El calor húmedo de la carnicería resultaba opresivo incluso después de purificar el dominio y apenas podía soportar el olor a matadero por lo que salir al aire fresco de la noche resultó liberador. Las luces mortecinas de la calle vacía mostraban sin misericordia la suciedad y el abandono de aquel pedazo de asfalto.
El viento arrastraba tras de sí papeles, bolsas de plástico y paquetes de tabaco arrugados. Neko se abrazó intentando entrar en calor. Lo que quedaba de su traje de chaqueta a rallas blancas y negras no ofrecía mucha protección, la sangre reseca y su delgadez le daban un aspecto aún más lastimoso y desamparado. Ezequiel gruñó para sus adentros, se quitó su guardapolvos marrón de piel y se lo ofreció. La camisa de franela a cuadros que llevaba tampoco ofrecía mucha protección contra el viento pero el frío le resultó estimulante.
Neko se puso el guardapolvos, era una prenda resistente y práctica, nada que ver con lo que solía vestir, que además le quedaba grande. Gato siempre solía preocuparse por su aspecto y, por un momento, esperó algún tipo de queja. Pero no llegó, simplemente permaneció frente a él con el cuello del guardapolvos subido hasta que sólo asomaban sus ojos rasgados y el pelo rubio teñido.
- ¿Y ahora qué? – se preguntó Ezequiel
Por un momento los dos se quedaron mirando en silencio. Ezequiel se preguntó si debía llevar a Neko a su casa o si debía seguir la búsqueda por su cuenta, el viento seguía soplando en remolinos de periódico y envoltorios de plástico. Una de las hojas chocó contra su pierna y permaneció allí, sostenida por el viento. Ezequiel la apartó y comenzó a andar.
- Deberíamos volver a casa. – comentó con gesto cansado.
- Deberíamos – Murmuró Neko bajo el guardapolvos.
Un nuevo golpe de viento hizo que el shamán gato se encogiese y devolvió la hoja de periódico a los pies de Ezequiel, justo delante suyo. La miró por un momento y luego le dio una patada. Neko alcanzó a Ezequiel y se puso a su lado.
- He aparcado cerca… - comenzó a decir Neko mientras se esforzaba por mantener su ritmo. Ezequiel se detuvo de pronto. El viento había vuelto a traer la hoja de periódico hasta dónde estaban. - ¿Qué pasa?
Ezequiel se agachó y cogió el trozo de papel, era sólo una hoja arrugada de la sección de contactos, nada que pudiese interesarle, pero pese a ello reconoció un nombre: Eltsbeth. Ezequiel le enseñó el trozo de periódico arrugado a Neko y señaló el anuncio: “Eltsbeth 23. Completo
- ¿Es ella? – su voz sonaba ligeramente ahogada bajo el cuello del guardapolvos.
- Mantis – los dos se miraron incómodos, no hacía falta añadir mucho más.
Los dos conocían los rumores, Ezequiel miró de nuevo el trozo de periódico arrugado con el número de Mantis. Aunque no le gustase sabía que no era casualidad.
- Tengo… tengo un telecom en el bolsillo – dijo señalando su guardapolvos.
Neko palpó los bolsillos hasta que encontró un telecom del tamaño de una libreta y se lo entregó, tenía los dedos helados.
- Hay unos guantes en el bolsillo. – comentó mientras abría el telecóm.
Ezequiel meneó la cabeza, el gato le hacía comportarse como un padre y eso no le gustaba nada porque le hacía sentir viejo. Y ni siquiera había cumplido los cuarenta y se conservaba en buena forma. Que diablos, no iba al gimnasio para que un niñato le hiciese sentir viejo. Soltó un gruñido grave y marcó el número del anuncio de contactos. Dos tonos después, apareció la imagen apenas reconocible de Mantis.
- ¿Eltsbeth? – Ezequiel estudió a Mantis.
Llevaba una peluca verde brillante, unas pestañas postizas, mucho maquillaje y un abrigo de plumón blanco. Aquel disfraz apenas dejaba entrever a la mujer que había detrás e incluso el color de sus ojos estaba oculto por lentillas doradas. Mantis parpadeó ostentosamente con fingida coquetería y se llevó la mano al pecho.
- Soy una sentimental. Quedamos en la habitación 4 del Sunshine. – dijo con una sonrisa maliciosa.
Ezequiel se quedó con mal sabor de boca. Era sólo un rumor entre los shamanes, pero se decía que hacía unos años habían matado a una prostituta llamada Eltsbeth en la habitación número 4 del Sunshine y que cuando llegó la policía tuvieron que sacarla a pedacitos. Y también se decía que había sido un juez que, por eso, se había archivado el caso rápidamente, total una prostituta muerta no era nada nuevo. Lo que no era un rumor, era que hacia tres años el honorable juez Carlson había aparecido muerto en la misma habitación. Le habían rajado de arriba abajo y su cadáver estaba parcialmente devorado hasta quedar prácticamente irreconocible. Más o menos por la misma fecha en que encontraron a Carlson apareció Mantis y todo el mundo empezó a especular. Ezequiel se preguntó cuanto de verdad habría en aquella historia y si Mantis quería alimentar los rumores, de lo único que estaba seguro era que no le hacía gracia el lugar de la cita. Ella pareció notarlo porque sonrió divertida.
- No te tienes que preocuparte, cielo, sólo me entra hambre después del sexo – dijo dejando que se entreabriese el abrigo de plumón, debajo sólo llevaba un sujetador verde oscuro.
Ezequiel no estaba para juegos y menos juegos heterosexuales.
- No me gustan… - Comenzó a decir cortante. Mantis hizo una mueca burlona.
- Ya lo sé – interrumpió – No es ningún secreto.
Ezequiel levantó una ceja y se preguntó hasta que punto conocía los detalles de su vida privada. Mantis movió la mano como si apartase algo molesto y adoptó una sonrisa casi amistosa.
- Por eso te he llamado, hace más fácil que trabajar juntos. – Ezequiel la miró escéptico
- ¿qué trabajo? – preguntó Neko junto a Ezequiel.
Mantis entrecerró los ojos estudiando al shamán gato y se pasó la lengua por los labios de forma provocativa. Nekó dio un pequeño salto hacia atrás y ella se rió.
- Hay un foco importante en las afueras, en el estercolero que está a dos kilómetros de la estatal. – Mantis se giró para mirar algo a su izquierda, fuera del campo de visión del telecom luego volvió a sonreír.
- Eso es… - comenzó a decir Neko.
- Exacto, justo al lado del viejo motel, están tan cerca que puedo verlos desde aquí. – Mantis volvió a mirar a su izquierda. – Será mejor que os preparéis va a ser una noche movida.
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