La muralla que rodeaba el complejo estaba desierta, eso la puso en alerta. En condiciones normales tendrían que haberse encontrado con una docena de guardias en los puestos y patrullas de cuatro a intervalos variables. ¿Dónde estaban todos los guardias? ¿Qué diablos estaba pasando? Tal vez debería haberse alegrado de que no hubiera vigilancia, pero no podía evitar la sensación de que algo no iba bien, nada bien.
Descendieron cerca de una zona residencial que Morgan conocía bien. Su casa no estaba lejos de allí. Era un vecindario de bonitos chalets adosados con pequeños jardines a la entrada. En todos los años que había vivido por allí había sido un lugar casi idílico. Morgan había pasado corriendo por aquella misma calle todas las mañanas, cuando apenas había amanecido. Entonces la calle casi siempre estaba desierta y se respiraba una sensación de paz. Pero ahora, aunque tampoco había nadie en las calles, algo había cambiado. Mientras atravesaban algunos jardines traseros intentando no ser vistos, Morgan se fijo en que había varios contenedores de basura derribados y su contenido estaba esparcido por el suelo. Algunos jardines presentaban destrozos y la mayoría de las casas estaban completamente cerradas: persianas bajadas, puertas atrancadas e incluso tablones bloqueándolas; como si sus habitantes se hubieran intentado parapetar dentro. Y las que no habían sido saqueadas. Aquello no cuadraba con la imagen de barrio tranquilo que ella recordaba.
Morgan no podía entender nada de lo que estaba sucediendo. De modo casi inconsciente había dirigido sus pasos hacia la que había sido su casa. Tampoco había escapado al saqueo: habían estrellado un coche en el ventanal del salón en la parte trasera. Dentro todo estaba destrozado y revuelto y el coche seguía allí ocupando la mayor parte de la habitación. Morgan se preguntó qué diablos habría querido aquella gente, ella no tenía nada de valor. Entró sin pararse a pensar y sacó una foto de un marco destrozado. Era una foto en la que aparecía ella con sus padres, antes de que el cáncer matase a su madre y su padre se convirtiera en alcohólico. Morgan escuchó que alguien se acercaba a su espalda y guardó la foto disimuladamente.
- ¿Pasa algo? – Zephyr la observó durante un instante - ¿Estas bien?
- Si, solo quería echar un vistazo. – mintió Morgan, entrar allí no había sido muy profesional.
- Yo creo que nos esta llevando a una trampa – la acusó el viejo, estaba claro que ella no le gustaba.
- Déjalo Gunner, no es una trampa. – dijo el infiltrador elfo – No hay nadie cerca.
- ¿Y tú como lo sabes? – insistió el mercenario.
- Es su trabajo, recoge lo que sea y nos vamos, ya estamos cerca de la torre. – Estaba claro que la había visto coger la foto.
- Genial, una visita turística por motivos personales. Que poco profesional – dijo con sorna Gunner.
Morgan habría podido pegarle, pero eso era exactamente lo que él quería y el reloj seguía en marcha. No le daría esa satisfacción. Apenas tardó un par de minutos, no había muchas cosas que le interesase conservar. No era alguien que se atase a los sitios y todo lo que tenía algún valor para ella cabía en una bolsa. El diploma de la universidad, unas cuantas fotos y algún recuerdo, eso era todo. Morgan guardó la bolsa en el interior de su chaqueta de camuflaje y salió de la casa.
- No es fácil dejarlo todo – le dijo el tecnomante de un modo comprensivo.
- No – asintió ella, pero no volvió la vista atrás.
La casa se quedó atrás hasta perderse de vista. Morgan les guió por atajos hacia el rascacielos de Infotech en el centro del complejo. Cuanto más se acercaban mayor era la destrucción y las señales de lucha. De vez en cuando escuchaban gritos o disparos y hacían un rodeo. ¿Cómo podía haber pasado aquello en tan poco tiempo? Hacía menos de veinticuatro horas que había estado allí mismo y todo había estado bien ¿Qué diablos había ocurrido? ¿Y quién era el responsable de toda aquella destrucción? En cierto modo parecía como si el rascacielos fuera el origen de todo aquel caos, pronto sabrían si era cierto.
Evitaron las zonas donde se escuchaba combate mientras les fue posible, pero llego un momento en que les fue imposible. Estaban ya muy cerca del rascacielos, apenas un par de manzanas les separaban de él, pero todas las calles que llevaban hasta él estaban cortadas y había guardias armados vigilando. No había modo de que pudieran pasar sin ser vistos y no se le ocurría un camino alternativo…
No tuvo tiempo de pensar demasiado, algo saltó hacia ella con las fauces abiertas. Morgan tardó una fracción de segundo en comprender que aquella cosa había sido un perro y solo sus reflejos implantados la permitieron esquivar la dentellada. Su cuerpo reaccionó incluso antes de que lo hiciera su mente y, antes siquiera de comprender lo que estaba haciendo disparó una ráfaga corta contra el cuerpo del animal. El cuerpo deforme de aquel chucho sarnoso se convulsionó por los impactos y cayó desplomado sobre el suelo. El animal aún estaba vivo y emitía unos gemidos lastimeros mientras respiraba con dificultad. Morgan miró al perro horrorizada, su cuerpo tenía varios bultos negros y se le había caído casi todo el pelo. Morgan miró los ojos del pobre animal y acabó con su sufrimiento.
- Se acercan problemas – escuchó decir al elfo.
Se acercaban con rapidez por todas las direcciones. Eran o habían sido humanos, pero era difícil de creer al verles: su piel estaba llena de heridas ulcerosas, sus ojos se habían vuelto lechosos, y se les había caído la mayoría del cabello. Algunos tenían heridas recientes o bultos negros como los que tenía el perro. Era difícil imaginar cómo seguían vivos y más aún cómo podían seguir moviéndose. Pero lo hacían y lo más perturbador de todo era la voz lastimera con que les pedían ayuda. Morgan no podía hacer más por ellos de lo que había hecho por el perro y le costó un gran esfuerzo mantener una actitud fría y profesional en aquellas circunstancias.
- No están afectados, seguro que tienen medicinas – dijo de pronto uno de ellos.
- La corporación solo se preocupa de los jefazos no de simples trabajadores como nosotros– dijo otro antes de tener un ataque de tos en el que expulsaba sangre.
- ¡Pues si no nos dan medicinas tendremos que quitárselas! – gritó otro de ellos.
Ahora ya sabía lo que habían estado buscando con los saqueos. El grupo de personas enfermas estaba cada vez más soliviantado, las cosas se estaba poniendo feas…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario