Por el modo en que la chica dejó de apretar los puños Verónica supo que el calmante había comenzado a hacer efecto. Pero antes de quitarle la mordaza a la camarera quería estar segura de que no montaría una escena, odiaba cuando se ponían a lloriquear.
- Tranquila, no voy a hacerte daño – le dijo con voz suave. – solo quiero hacerte unas preguntas.
La chica asintió con la cabeza aún llorosa. Verónica despreciaba a las mujeres como la camarera, débiles y vulgares. Ni siquiera su estudiado look gótico tenía muestras de personalidad o estilo propios, era solo una superposición de viejos clichés que nunca deberían haberse inventado en primer lugar. Verónica ocultó una mueca de desagrado y recuperó su tono de voz suave. Aquel tono de voz solía servir para ganarse la confianza de los sujetos interrogados.
- Muy bien, ahora voy a quitarte la mordaza – Verónica espero a una señal de que la había entendido antes de retirar el trapo. - ¿Mejor?
- ¿Por… por qué estoy aquí? – No era muy brillante, pensó Verónica.
- Yo hago las preguntas. Respóndelas y podrás irte a casa. – LA chica asintió con vehemencia.
- Muy bien, empecemos con algo sencillo – dijo Verónica sacando su secretaria de bolsillo - ¿Conoces a alguno de estos dos?
Todos los testigos decían que Zephyr y Ghost habían estado en el inferno. La camarera había estado allí toda la noche y, con suerte, sabría algo que la ayudase a encontrarlos. Verónica tecleó el código para los objetivos tres y cuatro, la imagen de los dos elfos se materializó en tres dimensiones frente a la camarera. LA chica asintió otra vez, su respiración volvía a ser regular y pausada.
- Es Ghost… - la chica se quedó pensando un momento – Y la zorra con la que estuvo la otra noche.
- ¿Cuándo fue la última vez que les viste? – Verónica ya conocía la respuesta, solo estaba probando a la camarera.
- ¿Por qué quieres saberlo? – preguntó la chica, Verónica la miró molesta, no parecía entender su situación.
- Hazte un favor y limítate a contestar. – respondió con un leve tono de amenaza.
- Solo la vi a ella, ayer creo. – Voz de la chica sonaba demasiado casual y, por supuesto estaba mintiendo.
Verónica no respondió y se limitó a seleccionar un escalpelo entre su instrumental. La chica miró desconcertada la afilada cuchilla.
- ¿Derecha o izquierda? – preguntó Verónica sin rodeos
- ¿Cómo? – dijo la camarera sin terminar de entender.
- Me has mentido y no me gusta que me mientan. Ahora dime, ¿en qué mano prefieres perder el meñique?
- No, por favor – suplicó la chica – No volveré a mentirte. Te lo diré todo.
- Haberlo pensado antes. Cada mentira te costará un dedo y cuando te quedes sin ellos te rajaré tu bonita cara. – Verónica la miró con frialdad mientras la chica gritaba, parecía diestra. – Esto te va a doler más a ti que a mí. Si lo dejase pasar ya no me tomarías en serio.
Sin ninguna contemplación la doctora sujetó la mano con los dedos abiertos y seccionó limpiamente el dedo meñique. La camarera lloraba escandalosamente y Verónica la miró con desagrado. Es patética, pensó mientras arrojaba el dedo a una basura.
- Cálmate o tendré que seguir cortando – amenazó Verónica.
Los gritos de la camarera cesaron, pero no dejaba de sollozar y sorberse los mocos. Verónica hubiera preferido tratar con algún mercenario, al menos armaría menos escándalo que aquella mujer.
- Volveré a preguntártelo – dijo Verónica con un tono de voz duro - ¿Cuándo les viste por última vez?
- La otra noche – dijo entre lágrimas la rubia.
- Bien – asintió Verónica - ¿Ves cómo no es tan difícil? Ahora dime, ¿Qué hicieron mientras estuvieron en el Inferno?
Verónica echó algo de alcohol en un algodón y lo colocó en el muñón del dedo para limpiar la herida y después comenzó a vendarlo.
- Yo… - dudó la chica – no lo sé
- Y yo que pensaba que ya nos habíamos entendido – Verónica paró de vendar – Haz memoria.
- Bueno… la… la chica me preguntó por Ghost y le dije que no estaba – la chica se sorbió los mocos.
- ¿Y? – Insistió Verónica finalizando el vendaje.
- Si que estaba, pero yo no quería que se fuese con ella. - explicó con voz titubeante.
- Eso no me interesa ¿Qué hizo ella entonces? ¿Se fue? – Insistió.
- No, no se fue – la camarera había torcido el gesto como si aquello la hubiera molestado – Se quedó con Ezequiel.
- ¿Ezequiel? – preguntó Verónica.
- Uno de los dueños – explicó la camarera.
- ¿Tu jefe? – A Verónica no le habría extrañado que la elfa hubiera ido a protestar por la camarera.
- No, el no lleva el local.
- Entonces, ¿para qué quería hablar con él? – preguntó Verónica.
- No lo sé, lo juro – Verónica sospechó que la chica estaba ocultándole algo y se limitó a cortarle otro dedo.
Antes de continuar con el interrogatorio esperó a que la chica volviera a calmarse. ¿Cómo de estúpida podía llegar a ser? No ganaba nada mintiéndola y ni siquiera se le daba bien.
- ¿Y bien? – dijo Verónica acercando el escalpelo a su ojo. La chica intentó apartar el rostro.
- Ezequiel y Ghost estuvieron liados – admitió la chica a regañadientes.
Verónica meditó sobre aquella información, parecía que había más gente implicada en aquella desaparición. Pero tenía sentido, querían desaparecer y habían ido a pedir ayuda a un antiguo amante. Pero de todos modos no era buena idea dar las cosas por supuestas y decidió seguir preguntando.
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