jueves, noviembre 15, 2007

C82-Doctora Verónica Milles, 22:01

- ¿Es buena esta mierda? – preguntó el yonki del piercing en la ceja.

- La mejor – Verónica había bajado la ventanilla del coche lo imprescindible para hablar con ellos.

Apenas podía ocultar su desdén por aquella escoria. Pero eran una escoria útil y ella sabía como utilizarla. Cristal líquido, cocaína, speed, heroína… Después de todo tenía que financiar sus nuevos zapatos Tucci en piel de serpiente auténtica a juego con el bolso del que sacó una polvera. Dentro guardaba varias bolsitas de plástico, cada una con diez gramos de heroína pura.

Les enseñó una bolsita sujetándola entre dos dedos y aprovechó para comprobar su maquillaje, se llevaban los tonos púrpura y dorados, aunque no creía que aquellos perdedores lo supieran. Eran una pareja de yonkis con implantes baratos, los típicos pandilleros. El chico tenía los brazos tatuados con diseños neotribales, algo completamente “out” y un piercing en la ceja, pero ni siquiera debía ser de plata. La chica tampoco merecía su atención, típico tatuaje en el ombligo, tanga asomando por los pantalones y pelo rubio de bote. Puede que aún viviese con los padres porque tenía marcas de pinchazos entre los dedos, típico entre lo que querían esconder que se pinchan. Antes de que el chico pudiese coger la bolsita apartó la mano y volvió a guardarla en la polvera cerrándola de golpe.

- Antes tenéis que hacer algo por mí. – Con un gesto elegante devolvió la polvera a su bolso.

- ¿Qué… qué tendríamos que hacer? – preguntó la chica alargando su mano hacia el bolso.

Verónica apartó el bolso de piel de serpiente antes de que pudiera tocarlo con sus asquerosas manos y se lo colocó bajo el brazo de forma casi brusca. Sus labios carnosos perfectamente perfilados de púrpura esbozaron una sonrisa, pero ni siquiera el maquillaje dorado de sus párpados consiguió darle calidez a su mirada.

- Nada difícil, en realidad es una tontería – Comentó en tono casual – Sólo necesito que entréis en una casa y me traigáis una cosita…

No había sido difícil conseguir la dirección del ex-amante después de terminar con la camarera. En realidad había sido insultantemente fácil. Lo único que había tenido que hacer era visitar el club y mostrar sus “encantos” hasta encontrar a un tipo que los sabía. Un poco de “spice” en su bebida había hecho el resto, incluso había terminado pagando la cena en el lujoso japonés que tanto le gustaba. Tal vez por eso le había dejado irse.

Lo que no había podido averiguar era qué sistemas de seguridad tenía la casa. Estaba en un barrio antiguo, sorprendentemente tranquilo. El edificio también era antiguo, construido en ladrillo rojo. Incluso la cerradura era la original y eso era lo que más le extrañaba porque el dueño de un club podía permitirse algo mejor. Por eso había decidido enviar a aquel par de yonkis. Si había algún sistema de seguridad lo harían saltar y si no, bueno, se ahorraba tener que entrar ella misma. En cualquiera de los casos salía ganando. Verónica sonrió a la pareja de yonkis, todo púrpura y dorados.

- Es una nimiedad, entrar y buscar rastros de estos dos elfos – dijo mostrándoles las holografías de Ghost y Zephyr –Y si me traéis a alguno de los dos habrá un extra. Nada complicado.

Los dos yonkis se miraron indecisos, como si no terminasen de creerla, pero ella sabía que no podrían rechazar la droga que les ofrecía.

- ¿Sólo eso? – preguntó el del piercing en la ceja.

- Solo eso – repitió Verónica – Y ni siquiera hay policía en ese barrio.

- Está bien.

- Estaré esperando – dijo mientras subía la ventanilla de cristal tintado.

Miró al espejo retrovisor y retocó su pintalabios, estaba resultando demasiado fácil.

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