jueves, noviembre 15, 2007

C106-Ezequiel 24: 12

El toque marchito y corrupto del elemental tóxico se extendía por sus venas con cada latido de su corazón. La imagen del perro muerto animado por uno de los espíritus tóxicos volvía una y otra vez a su mente, la piel sarnosa colgando de sus costillas que se hacían visibles ahí dónde las ratas habían arrancado la carne. Un mal presagio que había decidido ignorar y ahora pagaba el precio.

Pero ya era tarde para lamentarse, tarde para salvarse o, de hecho, para avisar a Neko y Mantis. Eso era lo que pretendía Oso… o lo que quedaba de él. El veneno que ahora también corría por sus venas había consumido al antaño orondo shamán hasta convertirlo en una parodia de su anterior ser, una marioneta del elemental tóxico. Su pelaje, antes abundante y fuerte, ahora estaba deslucido dejando a la vista calvas de piel blanda bajo la que se movían los gusanos que horadaban su carne. No era una vista agradable para quién recordaba la sonrisa de aquel hombretón.

Había sido imprudente por su parte adentrarse sólo en aquel domino. Demasiado tarde, se daba cuenta de que la muerte de los shamanes tóxicos no hacía sino sumarse a los otros sacrificios. Sólo ahora comprendía que ninguno de ellos, ni el que se había adentrado en el dominio de Mantis, ni el hombre de las cicatrices negras, ni siquiera las gemelas, habían sido tóxicos antes.

Ahora su sangre se sumaba a la del resto, empapando la basura que se apilaba en montañas que en el mundo espiritual tenían vida propia. Allí estaban el oso de peluche destripado y el perro muerto, rodeados por la manifestación del fracaso humano. Ghost siempre decía que tenía tendencia a ponerse melodramático. Esta vez probablemente podía permitírselo, aún con sus venas ardiendo por el veneno consiguió esbozar una sonrisa irónica. Oso gruño mostrando unos colmillos rotos.

- No le importas, estás solo.

Rió. Sonaba hueco, forzado. Risas enlatadas, eso es todo lo que quedaba. Lo que de verdad le horrorizaba era que Oso, su amigo, seguía vivo. Y usaba lo que sabía de él para herirle. Pero tenía razón, Ghost le había dejado y no iba a volver, prefería a Zephyr y sus secretos. La muy zorra se lo había quitado de las manos justo bajo su hocico. Si salía de aquello se aseguraría de hacerla pagar… Oso sonrió dejando a la vista los colmillos partidos. Ezequiel apartó la mirada avergonzado, aquellos no eran sus pensamientos ¿O si?

- Empiezas a entenderlo. Deja que salga, la corrupción siempre ha estado en ti. Perro tiene dientes, garras, ¿con quién quieres usarlas?

La imagen de Mantis se agarró con fuerza en su cabeza. Podía verla delante suyo, arrogante y amenazadora con su mono de piel pegado al cuerpo. Estaba seguro de que mataría a Neko. Gruñó al imaginársela desnuda sobre él y cómo trazaba cortes sobre su piel pálida con el puñal de quitina.

- Si te das prisa podrías llegar al postre.

De nuevo la risa de lata que le devolvió a la realidad. No era Oso y no era él mismo. Era la corrupción, tenía que ser eso. Lo suyo con Ghost estaba acabado, no culpaba a Zephyr, no… ¿No? ¿Y Mantis? ¿De verdad no quería escuchar el chasquido de sus huesos bajo sus mandíbulas? Su corazón se aceleró, el veneno invadía su cuerpo y pronto estaría infectado por los mismos gusanos que el de Oso.

- La enfermedad se manifiesta de forma diferente en cada uno. Creeré yo sé de eso.

La sonrisa partida de Oso resurgió como una parodia de su ser anterior, el sanador. Eso le había hecho correr hasta él al verle en la distancia, esperando que él pudiera curar sus heridas. De no haber estado tan débil tal vez podría haber intentado luchar cuando vio la marca de la corrupción infectar su forma espiritual. No había tenido ninguna oportunidad, Oso le había agarrado por el cuello y hundido sus colmillos rotos en su hombro.

- Yo creo que tendrás la rabia

Entonces recordó a las gemelas. Ellas no estaban enfermas, la corrupción había adoptado otra forma, se alimentaba de su dependencia. Igual que el veneno que le recorría ganaba fuerza con su ira. Su respiración era difícil, se sentía derrotado ¿Pero acaso no había conseguido librarse una de las gemelas?

- Sigue luchando, pero pronto se la comerán las ratas.

Risas enlatadas… tan, tan débil… Más risas. ¿Por qué nadie le ayudaba? Le había traicionado, Neko y la puta psicópata de Mantis. Seguro que estaban follando en aquel motel abandonado mientras él se estaba muriendo. Se merecía que Mantis se lo comiera, por dejarlo ahí. Y él se la comería a ella, masticaría sus huesos y el resto los enterraría profundos en el vertedero. Ya no se sentía débil, la rabia le daba fuerzas.

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