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martes, noviembre 20, 2007

C110-Morgan 00: 37

La parte de atrás de la furgoneta permanecía en un silencio tenso, casi hostil. Nadie parecía querer ser el primero en hablar, ni siquiera Christler. Llevaban más de quince minutos aparcados en el garaje de un centro comercial abandonado. El lugar desierto con todas sus plazas vacías tenía un aspecto atemporal. Daba la sensación deba la sensación de que si subían encontrarían todos los comercios tal y como habían estado hacía veinte años. Pero sabía que arriba no quedaba nada y que hacía mucho tiempo que se habrían llevado todo lo que tuviese algún valor. Era extraño que siguiera estando en pie después de tantos años.

Pero aunque aquel centro comercial vacío pudiera servir para esconder la emisora pirata “Fuck You” no creía que pudiera esconderlos a ellos de los equipos Alfa de Infotech. Ella mejor que nadie conocía su operativa. Primero rastrearían la zona cero, el complejo, y luego ampliarían la búsqueda siguiendo el rastro de testigos, grabaciones o restos físicos que hubieran dejado tras ellos. Como perros de presa, una vez encontraban una pista no la abandonarían hasta encontrarles. A menos… a menos que arrojasen algo en su camino, algo mas valioso. Y ese algo era el Doctor Smithers, el objetivo del otro equipo. Hasta donde ella sabía no le habían encontrado aún y entregarle podría hacer que se olvidasen de ellos.

- Tenemos que movernos

No lo dijo a nadie en particular, era más un pensamiento expresado en voz alta. Necesitaban objetivos, algo que los mantuviese en movimiento.

- No me jodas, por si no lo has notado no estamos en condiciones de hacer nada.

La droga de Zephyr había dejado de hacer efecto y su aspecto era lastimoso, como si hubiese envejecido diez años en la última hora. Los dos elfos habían desaparecido en el peor momento y Morgan deseó que la droga hubiese dejado de hacer efecto antes de que el mercenario echase a su apoyo mágico y enviase al único otro combatiente tras ella.

- Ahórrate el puto sarcasmo, tú echaste a Zeph. Si aún estuviera aquí podría volver a ponerte el brazo y curar tus heridas.

Twitch le miró desafiante y Morgan temió que volviesen a discutir como cuando Gunner había intentado interrogarle. No habían sacado nada entonces y tampoco lo harían ahora. Y el tecnomante de piel oscura era su mejor opción para salir vivos de esta.

- Y una mierda. ¿Qué cojones hay entre Zephyr y tú?

- Ya te lo dije, estamos liados

- Y yo ya te dije que no me lo tragaba.

- Lo que tú digas, pero tiene un culo tremendo.

Morgan pasó una mano por su pelo corto exasperada y miró a los dos hombres discutiendo. Parecía que Gunner estaba en las últimas y su tono de voz traicionado le hizo preguntarse si cometería alguna estupidez. Twitch había adoptado su sonrisa particular con la que se ocultaba de la quienes quisieran leer su rostro, no iba a decirles nada más.

- ¡Basta! – ordenó Morgan poniéndose entre ellos – Me importa una mierda si estáis liados o no, lo que necesitamos ahora es un puto tecnomédico, una pierna nueva y localizar a señor Smithers.

- ¿Y a ti quién cojones te ha nombrado líder? – espetó Gunner

Morgan miró a Gunner irritada. Apenas era capaz de mantenerse sentado, mucho menos de hacerse cargo de la situación.

- Da gracias de que no te dejemos tirado como hiciste con Zephyr, creo que tendrías problemas moviéndote a pie.

Era una pulla fácil, pero dejaba claro cuál era la situación. Aquel grupo necesitaba de un liderazgo fuerte si querían seguir vivos y tenía claro que ninguno de los otros estaba a la altura para ese puesto. La ayuda le llegó de donde menos la esperaba.

- Tengo una idea de dónde empezar a buscarlo – Christler se había levantado y había abierto la puerta trasera.

Morgan la miró por un momento considerando su oferta. Christler no parecía el tipo de persona capaz de valerse por sí misma en las calles, sin implantes de combate o entrenamiento físico, pero esta no era una misión de combate.

- ¿Cómo piensas buscarlo?

- Lo siento, no revelo mis fuentes. – Christler sonrió estaba claro que sabía algo.

Pero allí todos parecían tener contactos, salvo ella misma. De momento la gente que había en esa furgoneta y el telecom de Zephyr eran todo lo que tenía. Morgan hizo un gesto de asentimiento hacia Christler.

