jueves, noviembre 15, 2007

C109-Pinki 00: 36

Sabía lo que vendría después y no creía que pudiera aguantarlo con la cabeza despejada. De cerca Gar parecía aún más grande y su rostro con colmillos no parecía muy amistoso. Aún estaba cubierto de sangre, tanto suya como de los otros, pero sobre todo de los otros. No quería arriesgarse a conocerle mejor. Pero eso era sólo una excusa conveniente para volver a drogarse, parte de ella sabía que ese no era el motivo.

Así que cogió la dosis de su mano callosa, tenía los nudillos despellejados. El cristal de hoy era de un color rosa traslucido, qué ironía, y era más grande de lo normal, casi del tamaño de su uña meñique. Podría haberse confundido con una pequeña cuenta de colores o, tal vez, con un caramelo, pero ella sabía muy bien lo que era.

Estaban solos en las duchas. Gar olía a alcohol y sudor, aunque pronto no sería consciente de ello, si siquiera aunque estuviera encima suyo. El orco se quito la ropa dejando al descubierto su piel gruesa surcada de cicatrices nuevas y viejas.

Pinki colocó el cristal sobre su lengua dejando que la cubierta se deshiciese en su lengua para liberar su contenido. Bajo la mirada de Gar deslizó los tirantes de su vestido por los hombros y se desnudo. No quería mancharse, las manchas sí seguirían allí cuando se pasase el efecto y entonces sería más difícil fingir que no había sucedido nada. Cerró los ojos deseando que el cristal hiciera efecto.

Sentía las manos ásperas y el aliento de Gar sobre su piel desnuda. Pronto le seguiría el resto del cuerpo, contra la pared de baldosas azules de las duchas, pero aún podía sentir el cuerpo, ligeramente entumecido, y todo lo que la rodeaba.

Entonces, cuando el orco empezó a presionarla para que se arrodillase, comenzó a notar el efecto. Era como si todo lo que la rodeaba dejase de existir. Ni gar, ni las baldosas azules, ni nada que le hiciese. Ahora sólo importaba la huída. Unos minutos, horas, días, todo lo que pudiera permitirse. Lo único que deseaba era no regresar a su mierda de vida, costara lo que costara.

Pero Brake siempre había sido cuidadoso y nunca le había dado más de lo que podía aguantar en una dosis, siempre lo mínimo para asegurarse que estaría allí al día siguiente y que podría seguir jodiéndola, a ella y a su hermana. Se odió por ello. Lo mejor sería quedarse allí y no despertar nunca.

Lejos, muy lejos, escuchó gritos de alguien. No quería regresar e intentó sin éxito mover la mano para apartar la figura borrosa de un orco. ¿Brake? No, más grande, el otro. En el fondo no importaba, no dónde ella estaba ahora. Pero fuera quién fuera nos e daba por vencido y empezó a sacudirla. La habría dicho que se marchase, que la dejase en paz, pero eso supondría despertar.

Cerró los ojos y se aferró a la sensación de vacio que empezaba a invadirla. Nada, no más dolor o pesadillas en la vigilia. Eso era lo que le esperaba si no despertaba y abrazaba aquel destino sin remordimientos.

Gritos, más gritos y más gente, demasiado lejanos para poder molestarla ahora. Ya nada de eso importaba. Se sentía culpable por Alex, pero no lo suficiente, sin ella sería libre. Sí, estaría mejor sin ella. Y pronto la habría olvidado, porque allí era a dónde se dirigía, al olvido.

Entonces sintió un torrente caer sobre ella, arrastrarla, como si tirasen de ella. Se sintió deshorientada, intentando comprender de dónde había salido el agua. Y aunque intentó ahogarse algo la obligó a regresar para encontrarse frente a su hermana.

Boqueó intentando recuperar el aliento bajo un chorro de agua que las empapaba a ambas. Era difícil no ver el dolor y la decepción en sus ojos azules. Pero lo único que sentía era resentimiento hacia ella por haberla traído de vuelta. Estaba tirada desnuda en el suelo de las duchas. Detrás de su hermana estaba el orco, Gar, también desnudo, haciendo todo lo posible por pasar desapercibido. Cerró los ojos y su hermana la abofeteó.

- ¿Esto es lo que quieres? ¿Morir de sobredosis?

Miro a Alex, estaba cabreada. Pero aunque tendría que haberlo hecho, no era capaz de sentirse culpable. Abrió la boca balbuceando, ya no le quedaban excusas, ni promesas. Nada.

- Lo hice por ti… – murmuró su hermana – pero no te importa… No te importa nada que no sea tu dosis.

Pinki intentó pensar en algo que decir o que hacer, algo que convenciese a su hermana de que todo iba a cambiar. Lo único que consiguió fue echarse a llorar, encogida bajo el chorro de agua fría de la ducha.

Alex se levantó. Sus ojos se había vuelto fríos, como los de un reptil o tal vez una de esas serpientes que había pintadas por todo su edificio. Era como si ya no fuera su hermana y estuviera ante una desconocida.

- Muy bien, si eso es lo que quieres vuelve con Brake. A mi ya no me importa.

Le dio la espalda y fue hacia la salida de las duchas. Tendría que llamarla, intentar detenerla, pedirla que se quedase con ella. Pero no lo hizo, en lo único que podía pensar era que si hubiera tenido otro chute no habría dudado en metérselo. Se sintió vacía.

No hay comentarios.: