jueves, noviembre 15, 2007

C95- Ezequiel, 23:04

Los espíritus del vertedero habían acudido a la llamada de la cábala tóxica envolviéndo sus formas no corpóreas con la basura que los rodeaba. Carcasas de restos de comida pútridos, juguetes rotos, electrodomésticos estropeados y envases de colores deslucidos que se erguían para adoptar formas vagamente humanas en los lindes del dominio a la espera de que alguien los traspasase.

Pero el círculo que los cercaba se había roto cuando uno de los shamanes tóxicos había cometido el error de irrumpir en la habitación del motel Sunsine que Mantis había reclamado como suya. Ahora su cuerpo debía yacer comatoso en algún lugar del vertedero mientras su forma astral, su espíritu, era devorado por los guerreros de la colmena. Apenas quedaba el torso que Mantis había atravesado con su daga quitinosa y pronto los voraces espíritus mantis habrían acabado con todo. La shaman giró la hoja de su daga y mostro sus dientes en una expresión feroz que hizo que Neko se echase hacia atrás.

- Quedan cuatro.

El filo de la daga reflejaba la luz mortecina del viejo cartel del Motel. La mayoría de los neones estaban gastados y nadie se había tomado la molestia de reponerlos, pero aún se podía leer el nombre de Sunsine. Ezequiel imaginó que era Mantis quien había conseguido la energía para encenderlo.

- Y sus espíritus. - Añadió el gato en un intento vano de recuperar el terreno perdido.

Pero cualquiera que prestase atención al lenguaje corporal se habría dado cuenta de cómo el gato se encogía dentro de su cazadora y cómo evitaba mirar a Mantis a los ojos escondiéndose tras la gorra de Beisbol. En comparación, la shaman tenía una postura agresiva, los músculos tensos perfectamente delineados bajo el mono de cuero y los pies firmemente plantados en el suelo. A punto de atacar.

- Si acabas con la cábala los espíritus se desvaneceran al amanecer.

Mantis lanzó un tajo a un enemigo imaginario. El movimiento salió con la naturalidad de quien lo ha repetido cientos de veces y Ezequiel no pudo evitar pensar en cuantas vidas se habría cobrado ese puñal. Ezequiel se colocó junto a Neko, una cabeza más alto y mucho más musculoso.

- Salvo pactos - corrigió

- Salvo pactos - repitió Mantis.

Por un momento intercambiaron una mirada conocedora y se hizo un silencio incómodo. Ambos sabían lo que eso podía suponer y sólo Neko, algo ruborizado bajo su gorra se atrevió a romper el silencio.

- ¿Y qué pasa si hay pacto?

Neko había cruzado los brazos frente a él y adoptó una expresión descarada. Ezequiel meneó la cabeza ante la aparente ignorancia de Neko ¿Realmente no sabía nada de pactos? Ezequiel se quitó el sombrero de vaquero y se peinó el pelo castaño hacia atrás. Se sentía viejo.

- Que estaríamos jodidos.

- Vamos, no es para tanto - espetó Mantis - Con un poco de suerte son tan pringados como el Gato.

Mantis se rió de su propia broma pero esta vez en su tono de voz y en su postura había menos seguridad que antes. Neko agachó la cabeza y se colocó la ropa visiblemente incómodo. Ezequiel reprimió el impulso de pasar su brazo por los hombros del gato y en su lugar respondió a Mantis.

- Salvo que al elemental tóxico le interese, no lo olvides.

Mantis miró su daga sopesandola, como si considerase la posibilidad de tener que enfrentarse a él. La luz mortecina del cartel proyectaba sombras dando a la vieja habitación del motel un aspecto melancólico. En la penumbra, los muebles de otra época no se veían tan gastados por el tiempo. En otras circunstancias se habría permitido la indulgencia de imaginar la gente que había usado esa habitación y cómo eran sus vidas. Pero ahora no, incluso si el sonido irritante a radio distorsionada o de risas enlatadas, era imposible olvidarse de la presencia de los espíritus tóxicos... y sus invocadores.

- Basta de cháchara, tenemos que aprovechar la sorpresa antes de que se den cuenta de su muerte. - dijo señalando la figura astral casi consumida.

- Lástima no poder disfrutarlo más - Mantis hizo un mohín - Pero tienes razón, nos esperan cuantro víctimas.

- ¿Y si no son hombres? - Neko intentaba provocar a Mantis.

Su actitud desafiante no era sabia, aun cuando fuese típica de Gato. Mantis le miró acariciando el mango de su puñal. Ezequiel se sintió en la obligación de ayudarle un poco. Cruzando los brazos se colocó entre él y Mantis. Por un momento llegó a temer que la shamán fuese a saltar sobre él para apuñalarle, pero apenas fue un segundo antes de que Mantis recuperase la calma.

- Entonces te las dejaré a tí.

- Qué amable - gruño Neko.

Ezequiel suspiró sintiéndose como un padre teniendo que mediar entre hermanos que no se soportan. En momento como aquel echaba de menos a Ghost. Sabía como reírse de estas cosas y le hacía sentir más joven. Aunque nunca había compartido el modo salvaje en que se abandonaba a las fiestas desenfrenadas hasta caer agotado. En el fondo sabía que aquel era su modo de huir de todo, solo Ezequiel no podía rechazar quién era para acompañarle en esa huída. Y Zephyr tampoco lo haría. Pero de nada servía pensar en eso ahora.

Devolvió su atención al vertedero donde uno de los espíritus animaba los restos más allá del remiendo de un oso de peluche. Aquel oso del color marrón indefinido que da la suciedad era el origen de la risa irritante que no dejaba de repetirse. ¿A quién se le ocurriría meter risas enlatadas en los osos de peluche? Probablemente al mismo imbécil que había creado escopetas de agua a presión que el mismo espíritu había llenado con un líquido aceitoso y oscuro. Ezequiel se cubrió tras el marco de la ventana, el líquido despedía un olor intenso a disolvente. Echo un vistazo rápido y volvió a ocultarse. Pese a su aspecto burlón, podía sentir que aquel espíritu era mucho más poderoso que el que animaba la maraña de cables o el que había alzado los restos de parcialmente devorados por las ratas de un perro muerto.

- ¿Pedes entretener a los dos espíritus menores? - susurró a Neko

El Gato asintió y desplegó frente a él una baraja de cartas. Ezequiel contuvo un gesto de desaprobación, usar los naipes como foco era una moda reciente, se estaban perdiendo las tradiciones. Claro que debía reconocer que era más sencillo que la voluntad pura y más discreto que el baile o los cánticos.

- ¿Quieres que me encargue del osito? - ofreció Mantis que se había cercado mucho más de lo que Ezequiel consideraba cómodo.

Dudó un momento antes de aceptar. Sabía que era el más preparado para adentrarse en el dominio de la cábala Toxica pero no le hacía gracia la idea de dejar su cuerpo abandonado en aquella vieja habitación de motel y al cuidado de Mantis. Miro a Neko y luego a la shamán.

- No te preocupes, no te voy a comer.

Bromeó Mantis, claro que en su caso no era tan descabellado.

- Si, solo después de sexo. - murmuró Ezequiel entre dientes.

Mantis sonrió de una forma nada tranquilizadora. Ezequiel miro hacia el vertedero, esperaba no tener que arrepentirse de lo que iba a hacer. Con una última mirada significativa a Neko, Ezequiel abandonó su cuerpo.

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