- Contacta con nosotros en esta frecuencia. – dijo indicándole uno de sus canales codificados. – y tú – dijo señalando a Twitch – busca cualquier información sobre el señor Smithers.

- ¿Por algún motivo en particular?

- Se lo entregaremos a Infotech a cambio de que se olvide de nosotros.

- ¿Estarán dispuestos a negociar?

Twitch sostuvo su mirada, sus ojos oscuros había recuperado su brillo calculador. Morgan sonrió sintiéndose de nuevo en control de la situación.

- Puedes estar seguro de eso.

Luego se volvió hacia Gunner, el mercenario parecía al borde de la inconsciencia, derrotado. Habría sido mucho más sencillo dejarle tirado pero no era así. Miró el número de contacto que le había dado Zephyr, esperaba que ese “Koreano” pudiese conseguirle un tecnomédico y un sitio seguro para dejar al viejo cascarrabias y poder concentrarse en traer de vuelta a los dos elfos y buscar al Señor Smithers.

- Espero que tengas algo ahorrado – Dijo al mercenario…

jueves, noviembre 15, 2007

C92-Morgan 22: 45

- ¿Cuánto tiempo nos queda? - preguntó Morgan

La mercenaria intentaba mantener la retaguardia mientras arrastraba por el brazo a Christler para que no se quedase atrás. La periodista era un lastre, se cansaba con facilidad y no dejaba de quejarse de que necesitaba una nueva falda.

- Una hora, puede que menos.

Twitch no se volvió para responderla. Su gabardina revoloteaba detrás suyo mientras bajaba las escaleras lo más rápido que podía. En teoría, el camino estaba despejado hasta la recepción de la entrada, pero una de las cámaras de seguridad allí había fallado y no descartaba la posibilidad de que se encontrasen con alguno de los guardias de seguridad enfermos que habían dejado en la cafetería. Sus antiguos compañeros, pero nunca había llegado a sentirse parte de ellos. Recordaba los silencios que se producían cuando ella entraba en la habitación, los murmullos a su espalda y cómo la evitaban al terminar el trabajo. El mensaje era claro: no eres bienvenida. Tal vez por eso le había resultado tan fácil aceptar la oferta de Zephyr, tal vez nunca había sido parte de ellos. Era irónico cómo eso la había hecho perseverar, aprender todo lo posible sobre la seguridad de infotech... y ahora lo usaba contra ellos.

- ¿Y los sistemas antiaéreos?

Twitch detuvo su carrera escaleras abajo para mirarla un segundo. Su parada sorprendió a Christler que estuvo a punto de chocarse con él. Morgan tuvo que sujetarla para evitar que perdiese el equilibrio y cayese escaleras abajo.

- No os paréis.

La voz de Ghost firme se escuchó un piso más abajo. Era sorprendente que consiguiese mantener el ritmo llevando a Gunner a cuestas. Y más sorprendente aún que el mercenario no se estuviese quejando.

- Activados, pero dudo que sirvan de mucho sin nadie que los controle directamente. ¿Crees que los de Infotech nos prestarán un par de ciberpilotos?

Bromas durante el trabajo. Eso era algo a lo que no estaba acostumbrada o, mejor dicho, no a formar parte del grupo que las hacía. Por supuesto sabía el tipo de bromas que hacían sobre ella cuando no estaba. Que necesitaba un buen polvo para ponerla en su lugar era lo más suave que había escuchado. Puede que por eso su risa ahora resultase algo forzada, pero ninguno de ellos pareció notarlo.

- Vamos Twitch, no necesitamos cibers para pegarles una patada en el culo.

Zephyr sonreía ligeramente y, por un momento, le recordó a cuando se habían encontrado en las alcantarillas, como si la hubiese estado esperando y supiese que iba a pasar por ahí. Sin implantes, un palmo más baja y armada sólo con una pistola en su cadera. No había dejado de sonreír ni un segundo, ni siquiera cuando la había apuntado con su arma, como si supiera algo que el resto no. Y de algún modo eso resultaba mucho más inquietante que una amenaza abierta. Tal vez había tenido una confianza irracional en que aceptaría su contraoferta, aunque, de algún modo, dudaba que eso fuera todo lo que se escondía tras su sonrisa torcida. Era extraño que hubiese confiado en ella, que aún lo hiciese. ¿Por qué había dejado que hurgase en su cerebro para quitar la bomba cortex?

