Nada escapaba a la atención del Dragón. Su influencia se extendía mucho más allá de las calles que reclamaba como suyas. Desde el almacén reconvertido en gimnasio dónde organizaba sus peleas ilegales, restaurantes de lujo que encubrían prostíbulos, venta de drogas en sus bares, contrabando por la zona del puerto… Incluso en la red, a través de Twitch, hacía sentir su presencia.
Lo supo nada más echar un vistazo a su vendaje, aún con la cabeza apoyada sobre el hombro de Ghost. El nudo que lo sujetaba estaba deshecho, no aflojado. Sólo había dos cosas que Twitch quisiera mantener ocultas al resto: su pasado y que espiaba a Brake. Las dos tenían que ver con el Dragón. Y debía ser urgente porque no podía esperar a que parasen.
Ghost seguía teniendo el rostro tapado y sus ojos ligeramente rasgados no dejaron traslucir nada, pero por la forma en que apretó su hombro, él también se había dado cuenta. Era el único.
Christler estaba absorta editando las imágenes que había sacado de Infotech. Se había cambiado a una camiseta negra que tenía escrito “Fuck You” en letras rojas y unos pantalones viejos. Si no fuese por su impecable melena rubia podría haber pasado por una antisistema. Al mirarla era como si la historia se repitiese, aunque quién sabía, tal vez tuviese más suerte que sus padres. Zephyr miró como intentaba decidir que tipo de música poner de fondo y meneó la cabeza, pobre, no sabía dónde se metía.
Ni que decir tiene que Gunner no se había separado del culo de Christler. Descargaba toda su frustración en ella, como si eso pudiera devolverle la pierna. Aunque lo que de verdad echaba en falta era el orgullo. En las últimas horas le había visto mucho más envejecido, las arrugas más marcadas, el pelo más canoso, cansado de todo. Imaginó que, de algún modo, asegurarse de que Christler no sacase imágenes de ellos era su forma de recuperar el control, de no sentirse inútil. Por eso no le había dicho nada. Además, Christler parecía capaz de defenderse sola y si no lo era tendría que aprender rápido.
En condiciones normales habría sido Gunner quién condujese, pero después de perder una pierna no estaba en condiciones. En su lugar conducía Morgan. Ella era más que capaz de cuidarse sola, pero estaba demasiado ocupada rastreando las frecuencias de Infotech mientras conducía como para prestar atención a lo que sucedía en la parte de atrás de la furgoneta.
Se levantó demasiado rápido y tuvo que sujetarse a Ghost por el mareo repentino. Aún estaba cansada pero había merecido la pena, sobretodo cuando los herméticos de Infotech descubriesen que los elementales ya no les obedecían. El mareo pasó y Zephyr se arrodilló junto a Twitch.
El vendaje estaba completamente deshecho y tendría que cambiarlo por completo. Bajo él recorrió con delicadeza la piel nueva que había comenzado a formarse, era suave y del color café con leche, mucho más clara que el resto de su piel. De forma inconsciente, sus dedos descendieron hasta el código de barras tatuado en el lado derecho de su cráneo. Todos los secretos de una vida contenidos en un número. Recordó la expresión de terror en los ojos chocolate de Twitch cuando, después de extraer la bomba cortex, sus dedos se habían detenido en el tatuaje como ahora. Desde entonces había guardado el secreto y ni siquiera el Dragón lo sabía.
Cubrió el código de barras con vendas nuevas, pero antes de que Ghost lo viera y sujetase su mano. Zephyr le miró interrogante, debía haber visto cientos de veces aquel tatuaje y jamás había preguntado nada. Hasta ahora.
- ¿Qué significa?
La pregunta no iba dirigida a ella, pero los ojos negros de Ghost estaban clavados en ella. No necesitó la mirada suplicante de Twitch para saber que no debía decir nada. Claro que ella sabía su significado, era el código del otro implante, el que estaba junto a la bomba cortex y le permitía conectarse a la red. Era un implante único. Sostuvo la mirada de Ghost pero no dijo nada.
- El tatuaje – insistió
Zephyr apretó los labios. Sabía por el Dragón que aún estaban buscando a Twitch y aquel código de barras era el único vínculo con su otra vida. No podía decir nada sin ponerle en peligro.
- No es asunto tuyo – cortó Twitch
- Pero sí de Zephyr – Su tono era acusador.
