jueves, noviembre 15, 2007

C107-Brake 00: 35

El cuerpo del elfo rebotó contra las cuerdas para recibir otro golpe brutal del Gar y caer deslomado sobre el suelo de madera del ring. Tenía suerte, aún respiraba. La doctora abrió su bolso dorado y comenzó a preparar otra jeringuilla pero el Koreano hizo un gesto de negación con la cabeza. Estaba claro que su popularidad entre las mujeres y el odio de los orcos le habían salvado el pellejo. Era un clásico de las luchas amañadas. Aunque las heridas de Gar eran reales y si el último combate no hubiese estado preparado puede que hubiesen tenido un nuevo campeón.

La doctora guardó sus drogas en el bolso mientras el Koreano se levantaba de la mesa y salía por la puerta trasera. Por un momento le pareció ver la silueta de Kurage mirar desde la puerta pero la puerta se cerró un instante después y de todos modos la shaman era ciega aunque hubiera mirado no le habría visto.

Gar levantó el grueso cinturón dorado del campeón y lo mostró al público con un grito de triunfo. Tenía la nariz rota, cortes en los brazos y en el pecho y uno de los ojos completamente cerrado por los golpes, pero eso sólo contribuía a darle un aspecto más amenazador, salvaje. La hebilla con forma de dragón pareció serpentear. Brake parpadeó, la bebida debía estarle afectando.

El público parecía encantado con la victoria de Gar, que le dieran una paliza al típico tío que te quitaba las tías siempre funcionaba y estaba seguro de que se dejarían una pasta en bebida mientras cambiaban las cuerdas del ring por cadenas para cuando subieran los trolls.

Un par de hombres del Koreano bajaron al elfo del ring y lo sacaron por la parte de atrás seguidos de la Doctora. Había que reconocérselo, pese a sus ropas pijas y aspecto de maniquí había conseguido entrar sin levantar sospechas.

Gar bajó por su propio pie, esforzándose hasta el último momento por no demostrar debilidad. Pero no engañaba a Brake, él había estado en suficientes peleas de verdad para saber que en cuanto se le pasase el subidón de adrenalina se vendría abajo.

Los orcos le recibieron con alcohol, palmadas en la espalda y bromas soeces sobre el elfo. Brake rió de buena gana incluso aunque la sensación de ardor de su pierna se estaba extendiendo y su cojera se había vuelto más pronunciada. Maldita Zephyr, tanta protección por unas malditas bragas porque no había encontrado nada más. Salvo que el Koreano quería hablar con ella y con Pinki sentaba en su mesa estaba muy claro con que iba a negociar el oriental.

Su “colega”, el orco al que había estado pasando la pasta trajo un barril de cerveza y le palmeó en el hombro. Había estado pagando la bebida de todos, para él era solo calderilla y le había comprado su lugar en el grupo. Y era un lugar muy bueno, tanto que sin darse cuenta había acabado delante de Gar y se lo estaban presentando.

Estrechó su mano devolviendo el apretón más fuerte de lo necesario. Más por costumbre que por verdadero interés examinó la marca de su antebrazo que identificaba al fabricante de sus refuerzos musculares. Probablemente también tenía algo de blindaje dermal pero era más difícil de ver bajo la piel. Sonrió de forma amistosa e invitó a todos a otra ronda de bebida para quitárselo de encima. Su interés seguía centrado en la puerta trasera por la que habían desaparecido el Koreano y la doctora y por la que él mismo había entrado.

- ¿De dónde sacas la pasta?

La pregunta la había hecho su “colega” entre trago y trago de cerveza, pero todos los demás le estaban mirando. La mayoría vestían como él ahora, cazadoras de cuero, pinchos y cadenas. Seguro que la mayoría estaban pelados de pasta, tendría que haber esperado la pregunta, pero había estado demasiado preocupado por el Koreano para darse cuenta. Por un momento vio a Pinki sentada sola.

- Putas – dio un trago de cerveza esperando que eso acallase todas las preguntas.

Aún tenía la tarjeta de la puta que le había dado el gilipollas del traje morado antes de convertirle en pulpa y siempre podía usarla. Pero gar tenía la vista fija en la mesa del Koreano donde estaba Pinki seguía sola y, para variar, llevaba uno de sus vestidos rosas con la cantidad mínima de tela.

- ¿Esa es una de las tuyas?

Gar hizo un gesto con la cabeza hacia ella. Apuró la copa aún mirándola y luego se lamió la espuma de cerveza de lo labios. Por si fuera poco Pinki le había visto. Se palpó los bolsillos y encontró lo que buscaba. Lo único que podía salvarle era dejarla tan colocada que no recordase nada de lo que pasase.

- Es posible, dale esto cuando te acerques.

Brake le pasó una buena dosis a Gar y le siguió cojeando. La gente le abría paso por lo que tuvo que esforzarse para no quedarse atrás. Los otros orcos les acompañaron. Por los comentarios parecían pensar que habría fiesta en los vestuarios.

Esperó mientras Gar discutía con un par de matones del Koreano gesticulando hacia Pinki y los vestuarios. Brake gruñó, sabía perfectamente como zanjar aquella discusión, solo esperaba que ninguno de los dos matones le reconociese. Se acercó hasta Gar y le pasó un puñado de billetes.

- Diles que te la llevas al vestuario y se la devuelves ahora, nadie tiene porqué enterarse.

Gar discutió un rato más con los matones hasta que consiguió convencerlos de que no iba a salir del edificio. Los otros orcos parecían haber encontrado alguna mujer más, probablemente también putas, aunque de bastante peor aspecto que Pinki. Incluso la rubia insulsa de la noche pasada resultaba apetecible a su lado, pero imagino que tampoco tendrían tanto donde elegir.

Les siguió hacia los vestuarios. Gar arrastraba a Pinki del brazo y Brake casi sintió pena por ella, no creía que Gar supiera valorar su habilidad. Casi, porque estaba claro que era ella quién le había vendido. Después de todo, mientras el Koreano tuviera a Pinki, Zephyr haría lo que quisiese y con Kurage de por medio necesitaba una shaman. Si tenía alguna oportunidad de hacer entrar en razón a Zephyr para ayudarle era esa…

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