El olor a carne quemada le indicó que ya estaban casi abajo. No era el momento para preguntarse sobre lo que sabía y no sabía Zephyr. Cuando habían planeado la infiltración no había previsto que todos estarían muertos o que Infotech fuese a bombardear el complejo. Morgan había explicado cómo colarse en el complejo residencial y, a partir de ahí, usar sus códigos de seguridad para entrar, encontrar a Amanda Vince y salir sin ser vistos. No hacía falta decir que las cosas no habían salido según lo previsto. Claro que eso no evitaba que quisiera estar preparada para lo que pudiese venir.

- ¿Tienes un plan?

Mientras bajaban los últimos pisos que los separaban de la planta baja del rascacielos, Morgan ya estaba considerando las posibles opciones. Y hasta el momento, la más viable era robar un vehículo blindado del garaje que había debajo. Sólo hacía falta atravesar el vestíbulo y bajar por las escaleras de emergencia hasta el tercer sótano. Si no habían cambiado los códigos de seguridad podían robar una de las limusinas blindadas de los ejecutivos y salir cerca del área residencial. Claro que un coche tampoco les llevaría muy lejos si la gente había levantado barricadas y no tenía forma de saber si aún había guardias allí...

- Puedes apostar, sólo necesito estar al aire libre.

Zephyr volvió a esbozar la sonrisa torcida y Morgan se encontró sonriendo también. Su confianza era contagiosa. Resultaba reconfortante saber que no tenía que preocuparse por todos los detalles, poder centrarse en cosas más inmediatas, cosas que sí podía controlar.

Salir de la torre iba a requerir de toda su atención. El garaje tenía cuatro salidas equidistantes al rascacielos, pero dos de ellas, la norte y la este, podían descartarse directamente. Ambas daban a zonas residenciales y, no sólo serían las más vigiladas, si no que podían encontrarse con barricadas o controles de seguridad por las calles.

La salida sur, aunque menos utilizada también podía ser peligrosa por su proximidad al área de pruebas. Allí era dónde se llevaban a cabo experimentos y se almacenaban los "materiales sensibles", por lo que era probable que en estos momentos hubiese un pequeño ejercito llevándose todo lo que se pudiese salvar.

Eso les dejaba con la salida oeste. Grandes naves industriales con comida y abastos para mantener una pequeña ciudad, pero nada que mereciese la pena vigilar. Esa era la zona a la que se solía enviar a los novatos... o a gente de la que querías olvidarte. Morgan la conocía bien, había tenido que patrullarla en más de una ocasión, cada vez que había pedido un ascenso la habían mandado de vuelta allí una temporadita.

- Sé cómo salir...

El familiar chasquido metálico que hace el cargador del AK al recargar hizo que Morgan callase a mitad de frase. De forma instintiva apartó a Christler del hueco de la escalera y la empujó hacia la pared, fuera del ángulo de tiro. Twitch y Zephyr también se pegaron a la pared. Twitch había sacado su arma, en opinión de Morgan un calibre demasiado pesado para el técnico porque iba a perder precisión por el retroceso.

Se agachó y bajó las escaleras despacio, con su propia arma preparada. Ghost había dejado a Gunner apoyado contra la pared. Estaban apostados uno a cada lado de la puerta con las armas preparadas esperando algún tipo de movimiento por parte del enemigo. Pero no había necesidad de esperar, sabía exactamente dónde estaban colocados. Todas las comunicaciones de seguridad se hacían por radiofrecuencia interna y tenía acceso a todas sus frecuencias. Morgan esbozó una sonrisa torcida e hizo una señal a Ghost y Gunner indicando los objetivos, ni siquiera sabrían qué les atacó.

C81-Morgan, 22:08

Mierda. Aquello fue lo primero que había venido a su cabeza al ver la… cosa. Y realmente no había una forma mejor de describirla. No era simplemente basura, eran también los restos de comida, material roto, defecaciones e incluso compresas usadas. Fuese lo que fuese estaba compuesto de todo lo que alguna vez había sido desechado. Y de cadáveres o, al menos, parte de ellos. Pero lo peor era el olor a putrefacción y vómito.

- ¡Tenemos que huir! – gritó Christler

Morgan la agarró del brazo antes de que saliera corriendo escaleras abajo, si se encontraba con la gente enferma era posible que la pegasen un tiro. El rostro de la periodista se había transformado por el terror. Sus ojos estaban enrojecidos y le temblaba el labio inferior, como si estuviese a punto de echarse a llorar. Su respiración se había acelerado y aferraba con fuerza el bolso. Volvió a tirar intentando soltarse pero Morgan, mucho más alta y corpulenta, le obligó a permanecer en el sitio.

