jueves, octubre 25, 2007

Capítulo 19

Zephyr, La Torre

La torre, símbolo del orgullo de los hombres, se alzaba en mitad de la tormenta. La furia de los elementos se descargaba implacable sobre ella, amenazando con destruir lo que tanto había costado construir. Aquella destrucción traería consigo un cambio que derribaría a los soberbios y solo quienes aprendieran del castigo ascenderían sobre sus escombros.

Zephyr observó la estructura dañada del edificio, aún con su destino a la vista el viaje distaba mucho de haber concluido. En la torre y sus alrededores se desarrollaba una encarnizada batalla: elementales contra espíritus tóxicos. La furia de los contendientes alimentaba la tormenta que destruía lo que ellos no podían. Muy pronto aquella altiva torre no sería más que ruinas. No podían llegar hasta la torre y sin embargo Zephyr estaba segura que la información que buscaban estaba en su interior. Como el avatar de la serpiente alada inca, ella ansiaba descubrir qué secretos se ocultaban allí.

Ghost y Ezequiel discutían las opciones, Zephyr se apartó de ellos unos pasos mientras se abrazaba intentando entrar en calor. La túnica se pegaba a su cuerpo y ofrecía escasa protección contra la incansable lluvia. Las serpientes se enroscaron en su cabello buscando protección mientras Zephyr recorría con la mirada cuanto la rodeaba. El camino serpenteaba bajando a un valle en el que se encontraba la torre, en su base, protegiendo la entrada, varios elementales de fuego y de tierra combatía con los espíritus tóxicos. No había modo de entrar por allí sin que les vieran.

Zephyr estudió la estructura de piedra. Los rayos habían hendido la roca en varios puntos, pero esta aún se mantenía en pie. Las paredes eran completamente lisas, sin ventanas o aberturas a excepción de un balcón en su punto más alto. Zephyr se removió inquieta, era arriesgado, pero no había más opciones…

- Iré yo – dijo interrumpiendo la conversación de los dos hombres.

- ¿Qué? ¿Estás loca? – Ghost la miró incrédulo - ¿Cómo piensas entrar? – Zephyr agitó sus alas.

- No creo que los espíritus se paren a mirar al cielo, entraré por arriba.

- ¿Y si hay enemigos dentro? ¡Maldita sea! Sé razonable Zeph – Zephyr ya lo había pensado pero la decisión estaba tomada.

- No he llegado hasta aquí para mancharme con las manos vacías.

- Sé que esta en tu naturaleza, pero es demasiado peligroso. – Ezequiel soltó un gruñido, Zephyr sabía que no le gustaba dejarla sola.

- Solo echaré un vistazo, nada más – Zephyr clavó su mirada en Ezequiel – Además, no es tu decisión, vete si quieres.

- Sabes que no haré eso. – Ezequiel agachó las orejas y su rostro canino dejó traslucir su preocupación.

- ¿Y nosotros qué hacemos mientras tanto? –Ghost tampoco parecía muy conforme con el plan.

- Esperadme en el acantilado de allí, los espíritus tendrán más complicado llegar hasta allí.

- Ten cuidado Zeph, - Ghost apoyó su mano en el hombro de Zephyr y la miró a los ojos – No hagas tonterías, si ves algún problema vuelve.

- No te preocupes – Zephyr sonrió intentando tranquilizarle. – Estaré de vuelta antes de que me eches en falta.

- Más te vale – Ezequiel mostró sus colmillos en un amago de sonrisa.

Zephyr extendió las alas y alzó el vuelo. La lluvia y el viento dificultaban su avance, pero Zephyr no pensaba rendirse. Zephyr tomó altura y buscó el modo de sortear las corrientes de aire y los rayos. Las serpientes se deslizaron por su cuello y le susurraron al oído:

- Confía en tu sssexto ssssentido

El sexto sentido era la magia, pero Zephyr no sabía como la protegería si un rayo caía cerca. Bajo ella la batalla se recrudecía y sobre su cabeza las nubes tormentosas se volvían cada vez más negras, no tenía mucho tiempo. Zephyr inspiró profundamente y se lanzó en picado, luchando contra las corrientes de aire que amenazaban con arrojarla al suelo y anticipándose lo mejor que podía a la caída de los rayos. Su corazón latía acelerado mientras volaba lo más deprisa que podía. Finalmente Zephyr pegó las alas a su cuerpo y entró como una exhalación en la torre.

