jueves, noviembre 15, 2007

C88-Ezequiel, 22: 30

Un cartel roto junto a la carretera indicaba el desvío para llegar al motel. Era un edificio gris de una planta cuyas habitaciones daban directamente al aparcamiento. Pese a estar abandonado, sorprendía la ausencia de pintadas o de ocupas en las habitaciones aunque probablemente se debía al vertedero que habían montado justo detrás de él.

Aparcó junto a un coche verde manzana que estaba frente a la habitación número cuatro. El resto del aparcamiento estaba vacío excepto por la carcasa oxidada de un coche al que había quitado todo lo que podía tener algún valor.

Ezequiel bajó de su camioneta blanco. Desde la habitación cuatro del Sunshine se escuchaba una música melancólica y el viento agitaba de forma caprichosa un precinto de policía roto. A Ezequiel la música le recordaba a la de una película antigua, de las de dos dimensiones, y casi podía imaginarse un disco en un gramófono.

Neko también bajó del coche. Se había cambiado de ropa. Su nueva ropa había costado mucho más de lo que era razonable y probablemente no le durase más de un par de inviernos. El shamán gato se había calado una gorra de béisbol como si temiese que alguien pudiera verle con unos simples vaqueros y una cazadora. Ezequiel no pudo evitar sonreír, no había nadie más allí para ver al chico de la gorra de béisbol y al vaquero de cazadora de cuero.

- ¿Qué pasa? – preguntó Neko con tono ligeramente irritado.

- Nada. – Ezequiel casi dejó escapar una risita.- Vamos dentro.

Ezequiel indicó con la cabeza la habitación cuatro, el precinto policial hondeaba como banderines a los lados de la puerta entreabierta y la música seguía sonando, casi como un lamento. Empujó la puerta, Neko le seguía muy cerca, mirando con dificultad por encima de su hombro.

- Saludos vaquero. – Mantis saludó desde la cama.

Estaba tumbada bocabajo, pintándose las uñas del mismo color verde intenso que su peluca. Sonrió de forma coqueta y paladeó exageradamente con sus pestañas postizas. Tenía las rodillas dobladas y de sus pies colgaban unos zapatos de tacón de aguja. No llevaba nada más. Ezequiel levantó una ceja negra. Detrás de él Neko se caló aún más la gorra.

- Saludos también a ti, gato. – Mantis sonrió y sopló el esmalte de sus uñas.

El shamán gato se escondió detrás de Ezequiel, se había ruborizado. La música antigua y melancólica tapó un silencio incómodo.

- ¿Vas a venir así o piensas vestirte? – el rostro moreno de Ezequiel no dejaba traslucir nada, pero no se sentía de humor para juegos y menos con una psicópata como Mantis.

- No tienes sentido del humor.

Mantis se levantó y se quitó los zapatos dejándolos alineados junto a la cama, luego atravesó la habitación hasta llegar a un tocador y se quitó la peluca. Bajo ella, tenía el pelo cobrizo recogido en un moño. A la peluca le siguieron las pestañas y las lentillas.

- Dame un momento y me pondré algo más… aceptable.

Ezequiel entró en la habitación y se tumbó en la cama cuan largo era, fingiendo ponerse cómodo. El somier protestó bajo su peso, aún cuando no estaba gordo. Sus ojos verdes vigilaban los movimientos de Mantis mientras sacaba algo de ropa de una maleta vieja.

Neko permaneció fuera de la habitación, justo al otro lado del umbral, fuera del dominio, y miraba receloso a Mantis bajo la visera de su gorra. Ella le había visto y hacía de vestirse un espectáculo, no sabía si destinado a ponerle nervioso o excitarle. O tal vez las dos cosas. Lo que era seguro era que con Ezequiel no iba a tener efecto. Pero Neko era otra historia, sus ojos rasgados seguían cada uno de los movimientos y poses sugerentes que Mantis hacía al ritmo de la música suave y triste.

- ¿Es necesario todo esto? – preguntó Ezequiel desde la cama.

