Ghost, 00: 05
El Inferno aún estaba bastante vacío. La mayoría de la gente aún no había llegado y todavía se podía pedir en la barra sin tener que apartar gente. La música industrial sonaba con fuerza pero nadie bailaba aún, era demasiado pronto. Ghost se acercó a la barra mientras esperaba a que llegase Zephyr, nadie se sorprendió de verle allí. Celine le recibió con una amplia sonrisa y le sirvió lo de siempre.
- Tengo un tatuaje nuevo ¿quieres verlo? – Dijo Celine intentando atraer su atención hacia su escote.
- Las rosas negras están muy vistas – respondió Ghost sin mucho interés.
- No me refería a ese. – La sonrisa lasciva de Celine dejaba pocas dudas sobre su oferta.
- Ya tengo alguien esta noche.
- Otra noche tal vez. – Dijo en tono insinuante antes de marcharse. Ghost se preguntó cuando captaría la indirecta de que no estaba interesado.
Ghost dio un trago de su bebida mientras echaba un vistazo al local. La mayoría de los habituales aún no habían llegado. Las jaulas del fondo aún estaban vacías y el proyector trideo apagado. Al otro extremo del local Ghost observó a unos niños pijos intentando ocultar que estaban fuera de lugar allí. Se preguntó que harían cuando el local se animase y el Inferno hiciese honor a su reputación.
El local fue llenándose poco a poco. Zephyr seguía sin aparecer y Ghost pidió otra copa. El proyector reproducía escenas gore del remake de Hallowen. La joven estrella Sim elegida para el papel principal no hacía honor a su predecesora, pensó Ghost mientras se juntaba con algunos colegas en los sillones. Max intentó decirle algo. El sonido de la música hacía que para hablar tuviesen que gritarse al oido. “Ezequiel” consiguió entender Ghost, mientras su amigo le señalaba al atractivo hombre de rasgos orientales. Ghost meditó durante unos instantes, lo último que le apetecía era estar con él a solas. Decidió esperar a Zephyr.
La noche se fue animando. La pista se había llenado de personas que bailaban frenéticamente al son de la música. En las jaulas los bailarines acaparaban la atención con sus movimientos provocativos acentuados por su ropa... o falta de ella. La mayoría de personas en el local vestía con ropas de cuero o vinilo, ceñidas y provocativas, pero quienes bailaban en la jaula iban prácticamente desnudos.
Normalmente, el ritmo de la música, el roce de los cuerpos y el alcohol inducían a Ghost en una especie de trance que duraba horas. Después solía acabar en los reservados de atrás dándose el lote con su ligue de esa noche. Pero esta noche Ghost no podía permitirse el lujo de dejarse llevar. Mientras apuraba su quinta copa se preguntó por milésima vez donde diablos estaba Zephyr.
Ghost agarró malhumorado su gabardina de cuero para salir a buscarla. Ghost empezó a abrirse camino entre la gente para salir. En ese momento vio a Ezequiel hablando con una chica. La chica estaba de espaldas a él, hablando con Ezequiel. El terciopelo negro dibujaba su silueta y su pelo oscuro caía hasta la mitad de la espalda. Ezequiel decía algo a su oido, ella asentía con la cabeza. Ghost comenzó a dirigirse hacia la salida discretamente, esperando que Ezequiel no le viese. Ese fue el momento que Zephyr escogió para darse la vuelta. Durante un par de segundos Ghost se quedó paralizado, incapaz de reaccionar.
Zephyr le hizo señas y Ezequiel alzó su copa a modo de saludo. Ghost trató de tranquilizarse, ya hablaría con Zephyr más tarde. Cuando llegó a donde estaban Zephyr le dijo algo, Ghost no oyó nada y Zephyr se acercó para hablarle al oido. Su aliento cálido rozó su mejilla y podía oler su perfume. Al principio no entendió lo que decía.
- Llegas tarde. – Consiguió entender. Ghost sintió como su cabreo recuperaba fuerza.
- ¡Eres tu quien llega tarde! – Gritó furioso.
- ¿A quién quieres engañar? ¡Llevo aquí dos horas! – Los ojos de Zephyr eran como dagas afiladas.
- ¡Y yo estoy aquí desde las 12! – Ghost vio que Ezequiel estaba observándolos y bajo algo el tono de voz. ¿De qué diablos hablaba Zephyr? - ¿No preguntaste?
- ¡Claro que he preguntado! ¡Sabes que odio este sitio! – Zephyr miro de reojo a Ezequiel y también bajo el tono de voz. – He preguntado cada jodida media hora y en todas las ocasiones la camarera me ha dicho que no estabas.
- ¿Qué camarera? – Preguntó imaginado la respuesta.
- La rubia insulsa de la rosa en el escote.- Zephyr aún parecía molesta.
- ¡Maldita zorra! Debió pensar que estábamos juntos. – Zephyr le miró esperando una explicación. – Que eras mi rollo de esta noche.
La mirada de Zephyr se dirigió durante unos instantes a la barra, Celine estaba mirándolos. Sin mediar palabra Zephyr se acercó a Ghost y le besó. Suavemente al principio, acariciando su lengua, para acabar mordisqueando sus labios. Después agarró su correa y miró de nuevo a la barra sonriendo a Celine.
- Vamos Ghost, tenemos trabajo. – Dijo de nuevo a su oido. Ghost abrió la boca para contestar y se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento. ¿Qué diablos le pasaba a Zephyr? Fuese lo que fuese, esperaba que durase.
