Desde que se había separado de Ghost y Zephyr no había dejado de pensar sobre cuál sería el posible significado de su viaje espiritual. Aún no había recibido noticias de ninguno de los dos y se preguntaba si esta vez se habrían metido en algo que les quedaba grande. Ezequiel dio un trago de su copa, el hielo se había fundido hacia un rato y la bebida estaba aguada. Dejo el vaso y preguntó una vez más a la camarera si había algún mensaje para él.
La música sonaba con fuerza pese a ser aún temprano y el local estaba atestado de gente. Al principio no la reconoció, tenía el pelo teñido de negro con las puntas rojas. Su disfraz de lolita gótica era casi perfecto, ni siquiera la habría mirado dos veces si no le hubiese hablado. Pero conocía las palabras, sabía lo que tenía que decir para atraer su atención. Ahora que tenía su atención, la máscara de maquillaje y la ropa una talla menor de lo necesario no lo engañaron más.
Decidió seguirle el juego, fingir que no eran más que un par de personas más en busca de un polvo fácil y sin consecuencias. Aquello era un estilo de vida, nadie les prestó atención y diez minutos más tarde estaban abandonando el local.
El parecido físico era increíble, pero bastaron unos minutos para darse cuenta que las dos hermanas eran muy diferentes. La mirada perdida y el modo en que se repetía una y otra vez que debía ser fuerte, aguantar. Puta o no, Pinki era una yonki y tenía el mono. ¿Por qué Zephyr la había escogido para enviar el mensaje?
La respuesta era casi evidente, que cabrona, pensó Ezequiel mientras subían en el coche. Ella sabía que Perro es protector, al enviar a su hermana a entregar el mensaje sabía perfectamente cual sería su reacción. Zephyr no confiaba en que su hermana aguantase limpia mucho tiempo, no sin ayuda y enviarla con el mensaje era la excusa para ponerla a su cuidado, el instinto protector de Perro haría el resto. Debería haberlo sabido, Serpiente nunca desvela secretos gratis…
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