jueves, noviembre 15, 2007

C79-Dexter, 21:35

Dexter regresó a su refugio en las cloacas. Había llovido y una corriente de agua turbia arrastraba la basura de las calles por el sumidero. Después de haber estado en el Diamond, con sus enormes ventanales que dejaban ver toda la ciudad, regresar a los túneles oscuros y húmedos parecía un descenso al infierno. Deseaba que todo acabase para poder salir de allí y pasar la noche en un buen hotel, con una cama grande de sábanas limpias y alguien que le hiciese compañía. 
 
Mientras caminaba por los túneles estrechos y malolientes no dejaba de pensar en que lo primero que haría sería pedir una copa de bourbon y una comida caliente al servicio de habitaciones. No dejaba de repetirse una y otra vez que aquella era una situación temporal hasta que consiguiese firmar un contrato con alguna corporación importante. Sólo tenía que permanecer escondido por un tiempo, hasta que la situación se calmase y los runners sacaran a Amanda de Infotech.
 
Pero hasta entonces, lo más a lo que podía aspirar era a que el río de mierda no alcanzase su refugio. El suelo estaba cubierto por un barro pastoso y resbaladizo que olía a descomposición. Aunque el olor de las alcantarillas no era exactamente igual, de algún modo le recordaba el olor de uno de sus experimentos fallidos. Se había cogido una semana de vacaciones y, cuando volvió, notó aquel olor por todo el laboratorio. El sujeto de pruebas 7 no había asimilado bien los tratamientos para resistir las toxinas y había muerto, pero nadie había entrado al laboratorio en toda la semana. Así que él fue quien encontró el cadáver en una esquina de la celda de contención. Ya no recordaba su cara o los detalles de cómo retiraron el cuerpo, pero sí recordaba el olor pegajoso a putrefacción. A Dexter no le habría sorprendido encontrar algún cadáver flotando en el agua oscura y sucia, pero no lo hizo. 
 
Los túneles de ladrillo gastado se extendían debajo de la ciudad durante muchos metros ocultando lo que debían haber sido los túneles de mantenimiento del alcantarillado, pero hacía tiempo que nadie tenía interés en aquella parte de la ciudad y menos en sus alcantarillas. Por eso había pensado que serían un buen escondite. Pero ahora ni siquiera sabía si realmente era seguro. Aún no tenía ni idea de cómo lo habían localizado aquellos mercenarios. Con suerte solo eran caza recompensas y no se lo habrían contado a nadie más, pero no podía estar completamente seguro. Lo que estaba claro era que por la pasta que había pagado al Koreano no tendría que haber recibido ninguna visita. Por suerte, el sistema de seguridad y las sondas que se había llevado de infotech habían funcionado. 
 
Llegó hasta el final del túnel y apartó la plancha oxidada que ocultaba un pasadizo lateral. Dexter se encogió dentro de su gabardina marrón, había cogido el olor a alcantarilla y tendría que tirarla, aunque ahora no, hacía demasiado frío para prescindir de ella. Incluso en los túneles de mantenimiento había mucha humedad, pero al menos las cámaras y sondas que había instalado seguían operativas. Descargó la grabación de las últimas horas en su cerebro y la revisó rápidamente para cercionarse de que nadie más había encontrado la pequeña habitación de suministros en la que se había instalado. Cuando estuvo seguro de que nadie más había pasado por allí, sacó una pequeña llave y abrió la puerta metálica, tan vulgar que parecía fundirse con la pared de ladrillo y las sombras del túnel. Habría sido fácil pasarla por alto, como uno de esos portales pequeños en los que no te fijas aunque pases por delante todos los días, uno de esos sitios que olvidas nada más verlo salvo que tu o alguien conocido vivas ahí. Dexter suspiro, incluso eso parecía más acogedor. Claro que en las alcantarillas había menos vecinos molestos, sin contar las ratas, por supuesto.
 
Dexter entró a la antigua sala de suministros con la gabardina y el pelo rojo chorreando. Allí estaba algo menos húmedo pero había una gotera en la esquina cercana a la puerta que se extendía por más de la mitad de la pared formando una mancha oscura sobre el ladrillo. En la parte más alejada, sobre los ordenadores y cámaras de hacía más de dos décadas, había colocado su propio equipo. El vendedor le había asegurado que era resistente al agua, pero también le habían asegurado que el pelo rojo a la última moda haría que consiguiese más chicas. Cerró la puerta a su espalda y colgó la gabardina empapada tras ella.
 
En el lateral habían instalado un camastro y unas taquillas metálicas como las de las consignas de los aeropuertos. Dentro de una de las taquillas encontró un par de mantas ásperas y de un amarillo desteñido, pero que al menos eran gruesas. Puso una de ellas tapando el colchón gastado y con bultos, la otra, la dejó doblada a modo de almohada. Se sentó al borde del camastro y buscó algo con lo que secarse. Lo último que necesitaba era coger un pulmonía y tener que visitar uno de aquellos infames doctores callejeros que no sabrían tratar ni a un perro. 
 
