jueves, noviembre 15, 2007

C81-Morgan, 22:08

Mierda. Aquello fue lo primero que había venido a su cabeza al ver la… cosa. Y realmente no había una forma mejor de describirla. No era simplemente basura, eran también los restos de comida, material roto, defecaciones e incluso compresas usadas. Fuese lo que fuese estaba compuesto de todo lo que alguna vez había sido desechado. Y de cadáveres o, al menos, parte de ellos. Pero lo peor era el olor a putrefacción y vómito.

- ¡Tenemos que huir! – gritó Christler

Morgan la agarró del brazo antes de que saliera corriendo escaleras abajo, si se encontraba con la gente enferma era posible que la pegasen un tiro. El rostro de la periodista se había transformado por el terror. Sus ojos estaban enrojecidos y le temblaba el labio inferior, como si estuviese a punto de echarse a llorar. Su respiración se había acelerado y aferraba con fuerza el bolso. Volvió a tirar intentando soltarse pero Morgan, mucho más alta y corpulenta, le obligó a permanecer en el sitio.

La cosa se arrastraba por el pasillo dejando un rastro de sangre y porquería en la moqueta gris. A su paso, la luz blanca de los fluorescentes parpadeaba ligeramente, como si estuviese a punto de consumirse. Se estaba tomando su tiempo, parándose a examinar los cuerpos rotos del pasillo. Tanteaba los cadáveres con su masa hedionda, arrancando de ellos objetos inservibles, un paquete de tabaco casi terminado, un reloj roto, un bolígrafo sin tinta, los restos de una bolsa de patatas. Otras veces era peor, se introducía por alguna cavidad del cuerpo hasta hacer reventar sus intestinos. La cosa se estaba alimentando, estaba creciendo.

El primer instinto de Morgan había sido activar el comunicador interno antes de recordar que el equipo con el que ahora trabajaba no estaba conectado a su frecuencia. Y ya no daba órdenes. El comportamiento de sus compañeros era mucho más anárquico de lo que estaba acostumbrada, no había un líder claro ni nadie que les organizase en combate. Y aún así, viendo cómo Zephyr se había desplazado para cubrir al tecnomante mientras el mercenario y el infiltrador cubrían la puerta. Solo Christler y ella parecían estar fuera de lugar.

Pero no era la primera vez que cambiaba de equipo y sabía lo que tenían que hacer. Si aquella cosa era como la de la entrada las balas no le harían nada, pero la granada de fósforo había funcionado. Morgan sacó una de las granadas pero antes de que la arrojase vio que Ghost le hacía una señal de esperar con la mano.

- ¿Qué cojones es eso, Zephyr? – Escuchó que preguntaba el mercenario sin dejar de apuntar hacia la masa de porquería.

La cosa cada vez estaba más cerca. Morgan se volvió para mirar a la shaman serpiente. Sus ojos azules tenían un ligero brillo y sus labios se movían sin emitir sonido mientras sacaba un cuchillo con una serpiente dibujada en su hoja. A su lado, el tecnomante había sacado una pistola de su gabardina y apuntaba hacia el pasillo con pulso poco firme. Zephyr sostuvo el cuchillo frente a ella, la serpiente en la hoja parecía retorcerse.

- Es un espíritu tóxico.

La voz de la elfa sonaba lejana, como si no estuviese realmente allí y, a Morgan, le pareció que había un deje a decepción en ella. Pero, ¿por qué iba a estar decepcionada? No tenía sentido, tal vez imaginaba cosas. Junto a la puerta, Gunner bajó sus pistolas y sus ojos perdieron el brillo rojo. El mercenario escupió hacia el pasillo.

- Pues haz tu parte – Su voz sonaba molesta y cortante.

Gunner devolvió una se sus pistolas a su funda y se ajustó su chaleco militar como si aquello no fuera con él. ¿Realmente era así siempre? Debía ser un resentido, alguien que pensaba que el resto del mundo le debía algo y al no conseguirlo odiaba al resto. ¿A cuento de qué había venido si no lo de “comer coños”? No era la primera vez que encontraba alguien así y probablemente no sería la última. Y siempre, invariablemente la habían acusado de ser lesbiana. Como si poder partirle la cara a alguien tuviera que ver con sus preferencias sexuales. Menudo imbécil, pensó Morgan.

Zephyr tampoco parecía haber olvidado, o perdonado, el comentario sobre su hermana. Que diablos, viendo a aquel cuarentón dopado de implantes baratos no le habría sorprendido que su ocio se debiera a que la hermana de Zephyr se había liado con otro y no él.

Zephyr echó la trenza a su espalda y avanzó hacia Morgan sin dejar de mirar a Gunner. Después sonrió de modo despectivo y giro su cuchillo ofreciéndole a Morgan la empuñadura envuelta con una tira de piel clara.

- Vencer a un espíritu es una cuestión de voluntad, cualquiera puede hacerlo. O casi – añadió sin dejar de mirarle.

Morgan cogió el cuchillo. La piel blanda del mango resultaba suave al tacto y, para su sorpresa, la hoja estaba equilibrada a la perfección, como si fuese una extensión de su propio brazo. Apenas había sopesado el arma cuando Gunner dejó su posición junto a la puerta.

- Dame el jodido cuchillo – exigió con la mano extendida.

Sus ojos volvían a emitir una ligera luz roja. Ha vuelto a activar su sistema de puntería, comprendió Morgan. Cambio el peso de su cuerpo, dispuesta a reaccionar en cualquier momento. No era tan corpulenta como él, pero estaba segura de que su entrenamiento y sus implantes compensaban con creces la diferencia de masa.

- Ya me encargo yo, soy más rápida.

Solo había sido una pequeña provocación, pero Gunner cerró la mano de su brazo mecánico como si quisiera aplastar algo. Estaba a punto de saltar sobre ella y Morgan no podía evitar preguntarse si Zephyr le había dado el cuchillo precisamente por eso.

- Usa tu propio cuchillo, funciona igual de bien.

Gunner devolvió su atención a Zephyr. La elfa echó su trenza a la espalda y se colocó junto a Morgan con las manos en las caderas, desafiante pese a que le sacaba más de un palmo de altura. Tras ellas, Christler hacía todo lo posible por pasar desapercibida. Morgan la empujó hacia Twitch que reaccionó justo a tiempo para cogerla. Gunner sacó un cuchillo de caza de su funda en la bota y Morgan sintió una inyección de adrenalina previa al combate

- Zorras – dijo antes de cargar hacia el espíritu.

Pero pese a la velocidad aumentada de su cuerpo el espíritu tóxico era más rápido. Fue como si abriese una boca para engullirle, levantándose por encima de la cabeza del mercenario y cayendo sobre él en apenas una fracción de segundo. Christler gritó con todas sus fuerzas y volvió a intentar salir corriendo hasta que Twitch la sujetó con cierta dificultad.

La masa hedionda del espíritu se agitó y, por un momento, Morgan pudo ver el filo del cuchillo del mercenario intentando abrir una salida. Morgan activó su visión térmica, el mercenario se revolvía en el interior del espíritu. Apretó la empuñadura del cuchillo, tenían que sacarlo de ahí, aún cuando fuese un gilipollas.

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