Por un momento consideró la posibilidad de seguirle el juego y flirtear como hacía con las mujeres de su club que aún no sabían que no estaba interesado. Algunas decían que tenía una bonita sonrisa o sus ojos verdes no implantados y otras estaban más interesadas en el resto de su cuerpo. Ambas cosas eran buenas para el negocio. Mantis interrumpió su actuación y le miró mientras se abrochaba el sujetador.

- Es mi naturaleza depredadora. – Su sonrisa, todo dientes, no dejaba lugar a malinterpretar sus palabras.

Neko agachó la cabeza apartando la mirada y ocultándose tras la gorra. Mantis se rió y se enfundó un mono de motorista una talla menor de lo necesario y se puso unas botas de combate. Cuando terminó, miró al reflejo de Ezequiel en el espejo y le guió el ojo antes de sacar un cuchillo hecho con quitina cuya hoja era tan larga como su antebrazo.

- Estoy lista

Ezequiel se levantó impaciente, iba a responder con un comentario sarcástico cuando sintió nauseas y sus pulmones ardiendo. Neko se había encogido y se frotaba la piel como si quisiera arrancársela. Mantis también lo había notado y sus lágrimas dibujaban surcos negros de maquillaje por sus mejillas. La música se vio interrumpida por el sonido de interferencias y desde el vertedero le llegaba un hedor penetrante. Ezequiel vomitó sobre la moqueta raída de la habitación.

- Mierda, Zephyr ha fallado – dijo entre dientes.

Mantis se secó las lágrimas y acarició el filo del cuchillo. Había recuperado su sonrisa de maniquí bajo la que se ocultaba la depredadora.

- No la subestimes. La presa aún no ha escapado, la Serpiente puede invocarle.

Ezequiel consideró sus palabras mientras se limpiaba con un cleenex. Si el elemental no estaba atado por nadie, Zephyr podía usar el nombre para llamarle y destruirle cuando acudiese… si es que no la mataba antes. Pero Mantis parecía muy segura de sus palabras y se preguntó si su sonrisa exultante sería algo más que una máscara. Ezequiel tiró el cleenex y se acercó a Mantis.

- ¿Qué es lo que sabes? – Ezequiel la sujetó del brazo y entrecerró sus ojos verdes.

Mantis puso su mano sobre la de Ezequiel y le miró a los ojos sin dejar de sonreír.

- No es necesario, no voy a apartarme – Mantis se acercó más a él y se puso de puntillas para susurrar a su oído.

- Es un secreto, Zephyr guarda muchos secretos. – La voz de Mantis era seria, por una vez no había rastro de burla o provocación, pero no había dicho nada que él no supiera.

- Claro que guarda secretos, es Serpiente. - Mantis se rió – Si sabes algo dilo.

- Las paredes escuchan y no creo que ella apreciase que Él se entere.

Ezequiel soltó su brazo y se apartó, tenía la inquietante sensación de que algo se le escapaba. Neko entró en la habitación del motel tapándose la nariz con un pañuelo de tela, estaba sangrando. Fuera la peste del vertedero parecía haberse incrementado y la música recordaba al sonido que hace una pizarra cuando la arañan.

- ¿Qué cuchicheáis? – preguntó Neko con el pañuelo ensangrentado en la mano.

Ezequiel ignoró su pregunta. Mantis estaba mirando hacia la puerta con la mirada perdida más allá del aparcamiento y los dos coches, su mano acariciaba distraída el filo de su cuchillo.

- Pronto se harán también con este dominio.

- ¿De qué conoces a Zephyr? – soltó Ezequiel

Neko había sacado su pistola y se colocó junto a él. Mantis parpadeó un par de veces antes de volver a enfocar la vista.

- De qué me conoce ella a mí sería más apropiado. – Mantis parpadeó y miró de nuevo hacia la puerta

- ¿De qué te conoce? – Ezequiel sacó un tomahawk de su guardapolvos y se preparó.

- ¿Tiene que ver con sexo lésbico? – preguntó Neko.

Mantis ignoró el comentario, sus ojos seguían fijos en un punto más allá de la puerta.

- Si sobrevivimos tal vez os lo cuente.

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