Ezequiel, 3: 59
Faltaban solo un par de horas para que amaneciera, un par de horas para preparar el ritual. El amanecer y el crepúsculo son umbrales al mundo de los espíritus. En el amanecer la oscuridad cede su reinado a la luz y se repliega a las sombras del mismo modo en que el invierno cede paso a la primavera en el interminable ciclo de las estaciones. Cada instante, cada momento tiene su propio poder, es una puerta hacia el futuro que no volverá a ser cruzada. Todo eso y más era el amanecer para un mago.
Su apartamento estaba en la zona antigua de la ciudad, sobre una colina. La casa en la que se encontraba tenía una larga historia y antes de que construyesen el edificio de apartamentos, allí se alzaba una mansión, hogar de una familia adinerada. E incluso antes, en el mismo lugar, se situaba una posada en una encrucijada. Allí donde se encuentran el cielo y la tierra, donde reside la familia y donde se decide el camino. Todos ellos eran importantes en el mundo espiritual. ¿Qué mejor lugar para iniciar una búsqueda?
Su apartamento estaba en el ático. El edificio viejo de ladrillo rojo y aspecto gastado no tenía ascensor. Las escaleras de madera desgastada trepaban en espiral dibujando un cuadrado perfecto. El edificio tenía solo cinco pisos y solo dos puertas por piso. Diez puertas en total, que en el leguaje de la numerología equivalía a la unidad, el todo. Zephyr observaba todo aquello con atención mientras que Ghost emprendía la subida con la familiaridad del que lo ha hecho muchas veces. Y sin embargo nunca el camino es el mismo, pensó Ezequiel.
Los tres llegaron hasta la puerta de madera con cerradura antigua, de las que necesitan una llave para ser abiertas. Con la nueva tecnología la mayoría de las personas utilizaban cerraduras electrónicas que reconocen las huellas digitales. Los más ricos tenían detectores de voz o, incluso, escáneres de retina. Ezequiel podría haber instalado una de esas hace tiempo, pero prefería aquella vieja cerradura de metal y su llave dorada. Aquello le iba bien pues él era guardián de la puerta. Abrió la puerta y les invitó a pasar, como dicta la costumbre.
Ghost entró inmediatamente, pero Zephyr pareció pensarlo antes de traspasar el umbral. Ezequiel apreció aquel gesto de sabiduría, uno nunca debe cruzar una puerta a la ligera. Tal vez había más en la joven shaman de lo que revelaba la vista, aunque Ghost jamás le creería que si le decía que su interés iba más allá de lo físico. Aquel pensamiento llevó una sonrisa torcida a sus labios sensuales.
El interior del apartamento emanaba una agradable e invitadora calidez. No era muy grande pero tampoco pequeño. La vivienda estaba organizada entorno a un acogedor salón con una chimenea de ladrillo en su centro. No estaba de más añadir que la chimenea estaba en la pared norte y en invierno siempre había fuego en ella. Aquel era un truco del que Ezequiel se sentía especialmente orgulloso.
Los muebles de su hogar eran de lo más variado y provenían de aquí y allí. Cada uno de ellos tenía una historia o un significado. Pese a su diferencia de estilos y colores encajaban de un modo inesperado creando una atmósfera acogedora. Zephyr miraba interesada cada uno de ellos, como si los muebles pudiesen contarle secretos. Tal vez era así. Los shamanes serpiente siempre buscan secretos y ven cosas donde otros no ven nada. Ese era el camino de la serpiente, del mismo modo que el del perro era proteger a los suyos.
Ezequiel entró a la cocina para reunir alguna de las cosas que necesitarían. Velas para revelar el camino. Aceites aromáticos y pinturas para preparar el cuerpo. Incienso para relajar la mente. También recogió las hierbas, el cuchillo y el caldero. Por último seleccionó una gallina gorda como ofrenda para Perro por su guía. Se preguntó si Zephyr y Ghost habrían traído ofrendas apropiadas. Esperaba que sí. Una vez tuvo todo reunido en el salón comenzó los preparativos tomándose su tiempo.
- En el mundo de los espíritus cada paso cuenta ya que el destino no es tan importante como el camino recorrido hasta llegar a él. – dijo el shaman a sus invitados.
