jueves, noviembre 15, 2007

C93-Dexter, 22:57

La figura del dragón sobre unas letras rojas en lo que supuso que era Koreano destacaba en la oscuridad. Por lo que a él atañía podría haber sido japones o chino, tanto daba. Lo importante era que aquel cartel luminoso sobre lo que había sido una nave industrial pertenecía al gimnasio desde el que el Koreano llevaba todos sus asuntos.

La calle, flanqueada por almacenes y fábricas, la mayoría abandonadas o propiedad del Koreano, estaba llena de coches. Aquella noche debía de haber combate. Pasó junto a varios utilitarios, un cadillac azul de coleccionista y un par de deportivos que costaban más de lo que muchos ganaban en diez años. Otra noche había visto coches mucho mejores, así que el combate no debía de ser excepcional. Apuestas moderadas y puede que cuatro o cinco combatientes. Incluso así, la perspectiva de una buena pelea y apuestas tendría que haberle animado. Pero esta noche no, tenía trabajo. De todos modos ya fueran apuestas o contrabando el Koreano era su hombre. Por el precio adecuado le conseguiría el material y los focos de invocación o cualquier cosa que se le ocurriera.

Pasó junto a un orco vestido con chaqueta de cuero que le dirigió una mirada hosca. Su cara le sonaba familiar, pero todos los orcos se parecían entre sí. La verdad, no le importaba una mierda si le conocía o no. Además, nadie en su sano juicio organizaría una bronca en el territorio del Koreano. Podría haber dejado su descapotable con las llaves puestas y nadie se atrevería a robarlo, los hombres del Koreano se encargaban de eso. Vestían con ropa deportiva para hacerse pasar por habituales del gimnasio y, en cierta forma, lo eran, pero todos sabían quienes eran. Se había cruzado con varios patrullando la zona, aunque ninguno le había dicho nada. Supuso que ya le conocerían de antes, después de todo siempre le había gustado apostar y podría decirse que era un buen cliente.

Dejó atrás al matón orco de la chaqueta de cuero y llegó hasta la entrada del gimnasio. Pudo reconocer el impresionante Lamborgini Diablo rojo metalizado del Koreano aparcado justo delante y no sabía si alegrarse o no. Antes de decidir largarse de infotech sólo había tratado con él una vez y había sido para aplazar el pago de una apuesta. No había sido agradable. El Koreano había sujetado el cuello con tanta fuerza que pensó que se lo iba a partir. Puede que sólo quisiera asustarle. Desde luego había funcionado, hasta el punto que Dexter se había arriesgado a robar dos espadas canalizadoras del departamento taumatúrgico para saldar la deuda. Por otra parte, con aquel orco, Brake o como se llamase, no sólo pagaba una pasta sino que aún no había visto resultados. Tal vez fuese mejor tratar con el Koreano después de todo.

Dexter entró en el gimnasio sin siquiera mirar al Troll que le había abierto las puertas dobles blindadas. Dentro hacía calor. El interior del gimnasio estaba lleno de gente jaleando a los combatientes. La mayoría sujetaban papeletas con sus apuestas en la mano, aunque unos gritaban para intentar llamar la atención de los empleados para cambiarlas antes de que terminase el combate. Ingenuos.

El combate ya estaba decidido, aunque probablemente lo había estado desde un principio. Sobre el ring, elevado sobre una plataforma de cemento recubierta de madera, pudo reconocer a Gar. Era un orco descomunal con al menos dos potenciadores musculares visibles y había ganado todos sus combates. En comparación, el humano que ahora estaba encogido en el suelo y cubriéndose como podía de las patadas de Gar, parecía enclenque. Supuso que debía tener algún tipo de implante que compensase su falta de músculo, pero estaba claro que no era suficiente. Por eso, la mayoría de los luchadores eran orcos. Luego estaban los trolls, claro, pero esos competían a parte. Nadie en su sano juicio apostaría por el no troll en un combate y eso era malo para las apuestas. Pero las peleas entre dos trolls si atraían gente. Aquellos animales, que cuanto más feos más bestias parecían, luchaban de forma salvaje y eso sí que era un espectáculo. Pero esta noche no habría trolls, o el local estaría mucho más lleno.

Se abrió paso entre la gente para rodear el ring. De vez en cuando miraba el combate por encima de las cabezas de la gente. Gar había dejado de dar patadas al pobre desgraciado y se había acercado a las cuerdas para amenazar a unos espectadores que le estaban insultando y que probablemente habían apostado por el otro. A su espalda, el humano aprovechó para levantarse con la mano en el costado, por su mueca de dolor parecía que tenía algo roto. Otros aficionados gritaron para avisar a Gar. El orco se dio la vuelta dispuesto a destrozar a su contrincante. Pero antes de que pudiera hacer nada, sonó la campaña que indicaba el final del primer round.

El Koreano estaba sentado en una mesa al otro lado del ring, en primera fila y acompañado por dos mujeres. Pudo reconocer a la elfa rubia vestida de rosa que había visto en el antro del orco. ¿Se llamaba Pinki? Su falda era tan corta que habría podido verle las bragas si no tuviese las piernas cruzadas. La otra, vestida de violeta y dorado, no le sonaba, aunque tampoco le habría importado conocerla. Pero podría haber sido modelo en una revista, al menos vestía igual. Estaba claro que el Koreano sabía escoger su compañía. ¿Cuánto cobrarían? Puede que cuando firmase el contrato intentase averiguarlo.