La cosa se arrastraba por el pasillo dejando un rastro de sangre y porquería en la moqueta gris. A su paso, la luz blanca de los fluorescentes parpadeaba ligeramente, como si estuviese a punto de consumirse. Se estaba tomando su tiempo, parándose a examinar los cuerpos rotos del pasillo. Tanteaba los cadáveres con su masa hedionda, arrancando de ellos objetos inservibles, un paquete de tabaco casi terminado, un reloj roto, un bolígrafo sin tinta, los restos de una bolsa de patatas. Otras veces era peor, se introducía por alguna cavidad del cuerpo hasta hacer reventar sus intestinos. La cosa se estaba alimentando, estaba creciendo.

El primer instinto de Morgan había sido activar el comunicador interno antes de recordar que el equipo con el que ahora trabajaba no estaba conectado a su frecuencia. Y ya no daba órdenes. El comportamiento de sus compañeros era mucho más anárquico de lo que estaba acostumbrada, no había un líder claro ni nadie que les organizase en combate. Y aún así, viendo cómo Zephyr se había desplazado para cubrir al tecnomante mientras el mercenario y el infiltrador cubrían la puerta. Solo Christler y ella parecían estar fuera de lugar.

Pero no era la primera vez que cambiaba de equipo y sabía lo que tenían que hacer. Si aquella cosa era como la de la entrada las balas no le harían nada, pero la granada de fósforo había funcionado. Morgan sacó una de las granadas pero antes de que la arrojase vio que Ghost le hacía una señal de esperar con la mano.

- ¿Qué cojones es eso, Zephyr? – Escuchó que preguntaba el mercenario sin dejar de apuntar hacia la masa de porquería.

La cosa cada vez estaba más cerca. Morgan se volvió para mirar a la shaman serpiente. Sus ojos azules tenían un ligero brillo y sus labios se movían sin emitir sonido mientras sacaba un cuchillo con una serpiente dibujada en su hoja. A su lado, el tecnomante había sacado una pistola de su gabardina y apuntaba hacia el pasillo con pulso poco firme. Zephyr sostuvo el cuchillo frente a ella, la serpiente en la hoja parecía retorcerse.

- Es un espíritu tóxico.

La voz de la elfa sonaba lejana, como si no estuviese realmente allí y, a Morgan, le pareció que había un deje a decepción en ella. Pero, ¿por qué iba a estar decepcionada? No tenía sentido, tal vez imaginaba cosas. Junto a la puerta, Gunner bajó sus pistolas y sus ojos perdieron el brillo rojo. El mercenario escupió hacia el pasillo.

- Pues haz tu parte – Su voz sonaba molesta y cortante.

Gunner devolvió una se sus pistolas a su funda y se ajustó su chaleco militar como si aquello no fuera con él. ¿Realmente era así siempre? Debía ser un resentido, alguien que pensaba que el resto del mundo le debía algo y al no conseguirlo odiaba al resto. ¿A cuento de qué había venido si no lo de “comer coños”? No era la primera vez que encontraba alguien así y probablemente no sería la última. Y siempre, invariablemente la habían acusado de ser lesbiana. Como si poder partirle la cara a alguien tuviera que ver con sus preferencias sexuales. Menudo imbécil, pensó Morgan.

Zephyr tampoco parecía haber olvidado, o perdonado, el comentario sobre su hermana. Que diablos, viendo a aquel cuarentón dopado de implantes baratos no le habría sorprendido que su ocio se debiera a que la hermana de Zephyr se había liado con otro y no él.

Zephyr echó la trenza a su espalda y avanzó hacia Morgan sin dejar de mirar a Gunner. Después sonrió de modo despectivo y giro su cuchillo ofreciéndole a Morgan la empuñadura envuelta con una tira de piel clara.

- Vencer a un espíritu es una cuestión de voluntad, cualquiera puede hacerlo. O casi – añadió sin dejar de mirarle.

Morgan cogió el cuchillo. La piel blanda del mango resultaba suave al tacto y, para su sorpresa, la hoja estaba equilibrada a la perfección, como si fuese una extensión de su propio brazo. Apenas había sopesado el arma cuando Gunner dejó su posición junto a la puerta.

- Dame el jodido cuchillo – exigió con la mano extendida.

