jueves, noviembre 15, 2007

C67-Doctora Verónica Milles, 21: 13

La doctora se puso su bata blanca y entró en la sala de operaciones. La chica ya se había despertado y forcejeaba para intentar liberarse de las correas que la sujetaban. Al verla intentó gritar, pero la mordaza impidió que se oyera nada. Verónica la observó con desaprobación, estaba demasiado nerviosa para poder interrogarla y tendría que administrarle un calmante.

Se dirigió con calma a su mesa y preparó el suero que pensaba administrarle. Calculaba que la chica pesaría unos sesenta y cinco quilos por lo que necesitaría unos veinte miligramos. Midió con cuidado las cantidades para estar segura de que no quedaría demasiado atontada para responder sus preguntas y preparó la jeringuilla. Abrió el cajón de agujas esterilizadas y escogió una del cero coma dos. Aquellas agujas eran muy cómodas para encontrar la vena.

Cuando terminó de preparar su inyección se volvió hacia su paciente. La chica negaba con la cabeza y su respiración se había acelerado. Verónica se acercó a la camarera y colocó la jeringuilla en la mesa supletoria donde tenía el resto del material. Ignorando los ojos suplicantes de la chica cogió una tira de goma y la ató alrededor del brazo. Tenía la piel pálida y era fácil localizar una vena. Metódicamente cogió un algodón con alcohol y limpió el lugar dónde iba a pincharla.

Verónica golpeó la aguja para asegurarse que el líquido salía bien y se dispuso a pincharla. Los ojos de la chica se abrieron desmesuradamente al ver la aguja. Una lágrima se deslizo por uno de sus ojos. La doctora torció el gesto, la aguja había entrado bien, había gente demasiado sensible. Aún así sonrió a la camarera y le dijo:

- Ahora vas a ser una buena chica y me vas a decir lo que necesito saber.

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