No estaba celoso, pero entre Zeph y Twitch había algo. Bastaba con ver la delicadeza con la que había acariciado su nuca, el cruce de miradas y cómo le había protegido. No podía sacárselo de la cabeza y eso había hecho que estuviese a punto de perderla.
Porque no era fácil seguir a Zephyr. Las sombras se alargaban cuando ela pasaba, casi como si la abrazasen. Parecía que era parte de la calle, igual que la farola rota de la esquina, el cubo de basura tirado sobre la acera y su contenido desparramado o las pintadas de las paredes. De no haberla estado buscando habría sido fácil no verla. O mejor dicho, pasarla por alto como hacía con el resto del mobiliario urbano.
No era la primera vez que la seguía. Hacía tiempo que Gunner y él habían acordado tenerla controlada. No es que no confiara en Zeph, bueno, eso también pero sobre todo era por Pinki. Brake la usaba para extorsionarla, eso lo sabía todo el mundo. Lo que no sabía tanta gente era que se escondía tras el Koreano. La había seguido un par de veces hasta el Dragón dormido pero aún no sabía qué se traía con él. Y eso sí era preocupante.
Salvo él, nadie parecía haber notado a la elfa vestida de cuero cuando lo normal habría sido que atrajese todas las miradas, como en el club. Pero ninguno de los raperos apoyados sobre las escaleras del portal había dicho nada cuando pasó por la acera de enfrente. Los punkis del parque ni siquiera habían levantado la cebeza mientras cruzaba la zona de columpios rotos que estaba junto a su banco. Tampoco nadie la molestó mientras atravesaba la calle larga y poco iluminada donde solían ponerse las prostitutas. Aunque al llegar, se detuvo por un momento, como si buscara a nadie.
Claro que en esta ocasión no buscaba a su hermana como las otras veces. Esta vez Pinki estaba con Ezequiel y él le conocía lo suficientemente bien como para saber que estaba segura. Después de todo el shamán perro era tan protector que podía resultar agobiante. En parte por eso lo había dejado. Incluso aunque el sexo era bueno, en ocasiones parecía su padre. Todo lo contrario que Zeph, que nunca se molestaba en decirle qué diablos quería de él.
Zephyr salió de las sombras y se acorcó a dos prostitutas. La primera, una troll con unos cuernos impresionantes que sobresalían de una larga melena trenzada y un rostro casi humano salvo por los colmillos, la recordaba de otras veces. Solía estar desocupada porque no debía tener muchos clientes, solo otros trolls y fetichistas, supuso. La troll abrazó a Zephyr como si fuera una vieja amiga.
La otra no le sonaba de nada. Era una humana con el pelo teñido de pelirrojo a la que empezaban a verse unas raíces negras. Se cubría con un abrigo largo que solo dejaba ver unas botas de tacón. Pero lo que llamaba la atención de ella era los moratones y el labio partido que ni siquiera el maquillaje conseguía ocultar.
Desde el portal donde estaba no podía escuchar lo que decían y la multitud de conversaciones en la calle generaba un murmullo constante que hacía inútiles los sistemas de escucha.
La troll dejó a Zephyr en el suelo y se puso en cuclillas para poder hablar a la misma altura que ella y la otra prostituta. La elfa necesito ponerse de puntillas para poder hablarle al oído y eso que apenas era un palmo más baja que Ghost. La troll negó con la cabeza agitando las trenzas a su espalda. Luego, Zephyr abrió su gabardina de cuero negra y sacó una bolsita de plástico del interior. Hierba, como las otras veces. La troll se guardó la bolsita de hierba en el escote de su corsé.
La pelirroja teñida también hizo un gesto de negación. Zephyr asintió y la cogió por la barbilla, girándole la cara para ver mejor las contusiones a la luz tenue de una farola. Tras ella, la troll se encargaba de alejar a los potenciales clientes. A continuación la pelirroja abrió su abrigo dejando que Zephyr la examinase.
Un coche deportivo rojo paró delante de ellos y Ghost tuvo que cambiar de posición para no perder a Zephyr de vista. Cruzó la calle agachado y se escondió tras una camioneta con los amortiguadores estropeados y las ventanas cubiertas de vaho. En el interior podían escucharse gemidos y gruñidos que no dejaban dudas a lo que estaba pasando dentro.
