El bar se transformaba tras la hora de cierre. La luz exponía el local vacío, su suciedad y los restos de las juergas ajenas: vasos rotos, bebida derramada, colillas e incluso machas de semen en alguno de los reservados. Mientras la camarera y las chicas limpiaban, los últimos borrachos se aferraban a la barra pidiendo a gritos una copa más hasta que el matón troll los arrastraba a la salida para echarlos.
La limpieza en el local de Brake no era una de sus virtudes, las paredes desconchadas tenían machas de origen desconocido y el suelo… mejor no hablar del suelo. A primera hora de la mañana, con el local apestando a desinfectante barato, era cuando se iban todos. Ese era el mejor momento del día para Brake, cuando aprovechaba para relajarse y rumiar sus pensamientos. Pero aquella mañana nada parecía calmarle, nada funcionaba como tenía que ser.
Las cosas se ponían feas y sus chicos se daban el piro ¿no? Zephyr incluso se había llevado a su hermana, malditas zorras, ya les enseñaría quien manda. Pero estaban muy equivocados si pensaban que podían desaparecer sin terminar el trabajo. No había llegado hasta donde estaba permitiendo deserciones y esta no iba a ser una excepción. Él no era una maldita nenaza de la que pudieran reírse y abusar.
La escasez de noticias le molestaba y no estaba nada contento con el curso de los acontecimientos. Era hora de tomar cartas en el asunto, hora de contratar alguien competente que se ocupas de poner todo en su sitio. Y no es que le gustara tener que llegar a ese extremo, caza recompensas y barato eran dos cosas que no solían ir juntas, pero si lo dejabas pasar una vez luego nadie te tomaba en serio. Y él no podía permitirse aquello, su trabajo dependía de su reputación. Brake necesitaba planear con cuidado sus siguientes pasos y sin testigos.
Brake apartó de un empujón a la rubia de aquella noche, de todos modos ni siquiera la chupaba bien, seguía tan tenso como al principio. La chica, una de las que actuaban allí, salió de debajo de la mesa y salió del despacho rápidamente sin decir nada. Brake esperó a que se cerrara la puerta antes de abrocharse sus pantalones y activar su secretaria de bolsillo. La imagen siempre sensual y sugerente de CC, la actriz porno de moda, se materializó en un holograma tridimensional y le dio una bienvenida sonriente.
- ¿Deseas algo? – su voz sonaba igual que si hubiera dicho “ummm, estoy muy caliente”, pero Brake no estaba ahora para aquellos juegos.
- Ponte el modelo “trabajo” y dame una lista de los Caza recompensas en mi agenda. – dijo Brake secamente.
- Lo que ordene mi señor. – CC cambió su negligèe semitransparente por un traje de secretaria sexy.
Después el proyector holográfico proyectó una segunda imagen en la que CC iba presentando los datos sobre los caza recompensas y sus imágenes. Por el modo de hablar de CC parecía que estuviera vendiendo productos del trideo-tienda.
- El primer caza recompensas de la lista es un rastreador Indio que creció en la reserva de Minesota. Se le conoce como el Apache y su especialidad son los espacios naturales… - Comenzó CC.
- Siguiente – Interrumpió Brake bruscamente, lo más seguro era que no hubieran salido de la ciudad aún.
- Nuestra siguiente candidata es conocida como la discreta – CC mostró la imagen de una mujer de aspecto completamente vulgar y el rostro medio oculto por unas grandes gafas y una peluca. – Comenzó su carrera como detective privada y se especializó en la búsqueda de criminales fugados. Tiene una hoja de servicios impecable y ninguno de sus objetivos ha muerto en el proceso…
- Siguiente. – Cortó Brake, aunque le venía bien que trajeran a Zephyr y Twitch a rastras tendría que dar ejemplo con Gunner o Ghost, preferiblemente Gunner, que era más prescindible.
- K. Hunter, originario de Carolina del sur es conocido por tener una puntería impecable y no fallar nunca un disparo. Normalmente sus objetivos nunca llegan a saber que esta allí. “Vivo o muerto” para él significa preferiblemente muerto. En sus propias palabras: “los muertos ya no dan problemas”.
- Otro. – Brake no los quería a todos muertos, después de todo, los supervivientes del grupo podían seguir siendo rentables y la muerte de uno sería tan solo un aviso de las consecuencias de la deserción.
- La doctora Verónica Miles perteneció a la unidad de toxicología del hospital clínico “Hermanas de la Caridad”. Tras ser expulsada por prácticas irregulares, reorientó su carrera a la captura de personas por dinero – CC mostró las estadísticas de sus capturas justo a la imagen de una mujer oriental de unos treinta años con bata blanca, sus referencias eran impecables – Sus amplios conocimientos tanto de drogas como venenos le permiten capturar a sus presas tanto vivas como muertas.
- ¿Cuánto? – Aquella mujer podía servirle si sus tarifas no eran excesivas, pensó Brake.
- De 10.000 a 50.000 dependiendo de la presa. – Respondió CC al instante.
- Marca su número, ella y yo vamos a tener una negociación… - dijo Brake.
Esperaba que aquella mujer le hiciera un precio especial de grupo. Por otra parte, tal vez no era mala idea enviar al tal Hunter tras la arrogante marimacho que se había atrevido a amenazarle en su propio despacho. Claro que antes de gastar su dinero tan alegremente prefería ver que resultado obtenían sus propios chicos. La imagen de la doctora Verónica miles apareció en la pantalla de su secretaria de bolsillo.
- ¿Doctora Miles? Me gustaría concertar una cita – Brake sonrió, ya aprenderían a no cumplir los contratos…
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