“Perder el control termina matándote”. Se lo había enseñado el propio Gunner cuando todavía no tenía canas ni un brazo mecánico. Entonces Ghost sólo era un novato intentando sobrevivir en las calles y él era considerado uno de los mejores, con el mejor equipo y los mejores implantes. Era él quien le había enseñado a mantener la sangre fría. ¡joder! Ni siquiera la primera vez que Zephyr le provocaba, o Twitch, o incluso él mismo. Algo estaba muy, muy mal.
Y a juzgar por su expresión, Zephyr tampoco había esperado que Gunner cargase de ese modo contra el espíritu tóxico. Morgan fue la primera en reaccionar después de que una montaña de mierda cayese sobre Gunner, literalmente. Su cuerpo musculoso y bien formado se movía con la rapidez y precisión de una máquina, lo que no debía estar muy lejos de la realidad. Gunner habría matado por conseguir unos implantes como esos. Ghost la vio cortar la masa de porquería con el cuchillo de Zephyr, el corte parecía sangrar.
Miró para asegurarse que Zephyr estaba bien y fue tras Morgan a intentar sacar a Gunner de ahí. Desde que habían entrado Zephyr había estado ausente, con sus ojos azules perdidos en el infinito, más pendiente del mundo espiritual que de este. Esperaba que ahora estuviese con ellos, pero su mirada le eludió.
En cualquier caso no era el mejor momento para comerse la cabeza intentando comprender qué diablos pasaba por su cabeza. Ese era siempre el problema con los shamanes. Tenían un modo diferente de entender la vida, todo era más intenso, adictivo, hasta que empezaban con el rollo espiritual. Entonces no había quién les entendiese y parecía que ya no estaban allí, contigo, sino mucho más lejos.
Ghost buscó un punto donde el ki de la criatura fuese más débil y después concentró su golpe en aquel punto. La potencia del impacto creó un boquete en la masa el tiempo suficiente como para que viese la mano del brazo metálico de Gunner asomando entre ella. Reaccionó con rapidez, lo sujetó por la muñeca y tiró con fuerza. Pero sólo salió el brazo, manchado de sangre y con el extremo en el que se unía al hombro lleno de cables ensangrentados.
Ghost maldijo y golpeó de nuevo al espíritu con rabia mientras un proyectil de luz parecía derretir parte de la porquería. Junto a él, Morgan seguía haciendo cortes alrededor del centro con el cuchillo. El tamaño del espíritu se había reducido y, a su alrededor, trozos de mierda salpicaban todo. Pero tenía suficiente tamaño para contraatacar. Ghost saltó justo a tiempo de esquivar un tentáculo hecho de cables rotos y trozos de metal. Aún en el aire giró sobre sí mismo y golpeó con todas sus fuerzas. Los cables y el metal cayeron inertes al suelo.
Al otro lado, la porquería trepaba por la pierna de Morgan, pero ella tenía una expresión de determinación y seguía cortando de forma metódica. Otro proyectil de luz golpeó la masa y se escuchó un gruñido de dolor. Medio segundo después vio como Morgan sujetaba a un Gunner ensangrentado por el pecho y tiraba de él intentando sacarlo. La masa de porquería llegaba ya hasta la mitad de su muslo y rozaba su otro pie.
Necesitaba distraer al espíritu, atraer su atención para que pudiesen sacarles. Cerró los ojos un segundo y vació su mente de distracciones antes de abalanzarse sobre la montaña de deshechos golpeando una y otra vez, sin preocuparse por esquivar o bloquear los ataques, sólo en causar el mayor daño posible. Estaba en trance, y había dejado de ser consciente de le rodeaba. Solo sentía al espíritu morder y varias heridas sangrando. Pero la adrenalina mitigaba el dolor y su voluntad le impulsaba a seguir golpeando una y otra vez.
Hasta que la manifestación del espíritu, aquella gran montaña de mierda, dejó de moverse. Entonces recuperó los sentidos. Zephyr estaba arrodillada junto a Gunner, el pelo oscuro había vuelto a escapar de la trenza y ocultaba su rostro. Gunner no sólo había perdido el brazo mecánico, ahora también le faltaban parte de la pierna derecha y tres dedos de la mano, pero al menos seguía vivo.
Morgan estaba agachada a un lado y se estaba vendando la pierna con la misma expresión determinada que tenía mientras acuchillaba una y otra vez la masa de basura. Y Twitch seguía sujetando a Christler junto a las escaleras. Ghost caminó hacia Zephyr y se dejó caer a su lado y comenzó a limpiarse.
- Dime que ese era el espíritu que tenías que destruir.
Zephyr no le miró, seguía vendando las heridas que su magia no había podido curar, los puntos en los que la maquina había sustituido a la carne.
- Es culpa mía, tenía que haberos dicho que os fuerais en el vestíbulo… – Ghost le apartó un mechón de pelo.
- Pero estamos vivos.
- Ese era el espíritu del edificio. – Zephyr le miró, estaba asustada.
- ¿Desde cuándo…?
- El elemental lo cambio – le interrumpió - ¿Lo entiendes? Lo mejor es que os marchéis.
- ¿Y tú qué? – Zephyr tragó saliva
- Yo me quedo – su voz era apenas un susurro – Terminaré lo que he empezado.
- Ni de coña, te vienes con nosotros.
Zephyr hizo una mueca de dolor y Ghost se dio cuenta que estaba apretando su brazo. Ghost aflojó un poco su presa. Zephyr sostuvo su mirada y adoptó una expresión terca.
- ¿Pero de qué coño estás hablando, Zeph? – Twitch se acercó hasta ellos y se colocó tras Ghost. – Nadie va a quedarse.
- Tenéis que iros – insistió. – Si le lleváis a una clínica sobrevivirá.
Morgan levantó la cabeza con su vendaje aún a medias y los miró desde dónde estaba.
- Sigo sin entender porqué tienes que quedarte – Zephyr la miró desafiante.
- Porque si no destruyo a lo que corrompió ese espíritu vais a tener uno de esos en cada maldita calle de la maldita ciudad – dijo señalando los restos de la montaña de mierda. - Luego volvió a Mirar a Ghost - ¡Joder! Pensé que tú lo entendías.
Ghost asintió con la cabeza a su pesar. No dejaba de preguntarse porqué tenía que ser ella la que se enfrentase al elemental, pero si había aprendido algo con Ezequiel era que no había forma de hacer cambiar de idea a un shaman cuando se trataba de espíritus. Pero si se quedaba sola no saldría de allí con vida. Cerró los ojos arrepintiéndose de lo que iba a hacer.
- Si te quedas yo también me quedo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario