Verónica sirvió un vaso de agua y le dio de beber a la camarera. Después cogió un pañuelo y limpió su cara de los restos de maquillaje corrido y sus propias babas.
- Mucho mejor – murmuró para sí misma – Ahora volvamos a intentarlo – le dijo a la chica. - ¿Qué pasó anoche?
- Nada… - comenzó a decir. Verónica entrecerró los ojos. – Ezequiel estuvo hablando con aquella zorra hasta que Ghost se les unió. – Añadió.
- ¿Y? – dijo Verónica sirviéndose una taza de té.
- Se fueron al privado por una hora o así – Verónica dio un sorbo a su té antes de preguntar, la faltaba algo de sacarina.
- ¿De qué hablaron? – la chica negó con la cabeza y Verónica torció el gesto mientras removía la cucharilla.
- ¿Hay cámaras en el reservado? – la chica volvió a negar con la cabeza. Verónica volvió a probar su té para tranquilizarse.
- Y tampoco sabrás a dónde fueron después – Verónica estudió a la chica con los ojos entrecerrados. La temblaba el labio y negaba frenéticamente.
- Esta bien, - dijo Verónica en un tono que intentaba ser tranquilizador – háblame de ese tal Ezequiel.
Verónica se apoyó sobre un taburete alto y bebió de nuevo. De momento la camarera no estaba siendo demasiado útil.
- Yo… - comenzó a decir la camarera – No sé mucho sobre Ezequiel.
- Haz memoria – cortó Verónica.
- Se pasa de vez en cuando, monta fiestas privadas en la sala VIP, le gustan los hombres…
- ¡Basta! – la cortó Verónica - ¿No sabes nada útil? ¿Dónde vive? ¿A qué se dedica? ¿Dónde puedo encontrarlo?
- No, no, - la chica negaba también con la cabeza - por favor… yo no sé más.
Verónica depositó la taza medio vacía sobre la mesa, no sabía por cuanto tiempo más podría aguantar aquella estupidez. Aún así se forzó a sí misma a responder con un tono de voz calmado.
- ¿Y de ellos dos? – dijo señalando las imágenes de Ghost y Zephyr - ¿Sabes algo útil de ellos dos?
- Bueno yo… - la chica pareció dudar, pero no fue necesario que Verónica insistiera –… conozco a una chica que se acostó con Ghost.
- ¿Algo más? – dijo Verónica poniendo las manos sobre sus caderas.
- Me dijo dónde vivía.
Por fin estaban llegando a alguna parte. Tal vez en la casa del runner podría encontrar alguna pista.
- ¿Y bien? – inquirió Verónica.
La camarera balbuceó la dirección mientras Verónica se cercioraba de que su secretaria de bolsillo estaba grabándola correctamente. No parecía que fuera a sacar mucho más de aquella chica y Verónica estaba ya cansada de tener que extraer hasta la información más básica. Decidió dar por concluida la sesión.
- ¿Algo más que quieras contarme? – dijo dándole la espalda y revisando su material.
- No, no, eso es todo lo que sé. De verás – Verónica la observó de reojo, parecía que era cierto.
- Entonces supongo que eso es todo – Verónica cogió una probeta y leyó la etiqueta antes de vaciar su contenido en una jeringuilla nueva.
- ¿Me dejarás irme ahora? – preguntó la chica esperanzada.
Verónica no se volvió para responderla mientras comprobaba que la jeringuilla funcionaba correctamente haciendo que saliera un poco de líquido transparente.
- Me temo que eso no es posible – respondió con tranquilidad – Quién sabe lo que podrías ir contando por ahí…
- Pero dijiste que si respondía a tus preguntas podría irme – la ansiedad en la voz de la chica era evidente.
Verónica se volvió hacia ella con todo el material dispuesto en una bandeja de plástico blanco que colocó en la mesilla junto a la paciente.
- Es cierto, - comentó con indiferencia Verónica – pero tu grupo sanguíneo coincide con el de uno de mis clientes y sería una lástima desaprovechar unos órganos sanos cuando la demanda es tan alta últimamente…
La chica gritó pidiendo ayuda y se retorció intentando liberarse de sus ataduras. Verónica la observó durante unos instantes.
- Si pones el músculo duro te dolerá más – comentó justo antes de clavarle la aguja.
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