Gunner, 12: 01
Gunner aceleró con su Scorpion trucada y adelantó otro Chrysler-Nissan. En apenas un par de años las carreteras se habían llenado de aquel penoso modelo de coche cuyo éxito se basaba en la modelo pechugona del anuncio. Gunner gruñó entre dientes. Ya no hacían coches como los de antes. Las compañías no se molestaban en hacer modelos que mereciesen la pena y los consumidores eran tan estúpidos de seguir comprando. Gunner se alegró de no ser como ellos e hizo un corte de mangas a nadie en particular. “Gilipollas”, escuchó gritar a un tipo gris en uno de las tortugas metálicas. Gunner le dejó atrás sin molestarse en contestar.
Sam tenía razón, ya solo quedaban unos pocos que supiesen apreciar una buena máquina. Cuando llegase a su taller pensaba decirle eso mismo. Claro que, como de costumbre, Gunner no visitaba a la rolliza enana solo para charlar. Si había alguien en la ciudad que sabía cómo entrar y, aún más importante, cómo salir de Infotech, esa era Sam. Aunque hacía tiempo que se había retirado, la mecánica se mantenía al día sobre vehículos y demás cacharros.
Gunner redujo algo la velocidad y tomó un desvío hacia uno de los barrios bajos de la ciudad, en los barrios buenos rara vez aceptaban a los metahumanos o la gente con implantes. Sam había instalado su taller en un garaje de aspecto abarrotado y vulgar. Gunner había escuchado a los vecinos preguntarse de qué vivía Sam si nunca aceptaba clientes. Gunner sabía que no era verdad, pero Sam solo aceptaba vehículos de verdad, no aquellos coches de juguete que vendían ahora.
Gunner aparcó su moto frente al garaje y activó las medidas de seguridad. Un par de chavales que parecían pandilleros se quedó mirando la impresionante Scorpion un par de segundos más de lo que Gunner consideró apropiado. Gunner torció el gesto amenazadoramente. Sus casi dos metros de estatura y cuerpo fornido hacían que el negro de ojos rojos tuviese un aspecto realmente intimidante. Los chicos salieron corriendo.
- Menuda preciosidad, ¿puedo echarle un vistazo? – Dijo la voz de Sam a su derecha. El rostro de Gunner se distendió en una sonrisa.
- Claro, Sam, siempre has sido un mecánico de fiar. – La enana se acercó mientras se lim
Gunner aceleró con su Scorpion trucada y adelantó otro Chrysler-Nissan. En apenas un par de años las carreteras se habían llenado de aquel penoso modelo de coche cuyo éxito se basaba en la modelo pechugona del anuncio. Gunner gruñó entre dientes. Ya no hacían coches como los de antes. Las compañías no se molestaban en hacer modelos que mereciesen la pena y los consumidores eran tan estúpidos de seguir comprando. Gunner se alegró de no ser como ellos e hizo un corte de mangas a nadie en particular. “Gilipollas”, escuchó gritar a un tipo gris en uno de las tortugas metálicas. Gunner le dejó atrás sin molestarse en contestar.
Sam tenía razón, ya solo quedaban unos pocos que supiesen apreciar una buena máquina. Cuando llegase a su taller pensaba decirle eso mismo. Claro que, como de costumbre, Gunner no visitaba a la rolliza enana solo para charlar. Si había alguien en la ciudad que sabía cómo entrar y, aún más importante, cómo salir de Infotech, esa era Sam. Aunque hacía tiempo que se había retirado, la mecánica se mantenía al día sobre vehículos y demás cacharros.
Gunner redujo algo la velocidad y tomó un desvío hacia uno de los barrios bajos de la ciudad, en los barrios buenos rara vez aceptaban a los metahumanos o la gente con implantes. Sam había instalado su taller en un garaje de aspecto abarrotado y vulgar. Gunner había escuchado a los vecinos preguntarse de qué vivía Sam si nunca aceptaba clientes. Gunner sabía que no era verdad, pero Sam solo aceptaba vehículos de verdad, no aquellos coches de juguete que vendían ahora.
Gunner aparcó su moto frente al garaje y activó las medidas de seguridad. Un par de chavales que parecían pandilleros se quedó mirando la impresionante Scorpion un par de segundos más de lo que Gunner consideró apropiado. Gunner torció el gesto amenazadoramente. Sus casi dos metros de estatura y cuerpo fornido hacían que el negro de ojos rojos tuviese un aspecto realmente intimidante. Los chicos salieron corriendo.
- Menuda preciosidad, ¿puedo echarle un vistazo? – Dijo la voz de Sam a su derecha. El rostro de Gunner se distendió en una sonrisa.
- Claro, Sam, siempre has sido un mecánico de fiar. – La enana se acercó mientras se lim
1 comentario:
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Por cierto ¡te enlazo a mi blog!
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