La habitación parecía el laboratorio de un alquimista, estaba llena de cachivaches: alambiques, frascos de vidrio de formas distorsionadas y líquidos burbujeantes. Zephyr extendió sus alas de nuevo para frenar su caída y derribó varios frascos de contenido desconocido.

- ¡Mierda!

El suelo se había llenado de fragmentos de cristal cerca del balcón. Zephyr esperó que nadie hubiese escuchado el ruido y caminó de puntillas hasta la única puerta que había en la habitación. Era una puerta grande de hierro, con una barra reforzada que servía para asegurarla. Zephyr la entreabrió ligeramente y echó un vistazo. El resto de la torre era un laberinto de escaleras que descendía hasta la base. Varios elementales de fuego se recortaban el la oscuridad y subían hacia donde ella estaba. Zephyr cerró la puerta y corrió la barra, tenía que darse prisa.

Zephyr recorrió la caótica sala con la mirada, ni siquiera sabía lo que debía buscar. Y pese a todo la intuición le decía que lo que fuera estaba allí mismo.

- Llamassss – dijo la serpiente blanca

La mirada de Zephyr se vio atraída por un destello dorado al fondo de la sala. Zephyr se acercó corriendo para descubrir la fuente. Ante ella había docenas de cristales de colores cálidos que refulgían con luz propia. Zephyr cogió uno y se lo guardó en la túnica, era cálido al tacto y parecía pulsar, como si latiese con vida propia.

Un golpe en la puerta le recordó que no estaba sola. En el exterior los rayos seguían cayendo y la torre temblaba con cada nuevo impacto. Zephyr miró a su alrededor desesperada. Tenía que haber algo más ¿pero qué?

- Ponzzzoña – remarcó la serpiente negra.

Si, los espíritus tóxicos parecían estar relacionados con lo que estaba sucediendo por lo que Zephyr buscó algo que le recordase a lo que ya había visto. El metal de la puerta había adoptado ya una tonalidad rojiza por el calor y habían comenzado a caer cascotes.

- ¡Maldita sea! ¿dónde esta?

Zephyr miró de reojo la puerta, un brazó ígneo la había atravesado y estaba descorriendo la barra que la mantenía cerrada. Entonces lo descubrió frente a ella, estaba rezumando de un caldero justo delante de la puerta, era el mismo moho gris que había visto en el callejón y en los espíritus tóxicos. Y justo al lado un pergamino sobre un atril. Zephyr decidió arriesgarse y corrió hacia allí. El elemental consiguió abrir la puerta justo cuando Zephyr cogía el pergamino.

Zephyr se agachó instintivamente mientras el espíritu de fuego le arrojaba un objeto inflamado. Falló por muy poco. Zephyr puso el caldero entre ellos y reculo hacia el balcón mientras buscaba algo con lo que proteger el pergamino. Fuera continuaba lloviendo y, aunque era un objeto espiritual, no quería arriesgarse a que quedase arruinado. Cogió un frasco de cristal vacío y lo metió dentro. Un elemental más había entrado y otro asomaba por la puerta.

Un nuevo ataque y las llamas del primer elemental lamieron brazo al cubrirse. Zephyr gritó de dolor pero se obligó a seguir moviéndose, estaba tan cerca de la salida… Zephyr dio la espalda a los elementales y corrió hacia el balcón. Los cristales se clavaron en sus pies desnudos y el fuego de los elementales quemó su espalda y prendió en su ala derecha. Zephyr no se detuvo y saltó al vacío abriendo las alas. La lluvia la recibió amortiguando el dolor.

Y justo cuando Zephyr abandonaba la torre, un rayó se descargó sobre su base. El aire se llenó de electricidad y Zephyr cayó durante un interminable segundo mientras aleteaba desesperadamente para frenar su caída. La torre se derrumbaba a su alrededor y Zephyr apenas era capaz de maniobrar su vuelo.

- No me rendiré – se dijo a sí misma.

Zephyr batió de nuevo las alas para alejarse de la torre y ganar altura. Zephyr podía ver el acantilado donde la esperaban sus compañeros. La salvación estaba a unos metros pero a Zephyr le parecía cada vez más lejana…

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