Las cajas pesaban un cojón pero jamás demostraría debilidad delante de aquella corporativa. Había estado revisando el material y desechando lo inservible para saber qué les hacía falta. No iba a ser fácil conseguirlo con Infotech tras su culo y cuanto menos necesitasen conseguir mejor. Tenían casi todo lo necesario, era una suerte que le gustase estar preparado. Ahora Twitch no iba poder seguir diciendo que era un loco que acumulaba cosas sin motivo.
Aún así les faltaban unas cuantas cosas, la mayoría relacionadas con el equipo protector específico. Sabía que tenía que haber comprado esas mascarillas y parches anti-toxina extras, pensó Gunner. Por suerte conocía a la persona indicada para conseguirle todo aquello y ahora le debía un favor.
Una llamada y una hora más tarde estaba en camino. No le gustaba haber tenido que dejar a la infiltrada de Infotech sin vigilancia. La zorra estaba esperando el momento para jugársela, seguro. Pero tampoco podía comprometer su contacto, así funcionaban las cosas, había que ir solo.
Había quedado en un lugar apartado, un vertedero al que nadie iba ya salvo algún vagabundo en busca de chatarra aprovechable. Aún así se aseguró de estar lejos de miradas curiosas, nunca sabías quién podía venderte por unos pocos neoyens. Esperó como un cuarto de hora hasta que un coche de policía apareció por la zona dispersando a todos los vagabundos. Cuando no quedó nadie MAx bajó del coche y Gunner salió a la vista.
- Felicidades por el ascenso. – Saludó Gunner sonriente.
- Corta el rollo, ya sé que te debo una. – Max parecía preocupado de que los vieran juntos.
- ¿Tienes lo que te pedí? – Gunner decidió ir al grano, cuanto más tiempo estuviera allí más se arriesgaba a ser visto.
- Si, si. Mi primer día como jefe de comisaría y ya estoy robando material. – A Max nunca le había gustado romper las normas, tal vez por eso era policía, aunque fuera un trabajo mal pagado y poco reconocido.
- Al alcalde no le importará. – Sin duda el alcalde debía estar disfrutando la situación, desde que Enrico había secuestrado a su hija se la tenía jurada.
- Eso seguro, el fiscal ha pedido la inyección letal. – Por el modo en que Max lo dijo parecía que Enrico ya estuviera sentenciado. Mejor, pensó Gunner, un problema menos.
- Que se joda, era un cabrón. – A Gunner le hubiera gustado quedarse a charlar, pero recordó el peligro que corrían estando allí – Bueno, tengo que irme, gracias por la ayuda.
Max asintió y los dos se marcharon por donde habían venido. Habían ido juntos a clase, pero la vida los había llevado por caminos muy diferentes, ahora apenas se veían. Cuando las cosas se calmasen un poco tenían que quedar para tomar unas birras y hablar de los viejos tiempos. Si, definitivamente estaría bien disfrutar de una buena cerveza con un amigo.
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