Sus ojos volvían a emitir una ligera luz roja. Ha vuelto a activar su sistema de puntería, comprendió Morgan. Cambio el peso de su cuerpo, dispuesta a reaccionar en cualquier momento. No era tan corpulenta como él, pero estaba segura de que su entrenamiento y sus implantes compensaban con creces la diferencia de masa.

- Ya me encargo yo, soy más rápida.

Solo había sido una pequeña provocación, pero Gunner cerró la mano de su brazo mecánico como si quisiera aplastar algo. Estaba a punto de saltar sobre ella y Morgan no podía evitar preguntarse si Zephyr le había dado el cuchillo precisamente por eso.

- Usa tu propio cuchillo, funciona igual de bien.

Gunner devolvió su atención a Zephyr. La elfa echó su trenza a la espalda y se colocó junto a Morgan con las manos en las caderas, desafiante pese a que le sacaba más de un palmo de altura. Tras ellas, Christler hacía todo lo posible por pasar desapercibida. Morgan la empujó hacia Twitch que reaccionó justo a tiempo para cogerla. Gunner sacó un cuchillo de caza de su funda en la bota y Morgan sintió una inyección de adrenalina previa al combate

- Zorras – dijo antes de cargar hacia el espíritu.

Pero pese a la velocidad aumentada de su cuerpo el espíritu tóxico era más rápido. Fue como si abriese una boca para engullirle, levantándose por encima de la cabeza del mercenario y cayendo sobre él en apenas una fracción de segundo. Christler gritó con todas sus fuerzas y volvió a intentar salir corriendo hasta que Twitch la sujetó con cierta dificultad.

La masa hedionda del espíritu se agitó y, por un momento, Morgan pudo ver el filo del cuchillo del mercenario intentando abrir una salida. Morgan activó su visión térmica, el mercenario se revolvía en el interior del espíritu. Apretó la empuñadura del cuchillo, tenían que sacarlo de ahí, aún cuando fuese un gilipollas.

C63-Morgan, 20: 57

Había algo más que olía a podrido a parte de la basura desperdigada por el callejón. Era un olor dulzón y desagradable que se adhería a la ropa y el cuerpo. Morgan conocía aquel olor, era el olor a muerte.

No había luz salvo la de la luna y el cielo había comenzado a nublarse. Las sombras eran densas y tuvo que conectar su visión nocturna. El mundo se tiñó de verde revelando lo que ya intuía. A poco menos de metro y medio unas ratas mordisqueaban el cuerpo aún caliente de un hombre. Morgan habría deseado poder hacer algo por él, pero ya era demasiado tarde y no era el momento.

Nadie habló mientras se preparaban para entrar. No era necesario, todos conocían su parte. El elfo entró primero, Morgan comenzó a contar. Mil uno, mil dos, mil tres… Mil cien: su turno.

Se escurrió por la puerta que el elfo había dejado entre abierta hasta la cocina de la cafetería. Era sofocante, allí el aire era cargado y hacía un calor pegajoso y húmedo. Había restos de pelea y nadie se había molestado en retirar los cadáveres de tres personas. Morgan caminó despacio cuidando de no pisar ninguno.

Ghost le hizo una señal para que se acercase y echara un vistazo al interior de la cafetería. Morgan contó ocho personas y tres bultos que podían ser cuerpos, esos ya no les molestarían. Entre los que aún estaban vivos había dos que no pasarían de aquella noche. Los otros seis aún podían suponer problemas, no hacía falta mucho para organizar un tiroteo.

El elfo señaló uno que permanecía apartado en una esquina con un rifle entre las piernas. Tenía la mirada torva y parecía al borde de la locura. Morgan contuvo una exclamación cuando se dio cuenta de que lo conocía. Desde que eran críos se había comportado como un cabrón sádico. Le gustaba matar animales y con diecinueve se cargó a una chica. El muy hijo de puta tenía que haber ido de cabeza a la trena, pero su padre era un hombre muy influyente y la chica una don nadie. Morgan había tenido que sufrirle durante años mientras trabajaba para su padre. Maldito cabrón, siempre encima suyo, siempre intentando joderla. Morgan esbozó una leve sonrisa, su papa no podría salvarle si le pegaba un tiro ahora.

Notó unos toques en el hombro, Ghost le indicó que se agachara y le siguiera. Morgan dudó un momento, matar a aquel jodido bastardo era demasiado tentador pero descubrirían su posición. Apretó los puños y siguió al elfo. Tras ellos podía escuchar las pisadas pesadas de Gunner e intuyó la silueta de Zephyr agazapada a su izquierda.

