El sistema informático de Infotech era lo más parecido a una fortaleza informática. Y como con las fortalezas en el mundo real asaltarlo era prácticamente imposible. Por suerte no tenía porqué atacar el código fuente, bastaba con rescribir unas cuantas líneas del programa. Al igual que hacían antes los troyanos, los tecnomantes solían aprovechar los recursos del sistema, no echarlo abajo.
La arquitectura de la red era de corte clásico. Los programas importantes se encontraban en el núcleo y a su alrededor se desplegaban el resto de subsistemas. Era una construcción bastante popular, incluso después de que algunos hacker echaran abajo todos los sistemas de Tri-star tras acceder al núcleo. Su programación fue pirateada y la cadena se hundió, pero las compañías confiaban en que mejores sistemas de seguridad mantendrían sus programas a salvo.
Poco antes del ataque hacker, Twitch había trabajado en un sistema por módulos independientes para Tri- Star. Esa nueva arquitectura habría evitado que se adueñasen por completo del sistema, pero los directivos le habían ignorado. Y por supuesto, cuando llego la hora de “buscar responsabilidades”, todos los dedos le señalaron a él. A partir de ahí su vida fue de mal en peor hasta que no tuvo más remedio que dejarla atrás. Pero no había olvidado.
Por suerte para él no se había ido con las manos vacías, antes de desaparecer había hecho una copia de todo lo que había en las bases de datos, incluidos los trapos sucios de algunas de las personas más influyentes en la ciudad. Lo tenía todo codificado y solo podía accederse si se desencriptaba con el número del código de barras tatuado en su cráneo. Algún día les haría un último corte de mangas para los capullos que le hundieron.
El que tres años después de aquello siguieran utilizando aquel tipo de red demostraba lo estúpidas que podían llegar a ser las corporaciones. Aunque por supuesto aún tenía mucho que hacer antes de proporcionarles una muestra más de las consecuencias de no actualizarse.
Twitch observó la distribución de las conexiones y los nodos buscando puntos débiles en el diseño de red. Los dos primeros cortafuegos para evitar intrusiones no serían problema, hasta un adolescente con granos y una terminal de segunda mano podría pasarlos. Pero adentrarse más allá sí iba a suponer un desafío.
Twitch hizo una doble comprobación de sus programas y se mezcló con el tráfico de datos que se dirigía hacia el interior. Lo raro era que la mayoría del tráfico era de salida. Eso hizo que sospechara. Primero aquella destrucción de ficheros cuando había entrado desde fuera y ahora parecía que estuvieran enviando todos sus datos a un servidor externo. No hacía falta conectarse para saber que la situación en el complejo no era normal, pero si estaban enviando los archivos importantes a un ordenador externo solo podía significar que pensaban reiniciar el sistema… o destruirlo.
Eso le dejaba con un tiempo límite para llegar al núcleo, infiltrarse en el código fuente y hacerse con el control del sistema. Si lo apagaban con él dentro, bueno, podría decirse que tendría su Apocalipsis particular. La imagen virtual de Twitch sonrió, le gustaban los desafíos.
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