- Al primero que se acerque le meto una bala en el cráneo.- Gunner quitó el seguro y apuntó al que parecía el líder.
No le hacía ni puta gracia que aquellos tipos contaminados se le acercasen, aún con equipo de protección era mejor no arriesgarse. Y él no tenía ningún inconveniente en cumplir su amenaza si llegaba el caso. Gunner les vio titubear y supo que su amenaza había tenido éxito tal y como esperaba. Lo que no esperaba era que Zephyr se pusiera de su parte.
- Son solo gente desesperada, no se merecen esto. – dijo la elfa.
Al escucharla, los tipos comenzaron a implorarle ayuda, como si ella pudiera hacer algo, y avanzar en su dirección. Gunner disparó al que iba primero en la pierna como advertencia y apuntó a otro. Los civiles respondieron insultándolo y amenazándolo, ninguno se detuvo. Ni siquiera se lo pensó cuando disparó a la cabeza del más cercano, eso si los detuvo. Había desperdiciado una bala disparando al primero en la pierna.
- No puedes hacer nada por ellos – le dijo a Zephyr esperanado que entrase en razón.
- Te equivocas, si que puedo. Solo tengo que llegar a la torre antes. – Gunner tuvo la impresión de que había algo que Zephyr no les habñia contado, pero antes de que pudiera preguntarla una civil le interrumpió.
- Los guardias disparan a todos los que se acercan al rascacielos. – dijo una mujer de aspecto asustado.
- Los jefazos y la gente importante están atrincherados dentro con la cura – dijo otro.
- ¡Y a nosotros que nos jodan! – protestó uno más.
- Entraremos a por la cura – les dijo Zephyr en tono apaciguador.
- ¿De verdad? – dijo esperanzada una de las mujeres – Mi hijo esta esperándome en casa.
- Entonces tendremos que darnos prisa. – Respondió Zephyr.
Los cancerosos se habían calmado e incluso parecían dispuestos a colaborar, pero no se fiaba de ellos. Eran solo civiles enfermos y desesperados, lo mejor habría sido meterles un tiro y acabar con su miseria. Aún así eran muchos y si iniciaba un tiroteo podrían terminar heridos. Gunner se mordió la lengua y dejó que Zephyr manejase la situación.
- ¿Hay alguna entrada menos protegida que el resto? – preguntó Morgan.
- Si la hubiera ya habríamos intentado entrar. – dijo una mujer.
- Todos los que han intentado entrar están ahora muertos. – el hombre que lo había dicho miró con rencor el rascacielos.
- ¿Y la cafetería? – preguntó Morgan.
Gunner acarició su pistola mientras clavaba su mirada en la mujer, estaba claro que intentaba guiarlos a una emboscada con la excusa de que habría menos guardias en esa cafetería. Pero no iba a picar. Gunner hizo señas para indicar que quería hablar con el grupo a parte. Los cancerosos les miraron con desconfianza, pero no dijeron nada. Los cinco hicieron un círculo cerrado para que no les escucharan. Gunner resistió un impulso de apartar a la corporativa, si lo hacía los demás se volverían contra él.
- Creo que lo mejor será hacer un reconocimiento de la zona y ver qué seguridad tienen. – dijo tajante.
- ¿Quién va? – Preguntó Twitch
- Podemos ir Morgan y yo – respondió Ghost.
- Creo que deberías ir solo – Gunner miro al elfo con la esperanza de que le hiciera caso.
- ¿Por qué? Ella conoce la zona y puede serme de ayuda. – respondió Ghost.
- Podría causar problemas. – insistió Gunner
- Me basta con que no monte tanto jaleo como tú. – Se burló Ghost.
Twitch soltó una risita e incluso Zephyr sonrió un poco. Gunner maldijo ¿es que nunca se iban a olvidar de aquello? Hacía ya más de un año de aquella incursión en los estudios de StarT3. Los de la cadena rival querían asegurarse de tener la exclusiva en un caso sórdido sobre un político pederasta y les habían contratado para entrar y sabotear la grabación de la competencia. No había demasiada seguridad y se acordó un plan simple: El resto se colaban sin llamar la atención y él vigilaba la salida con el coche a punto.
Pero no salió como esperaban y el resto se estaba retrasando, de modo que decidió entrar para ver que sucedía. Cuando entró, había un par de vigilantes haciendo su ronda y pensó que podría pasar por detrás sin que lo oyeran. Se equivocó, uno de los guardias salió corriendo a dar la alarma y el otro sacó su arma para dispararle. Gunner fue más rápido y la cosa no paso a mayores, pero desde entonces Ghost no había dejado de burlarse, decía que le chirriaban los implantes. Y tal vez era cierto que sus viejos implantes de metal metían más ruido que los nuevos. Pero ¡qué diablos! Ser sigiloso era el trabajo de Ghost, no el suyo, él estaba para cuneado las cosas se ponían feas. Además, estaba a punto de dejarlo. Uno o dos trabajos más y tendría la pasta suficiente para poder retirarse. Gunner miró a la mercenaria y luego al elfo.
- Tú sabrás lo que haces, – le advirtió. – pero yo que tu, vigilaría la espalda.
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