La cafetería era grande, con docenas de mesas, pero estaba bastante despejada, sería muy difícil que pudieran llegar todos hasta la puerta de la torre sin ser vistos. Vio que Ghost sacaba una pistola de narcóticos y comprendió lo que pretendía, muertes silenciosas y rápidas. Con suerte no lo notarían hasta que cayeran al menos un par. Pero Morag quería asegurarse ser ella quien se cargara al “querido Johny”.

Morgan sintió el frío metal del arma en su mano y conectó mentalmente el silenciador. Podía ver el cálculo de distancias y ángulos en la parte inferior de su visión. Solo necesitaba un disparo. “¡Bang!” y Adiós Johny. No era mucho pedir ¿Verdad?

C57-Morgan, 18: 52

La muralla que rodeaba el complejo estaba desierta, eso la puso en alerta. En condiciones normales tendrían que haberse encontrado con una docena de guardias en los puestos y patrullas de cuatro a intervalos variables. ¿Dónde estaban todos los guardias? ¿Qué diablos estaba pasando? Tal vez debería haberse alegrado de que no hubiera vigilancia, pero no podía evitar la sensación de que algo no iba bien, nada bien.

Descendieron cerca de una zona residencial que Morgan conocía bien. Su casa no estaba lejos de allí. Era un vecindario de bonitos chalets adosados con pequeños jardines a la entrada. En todos los años que había vivido por allí había sido un lugar casi idílico. Morgan había pasado corriendo por aquella misma calle todas las mañanas, cuando apenas había amanecido. Entonces la calle casi siempre estaba desierta y se respiraba una sensación de paz. Pero ahora, aunque tampoco había nadie en las calles, algo había cambiado. Mientras atravesaban algunos jardines traseros intentando no ser vistos, Morgan se fijo en que había varios contenedores de basura derribados y su contenido estaba esparcido por el suelo. Algunos jardines presentaban destrozos y la mayoría de las casas estaban completamente cerradas: persianas bajadas, puertas atrancadas e incluso tablones bloqueándolas; como si sus habitantes se hubieran intentado parapetar dentro. Y las que no habían sido saqueadas. Aquello no cuadraba con la imagen de barrio tranquilo que ella recordaba.

Morgan no podía entender nada de lo que estaba sucediendo. De modo casi inconsciente había dirigido sus pasos hacia la que había sido su casa. Tampoco había escapado al saqueo: habían estrellado un coche en el ventanal del salón en la parte trasera. Dentro todo estaba destrozado y revuelto y el coche seguía allí ocupando la mayor parte de la habitación. Morgan se preguntó qué diablos habría querido aquella gente, ella no tenía nada de valor. Entró sin pararse a pensar y sacó una foto de un marco destrozado. Era una foto en la que aparecía ella con sus padres, antes de que el cáncer matase a su madre y su padre se convirtiera en alcohólico. Morgan escuchó que alguien se acercaba a su espalda y guardó la foto disimuladamente.

- ¿Pasa algo? – Zephyr la observó durante un instante - ¿Estas bien?

- Si, solo quería echar un vistazo. – mintió Morgan, entrar allí no había sido muy profesional.

- Yo creo que nos esta llevando a una trampa – la acusó el viejo, estaba claro que ella no le gustaba.

- Déjalo Gunner, no es una trampa. – dijo el infiltrador elfo – No hay nadie cerca.

- ¿Y tú como lo sabes? – insistió el mercenario.

- Es su trabajo, recoge lo que sea y nos vamos, ya estamos cerca de la torre. – Estaba claro que la había visto coger la foto.

- Genial, una visita turística por motivos personales. Que poco profesional – dijo con sorna Gunner.

Morgan habría podido pegarle, pero eso era exactamente lo que él quería y el reloj seguía en marcha. No le daría esa satisfacción. Apenas tardó un par de minutos, no había muchas cosas que le interesase conservar. No era alguien que se atase a los sitios y todo lo que tenía algún valor para ella cabía en una bolsa. El diploma de la universidad, unas cuantas fotos y algún recuerdo, eso era todo. Morgan guardó la bolsa en el interior de su chaqueta de camuflaje y salió de la casa.

- No es fácil dejarlo todo – le dijo el tecnomante de un modo comprensivo.

- No – asintió ella, pero no volvió la vista atrás.

La casa se quedó atrás hasta perderse de vista. Morgan les guió por atajos hacia el rascacielos de Infotech en el centro del complejo. Cuanto más se acercaban mayor era la destrucción y las señales de lucha. De vez en cuando escuchaban gritos o disparos y hacían un rodeo. ¿Cómo podía haber pasado aquello en tan poco tiempo? Hacía menos de veinticuatro horas que había estado allí mismo y todo había estado bien ¿Qué diablos había ocurrido? ¿Y quién era el responsable de toda aquella destrucción? En cierto modo parecía como si el rascacielos fuera el origen de todo aquel caos, pronto sabrían si era cierto.

Evitaron las zonas donde se escuchaba combate mientras les fue posible, pero llego un momento en que les fue imposible. Estaban ya muy cerca del rascacielos, apenas un par de manzanas les separaban de él, pero todas las calles que llevaban hasta él estaban cortadas y había guardias armados vigilando. No había modo de que pudieran pasar sin ser vistos y no se le ocurría un camino alternativo…

No tuvo tiempo de pensar demasiado, algo saltó hacia ella con las fauces abiertas. Morgan tardó una fracción de segundo en comprender que aquella cosa había sido un perro y solo sus reflejos implantados la permitieron esquivar la dentellada. Su cuerpo reaccionó incluso antes de que lo hiciera su mente y, antes siquiera de comprender lo que estaba haciendo disparó una ráfaga corta contra el cuerpo del animal. El cuerpo deforme de aquel chucho sarnoso se convulsionó por los impactos y cayó desplomado sobre el suelo. El animal aún estaba vivo y emitía unos gemidos lastimeros mientras respiraba con dificultad. Morgan miró al perro horrorizada, su cuerpo tenía varios bultos negros y se le había caído casi todo el pelo. Morgan miró los ojos del pobre animal y acabó con su sufrimiento.

- Se acercan problemas – escuchó decir al elfo.

Se acercaban con rapidez por todas las direcciones. Eran o habían sido humanos, pero era difícil de creer al verles: su piel estaba llena de heridas ulcerosas, sus ojos se habían vuelto lechosos, y se les había caído la mayoría del cabello. Algunos tenían heridas recientes o bultos negros como los que tenía el perro. Era difícil imaginar cómo seguían vivos y más aún cómo podían seguir moviéndose. Pero lo hacían y lo más perturbador de todo era la voz lastimera con que les pedían ayuda. Morgan no podía hacer más por ellos de lo que había hecho por el perro y le costó un gran esfuerzo mantener una actitud fría y profesional en aquellas circunstancias.

- No están afectados, seguro que tienen medicinas – dijo de pronto uno de ellos.

- La corporación solo se preocupa de los jefazos no de simples trabajadores como nosotros– dijo otro antes de tener un ataque de tos en el que expulsaba sangre.

- ¡Pues si no nos dan medicinas tendremos que quitárselas! – gritó otro de ellos.

Ahora ya sabía lo que habían estado buscando con los saqueos. El grupo de personas enfermas estaba cada vez más soliviantado, las cosas se estaba poniendo feas…

C40-Morgan, 02:58

Hasta hacía unos segundos traicionar a la corporación era algo impensable, la bomba cortex instalada en su nuca se ocupaba de ello. Todo el mundo tenía un precio y el de ella había sido todo el equipo que llevaba implantado, lo mejor de lo mejor. Pero la vida daba muchas vueltas e Infotech no iba a recuperar su inversión. Hacía tiempo que estaba cansada de todos los viejos ejecutivos que la miraban por encima del hombro y de toda la mierda jerárquica que la impedía progresar pese a todos sus éxitos. Pero la corporación podía estar segura de su lealtad, porque un paso en falso y ¡Boom! Adiós cabeza. Sin duda un buen seguro para toda la pasta que se habían gastado en ella.

Pero Morgan siempre había sido ambiciosa, como hija de unos empleados no cualificados de la corporación siempre había querido mejorar su nivel de vida. Primero la universidad y luego, con su título y unas buenas calificaciones se fue a buscar trabajo. Aunque nadie lo dijese había una regla no escrita, si la corporación te paga los estudios, luego no puedes irte a trabajar con la competencia. Así que Morgan se había visto atascada en un puesto burocrático con un jefe cretino que nunca le habría propuesto un ascenso. ¿Qué otra salida le quedaba? Había firmado los papeles y cedido su cuerpo a Infotech. Al principio fue bien, escalo posiciones y recibió aumentos, pero luego volvió a estancarse. Nadie se lo dijo abiertamente, pero había tocado techo y le iba a ser muy difícil subir más.

Tras un año viendo como tíos más incompetentes que ella eran promocionados, estaba dispuesta a un nuevo cambio de trabajo. ¿Y qué si eso significaba mandar a tomar por culo a Infotech? Acababan de extraerle lo único que la mantenía leal y obediente, era libre. Ahora Morgan solo necesitaba algo de pasta y comenzar a labrarse una reputación. Sí, definitivamente la oferta de los dos elfos no era tan mala…

C30-Morgan, 21: 17

Al principio el plan se había desarrollado según lo previsto y estaba segura de que esta vez conseguiría el ascenso, incluso a pesar de su sexo. El merc llamado Gunner se había comportado exactamente como el asqueroso Orco les había dicho. Encontrar su moto no había sido muy difícil. Después habían instalado el rastreador y los explosivos por si fuera necesario. Le había sorprendido que el merc se diese cuenta de lo de la moto, pero en modo alguno se alteraban sus planes. La bala con el trazador había impactado en su hombro sin problemas y ella se había retirado en busca de su mago y su piloto. Las heridas de sus dos sacos de músculos eran un desafortunado incidente, pero no era nada que el oriental no pudiera arreglar.

Morgan había indicado a los trolls que le dejaran retirarse y el merc se había metido en las alcantarillas. Habría sido imposible seguirle por allí de no ser por el rastreador, pero la sonda de Audi podía captar su señal hasta una distancia de cien metros. Había llamado al enano por el comunicador y le había dado instrucciones de que arreglase a los dos trolls y a continuación se había introducido en las alcantarillas junto a Audi.

Morgan contaba con que el efecto del parche antitrauma se desvaneciese y entonces el merc redujese el ritmo. Eso permitiría que el resto de su equipo les alcanzase sin problemas. Sin embargo el viejo incursor había demostrado ser más duro de lo esperado y mantuvo el ritmo todo el rato. Eso no impidió que el resto de su equipo se agrupase, pero preocupó a Morgan.

Entonces, justo cuando pensaba que estaban a punto de descubrir el destino del viejo mercenario, La sonda de Audi localizó un objeto hostil. Era una sonda algo anticuada con unas pistolas incorporadas. Probablemente la había enviado el merc, pero si la atacaban desvelarían su posición. Pero para su desgracia, Audi tomó la decisión por su cuenta y puso su sonda en modo agresivo. Los supresores de sonido amortiguaron el sonido de los disparos, pero ahora no tenían más remedio que terminar con aquella sonda intrusa con rapidez. ¿Por qué siempre le tocaba dirigir los equipos menos disciplinados? La pregunta era retórica y la respuesta seguía siendo la misma de siempre: la política de la compañía relegaba a los metahumanos y las mujeres a los puestos de menor importancia. Y era justo por eso que ninguno de sus operativos se esforzaba en seguir las instrucciones, sabían que no iban a mejorar su posición.

La sonda intrusa fue despachada en unos segundos, pero cuando comprobó el estado de sus operativos faltaba el mago. Morgan debió ponerse pálida. Era cierto que el enano tendía a quedarse atrás pero… De pronto el túnel se llenó de oscuridad. Y no era una oscuridad normal, impedía incluso su visión termográfica. Entonces supo que debía abortar el plan y salir de allí cuanto antes.

Morgan transmitió las instrucciones por su comunicador y trató de orientarse en aquella extraña oscuridad para salir de allí. Escuchó el grito de uno de los Trolls, las cosas empezaban a ponerse feas. Valiéndose de las paredes, se movió lo más rápido posible en dirección contraria a donde provenían los gritos. La oscuridad producía una sensación casi sólida, casi como si estuviera viva... Tenía que haber una salida por allí cerca.

Los gritos de sus operativos se fueron alejando hasta que ya no escuchó nada más. Morgan continuó vagando en la oscuridad un buen rato. No sabía cuanto tiempo había estado vagando cuando sus sistemas de visión termográfica recuperaron su funcionalidad.

- Creo que es hora de que tengamos una pequeña charla – Era una voz de hombre.

Morgan se giró y vio a dos figuras a contraluz, pero no podía distinguir sus rostros. Por su estatura y constitución debían ser humanos o elfos. Morgan consideró sus opciones, sin su equipo estaba en desventaja, escuchar no parecía tan mala idea…