jueves, noviembre 15, 2007

C98-Ghost, 23:09

Derrapó justo antes de estrellarse contra el muro de hormigón que rodeaba el complejo. Las balas perforantes de la ametralladora pesada acribillaron el lugar donde el todoterreno negro había estado hacía un instante. El helicóptero estaba justo detrás y apenas había comprado unos segundos de tiempo.

- Yo conduzco

Ghost maldijo el momento en el que lo había dicho. En su momento había parecido una buena idea, pero con dos helicópteros pegados a su culo la cosa cambiaba. Mucho. La carretera estaba cortada unos metros más adelante por escombros y los restos de otro helicóptero, el que había conseguido engañar para que se acercase a la torreta. Pero ese truco no funcionaría dos veces.

Justo detrás, el helicóptero giró, estaba muy cerca pero no lo suficiente como para lanzarles una granada. Morgan abrió la ventana del todoterreno y sacó medio cuerpo fuera.

- Sigue recto.

Disparó tres veces sin éxito. Ghost seguía viendo el helicóptero y su piloto por el retrovisor y estaban a punto de empotrarse contra los restos aún calientes del otro helicóptero.

- Sujétate.

Dijo entre dientes. Frenó el coche de golpe y giró trescientos sesenta grados. Ahora tenía al helicóptero de frente. Aceleró de golpe, intentando no dar tiempo al artillero a reajustar su puntería.

- Apunta al rotor de cola – gruño Gunner entre dientes.

- ¿Rotor de cola? – Morgan se sujetaba con un brazo al coche mientras con el otro intentaba apuntar con su fusil.

- La hélice trasera.

Más disparos mientras pasaban por debajo del helicóptero y ¿dónde estaba el segundo? Lo había perdido de vista tras pasar bajo un puente pero debía estar cerca, no creía ni por un segundo que se hubiese olvidado de ellos.

- ¿Zeph…?

No tuvo que completar la pregunta. Zephyr estaba pálida aunque ya no sangraba. Era evidente que estaba agotada, pero seguía con la mirada perdida.

- Por la derecha

- ¿Puedes…?

- No lo sé… tenemos que llegar a la ciudad.

A su lado Morgan gritó triunfante justo cuando el segundo helicóptero aparecía por su derecha. Por el retrovisor pudo ver cómo el helicóptero que los seguía había giraba sin control aunque la inercia hacía que fuese a estrellarse justo encima de ellos. No tenía hacia dónde girar ni tiempo para pensar. Reaccionó por instinto, era como si otra parte de él, la parte que tanto se esforzaba por suprimir, hubiese tomado el control. Era Coyote. Frenó bruscamente y dio marcha atrás. El helicóptero descontrolado pasó por encima de sus cabezas mientras el aullaba.

El otro helicóptero se vio obligado a apartarse para que no se lo llevase por delante. Ghost giró bruscamente y aceleró dirigiéndose hacia los callejones estrechos entre los almacenes que habían pasado hacía un rato. Morgan estuvo a punto de caer fuera y se metió en el coche incapaz de mantenerse sujeta con medio cuerpo fuera. Conducía de forma salvaje, sin un destino o propósito claro, sólo por el placer de la velocidad.

- ¿Pero qué cojones le pasa? – protestó Morgan

El mercenario estaba en el asiento trasero, ocupándose de recargar las armas de Morgan, pero las balas se habían caído por el suelo del todoterreno.

- Las puertas del complejo siguen cerradas.

Informó Twitch desde el maletero mientras se sujetaba lo mejor que podía para no golpearse contra las paredes del coche. En el asiento trasero Zephyr estaba sonriendo.

- Bienvenido hermano Coyote – murmuró.

Ghost notó un cosquilleo recorrer su espalda, podía sentir más que ver el helicóptero. Sabía que tenía problemas para seguirle por las callejuelas estrechas y que, por eso, había tenido que ganar altura. Esa era su oportunidad de perderlo. Frenó.

- ¡Bajad!

- ¿Cómo? – Gruó Gunner

- ¡Qué bajéis! – repitió, aunque Zephyr ya estaba abriendo la puerta. – Buscan un vehículo, estamos cerca del muro, haremos el resto a pie.

- Esto es una locura… - gruño Gunner. – Maldito elfo psicópata.

Ghost bajó del coche mientras Twitch abría el maletero en el que iban Amanda y él. Morgan se bajó y abrió la puerta de Gunner mientras el mercenario seguía protestando. El ruido del helicóptero se estaba acercando, Twitch y Zephyr corrieron hasta el almacén más próximo seguidos de Christler. Morgan se cargó a Gunner y corrió para alcanzarlos. Ghost se quedó agazapado a unos metros del Todoterreno y olisqueó el aire, ya casi estaba encima.

Trepó por la pared del almacén y esperó en el tejado. Justo cuando el helicóptero localizó el coche y sus ametralladoras pesadas convirtieron el Todoterreno en chatarra, lanzó la granada. El cazador se había convertido en cazado, pero la euforia de Ghost se desvaneció rápido, odiaba ser el Coyote, él no era así. No lo era, se repitió. Pero lo cierto era que últimamente no estaba tan seguro. Maldita Zephyr, nunca tendría que haberla acompañado en su viaje espiritual. Ahora ya era demasiado tarde, volvía a ser el Coyote. Ezequiel estará contento pensó con amargura.

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