los restos aún ardiendo de la criatura – no es normal. ¡Ni siquiera le afectan las balas!

Zephyr terminó de vendar la cabeza de Twitch y miró a Gunner. Sus ojos azules reflejaron las llamas. Ghost sabía lo que iba a decir.

- Yo me quedo.

Ghost maldijo, sabía que era mala idea liarse con Zephyr, los shamanes siempre se las arreglaban para meterte en líos. Pero aunque se arrepintiese sólo pudo responder una cosa.

- Yo también.

C72-Ghost, 21: 24

Había sonado como un cuerpo golpeando contra algo. Ghost se aseguró de que Zephyr no le seguía y comenzó a subir las escaleras pegándose a la pared para que no pudieran verle si miraban. Había cámaras de seguridad en las esquinas y aunque parecían inutilizadas no quiso arriesgarse y utilizó un generador de estática. Eso le daba el tiempo justo para subir y joder las cámaras.

La escalera ascendía enroscándose hasta perderse de vista, pero Ghost solo subió un par de pisos antes de encontrar el origen del sonido. Tirada en mitad de la escalera y con un brazo colgando por el borde había una mujer. Sus ropas estaban manchadas con sangre y una de sus piernas estaba torcida en un ángulo extraño. Ghost no podía ver si respiraba o no porque su pelo le ocultaba el rostro.

Ghost llegó hasta dónde estaba el cuerpo y pasó por encima. La puerta que daba al segundo piso estaba entre abierta y podía escuchar un ruido húmedo al otro lado. Con mucho cuidado se acercó a la puerta y miró por la rendija. Había un hombre con el uniforme de seguridad agachado sobre otro. Por un momento pensó que intentaba ayudarlo, pero luego vio que le había arrancado un brazo y había comenzado a morderlo.

Sin llegar a creerse lo que acababa de ver, sacó su pistola y se cercionó de que tuviera el silenciador puesto. Apuntó a la cabeza del guardia pero antes de que pudiese disparar un gemido a sus pies hizo que el guardia mirase en su dirección. Los ojos del guardia estaban inyectados en sangre y Ghost dudaba que quedase algo humano en el. Apretó el gatillo varias veces antes de que el guardia se tambalease y cayese.

Disparó una vez más al cráneo para asegurarse de que estaba muerto y regresó a las escaleras. La se había girado y le miraba suplicante.

- A… ayuda – consiguió decir.

- No me jodas… - pensó Ghost – No es mi problema. – se dijo.

Pero la mujer seguía mirándolo, era evidente que sufría. Ghost maldijo y levantó una vez más el arma antes de dispararle entre los ojos.

- Esto es lo mejor que puedo hacer por ti – pensó antes de regresar escaleras abajo.

C60-Ghost, 20: 34

Los más de seiscientos metros de la pirámide de cristal se cernían sobre él, visto desde cerca parecía como si el rascacielos fuese a derrumbarse sobre él. Y eso le recordó más de lo que le hubiera gustado el viaje que había hecho al plano astral, no era un sitio al que quisiera volver. Pero a pesar de ello allí estaba, a solo unos metros de una de las barricadas que los guardias habían construido para cortar las calles.

Desde su posición podía ver los restos de un vehículo destrozado que algún infeliz habían intentado usar para alcanzar el rascacielos. Los guardias estaban bien equipados y habían montado un par de ametralladoras pesadas en cada una de las barricadas. Hasta un troll se lo pensaría con eso delante y eso que los trolls eran fuertes y estúpidos. Definitivamente, entrar por la fuerza quedaba descartado.

Pero entrar de un modo sigiloso tampoco iba a resultar fácil. Morgan le había descrito los alrededores y posibles puntos débiles en su defensa, pero aquello parecía un avispero. Había guardias por todas partes y, lo que más le sorprendió, algunos parecían enfermos. En condiciones normales eso le habría alegrado, pero después de lo que le había contado Zephyr no estaba tan seguro de que fuera algo bueno…

- En la parte de atrás había una cafetería que esta comunicada con la torre. – dijo Morgan devolviéndole a la realidad.

Empiezo a parecerme a Zephyr, pensó, no era normal que se distrajese de aquel modo. No era buen momento para ponerse a pensar sobre espíritus.

- ¿Crees que estará más despejada?

- Es posible, – dijo Morgan pensativa. – si no va a ser realmente complicado entrar. ¿Qué hacéis en estos casos?

- Esperar que haya suerte. – Ghost se permitió sonreir un poco.

Se acercó todo lo que pudo a la cafetería. De las tres entradas que había al rascacielos era la que parecía menos vigilada, pero no podían confiarse. Si alguien daba la alarma estaban jodidos. El edificio de la cafetería estaba unido a la base del rascacielos y Morgan aseguraba que había una entrada en el interior. Pero aún quedaba el problema de llegar hasta allí.

La cafetería se encontraba a unos tres metros de la calle cortada. Había unos seis guardias vigilando los alrededores, pero al menos parecía que no estaban prestando demasiada atención. Uno de ellos tosía sangre violentamente y el resto le evitaban como la peste. Ghost permaneció agachado estudiando los movimientos de los guardias. No tuvo que esperar mucho, un nuevo ataque de tos hizo que el guardia enfermo expulsase otro pedazo de sus pulmones. Otro de ellos miro como tosía durante un rato antes de tomar una decisión.

- Vete dentro con los otros – por su tono de voz denotaba que se había hecho cargo del mando.

- Estoy bien, ya se me ha pasado. – consiguió decir el enfermo, había miedo en su voz. - ¿ves? Ya no toso

- Ve con los otros enfermos – insistió el nuevo líder – Necesitas descansar.

- Pero estoy bien, de veras – su voz tenía un tinte de desesperación mientras luchaba por contener otro ataque de tos.

- No pongas las cosas aún más difíciles – La amenaza era clara, si no se iba por las buenas lo haría a la fuerza.

El enfermo capituló y con cabeza gacha como la de un condenado a muerte se dirigió a un callejón lateral arrastrando lentamente los pies. El hombre se volvió un momento para mirar suplicante a sus compañeros antes de entrar en el callejón, pero la mirada del reciente líder seguía siendo dura, inamovible. Nadie más le devolvió la mirada y el hombre entro en el callejón.

Ghost siguió al moribundo hasta el callejón a una distancia prudencial. El callejón estaba parcialmente bloqueado por un cubo de basura derribado y con todo su contenido esparcido por el suelo. Allí solo había un lugar por el que el moribundo podía haber entrado. Era una puerta metálica que debía dar a la cocina de la cafetería. Nadie vigilaba aquella puerta y Ghost sabía porqué. La antigua cafetería era ahora una improvisada enfermería y morgue. Y nadie quería entrar ahí, porque los que lo hacían se daban por muertos.

Ghost no dudo. Era una apuesta arriesgada, pero le gustaba jugar duro. Casi pudo escuchar los dados rodando…