Allí abajo el frío húmedo parecía meterse por los huesos. ¿Cuánto tiempo tendría que soportar aquello? ¿Cuánto tiempo tendría que esconderse de caza recompensas y mercenarios?, pensó mientras se quitaba la ropa sucia. Había dejado Infotech para vivir mejor, no para esconderse en las alcantarillas. ¿De qué le servía el dinero si no podía gastarlo? Metió la ropa en una bolsa de plástico y la arrojó a una esquina antes de meterse en una ducha prefabricada que claramente había sido puesta ahí por el koreano. El agua caliente hizo que se sintiese mejor y que empezase a pensar con claridad. ¿Qué pasaría si fallaba la extracción de Amanda? No quería pasarse el resto de su vida huyendo, necesitaba un plan de contingencia y lo necesitaba ya. Aún bajo el agua, buscó la omnipresente conexión a la red y dejó que su mente vagase ociosa por ella. Si cerraba los ojos podía llegar a olvidarse de dónde estaba.
 
Abrió los ojos, no podía permitirse más autocomplacencia. No cuando empezaba a costarle reconocer su propio reflejo en el espejo empañado. Había adelgazado bastante, tanto que se le comenzaban a marcar los huesos. Su pelo, teñido de rojo intenso, empezaba a tener raíces negras y necesitaba un buen corte. Que diablos, incluso empezaba a faltarle la ropa limpia. 
 
Dexter maldijo en varias lenguas y mientras se ponía sus últimos calzoncillos limpios. Si Amanda no conseguía controlar la situación en Infotech como habían planeado, entonces necesitaría un prototipo que enseñar a los inversores. Algo con lo que poder vender el producto. 
 
Terminó de vestirse y se tumbó en el camastro con la cabeza apoyada sobre el brazo. Hacía ya mucho tiempo desde el accidente y recordarlo aún le resultaba doloroso. Siempre le habían dicho que si intentaba invocar algo demasiado poderoso acabaría muerto o quemado, sin magia e incapaz de invocar el más débil de los elementales. Pero lo que le había perder la mayor parte de su poder no había sido nada de eso. Había sido un semáforo, un puñetero semáforo que se había saltado. Su coche se había empotrado contra otro con el dentro, hasta quedar convertido en una masa de metal, plástico y carne sanguinolenta. Parte de él reconocía que los del hospital habían hecho un buen trabajo recomponiendo lo que quedaba de él. Incluso que los órganos artificiales que le habían puesto funcionaban mejor que los suyos. Pero el precio de aquellos implantes había sido muy alto. Ahora alcanzar el plano espiritual era como tener que atravesar una gruesa capa de aceite o petróleo antes de poder sumergirte en el mar,  invariablemente le producía nauseas. 
 
Se incorporó y se quedó sentado al borde del camastro, puede que estuviese "quemado", pero aún era capaz de invocar algún que otro elemental menor. Aún cuando eso le agotase hasta el punto de que su vista se nublase y quedase al borde del desmayo. Por supuesto la potencia de esos elementales no era comparable a la de sus sondas. Los implantes habían sustituido casi por completo a los elementales y otros espíritus, la red había sustituido el plano espiritual. Pero aún seguía ahí, al otro lado, incitándole a sumergirse. 
 
Y un elemental era justo lo que necesitaba  para conseguir fondos con que financiar sus otros proyectos. Desde el accidente había estado investigando cómo mezclar  magia y tecnología, cómo recuperar lo que había perdido o incluso lo que nunca había tenido. Como invocador había sido considerado un mago incompleto y como científico se le consideraba “poco riguroso”, lo que era un eufemismo para decir que la magia no era una verdadera ciencia, pero si conseguía desarrollar su prototipo de sondas potenciadas por elementales entonces tendrían que tragarse sus palabras. 
 
Dexter se apartó un mechón de pelo rojo de la cara. Si quería invocar un elemental tóxico iba a necesitar un lugar con la suficiente materia prima. Y puede que algunos focos de los que coger prestado algo de poder. El lugar no sería muy difícil, la web estaba llena de organizaciones ecologistas que denunciaban vertidos ilegales y cosas similares. Lo complicado sería encontrar objetos mágicos que no fueran un fraude. Y en eso la red no podía ayudarle porque la mayoría de los magos no la usaban. 
 
Aún así hizo una búsqueda general. Un par de páginas ecologistas denunciaban vertidos ilegales en algunos barrios pobres de la ciudad. En un blog se denunciaba la intoxicación de varias familias por comer carne contaminada y que las autoridades estaban investigando una carnicería de la zona, pero tampoco le servía, necesitaba algo más grande. Encontró varias denuncias por la huelga en la recogida de basuras y aún más por el cierre de una fábrica de textiles contaminantes y tiraba los residuos por la alcantarilla. ¿Un elemental tóxico hecho de ropa de confección barata y basura? No parecía muy atractivo para unos ejecutivos. No, Amanda y él ya lo habían discutido, la estrella de los elementales tóxicos eran los residuos radiactivos. Y entonces lo encontró, según ecologistas en acción había un vertedero de residuos químicos no muy lejos de ahí. Si, eso podía servir.
 
Dexter se levantó y se puso la gabardina marrón, aún estaba algo húmeda. Ahora solo tenía que visitar a sus antiguos contactos, con suerte podrían indicarle alguien que vendiese focos…
 

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