domingo, septiembre 25, 2005

Capítulo 11

Ghost, 5:20

El salón estaba a oscuras y la única fuente de luz provenía de las llamas en la chimenea. Habían sacado los muebles del salón y por las paredes y el suelo Ezequiel había dibujado con harina y sangre de gallina un intrincado diseño de loas. El humo del incienso y las sombras daban un aspecto irreal a la habitación. Fuera llovía y el sonido monótono de las gotas contra el cristal resultaba extrañamente apropiado a la situación.

Ezequiel estaba sentado enfrente de Ghost con las piernas cruzadas y la espalda erguida. Su pecho desnudo estaba cubierto de tatuajes y cicatrices, algunas de ellas recientes. Ezequiel tomó el cuenco que estaba frente a él en sus manos y bebió de su contenido antes de pasárselo a Zephyr.

Zephyr se sentaba sobre sus rodillas, con los pies descalzos y los ojos cerrados. Su pecho subía y bajaba en una respiración rítmica mientras sus labios formaban palabras silenciosas. Cuando Ezequiel le tendió el cuenco abrió los ojos, el fuego bailó en sus ojos. Ella también tomó un trago antes de pasar el cuenco a Ghost.

Sus dedos rozaron los de Zephyr unos segundos al coger el cuenco. El líquido oscuro tenía un sabor fuerte y bajó por su garganta abrasándola. El efecto se extendió con rapidez por todo su cuerpo. Ghost le devolvió el cuenco a Ezequiel. Ezequiel asintió.

- Podemos comenzar. – Dijo mientras colocaba entre sus piernas algún tipo de tambor. – Dejaros llevar por la música.

Ghost pensó que no sería muy difícil porque su cabeza ya daba vueltas. ¿Por qué no tenían nada parecido en los bares?

Las manos de Ezequiel se movían despacio al principio, pero poco a poco fueron ganando velocidad. Al sonido de percusión se unió la voz de Ezequiel formando una música de ritmos primarios que se apoderaba de los sentidos. Zephyr bailaba de un modo que jamás había visto y Ghost descubrió que no podía dejar de mirarla. Su cuerpo atlético se movía de un modo incitante, invitador. Ghost tragó saliva intentando contener el deseo. Estaba completamente ebrio.

La luz del fuego parecía dotar de vida las sombras. Sin saber muy bien como Ghost se dio cuenta de que estaba de pie y su cuerpo se movía como por voluntad propia. No había nada más allá de aquella habitación y aquel instante.

No sabía cuanto tiempo había estado bailando cuando la música paró. Ezequiel se había detenido y tenía un cuchillo de filo ancho en las manos y lo usaba para dibujar signos en su piel. Como si la sangre los alimentase, los tatuajes de Ezequiel habían comenzado a moverse y agitarse bajo su piel. Ezequiel trazó un par de cortes alrededor de su propio cuello y se arrancó la piel del rostro. Ghost dio un paso inconsciente hacia atrás esperando ver los músculos y la sangre, pero en lugar de aquello vio que Ezequiel tenía ahora la cabeza de un perro de ojos extrañamente sabios.

Ghost se giró para mirar a Zephyr, estaba prácticamente desnuda cubierta solo por una túnica verde. Enroscadas en sus brazos sostenía dos serpientes, una blanca y otra negra, las dos tenían los ojos de Zephyr. De sus hombros surgían un par de alas blancas. Zephyr le sonrió y Ghost vio que sus ojos tenían algo serpentino, aunque no sabría decir qué.

- Bienvenido, hermano Coyote. – Dijo Zephyr con una voz suave.
- Ssi, Bienvenido sseasss. – Dijeron las serpientes
- ¿Cómo? – Ghost no salía de su asombro. Ezequiel le lanzó un ladrido pero Ghost entendió cada una de sus palabras.
- Bienvenido al mundo de los espíritus

Ghost miró a su alrededor, ya no estaban en la habitación. Se encontraban sobre una colina que se alzaba hacia un cielo de nubes oscuras. La lluvia y el viento castigaban sus cuerpos. Ghost podía sentir el barro bajo sus pies desnudos. Zephyr se protegía con sus alas mientras miraba el horizonte. Ghost siguió su mirada, una tormenta eléctrica se acercaba desde el oeste. “¿No esta Infotech al oeste?” Pensó Ghost. Nada más pensar aquello un camino se dibujó desde la colina hacia la tormenta.

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