Gunner, 17: 00
Gunner se había colocado en el tejado de uno de los edificios cercanos. Desde allí podía controlar todos los alrededores del prostíbulo, especialmente las salidas. Sus ojos cibernéticos hacían innecesarios los prismáticos y le permitían hacer zoom con solo pensarlo, Gunner pensó que eran una de las mejores inversiones que había hecho.
Los objetivos policiales se habían desplegado con bastante eficiencia, pero a juicio de Gunner habían dejado una salida posible. Sus años de experiencia en las calles le decían que Enrico tampoco pasaría por alto aquella vía de escape. El callejón trasero del prostíbulo, aquel que tanto le gustaba a Molly, tenía poco más de metro y medio de ancho. Una persona podía saltar desde la azotea hasta el edificio de al lado sin demasiados problemas. Ni siquiera necesitaba muchos implantes.
Gunner esperó pacientemente con su rifle inteligente preparado, sabía que Enrico aparecería por ahí. Antes de que la policía anunciase su presencia, Enrico ya había salido fuera. Iba acompañado por dos matones. Gunner apuntó tranquilamente a la cabeza de uno.
No hubo sonido, la bala impactó en la cabeza y el cuerpo se desplomó muerto. Enrico y el otro hombre se agacharon buscando cobertura. Gunner sonrió mientras calibraba su sistema de puntería y asignaba un nuevo blanco. La policía decidió anunciar su presencia y declaró que todas las personas en el interior del edificio estaban detenidas pero desde donde estaban no podían ver lo que estaba sucediendo.
Enrico le hizo una señal a su guardaespaldas y los dos reptaron hasta el borde de la azotea con sus armas en la mano. Gunner continuó apuntando, si querían saltar tendrían que levantarse. Pasaron unos segundos sin que Gunner disparase, ni Enrico, ni su matón le habían localizado, no había motivos para revelarse tan pronto.
Abajo, la policía había comenzado a posicionarse para entrar, eso pondría nervioso a Enrico. Precipitarse era el mejor modo de cagarla en aquel mundo, Gunner podía permitirse esperar, si Enrico era tan tonto de saltar sería historia, si no, sería carne de presidio. Los minutos fueron pasando y Gunner vio como se realizaban las primeras detenciones.
Enrico debía estar poniéndose ya nervioso, después de que la Signiora Fiorella fuera detenida, hizo una señal a su matón. Gunner apuntó cuidadosamente al hombretón italiano por si intentaba algo. De pronto los dos se levantaron y corrieron por la azotea para saltar al edifico de al lado. Gunner realizó dos disparos. El primero fue a la cabeza, era un disparo limpio que debería haberle mandado al otro barrio, pero el cabrón debía haber forrado su esqueleto de metal y el cráneo paro la bala. Gunner no se inmutó y le disparó de nuevo justo cuando iba a saltar. Su bala atravesó la pierna y el desgraciado tropezó, agarrándose por los pelos al borde de la azotea. Bien por él, los polis se encargarían.
Enrico por su parte había conseguido hacer el salto y había vuelto a agacharse, pero ahora estaban solos. Esta vez Enrico le había visto y sabía que se interponía entre él y la salvación. Enrico le apuntó con su arma y disparó para forzar a Gunner a cubrirse mientras el corría. Enrico tenía varios implantes neuronales que mejoraban sus reflejos y sus instintos de combate, si llegaba hasta donde estaba Gunner tendría problemas. Pero Gunner estaba preparado para esto y cambió de arma a dos semiautomáticas. El supresor de sonido no era tan eficaz como el silenciador en las pistolas, pero evitaría que los polis vinieran a molestar.
Enrico disparaba sin apuntar mientras corría hacia donde él estaba. Gunner activó mentalmente el sistema de ráfaga corta y apuntó al cuerpo en movimiento. Su sistema de puntería marcó el blanco y Gunner apretó el gatillo. Las balas frenaron algo la carrera de Enrico, aunque no hicieron todo el daño esperado. Gunner comprendió que Enrico llevaba ropa blindada y probablemente algún tipo de implante.
Enrico llegó frente a Gunner y disparó con su Ares Predator. El impacto en el pecho le echó un poco hacia atrás y probablemente le había roto una costilla, pero gracias a su blindaje había evitado un daño peor. Gunner vació los cargadores de las dos armas sobre Enrico, su rabia le había hecho ponerse a tiro y pagó claro el error. Gunner observó el cuerpo acribillado de Enrico, aún respiraba, aunque no estaba en condiciones para combatir.
Gunner sonrió, aquel cabrón no volvería a exigirle pasta o trabajos gratis por operar en su zona, Gunner era independiente. Enrico le maldijo en italiano y echó algo de sangre.
- ¿Crees que voy a matarte? – dijo Gunner – No te lo pondré tan fácil, cabrón.
Con estas palabras Gunner encendió su teléfono de muñeca y marcó el número de Max. Gunner estaba seguro de lo que le hubiese preparado el alcalde a Enrico sería peor que cualquier cosa que pudiera hacerle...
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