- No puedes culparme – Twitch sonrió descaradamente y pasó su brazo por encima de los hombros de Zephyr.
Tuvo que contenerse para no apartar la mano, la mirada de Ghost se había vuelto de obsidiana. Hiciera lo que hiciera perdería. Apartó la mirada y Ghost les dio la espalda para ir a sentarse junto a Gunner y Christler. Se dejó caer sobre los talones y miró la venda limpia que aún sostenía en su mano. Había sabido desde el principio que tendría que enfrentarse sola al elemental, pero había esperado que hubiera alguien para recogerla si caía en el combate. Ya no.
Twitch levanto su barbilla y acercó su boca a su oído para susurrar, como si fuese su amante. Gunner estaba mirando, era evidente incluso aunque sus ojos rojos no tuvieran ni pupilas ni iris, nunca había sido muy discreto. Zephyr se mantuvo quieta, con la espalda rígida. Se sentía muy incómoda.
- El Koreano quiere verte, en el Dragón dormido. – susurró.
El Dragón. Otra vez recurría a ella y sólo podía ser una cosa: Secretos, eso era lo que le daba poder para mantener su territorio y sus negocios. Eso era lo que le había llevado hasta ella la primera vez bajo la lluvia cerca del prostíbulo de Signora Fiorella. Necesitaba alguien capaz de sacar información de uno de los italianos y Zephyr necesitaba un modo de sacar a su hermana de allí. Pero las cosas se habían torcido. Era cierto que estar bajo su protección tenía sus ventajas, pero nunca le perdonaría lo de Brake. Y todo para asegurarse de que siguiese teniendo motivos para ayudarle. Pero por mucho que desease abandonar la sombra del Dragón aún no podía permitirse desafiarlo, no abiertamente. Le gustase o no tendría que ir a verle…
- Está fingiendo
Gunner había elevado la voz y la sacó de sus pensamientos. Todos se habían vuelto a mirar a Gunner sorprendidos. El mercenario se pasó exasperado la mano por el cabello cano y miró a Ghost como si lo que decía fuera evidente.
- Apostamos a que os liaríais. – explicó.
Christler se rió, aunque su risa murió cuando vio que nadie más lo hacía. Morgan miró hacia la parte de atrás.
- Y Twitch sólo apuesta sobre seguro. – añadió Ghost entrecerrando los ojos rasgados.
- Habría ganado si supieras mantenerla en los pantalones. – gruño Gunner, luego pareció recordar porqué había salido el tema.
Fingir indignación por la apuesta habría sido un modo de desviar la atención, pero en aquel momento no estaba segura de que le apeteciese. Y la distracción solo habría sido temporal en el mejor de los casos. Además, sabía lo que diría Twitch: que iban a medias. También sabía que Gunner no lo creería, llevaba demasiados años en las calles para no desconfiar.
- ¡Que cojones ocultas Zephyr! – le gritó el mercenario.
Zephyr sonrió con insolencia, tenía gracia que la preguntase a ella. Se levantó despacio, cuidando de no marearse esta vez y sostuvo su mirada sin iris.
- No hagas preguntas que no voy a responder.
- No me jodas, Zephyr
Gunner sacó una de sus pistolas y apuntó su cabeza. Zephyr entrecerró los ojos, no le gustaban las amenazas. Sus fetiches y protecciones continuaban activas, si invocaba un espíritu nunca sabría lo que había pasado… Pero no quería una pelea, no si había alternativas. Y parecía que no era la única, Ghost obligó a Gunner a bajar la pistola.
- De que cojones va todo esto, Zeph.
Zephyr estudió a Ghost, aún tenía el rostro tapado y sus ojos, negros como su ropa, eran lo único visible. Durante un segundo se preguntó hasta dónde podía contar, pero la presencia de Christler y sus dos técnicos justo detrás de él hicieron que cambiase de idea. Además, ¿qué iba contarles? Si les contaba lo del Koreano estarían tan vendidos como Twitch y ella, el Dragón no olvidaba nunca. Y la estaba esperando, tenía que irse. Rompió el contacto visual con Ghost y miró a Gunner.
- Todos tenemos demonios. Si no confiáis en mi, parad la puta furgoneta para que me baje.
- Tú lo has dicho – respondió el mercenario. – Te bajas aquí.
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