Faltaban solo un par de horas para que amaneciera, un par de horas para preparar el ritual. El amanecer y el crepúsculo son umbrales al mundo de los espíritus. En el amanecer la oscuridad cede su reinado a la luz y se repliega a las sombras del mismo modo en que el invierno cede paso a la primavera en el interminable ciclo de las estaciones. Cada instante, cada momento tiene su propio poder, es una puerta hacia el futuro que no volverá a ser cruzada. Todo eso y más era el amanecer para un mago.
Su apartamento estaba en la zona antigua de la ciudad, sobre una colina. La casa en la que se encontraba tenía una larga historia y antes de que construyesen el edificio de apartamentos, allí se alzaba una mansión, hogar de una familia adinerada. E incluso antes, en el mismo lugar, se situaba una posada en una encrucijada. Allí donde se encuentran el cielo y la tierra, donde reside la familia y donde se decide el camino. Todos ellos eran importantes en el mundo espiritual. ¿Qué mejor lugar para iniciar una búsqueda?
Su apartamento estaba en el ático. El edificio viejo de ladrillo rojo y aspecto gastado no tenía ascensor. Las escaleras de madera desgastada trepaban en espiral dibujando un cuadrado perfecto. El edificio tenía solo cinco pisos y solo dos puertas por piso. Diez puertas en total, que en el leguaje de la numerología equivalía a la unidad, el todo. Zephyr observaba todo aquello con atención mientras que Ghost emprendía la subida con la familiaridad del que lo ha hecho muchas veces. Y sin embargo nunca el camino es el mismo, pensó Ezequiel.
Los tres llegaron hasta la puerta de madera con cerradura antigua, de las que necesitan una llave para ser abiertas. Con la nueva tecnología la mayoría de las personas utilizaban cerraduras electrónicas que reconocen las huellas digitales. Los más ricos tenían detectores de voz o, incluso, escáneres de retina. Ezequiel podría haber instalado una de esas hace tiempo, pero prefería aquella vieja cerradura de metal y su llave dorada. Aquello le iba bien pues él era guardián de la puerta. Abrió la puerta y les invitó a pasar, como dicta la costumbre.
Ghost entró inmediatamente, pero Zephyr pareció pensarlo antes de traspasar el umbral. Ezequiel apreció aquel gesto de sabiduría, uno nunca debe cruzar una puerta a la ligera. Tal vez había más en la joven shaman de lo que revelaba la vista, aunque Ghost jamás le creería que si le decía que su interés iba más allá de lo físico. Aquel pensamiento llevó una sonrisa torcida a sus labios sensuales.
El interior del apartamento emanaba una agradable e invitadora calidez. No era muy grande pero tampoco pequeño. La vivienda estaba organizada entorno a un acogedor salón con una chimenea de ladrillo en su centro. No estaba de más añadir que la chimenea estaba en la pared norte y en invierno siempre había fuego en ella. Aquel era un truco del que Ezequiel se sentía especialmente orgulloso.
Los muebles de su hogar eran de lo más variado y provenían de aquí y allí. Cada uno de ellos tenía una historia o un significado. Pese a su diferencia de estilos y colores encajaban de un modo inesperado creando una atmósfera acogedora. Zephyr miraba interesada cada uno de ellos, como si los muebles pudiesen contarle secretos. Tal vez era así. Los shamanes serpiente siempre buscan secretos y ven cosas donde otros no ven nada. Ese era el camino de la serpiente, del mismo modo que el del perro era proteger a los suyos.
Ezequiel entró a la cocina para reunir alguna de las cosas que necesitarían. Velas para revelar el camino. Aceites aromáticos y pinturas para preparar el cuerpo. Incienso para relajar la mente. También recogió las hierbas, el cuchillo y el caldero. Por último seleccionó una gallina gorda como ofrenda para Perro por su guía. Se preguntó si Zephyr y Ghost habrían traído ofrendas apropiadas. Esperaba que sí. Una vez tuvo todo reunido en el salón comenzó los preparativos tomándose su tiempo.
- En el mundo de los espíritus cada paso cuenta ya que el destino no es tan importante como el camino recorrido hasta llegar a él. – dijo el shaman a sus invitados.
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