C16-Gunner, 10: 23
Gunner agarró al tipo de aspecto sucio de las solapas y lo empujó contra la pared del callejón.
- Ya estás cantando, gilipollas.
- Pero yo no sé nada. – Gunner le sujetó por el cuello con una mano y se llevó la mano a una de sus pistolas.
- Cuéntale esa mierda a otro.
- Ya te he dicho todo lo qué se. ¡Te lo juro! – Gunner le puso la pistola en la sien.
- Haz memoria, capullo. – Gunner empezaba a cansarse de aquella rata de alcantarilla. Sus fuentes le habían dicho que el jodido soplón había estado tratando con los italianos sobre algo de Infotech.
- Oye tío no me hagas esto. Si se enteran de que he contado algo me matarán. – Gunner amartilló su arma. – ¡Joder! Enrico va a matarme…
- ¿Enrico? ¿No estaba fuera de la ciudad? – El hombre tragó saliva.
- Eh… cuando vuelva.
- ¡Y una mierda! ¿Donde se esconde ese capullo trajeado? – Gunner no estaba para gilipolleces. Quería saber que mierdas estaba pasando.
- Esta en el almacén, pero si se entera de que yo te lo he dicho me matará. – Gunner consideró la respuesta, demasiado fácil, olía a trampa.
- Tú vienes conmigo. – Dijo sabiendo que el mierdecilla aquel intentaría poner una excusa.
- Pe-pero entonces sabrá que yo te lo dije. – Gunner le golpeó en la cara con la culata de la pistola y le partió la nariz.
- Ya lo sabe, estas mintiendo, mamón. – Gunner le agarro del brazo poniéndole en pie de nuevo – Y ahora si no me dices lo que quiero saber no tendrás que preocuparte más por Enrico. – Gunner activó la mirilla láser del arma para aumentar el efecto intimidador.
- Maldito seas, Gunner, esto es mi ruina. – Gunner esbozó una sonrisa torcida y disparó a una de las piernas del gilipollas. – Aghh.
- Ultima oportunidad. – El tipo apretaba el agujero de bala y no dejaba de gimotear.
- Están donde la Signiora Fiorella. Se escondió ahí después de que la poli comenzase a investigar el club. – Gunner sonrió eso cuadraba más con lo que había oido.
- ¿Y qué hay de Infotech?
- No lo sé, solo sé que uno de sus hombres de gris fueron a hablar con Enrico.
- ¿Nada más? – Gunner se preguntó si debía dejarle con vida. Aquel capullo podía irse de la lengua.
- ¡Joder! ¡Yo solo soy un correo! ¡No se nada! ¡Lo juro! – Gunner fingió que iba a soltarlo y cuando el tipo se hubo tranquilizado le disparo en la cabeza.
Era mejor no dejar testigos y los italianos no eran de fiar. Además aquel imbécil se la hubiera jurado por lo de la pierna. Bastante malo era que Enrico hubiese vuelto a la actividad. Gunner meditó sus posibilidades, Signiora Fiorella regentaba una casa de citas de baja estofa. No debía ser muy complicado sobornar a una de las prostitutas para que sonsacase información. Gunner esparció un par de bolsas de basura encima del cadáver y se marchó. Había sido un día provechoso, estaba seguro que a Max le gustaría saber que Enrico había vuelto…