Aprovechó la relativa calma del descanso para terminar de atravesar el gimnasio. Los dos luchadores se habían retirado a sus esquinas, aunque el humano tendría suerte si duraba otro round más. Estaba escupiendo dientes y su cara… su cara iba a necesitar una reconstrucción, suponiendo que pudiera pagarla, claro. Bueno, tampoco era una gran pérdida, de todas formas este debía ser sólo el primer combate de la noche.

Se acercó hasta uno de los guardaespaldas, un oriental vestido de traje y expresión severa que se aseguraba de que nadie se acercase a la mesa del Koreano. Antes de que pudiera decirle nada le hizo un gesto para que se detuviese y Dexter no tuvo más remedio que esperar mientras el Koreano hablaba con la mujer vestida de violeta y dorado.

Puede que se hubiese equivocado, porque cuando terminó, la mujer fue hacia la esquina donde se sentaba el humano y sacó una jeringuilla del bolso. Claro que era comprensible con el par de tetas que tenía. Fuese lo que fuese lo que le había inyectado, funcionó. Era como si el tipo ya no sintiese el dolor, ni las costillas rotas, ni la cara destrozada ni las patadas que Gar le estaba dando, una detrás de otra en el pecho, el costado e incluso en la cabeza. Tenía el ojo izquierdo completamente cerrado por la sangre y el costado sangraba pero seguía peleando. El humano consiguió encajar un par de puñetazos en el estómago de Gar. Sus nudillos con pinchos implantados desgarraron su tripa haciendo que empezase a sangrar. La campana volvió a sonar pero el árbitro tuvo que separar a los dos luchadores. En la esquina la mujer de violeta y dorado preparaba otra jeringuilla, el Koreano sonreía en su mesa.

De pronto, como si acabase de acordarse de que Dexter estaba ahí, le hizo una señal para que se acercase. Se sentó donde antes había estado la “doctora Jekyll”. El Koreano, impecable con su traje a medida y el pelo negro peinado hacia atrás le observó sin decir nada con sus ojos negros ligeramente rasgados. Por encima del cuello de su camisa sobresalía el inicio de un tatuaje que se decía que ocupaba toda su espalda y parte del pecho. Si era cierto que en los anillos el tamaño del tatuaje era un símbolo de la posición dentro de la organización, entonces el Koreano tenía un puesto muy alto. Y aún era joven…

- ¿A qué debo su visita señor Smithers? – preguntó el Koreano sin dejar de mirarle.

Dexter se limpió el sudor de las manos en los pantalones y se aclaró la garganta un par de veces antes de hablar. En el ring habían reanudado el combate y “Mr Hyde” parecía incluso más enloquecido que antes, si es que eso era posible.

- Necesito material… - miró por un momento a la elfa dudo si seguir hablando, pero al Koreano no parecía importarle su presencia y supuso que no importaba. - … Material mágico.

El Koreano siguió su mirada y se detuvo un momento en Pinki. La elfa parecía más interesada en el combate donde “Mr Hyde” había conseguido hacer una buena raja en la cara de Gar, aunque ahora tenía el brazo izquierdo colgando en un ángulo extraño. A Dexter le pareció incluso haber visto algo de hueso. Pero si le habían partido el brazo tendría que notarlo ¿No?

- Por supuesto – el Koreano seguía sonriendo y Dexter tuvo que contenerse para no tragar saliva. - ¿De qué tipo de material estamos hablando?

Por el modo en que lo había dicho bien podría haber estado preguntando si estaba dispuesto a darle uno de sus órganos biológicos o su implante craneal. En el ring “Mr Hyde” había conseguido acorralar a Gar, aunque parecía estar perdiendo fuerzas.

- Necesito un foco de invocación elemental, uno potente. Y varios suministros estándar. Pinturas, estimulantes, esas cosas. – Dexter rebuscó en los bolsillos de su gabardina marrón y sacó un papel – He escrito la lista.

El Koreano cogió el papel y lo leyó detenidamente. La elfa seguía atenta al combate. Estaba sentada al borde de la silla y ligeramente inclinada hacia delante dejando entre ver el inicio de sus senos. Dexter se pasó la lengua por los labios.

- ¿Cuánto…? – comenzó a decir

El Koreano interrumpió la lectura por un momento.

- No esta noche, Sr Smithers.

- Umm… claro – murmuró Dexter

Gar agarró la cabeza de “Mr Hyde” y la estrelló contra su rodilla. El humano cayó al suelo desplomado. En la esquina la “doctora Jekyll” no parecía demasiado afectada. El koreano terminó de leer y dejó la lista sobre la mesa.

- Puede tenerlo para mañana.

Dexter asintió lentamente con la cabeza preparándose para escuchar el precio. En el ring la “doctora Jekyll” estaba tomando el pulso a su “Hyde”. Tenía otra jeringuilla en la mano, pero el árbitro negó con la cabeza. La mujer se encogió de hombros, guardó la jeringuilla en su bolso dorado y dejó al pobre diablo sobre el suelo del ring.

- Esta es la cantidad que debe transferir.

Otros trescientos mil. Y por si fuera poco volvería a tener que pasar la noche solo. Joder, parecía que últimamente todas sus noches eran así. Pero esperaba que sólo le quedase otra noche de trabajo más. Una invocación y habría acabado…

No hay comentarios.: