El alambre de espino trepaba por su pierna izquierda. Podía sentir sus puntas clavarse a través de los pantalones de piel, buscar su sangre. Había cometido un error. Cuando las gemelas se le habían echado encima había estado más preocupado de mantenerse lejos del alcance de las manos grandes y deformes de la gemela monstruosa y de bloquear la magia de la otra. Por eso no se había dado cuenta de que el alambre era una extensión de su voluntad.
Parecía que, después de todo, la gemela que colgaba de la espalda de la otra como una muñeca, lo hacía por elección propia. Puede que el alambre de espino no fuera sino la manifestación subconsciente de cómo veía su relación con su hermana. Y eso era precisamente lo que complicaba las cosas, porque parte de él se preguntaba si resolviendo sus conflictos internos podrían llegar a salvarse.
Estaba acorralado contra una de las pilas de coches oxidados. La sangre de uno de los cadáveres colgados goteo sobre su cuello y resbaló por su espalda. Levantó la cabeza para mirar y, en ese momento, se le echaron encima. Un nuevo hilo de alambre se enrollo alrededor de su otra pierna y la gemela monstruosa le golpeó con sus manos como garras. Su mero tacto le produjo un dolor intenso que recorrió toda su espina, estaba usando magia.
Mientras la otra gemela había generado muchos más hilos de alambre. Bloqueó con su tomahawk unas hebras de alambre que intentaban enrollarse alrededor de su brazo. El alambre se enrolló en el mango del tomahawk en lugar de su brazo. Ezequiel dio un tirón fuerte haciendo que las gemelas se desequilibrasen y cayeran al suelo. Pero su pierna seguía enredada en el alambre.
Levantó el tomahawk sobre su cabeza dispuesto a descargarlo sobre el cráneo malformado de la gemela monstruosa pero detuvo su mano. Sus ojos marrón claro estaban llenos de dolor, angustia y odio, pero eran completamente humanos.
- Aquí no tenéis que estar unidas.
Su voz sonó humana pese a su cabeza canina. Esperaba que al menos se dignasen a escucharle pero la única respuesta que recibió fue la risa cruel de la gemela que colgaba como una muñeca. La gemela monstruosa no dijo nada, el alambre de espino la abrazó con más fuerza y subió por su cara hasta cubrir su boca. El alambre que sujetaba a Ezequiel se soltó y también se enrolló con fuerza alrededor de la gemela monstruosa.
- ¿Crees que voy a dejarla ir? Eres un estúpido, esta atada a mí. Aquí y fuera.
Al escuchar la voz chirriante de la gemela que colgaba como una muñera y sentir, más que ver, el vacío de sus ojos, Ezequiel sintió compasión por la gemela monstruosa. Los ojos marrón claro de la gemela monstruosa reflejaron su angustia, aquel era el único modo en que podía gritar.
- Puedes liberarte.
Dijo mirándola a los ojos. Pero sólo palabras no era suficiente. ¿Por qué iba a creerle? Apoyó lo que había dicho invocando el poder de su tomahawk para intentar liberarla del alambre de espino.
Ahora lo entendía, una gemela dependía de la otra físicamente, pero era la gemela “normal” la que dependía de la otra emocionalmente. Eso era lo que simbolizaban sus formas espirituales y, por eso, no quería dejarla ir.
Como siempre las ataduras mentales eran más difíciles de romper que las físicas. Por cada alambre que Ezequiel conseguía quitar, varios más ocupaban su lugar, cortando y hundiéndose en la carne de la gemela monstruosa. Las manos y los dedos de Ezequiel también sangraban, pero siguió intentando arrancar el alambre, ciego a que cada vez había más alambre rodeando el cuerpo monstruoso de la gemela deforme. Y también más sangre. Hasta que al final estuvo completamente envuelta en lo que parecía una vaina de espinas metálicas. O una mortaja que sólo permitía vez sus horrorizados ojos marrón claro.
Colgando de ella como lo haría una marioneta, la otra gemela sonreía sin importarle que el alambre también estuviese cortándola a ella por las muñecas, el cuello y la cintura.
- Es mía.
Su voz era posesiva y rezumaba odio mientras los alambres se movían sobre su hermana cerrándose más y más sobre su presa. El tomahawk cayó de las manos ensangrentadas de Ezequiel. Ya no tenía fuerzas para sostenerlo. No era capaz de liberarla. Demasiado tarde, comprendió que había sido una locura intentar hacerlo. Cayó de rodillas frente a la gemela monstruosa y buscó sus ojos en una muda disculpa por su fracaso, por no ser suficientemente fuerte. Por un segundo ella le devolvió la mirada, una mirada sin odio, solo dolor. Y luego también sus ojos quedaron cubiertos por el alambre de espino.
La gemela de cuerpo de muñeca se giró para encararse a Ezequiel y, pese a su aspecto frágil, le golpeó salvajemente. El odio y la rabia eran palpables. Ezequiel se preparó para el golpe de gracia. Entonces se desplomó en el suelo, como una marioneta a la que han cortado las cuerdas. El rollo de alambre de espino había quedado vacío y el alambre por sí solo no era bastante para sostenerla.
- ¡No! ¡No puedes hacerme esto! – gritó con su voz chirriante.
Ezequiel esbozó una sonrisa perruna, la otra gemela había regresado al mundo material. Y aunque allí aún estaría unida irremisiblemente a su hermana, aquel acto de desafío era el primer paso para liberarse. Y no pensaba desaprovechar la oportunidad que acababa de darle. Antes de que su hermana se recuperase de la sorpresa, recuperó su tomahawk y lo descargó con todas sus fuerzas sobre su pecho destrozando su caja torácica.
Ella aún estaba intentando asimilar la traición de su hermana y ni siquiera se defendió. Se quedó tirada allí, como una marioneta rota, mientras Ezequiel la golpeaba. Hasta que lo único que quedó de ella fue un rollo de alambre de espino ensangrentado.
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