Desde su nueva posición pudo ver que del deportivo rojo había bajado un hombre trajeado que señalaba a Zephyr mientras agitaba un puñado de billetes bajo la enorme nariz de la troll. La troll no se movió de sitio, bloqueando su paso con su cuerpo grande y fornido, las trenzas de su espalda se movían cada vez que se negaba a apartarse. Tras ella, Zephyr seguía examinando a la pelirroja, ignorando el jaleo que estaba montando el hombre trajeado.
El fajo de billetes del hombre atrajo la atención de otras prostitutas que rodearon al hombre y empezaron a sobarle intentando atraer su atención. Ghost vio como una sonrisa burlona se dibujaba en el rostro de Zephyr mientras el hombre era acosado hasta verse obligado a regresar a su coche entre gritos de “Estúpida troll”.
Los amortiguadores de la camioneta tras la que estaba escondido dejaron de quejarse. Ghost maldijo mientras buscaba a toda prisa otro lugar para esconderse. Zephyr estaba mirado en su dirección entrecerrando sus ojos azules. Se tiró al suelo justo antes de que las puertas traseras de la furgoneta se abriesen y rodó entre las ruedas justo cuando unos zapatos de plataforma pisaron el asfalto. Rápidamente se arrastró bajo la furgoneta intentando salir por el otro lado sin que lo viesen.
El ruido del motor de la furgoneta hizo que maldijese. No tenía alternativa, sacó el cuchillo y rajo el neumático delantero del lado del conductor y luego rodó sobre sí mismo para salir por el otro lado de la furgoneta. Una vez ahí se levantó y fue agachado hasta el portal más próximo.
Cuando quiso darse cuenta, no se veía a Zephyr por ninguna parte. La prostituta pelirroja estaba apoyada sobre la pared fumando un cigarrillo. Ya no tenía ni moratones ni el labio partido y su abrigo, ahora entreabierto, dejaba ver un cuerpo sano apenas oculto por un vestido corto.
A cierta distancia pudo ver a la troll abriéndose camino entre la gente con sus trenzas moviéndose a su espalda. Tomó una decisión rápida y comenzó a seguir a la troll a cierta distancia. Cuando empezó a despejarse la gente, vio que había estado guiando a Zephyr hasta un coche utilitario gris. Ghost maldijo de nuevo, no había forma de poder seguirla sin que se diera cuenta.
No le quedó más remedio que esperar a que se hubiera ido antes de acercarse a la Troll. Pese a que le sacaba fácil más de un metro de altura estaba seguro de que si lo necesitaba podría vencerla en combate. Además, tenía la pistola si las cosas se ponían feas.
Salió de su escondite fingiendo que venía de la otra dirección y se aproximó a la troll. Ella le miró de forma apreciativa, aunque probablemente lo hacía con todos los que se le acercaban, era su trabajo. Sonrió ampliamente de forma amistosa.
- Estoy buscando a una persona – levantó la mano para interrumpirla y saltarse la típica charla para coger clientes – es una persona concreta.
La troll se puso en cuclillas como había hecho para hablar con Zephyr y le miró a la cara.
- Los chicos guapos como tu nunca vienen a buscarme ¿Cuánto?
- ¿Cómo?
- Cuánto por ayudarte a encontrarla
Parecía que la troll no era tan estúpida como había pensado el del deportivo rojo. Imagino que la escasez de clientes hacía que tuviera que sacar dinero de otras fuentes. Y puede que de eso fuese lo de la hierba. No tenía ni idea de cuanto decirle de modo que dijo el doble de un soborno normal.
- Doscientos - la troll silbó
- Debe de ser buena
- No lo entiendes es una amiga – la troll le miró escéptica
Tras dudarlo unos momentos Ghost decidió jugársela. Además, aún cuando esta troll no fuera completamente estúpida tampoco solían ser muy brillantes…
- Es sobre su hermana, es urgente.
- ¿Su hermana? – Había captado su atención.
- Si, su hermana es una elfa con mechas rosas. Vi como Brake se la llevaba a rastras.
La troll cerró el puño y arrugó el ceño.
- ¡Maldito orco! Tengo que avisar a Zeph.
La troll se levantó y salió de allí a toda prisa sin esperar a la reacción de Ghost. Tampoco se dio la vuelta para mirar a tras. Si lo hubiera hecho, tal vez habría visto la sonrisa del elfo que ahora tenía alguien mucho más fácil de seguir…
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