Zephyr observó a Pinki mientras le tendía una infusión de hierbas más cargada de lo habitual. Parecía que esta vez estaba intentando de verdad cumplir la promesa que le había hecho. Sus manos temblaron cuando cogió la taza y pensó que la derramaría. La elfa de mechones rosas bebió un sorbo y clavó su mirada cansada en su hermana.
- ¿Cómo estás Tina? – Zephyr la miró preocupada.
- Estoy… estoy mejor. – Respondió Pinki con voz temblorosa. – Es solo que… yo… necesito… quiero… - sus ojos se encontraron con los de su hermana – Ya, ya lo sé. Pero no sé si puedo aguantar.
- No te preocupes ahora. He cargado la infusión y debería aguantar un rato. Bébetela, tenemos que hablar.
Zephyr aguardó en silencio mientras se preguntaba el mejor modo de decirle a su hermana que la pensaba ingresar en una clínica, lejos de Brake y de todos los cabrones que la habían hecho eso. Por supuesto no era la primera vez que intentaba algo así, la otra vez que lo había hecho Brake había pagado a otros incursotes para que la trajeran de vuelta. Los beneficios que obtenía teniendo una shaman trabajando para él compensaban el coste, que por supuesto le había hecho pagar a ella.
Pero este sería el último trabajo que hiciese para él, se aseguraría de ello. Solo tenía que sacar a Tina de allí y asegurarse de cobrar directamente del tío que había contratado la extracción. Y estaba casi segura de que su hermana le había visto, porque aquella noche había estado en el bar de Brake…
- ¿Estas mejor? – Pinki asintió con la cabeza – Bien, escucha ¿Viste al tipo con el que Brake hizo negocios? ¿Sabes quién nos ha contratado?
- Era… era un pijo con el pelo rojo a la última moda y ojos dorados… de marca creo. Debía tener pasta. – respondió la elfa rubia.
- ¿Recuerdas algún detalle más? – Preguntó Zephyr.
Durante unos segundos Pinki adoptó una expresión avergonzada y dudó antes de responder.
- No sé… bueno yo… - Pinki se aclaró la garganta. – Brake quería celebrar el contrato…
- Esta bien, no importa ¿grabaste algo? – preguntó Zephyr.
Aquello era algo que casi nadie sabía. Antes su hermana había querido ser estrella de la Sims y lo habría conseguido de no ser por los cabrones que la hicieron adicta. De hecho, estuvo tan cerca que llegó a implantarse un reproductor de sensaciones. No solo vista y oído, todas. Y aunque las drogas habían destrozado su memoria, eso no afectaba en absoluto a las grabaciones…
- Brake parecía muy contento, pensé que sería importante. Si me dejas conectarme te diré todo lo que sé. – dijo Pinki.
Zephyr asintió con la cabeza, para experimentar una reproducción sim era necesario tener un implante para los chips y ella jamás sustituiría su ser por una cosa muerta. Los ojos de Pinki miraron al vacío y su cuerpo parecía responder a sensaciones falsas. Zephyr intentó no pensar en lo que su hermana estaba experimentando, cuando todo acabase Brake se arrepentiría de todo eso. Tras varios minutos la elfa regresó a la realidad.
- Se llama Dexter Smithers. – Pinki tomó un bolígrafo y escribió algo – Esta es la dirección que aparecía en la agenda de Brake…
- Gracias Tina, te debo una. – Zephyr bajó la mirada un instante.
- ¿Alex? ¿Algo va mal?
- Oye Tina tienes que salir de la circulación por un tiempo – dijo Zephyr sin atreverse a mirar a los ojos de su hermana. – He arreglado las cosas para que entres en una clínica, pero antes debes hacer algo más por mí…
- Claro Alex, ¿qué es lo que quieres? – A Zephyr le sorprendió la absoluta confianza de su hermana en ella.
- Tienes que llevar un mensaje a un amigo, es importante…
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