El Inferno aún estaba bastante vacío. La mayoría de la gente aún no había llegado y todavía se podía pedir en la barra sin tener que apartar gente. La música industrial sonaba con fuerza pero nadie bailaba aún, era demasiado pronto. Ghost se acercó a la barra mientras esperaba a que llegase Zephyr, nadie se sorprendió de verle allí. Celine le recibió con una amplia sonrisa y le sirvió lo de siempre.
- Tengo un tatuaje nuevo ¿quieres verlo? – Dijo Celine intentando atraer su atención hacia su escote.
- Las rosas negras están muy vistas – respondió Ghost sin mucho interés.
- No me refería a ese. – La sonrisa lasciva de Celine dejaba pocas dudas sobre su oferta.
- Ya tengo alguien esta noche.
- Otra noche tal vez. – Dijo en tono insinuante antes de marcharse. Ghost se preguntó cuando captaría la indirecta de que no estaba interesado.
Ghost dio un trago de su bebida mientras echaba un vistazo al local. La mayoría de los habituales aún no habían llegado. Las jaulas del fondo aún estaban vacías y el proyector trideo apagado. Al otro extremo del local Ghost observó a unos niños pijos intentando ocultar que estaban fuera de lugar allí. Se preguntó que harían cuando el local se animase y el Inferno hiciese honor a su reputación.
El local fue llenándose poco a poco. Zephyr seguía sin aparecer y Ghost pidió otra copa. El proyector reproducía escenas gore del remake de Hallowen. La joven estrella Sim elegida para el papel principal no hacía honor a su predecesora, pensó Ghost mientras se juntaba con algunos colegas en los sillones. Max intentó decirle algo. El sonido de la música hacía que para hablar tuviesen que gritarse al oido. “Ezequiel” consiguió entender Ghost, mientras su amigo le señalaba al atractivo hombre de rasgos orientales. Ghost meditó durante unos instantes, lo último que le apetecía era estar con él a solas. Decidió esperar a Zephyr.
La noche se fue animando. La pista se había llenado de personas que bailaban frenéticamente al son de la música. En las jaulas los bailarines acaparaban la atención con sus movimientos provocativos acentuados por su ropa... o falta de ella. La mayoría de personas en el local vestía con ropas de cuero o vinilo, ceñidas y provocativas, pero quienes bailaban en la jaula iban prácticamente desnudos.
Normalmente, el ritmo de la música, el roce de los cuerpos y el alcohol inducían a Ghost en una especie de trance que duraba horas. Después solía acabar en los reservados de atrás dándose el lote con su ligue de esa noche. Pero esta noche Ghost no podía permitirse el lujo de dejarse llevar. Mientras apuraba su quinta copa se preguntó por milésima vez donde diablos estaba Zephyr.
Ghost agarró malhumorado su gabardina de cuero para salir a buscarla. Ghost empezó a abrirse camino entre la gente para salir. En ese momento vio a Ezequiel hablando con una chica. La chica estaba de espaldas a él, hablando con Ezequiel. El terciopelo negro dibujaba su silueta y su pelo oscuro caía hasta la mitad de la espalda. Ezequiel decía algo a su oido, ella asentía con la cabeza. Ghost comenzó a dirigirse hacia la salida discretamente, esperando que Ezequiel no le viese. Ese fue el momento que Zephyr escogió para darse la vuelta. Durante un par de segundos Ghost se quedó paralizado, incapaz de reaccionar.
Zephyr le hizo señas y Ezequiel alzó su copa a modo de saludo. Ghost trató de tranquilizarse, ya hablaría con Zephyr más tarde. Cuando llegó a donde estaban Zephyr le dijo algo, Ghost no oyó nada y Zephyr se acercó para hablarle al oido. Su aliento cálido rozó su mejilla y podía oler su perfume. Al principio no entendió lo que decía.
- Llegas tarde. – Consiguió entender. Ghost sintió como su cabreo recuperaba fuerza.
- ¡Eres tu quien llega tarde! – Gritó furioso.
- ¿A quién quieres engañar? ¡Llevo aquí dos horas! – Los ojos de Zephyr eran como dagas afiladas.
- ¡Y yo estoy aquí desde las 12! – Ghost vio que Ezequiel estaba observándolos y bajo algo el tono de voz. ¿De qué diablos hablaba Zephyr? - ¿No preguntaste?
- ¡Claro que he preguntado! ¡Sabes que odio este sitio! – Zephyr miro de reojo a Ezequiel y también bajo el tono de voz. – He preguntado cada jodida media hora y en todas las ocasiones la camarera me ha dicho que no estabas.
- ¿Qué camarera? – Preguntó imaginado la respuesta.
- La rubia insulsa de la rosa en el escote.- Zephyr aún parecía molesta.
- ¡Maldita zorra! Debió pensar que estábamos juntos. – Zephyr le miró esperando una explicación. – Que eras mi rollo de esta noche.
La mirada de Zephyr se dirigió durante unos instantes a la barra, Celine estaba mirándolos. Sin mediar palabra Zephyr se acercó a Ghost y le besó. Suavemente al principio, acariciando su lengua, para acabar mordisqueando sus labios. Después agarró su correa y miró de nuevo a la barra sonriendo a Celine.
- Vamos Ghost, tenemos trabajo. – Dijo de nuevo a su oido. Ghost abrió la boca para contestar y se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento. ¿Qué diablos le pasaba a Zephyr? Fuese lo que fuese, esperaba que durase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario